Mié Jul 24, 2024
24 julio, 2024

Dictadura china da marcha atrás en su política para combatir el COVID-19

Al responder al brote repentino de Covid-19, pusimos a las personas y sus vidas por encima de todo, trabajamos para evitar tanto los casos importados como los rebrotes domésticos, y perseguimos tenazmente una política dinámica de “Covid cero”. Al lanzar una guerra popular para detener la propagación del virus, hemos protegido la salud y la seguridad de las personas en la mayor medida posible y hemos alcanzado conquistas tremendamente alentadoras tanto en la respuesta a la epidemia como en el desarrollo económico y social”. 

Por Marcos Margarido

Estas fueron las palabras de Xi Jinping en el XX Congreso del Partido Comunista de China. Un mes después, son letra muerta. El pueblo chino se levantó en contra de esta “salud y seguridad” proporcionada por el gobierno chino y dio un mensaje claro: no quiere que la dictadura del PCCh ponga “al pueblo y sus vidas por encima de todo”, sino que le devuelva sus vidas para que él mismo decida qué hacer con ellas.

Y lo hizo de la mejor manera posible. Dio el mensaje saliendo a la calle y desafiando la omnipotencia de un partido y de un Estado (algunos prefieren decir partido-estado) sin recurrir, como quería la policía que luego interrogó a algunos de los manifestantes, a los “canales competentes”. Y el pueblo descubrió que no, no son omnipotentes.

El gobierno tuvo que revertir algunas de las restricciones más odiadas de su campaña “COVID cero” después de las manifestaciones que barrieron las principales ciudades de China (lea el artículo “China vive días turbulentos de desafío al gobierno”) a finales de noviembre.  Las personas infectadas ya no serán llevadas a campos de confinamiento, podrán hacer cuarentena en sus casas. Se flexibilizó el requisito de pruebas PCR negativas para ingresar a lugares públicos, así como para viajar dentro del país. 

Además, ciudades o barrios enteros no estarán ya confinados, estarán más localizados, como en edificios con focos de COVID o incluso solo en algunos pisos. Y se cancelarán si no hay nuevos casos en cinco días.

Esta fue una victoria del movimiento, aunque sea parcial, que puede inyectar nuevo ánimo en las masas chinas contra el gobierno dictatorial. Pero, por supuesto, esto no agota el tema, ya que China vive un brote de la enfermedad, incluso con todas las medidas restrictivas. Hay unos 30.000 casos nuevos por día, que aumentarán con la flexibilización de las medidas y sobrecargarán la red hospitalaria, que no está preparada para un aumento muy grande de casos.

Los motivos de las protestas

Muchos se preguntarán: si van a aumentar los casos, ¿por qué se rebeló la población? No hay una respuesta fácil para esto, pero algunos ejemplos de lo que sucedió durante los casi 3 años de hacer cumplir la política de «COVID cero» pueden ayudar.

Casi 530 millones de personas, alrededor de 40% de la población, estaban bajo algún tipo de confinamiento a finales de noviembre, según una estimación. La gente moría debido a la demora en la atención médica o pasaron hambre.

La ciudad de Haizhu, al sur de Guangzhou (Cantón), una de las regiones más industrializadas de China, centro de la industria textil, fue puesta en confinamiento total en octubre. Las consecuencias para los trabajadores fueron trágicas. La desaceleración de la economía ya había dejado sin trabajo a miles, obligándolos a trabajar a destajo y ganando la mitad de lo que ganaban antes de la pandemia. El confinamiento en centros de cuarentena les llevó a perder incluso esta exigua fuente de ingresos. Era una prisión, pero sin la provisión de comidas o ayuda financiera, lo que los hacía pasar hambre.

Tras la detección de un caso en Xiasha, un distrito densamente poblado de Shenzhen, el gobierno levantó barreras que impedían la salida de los residentes. Incluso después de que se eliminaran las barreras, se requerían pruebas de COVID cada 24 horas. Las personas que ingresaban al barrio tenían que presentar prueba de residencia. Las autoridades monitoreaban los movimientos de las personas a través de sus teléfonos celulares. Una agencia estatal de noticias informó que el seguimiento de las actividades lo realizaba un funcionario por cada 250 habitantes. Como dijo uno de ellos, “el Estado está en todas partes”.

Esta combinación de actividad económica reducida con medidas restrictivas y la presencia ostensible de un Estado policial controlando sus vidas llevó a la población a rebelarse y exigir cambios, e incluso la caída del gobierno en ciudades como Shanghái.

¿Qué hacer?

Los apologistas de la dictadura capitalista china, como los partidos comunistas y los movimientos castro-chavistas, defendían sin crítica todas las medidas restrictivas. Ahora, defienden la abolición de las medidas hecha por el gobierno de la misma forma, sin crítica. No son más que mímicos del “guía supremo”. Pero hacen un enorme daño a la clase obrera al afirmar que todas las políticas del gobierno chino están basadas en el marxismo y que son parte del “socialismo con características chinas”, el eufemismo que utiliza el Partido Comunista de China para justificar la restauración capitalista de la economía china a finales de la década de 1970.

Sin embargo, ¿existe una política marxista para enfrentar una epidemia? Pongamos un ejemplo, que ocurrió durante la guerra civil que asoló Rusia poco después de la toma del poder por la clase obrera, en 1917. Hubo una epidemia de tifus, que se extendió por Europa durante la Primera Guerra Mundial, pero que se agravó en Rusia debido a las precarias condiciones de vida de la población rural provocadas por el cerco de los llamados ejércitos blancos, financiados por las potencias imperialistas.

“Entre 1918 y 1922, se estimaba que alrededor de 20% a 25% de toda la población estaba infectada, con un número de muertes de alrededor de 2,5 millones (tasa de mortalidad de 10 a 12%). Entre 1919 y 1920, 4.000 médicos de la salud pública contrajeron la enfermedad y 800 (20%) fallecieron. De 1918 a 1920, 1.183 de los 3.500 médicos del Ejército Rojo contrajeron tifus y 235 de ellos (19,9%) fallecieron. La invasión extranjera, la guerra civil, el colapso económico, la hambruna y las enfermedades concomitantes como el cólera, la pandemia de influenza de 1918-19 y la mayor epidemia de fiebre causada por piojos (el transmisor del tifus) jamás registrada, agravó la miseria de la población soviética y dificultó mucho más el combate contra el tifus” . [1]   

El gobierno de los soviets afrontó esta situación apelando a la base de los soviets para que la población se organizara en torno al objetivo de combatir la epidemia. En el Séptimo Congreso Nacional de los Soviets de Rusia, los delegados presentes escucharon un discurso memorable de Lenin:

“ Nos ataca un tercer flagelo, los piojos y el tifus, que se cobra la vida de nuestros soldados. Camaradas, es imposible imaginar la terrible situación en las regiones de la epidemia, donde la población está quebrada, debilitada, sin recursos materiales, donde toda vida, toda vida pública cesa. A esto respondemos: Camaradas, debemos concentrar todo en este problema. ¡O los piojos vencerán al socialismo, o el socialismo derrotará a los piojos! Y aquí también, camaradas, usando los mismos métodos que en otras situaciones, estamos comenzando a tener éxito. Todavía hay algunos médicos, por supuesto, que tienen ideas preconcebidas y no tienen fe en el dominio de los obreros, que prefieren cobrar consultas a los ricos en ugar de luchar la dura batalla contra el tifus. Pero estos son una minoría, y son cada vez menos; la mayoría ve que el pueblo está luchando por su propia existencia, se da cuenta de que con su lucha el pueblo quiere resolver la cuestión fundamental de preservar la civilización. Estos médicos se están comportando en este arduo y difícil asunto con no menos devoción que los especialistas militares. Están dispuestos a ponerse al servicio del pueblo trabajador. Debo decir que nosotros también estamos empezando a salir de esta crisis. El camarada Semashko me dio algunas informaciones sobre este trabajo, de acuerdo con noticias del frente, el 1 de octubre habían llegado al frente 122 médicos y 467 asistentes. Ciento cincuenta médicos fueron enviados desde Moscú. Tenemos razones para creer que para el 15 de diciembre otros 800 médicos habrán llegado al frente para ayudar en la batalla contra el tifus. Debemos prestar mucha atención a esta aflicción”.

Apelar a los obreros y campesinos, apelar a los médicos, apelar a los soldados, a la democracia obrera. Ese era el método al que se refirió Lenin en su discurso, el método de la clase obrera. Esta es política marxista, no el establecimiento de un Estado policial, lo que podría fácilmente haber ocurrido cuando el país estaba completamente movilizado para la guerra civil.

Derrocar la dictadura

Por eso, no hay nada más urgente que el derrocamiento de esta dictadura capitalista, comandada por Xi Jinping, por la clase obrera china y sus aliados, los campesinos pobres, los trabajadores de los grandes centros urbanos, las nacionalidades oprimidas y las mujeres trabajadoras y campesinas oprimidas por el machismo. La unión de estos sectores y el apoyo de la clase obrera internacional crearán las condiciones para la construcción de un verdadero partido marxista revolucionario en China, para dirigir la revolución que derribará a estos lobos con piel de cordero.

[1]      K. David Patterson, Typhus and its control in Russia, 1870-1940 , Medical History, 1993, 37: 361-381.

Traducción: Natalia Estrada.

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