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Ucrania

Ucrania: ¿un momento de inflexión?

Fabio Bosco

julio 30, 2026

El 24 de febrero de 2022, Rusia inició una invasión a gran escala con el objetivo de apoderarse del territorio ucraniano del Donbass e imponer un gobierno títere en el país, anulando la nacionalidad y la cultura ucranianas. Ese plan del dictador ruso Vladimir Putin fracasó debido a la resistencia obrera y popular ucraniana.

Con la elección de Donald Trump, Putin consiguió un poderoso aliado para imponerle a Ucrania, en la mesa de negociaciones, una capitulación que no logró conquistar en el campo de batalla. Desde entonces, el avance militar ruso, aunque lento, se combinó con una intensa presión estadounidense sobre Ucrania.

El punto culminante fue la reunión entre Putin y Trump en Alaska, el 15 de agosto de 2025, cuando Trump asumió todas las exigencias de Putin: la cesión de más territorios, además del 20 % ya ocupado ilegalmente por las tropas rusas; el reconocimiento de Crimea como territorio ruso; limitaciones a las Fuerzas Armadas ucranianas; entre otras.

La nueva industria militar ucraniana

Simultáneamente al recorte de la ayuda financiera y militar estadounidense, se desarrolló una industria militar ucraniana de bajo costo basada en una amplia variedad de drones (interceptores, de vigilancia, para ataques individuales y marítimos), además de drones y misiles de mediano y largo alcance. Hoy Ucrania produce, en su propio territorio, el 70 % de todo el equipamiento militar que utiliza.

Gracias al sacrificio de miles de soldados y soldadas ucranianas, ahora equipados con estas nuevas tecnologías, Ucrania logró frenar el avance militar ruso en el frente de batalla, alejar a toda la marina rusa de la costa ucraniana y llevar la guerra al interior del territorio ruso, golpeando duramente la infraestructura militar y petrolera de Rusia.

Desde hace meses, las Fuerzas Armadas rusas sufren, en promedio, más de mil bajas por día (una cuarta parte de ellas corresponden a muertos). En este momento, las bajas superan el reclutamiento de nuevos soldados, lo que podría obligar a Rusia a imponer un impopular servicio militar obligatorio, aumentar las compensaciones económicas para nuevos reclutas o recurrir a tropas extranjeras. Las bajas ucranianas representan aproximadamente la mitad de las rusas.

Además, espectaculares ataques de gran repercusión en Moscú y San Petersburgo contra varias refinerías —incluida una en Omsk, situada a 2.500 kilómetros de distancia— y contra las líneas de abastecimiento de las tropas rusas provocaron una elevada inflación y una crisis en el suministro de combustibles, especialmente en Crimea. Esta situación modificó el estado de ánimo de la población rusa respecto de la guerra, lo que debería reflejarse en las elecciones del 20 de septiembre.

Los cambios en la dinámica de la guerra son positivos, pero aún insuficientes para garantizar una victoria ucraniana. Además, Putin aprovecha su superioridad militar para atacar cobardemente las zonas civiles de las principales ciudades ucranianas, causando enormes sufrimientos a la población con el objetivo de quebrar su moral de combate.

El debilitamiento de Trump dificulta los planes de Putin

El fracaso de la agresión militar estadounidense-israelí contra Irán debilitó la capacidad militar y la credibilidad de Trump. Además, el fin del apoyo financiero y militar estadounidense a Ucrania redujo su capacidad de influir en la guerra. La propuesta de Putin y Trump para imponer la capitulación de Ucrania, definida en Alaska, se desvaneció.

El imperialismo europeo ganó una fuerza relativa al aprobar un préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania durante tres años, destinado principalmente a la industria militar ucraniana, cuyos avances los gobiernos europeos pretenden aprovechar. Sin embargo, es importante tener presente que, durante los tres años de agresión rusa, las potencias europeas nunca tuvieron como objetivo una derrota militar de Rusia, sino un alto el fuego acompañado de la partición de Ucrania.

La única forma de expulsar a las tropas rusas de todo el territorio ucraniano es desarrollando un esfuerzo de guerra con una economía estatal al servicio de la defensa nacional, y no de las ganancias de los oligarcas y de las corporaciones imperialistas; un esfuerzo que fortalezca la industria militar nacional y garantice las condiciones de supervivencia de la clase trabajadora ucraniana.

Un gran obstáculo es la vieja oligarquía ucraniana, formada a partir del saqueo de las propiedades públicas durante las décadas de 1980 y 1990, así como la nueva oligarquía surgida alrededor del gobierno de Zelensky, constituida principalmente a partir de los negocios de la guerra. El objetivo de la oligarquía es obtener ganancias y, por ello, se ve involucrada en numerosos casos de corrupción.

Otro obstáculo son las políticas antipopulares, como la reforma laboral que precariza los derechos de la clase trabajadora, el aumento de la tarifa del transporte público en Kiev de 8 a 30 grivnas o el nuevo Código Civil que restringe los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTI+. Estas medidas empujan a la mayoría de la población hacia la pobreza, debilitando el esfuerzo de guerra.

Solo la clase trabajadora puede conducir la resistencia ucraniana hacia la victoria contra el imperialismo ruso. Esa victoria es de enorme importancia no solo para el pueblo ucraniano, sino también para las decenas de nacionalidades oprimidas por Moscú y para la propia clase trabajadora rusa que, al liberarse de Putin y de la oligarquía rusa, podrá decidir su destino en libertad.

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