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Rusia

¿Qué trataron con Putin los emisarios de Trump?

Tarás Shevchuk

septiembre 12, 2026

Entre finales de agosto y el inicio de septiembre visitaron Moscú el director de la CIA y los negociadores de la familia Trump. La visita de la CIA fue sorpresiva y sobre sus objetivos y posibles resultados trajo más especulaciones que las pocas horas que duró. En cambio la visita de los dos representantes sionistas de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, ya casi es parte de una tradición: Witkoff es la séptima vez que llega a Moscú y Kushner es la segunda. Su objetivo oficial ampliamente publicitado: “reanudar las negociaciones de paz”. Sin embargo, fueron recibidos por Putin en los fastuosos salones del Kremlin y su grupo selecto con la prioridad de los negocios entre ambos clanes, sabiendo que ahí no resolvían esta guerra. La breve parte abierta de la reunión –que se prolongó más de cuatro horas– se inició con una serie de mutuos halagos y mensajes de agradecimiento y aprecio de Putin a Trump. Al día siguiente Witkoff y Kushner viajaron por primera vez a Kiev a reunirse con Zelenski. Intentamos en esta nota “descifrar” los motivos y las posibles consecuencias de estas visitas.

Por Tarás Shevchuk

Putin y Trump: con fiascos en sus guerras, serias dificultades domésticas y calendarios electorales

El próximo 20 de septiembre hay “elecciones” parlamentarias en la Federación Rusa. La prolongación de casi cinco años de la guerra –que oficialmente sólo se menciona como “Operación Militar Especial”– y el hecho de que las tropas rusas están empantanadas en varios frentes con grandes bajas, produce la incertidumbre y el hartazgo de un sector de las masas cada vez más amplio.

La economía está concentrada en la industria de guerra y su máquina militar se financia con las exportaciones de gas y petróleo, que siguen fluyendo a China y a otros mercados, evadiendo las famosas “sanciones” de algunos imperialismos. A pesar de las ganancias por el aumento de los precios del barril a consecuencia de la guerra en el Golfo Pérsico y que Trump levantó en esa coyuntura las trabas a sus exportaciones, los golpes asestados por los drones ucranianos a sus refinerías y depósitos –en las profundidades del territorio ruso– le produjeron pérdidas significativas (entre 30 y 40%) en la producción, almacenamiento y transporte de hidrocarburos. Además se produjo un enorme desabasto de gasolina para el consumo interno de Rusia, con las consecuencias de masivo descontento social por esta guerra, que antes se veía lejana y “ahora volvió al lugar de donde partió”.

Por otro lado, el actual reclutamiento forzado es realizado en forma velada en varias regiones bajo la forma de contratos. A pesar de que el reclutamiento masivo fue negado rotundamente por el propio Putin, toda la población sabe que existe la amenaza de declararlo después de las elecciones. Con esa certeza centenas de miles en edad militar tratan de huir del país cuanto antes. Como expresión de eso crecen las columnas de vehículos en varios cruces fronterizos de Rusia con los países vecinos que no los deporten de regreso.   

También la masiva actividad de los drones ucranianos ha golpeado a varios objetivos militares importantes, como fábricas de armamentos y componentes electrónicos y químicos. Pero la industria química y electrónica de China sigue siendo la proveedora fundamental de esos insumos, aunque oficialmente lo niegue.

Por otra parte, se mantiene la permanente actividad de la resistencia ucraniana dentro de territorio ruso y las regiones ocupadas de Ucrania. Esta actividad se denomina “castigar a los verdugos”. Es decir, localizar y ejecutar a militares de alto rango, que han cometido crímenes de guerra. La ejecución de estos criminales ha producido pánico entre las élites del régimen de Putin y en especial entre la plana mayor de las FFAA. Y también provocó un bochornoso alerta en el servicio secreto FSB, por no haber podido evitar esas ejecuciones sumarias de generales y mariscales que han planificado y bombardeado hospitales, escuelas y jardines de niños. En medio de esa generalizada paranoia se destaca Putin, popularmente llamado “el abuelo del bunker”, que en los últimos años ha aumentado a niveles históricos su Guardia presidencial a 812 efectivos.

Votaciones sin posibilidad de elección real

En las últimas semanas Putin se vio obligado a salir del bunker para recorrer las regiones del Lejano Oriente, intentando resucitar un poco al partido oficial que él fundó Rusia Unida, que sigue “hundido” en las encuestas, a pesar del temor dominante. En realidad, como pasa en toda dictadura, no podemos cifrar expectativas en el resultado de las votaciones a la Duma Estatal del domingo 20. Todo está férreamente controlado por el aparato represivo. Pero una expresión de la fragilidad del régimen de Putin es la exclusión del partido “Yábloko”.

Para mejor información, publicamos fragmentos de una nota del blog @Ruinas_Kremlin “Ruinas del Kremlin”: “El Tribunal Supremo de Rusia ha excluido a Yábloko de las próximas elecciones a la Duma Estatal, la cámara baja del Parlamento ruso. El partido era la única formación política registrada en el país que había pedido públicamente el fin de la guerra”.(…)Los principales dirigentes opositores han sido excluidos de la vida política, encarcelados o forzados al exilio, mientras que las candidaturas y las actividades de los partidos están sometidas a un estricto control estatal. Por ello, la exclusión de Yábloko no significa que el partido tuviera posibilidades reales de llegar al poder y poner fin a la guerra mediante una victoria electoral. Su participación representaba, sin embargo, una de las pocas vías legales para expresar una posición abiertamente contraria a la guerra dentro del sistema político ruso. (…) Durante la vista judicial, varios cientos de simpatizantes de Yábloko se concentraron frente al Tribunal Supremo, en su mayoría jóvenes. Corearon el nombre del partido y mostraron su apoyo a la formación. Según informaciones publicadas en medios rusos, las fuerzas de seguridad revisaron los teléfonos de algunas de las personas presentes. Dos jóvenes que llevaban folletos de Yábloko fueron trasladadas por agentes «para mantener una conversación», mientras que el conductor de un automóvil que pasó cerca del tribunal con una canción de Yábloko sonando fue multado. (…) Yábloko era la única formación registrada que concurría a las elecciones y que había pedido públicamente el fin de los combates. (…) El partido tenía previsto concurrir a las elecciones bajo el lema «Por la paz y la libertad».

En lo que respecta a Trump, no es objeto de esta nota detallar la situación en EEUU. Pero su fracaso en la guerra contra Irán tiene reflejos internos e internacionales. El 3 de noviembre son las elecciones intermedias en EEUU. Y a medida que se acerca la fecha, Trump aumenta su impaciencia por intentar recuperarse del más bajo nivel de aceptación desde el inicio de su segundo mandato.

En este contexto, el 24 de septiembre Trump espera la visita del Xi Jinping en Washington. Trump intenta preparar una recepción que pueda emular la impresionante demostración recibida del máximo jerarca del imperialismo chino. Y no es muy difícil deducir que –ante la evidencia del debilitamiento relativo de EEUU a nivel global–  las visitas de sus emisarios a Moscú tuvieron el objetivo de mostrar que aún tiene “cartas” para influir en el dictador del Kremlin. Incluso, voceros del Kremlin alientan la posibilidad de un encuentro tripartito de Putin con Trump y Xi Jinping el 18-19 de noviembre, en el marco de la cumbre de APEC 2026, Comercio en Asia-Pacífico, en Shenzen, China.

La escala final de los emisarios de Trump fue Kiev

Witkoff y Kushner fueron recibidos por primera vez en la capital de Ucrania, que tanto como la ciudad de Moscú el día anterior, estuvo sujeta a un cese del fuego pactado mientras permanecieran los emisarios de la Casa Blanca. Según dijeron los enviados, trajeron de Moscú “nuevas ideas” para encontrar “caminos para lograr la paz”.

Pero rápidamente se evidenció que esas “nuevas” ideas reproducen las viejas aspiraciones imperialistas de Rusia, a expensas de la integridad y soberanía de Ucrania y que Putin llama “eliminar las causas originales del conflicto”. Es decir, eliminar a la nación ucraniana como estado independiente. Y que “los caminos para la paz” son en realidad laberintos sin salida, para darles tiempo a Putin y Trump para simular que “buscan la paz” ante sus sendos frentes internos. Pero estas visitas de los mercaderes sionistas son una burda parodia mediática que no logra engañar ni a las masas ucranianas ni a las rusas.

¿Qué perspectivas para el resto del año?

El martirizado pueblo ucraniano sabe que Putin no quiere cesar la guerra. Habiendo fracasado estratégicamente, necesita alzarse con algún “botín” táctico que justifique su larga guerra de invasión. Pero no logró conquistar la región de Donetsk –que él mismo se apresuró a incorporar a la constitución de la FR– y se ha convertido en su maniática obsesión. Crece la convicción de que el fin de la guerra está relacionado estrechamente con la caída del régimen de Putin.  

El ministro de relaciones exteriores, Serguey Lavrov, se ubica claramente como uno de los halcones del régimen. Con una torpe retórica habla de una guerra “contra el Occidente colectivo” y de terminar con la “metástasis nazista” que devoró a Ucrania y personifica el “régimen de Kiev”. Pero contradictoriamente saluda con entusiasmo el triunfo electoral del partido AfD Alternativa por Alemania en la región de Sajonia-Anhalt, de ultraderecha y dirigida por notorios personajes fascistas (ver nota: https://litci.org/es/la-extrema-derecha-gana-las-elecciones-regionales-alemanas-el-movimiento-obrero-tiene-que-dar-una-respuesta/?utm_source=copylink&utm_medium=browser. Y es conocido su apoyo con todos sus recursos a otros partidos de tinte xenófobo y racista en el resto de Europa.

Apenas cruzó la frontera el tren en el que los emisarios sionistas regresaron a Polonia, se reanudaron con mayor virulencia los ataques de misiles balísticos sobre Kiev y otras ciudades. La destrucción y muertes siguieron con brutal intensidad y no se ve un final cercano para la guerra de Rusia contra Ucrania.

Por nuestra parte seguiremos apoyando la resistencia del pueblo trabajador ucraniano y su juventud, que en el frente y la retaguardia ha tomado conciencia de sus propias fuerzas, ingenio y capacidad de autoorganización. Fuimos, somos y seremos una parte activa y decidida de la unidad de acción y los convoyes desde la clase trabajadora, que lleven el indispensable apoyo material a la heroica resistencia ucraniana. Un pueblo que se prepara para sobrellevar el invierno cercano, en condiciones aún más extremas por los daños a la infraestructura. Y también para superar así las trabas del propio régimen político de Kiev y las potencias europeas que declaran su apoyo, que por su carácter de clase no están ni estarán al servicio de la liberación nacional y social

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