Después de diez años de los levantes árabes revolucionarios ocurridos en 2010, los derechos democráticos se conquistaron en un nivel satisfactorio en Túnez –en comparación con la situación anterior bajo el régimen de dictadura de Ben Ali–. No obstante, el principal dilema que movilizó a las masas en primer lugar –las contradicciones socioeconómicas– aún existe, y la cuestión de la justicia social no está resuelta.

Por: Tamer Khorma, 24/1/2021.-

Desde el inicio de 2021, masivas protestas dominaron las calles de varias ciudades, incluso de la capital, Túnez. Las autoridades afirman que esas protestas son meros motines, motivados por una llamada “agenda oculta” para quebrar el toque de queda y las medidas gubernamentales para enfrentar el coronavirus.

Sin embargo, las principales y únicas razones genuinas por detrás de esas protestas son la pobreza, el desempleo y la búsqueda de justicia social. Las estadísticas muestran que las tasas de desempleo en Túnez aumentaron de 13% en 2010 a 16,2% en 2020 y alcanzaron 35,7% entre los jóvenes. Además, el país registró una recesión económica de 9%, un déficit presupuestario de 13,4% y una deuda externa próxima a 90% del PIB.

Esta situación económica decadente es resultado del sistema burgués islámico impulsado por el partido Al-Nahda y sus aliados laicos dentro del mismo régimen burgués que controla el país desde el derrocamiento del dictador. El primer ministro Hisham Al Meshishi comenzó su mandato con un compromiso con el presidente del parlamento Rashid Al Ghannouchi (de Al Nahda), que llevó a una remodelación del gobierno a fin de librarse de los actores ligados al populista presidente de la República Qais Saed. Las masas reconocen que sus problemas económicos resultantes del Al Nahda permanecerán o incluso se volverán aún peores.

Los partidos políticos de la burguesía (sectores islámicos y laicos) luchan por el poder sin enfrentar los problemas económicos que provocaron las revueltas árabes en este país. Las masas, por lo tanto, están intentando retomar el curso de su revolución en el camino correcto. El centro de esta revolución es representado por el famoso eslogan árabe: Pan, Libertad y Justicia Social, que ni la burguesía islámica ni la laica tienen interés en abordar.

Para muchos observadores, la revolución tunecina es considerada como la única revolución victoriosa, que no fue derrotada por una contrarrevolución o robada por fuerzas imperialistas o capitalistas de la región. Pero, en verdad, incluso esa revolución aún no alcanzó sus objetivos principales y aún es influenciada por potencias regionales e internacionales. Como resultado, el nuevo régimen aún representa los intereses de la burguesía y, por lo tanto, la clase trabajadora no tiene opción a no ser realizar una revolución permanente. Los principales actores que pueden organizar y liderar las nuevas protestas son los sindicatos y las recién formadas organizaciones y movimientos juveniles de izquierda.

Los derechos democráticos y las libertades individuales no son el único y más esencial objetivo de las masas tunecinas y árabes. El pan y la búsqueda por justicia social fueron y continúan siendo las demandas más fundamentales de esas revueltas en curso, que comenzaron su primera ola en 2010 y continuaron su segunda ola hacia finales de 2018 (Sudán, Argelia, Irak y el Líbano). Y la tercera ola es muy esperada ahora en Túnez, Jordania y Marruecos (las monarquías que hasta ahora consiguieron adaptarse a esas olas revolucionarias).

Incluso los derechos humanos, como el derecho de expresión, no están totalmente garantizados bajo el régimen burgués de Túnez. La violencia policial contra las protestas recientes muestra el abordaje brutal de una clase dominante liberal. El número de presos políticos alcanzó alrededor de 900 activistas, la gran mayoría de ellos jóvenes. Así, además de las demandas económicas, las masas claman por la liberación inmediata e incondicional de todos los activistas presos.

Túnez no sufrió una contrarrevolución vía guerra civil o golpe militar luego de la revuelta de 2010. No obstante, el objetivo de este proceso revolucionario nunca será alcanzado bajo un gobierno burgués, incluso si este fuera reformista “democrático”. La toma del poder por la clase trabajadora es la única forma de crear un verdadero sistema alternativo, en el cual todas las contradicciones sociales y económicas puedan ser resueltas. Sin embargo, el principal dilema en Túnez y en el resto de los países árabes permanece el mismo, o sea, la ausencia del partido de vanguardia de la clase trabajadora.

No obstante, la ausencia de un partido socialista dirigente no implica una derrota inevitable de esas revueltas revolucionarias en curso. Los factores objetivos conducen a estas revueltas, y están formándose nuevos movimientos de juventud, por medio de los cuales las masas pueden aprender con su propia experiencia en este proceso. Es necesario apoyo internacional incondicional a esas formaciones de juventud recién surgidas, y a los sindicatos de las masas. ¡Lo que Túnez muestra hoy, sin duda, es que las masas continuarán con nuevas olas revolucionarias, y que los procedimientos reformistas burgueses nunca serán suficientes!

Traducción del original en inglés al portugués: Fabio Bosco.
Traducción al castellano: Natalia Estrada.