El domingo 25 de julio, el presidente Qais Saied destituyó el gobierno del primer ministro Hichem Mechichi, paralizó el parlamento durante 30 días, impidió las reuniones con más de tres personas, decretó un toque de queda nocturno y puso al ejército en las calles.

Por Fabio Bosco

En este mismo día hubo manifestaciones en varias ciudades pidiendo la destitución del primer ministro debido a la crisis económica, el desempleo y el colapso del sistema de salud por el impacto de la pandemia.

Qais Saied alego responder a un llamado de las calles, apoyado por el artículo 80 de la constitución que prevé la destitución del gobierno en caso de emergencia nacional y en consulta con el parlamento (consulta que no se llevó a cabo).

Al día siguiente, 20 agentes de seguridad vestidos de civil invadieron y cerraron la oficina de la red Al-Jazeera, el más importante medio de comunicación árabe, lo que representa un ataque a la libertad de prensa y que fue condenado por la ONG Reporteros sin Fronteras.

En un primer momento, el primer ministro Mechichi y seis de los 12 principales partidos políticos condenaron el golpe de Estado como ilegítimo. Además de Ennahda (el principal partido en el parlamento de orientación burgués e islámico) y sus aliados Corazón de la Tunísía y la Coalición Dignidad, también se opusieron a las medidas la Corriente Democrática socialdemócrata (Attayar), el Partido de la República liberal y el Partido de los Trabajadores (uno de los principales partidos de izquierda originario de la línea estalinista albanesa).

La central sindical Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT) se mantuvo neutral

El imperialismo estadounidense y europeo y la Liga Árabe no condenaron el golpe de Estado, manifestando la defensa de la estabilidad y la paz social. El régimen saudita apoyó el golpe y, junto con el régimen de los Emiratos Árabes, utilizó las redes sociales para difundir artificialmente una campaña tratando el golpe como una revuelta de los tunecinos contra la Hermandad Musulmanes (I).

Después del posicionamiento del imperialismo americano y europeo, el primer ministro Mechichi acepto su destitución y el Ennahda y la UGTT adoptaron una posición conciliatoria por el dialogo nacional, y de esperar los 30 días, negándose a convocar cualquier tipo de protesta callejera contra el golpe de Estado.

La impopularidad del gobierno Mechichi y del parlamento, combinada con la pasividad de los partidos políticos y la UGTT, crearon las condiciones para el vaciado de las calles, en la espera de los 30 días de suspensión del parlamento.

¿Quién es Qais Saied?

El presidente Qais Saied fue elegido hace dos años en medio de un descontento generalizado con los 12 gobiernos que sucedieron a la dictadura de Ben Ali, derrocada en enero de 2011, y con la propia democracia liberal tunecina considerada por el 90% de la población como corrupta al igual que la dictadura de Ben Ali.

Qais Saied siempre criticó el modelo de democracia liberal tunecino con repartición de poderes entre un presidente responsable de las fuerzas armadas y la política exterior y un primer ministro elegido por el parlamento que constituyen el gobierno. Qais Saied defiende un sistema presidencial autoritario.

En este momento, Qais Saied está siguiendo los mismos pasos del dictador egipcio Abdel Fatah Al-Sissi, a quien él visitó en abril e intercambió elogios.

El general Al-Sissi aprovechó una gran ola de protestas contra el gobierno de Mohammad Morsi de la Hermandad Musulmana y dio un golpe militar el 3 de julio de 2013. Después de pasar por alto las garantías de las libertades democráticas conquistadas por la revolución de 2011, Al-Sissi consagró su gobierno autoritario con la masacre en la plaza Rabaa al-Adawiya, donde más de 900 manifestantes fueron ejecutados por fuerzas militares el 14 de agosto de 2013.

A pesar de los esfuerzos de Qais Saied con el apoyo de los militares y de los servicios de inteligencia y para cambiar el régimen de una democracia liberal a un régimen bonapartista autoritario, no está claro que vaya a ganar esta batalla, ya que tarde o temprano se enfrentará a la juventud y a los trabajadores tunecino que lucharán por mejores condiciones de vida y por las libertades democráticas conquistadas en la revolución de 2011.

Las nuevas formas de colonialismo y el Infitah están en la raíz de la crisis social

Túnez conquisto su independencia del imperialismo francés en 1956. Sin embargo, el imperialismo europeo y estadounidense implementó nuevas formas de colonialismo para saquear la riqueza del país, contando con la asociación de las nuevas élites que asumieron el poder (II).

Tras un período inicial post-independencia de fuerte intervención del estado en la economía denominado “Dirigismo” durante el cual fueron creadas importantes empresas estatales como el gigante textil Sogitex y la refinería de Bizerta, el régimen tunecino cambia de orientación y promueve la apertura de la economía nacional para el capital privado extranjero y nacional denominada Infitah (puertas abiertas en árabe).

Orientadas por organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, el Infitah inició políticas de austeridad que están presentes hasta el día de hoy y son responsables de la miseria que vive la mayoría de la clase obrera tunecina.

Ninguno de los doce gobiernos posteriores a la revolución de 2011 revirtió estas políticas de austeridad. El crecimiento medio anual del PIB entre 2011 y 2019 fue de tan solo 1,5%. En 2020, la economía se contrajo un 8,6% y en los tres primeros meses de 2021 se redujo un 3% anualizado. El turismo y la industria se vieron duramente afectados por la pandemia. El desempleo se sitúa en el 17,8% de la población económicamente activa y alcanza el 35% entre la juventud.

Los gastos con la pandemia (programas de renta básica orientados por el FMI y el Banco Mundial) y la corrupción agotaron los recursos del Estado. Hoy, la deuda pública asciende al 88% del PIB. Las negociaciones con el FMI para conseguir un crédito de 4 billones de dólares exigieron más recortes en el gasto público y más medidas recesivas impopulares (III).

Una nueva revolución con la clase trabajadora al frente

Esta situación de hambruna es la que explica la ola de movilizaciones juveniles en enero de 2021. En julio, además de la hambruna, la explosión de casos de COVID, el colapso de los hospitales y la falta de vacunas (IV) motivaron las protestas de este domingo, el 25 de julio.

Para revertir esta situación, es necesaria una nueva revolución para conquistar una verdadera independencia nacional que nacionalice las empresas extranjeras y nacionales bajo el control de los trabajadores para que toda la riqueza nacional sea destinada a la clase trabajadora.

Solo de esta forma será posible tener plenos empleos, salarios dignos, salud pública y educación de calidad, inversiones en los barrios populares y regiones pobres del interior y otras medidas populares.

Ninguna de esas medidas fue tomada por los gobiernos anteriores y no serán tomadas por Qais Saied.

Solo la clase trabajadora y la juventud pobre, a través de sus luchas, pueden conquistar esos objetivos.

En la historia de Túnez hay varios momentos importantes de luchas obreras y populares, como la huelga de ocupación de 12.000 trabajadores de la estatal textil Sogitex en 1977, que se convirtió en un levantamiento popular en la región industrial de Ksar Hellal; el levantamiento de los desempleados en la región alrededor de la ciudad minera de Gafsa en 2007, y la propia revolución de 2011 iniciada en la ciudad de Sidi Bouzid por Mohammad Bouazizi, un vendedor de frutas que se inmoló.

El primer paso hacia una nueva revolución es organizar la lucha contra el golpe de Estado de Qais Saied. Tenemos que defender las libertades democráticas que son muy importantes para que la clase trabajadora se organice. Para ello es necesario cambiar la orientación conciliadora de la UGTT y colocarla en la lucha.

Los principales partidos burgueses Nidaa Tounes y Ennahda son mayoría en el parlamento y también están comprometidos con el mantenimiento de este nuevo sistema colonial y están estancado en la corrupción.

Es necesario construir una alternativa, un partido obrero revolucionario que luche para llevar a la clase obrera al poder y gobierne basado en los consejos obreros y populares para garantizar una verdadera independencia nacional y una vida digna para la clase trabajadora.

Notas:

(I) https://www.aljazeera.com/news/2021/7/28/tunisia-crisis-prompts-surge-in-foreign-social-media-manipulation

(II) Vea artículo sobre el marxista libanés Mahdi Amel que analiza esta cuestión: https://litci.org/pt/64412-2/

(III) https://www.aljazeera.com/economy/2021/7/26/an-economic-recipe-for-unrest-ignites-in-tunisia 

(IV) Túnez tiene la mayor media de muertes entre los países árabes y africanos. Solo el 7% de la población está completamente inmunizada. Recientemente el ministro de salud anunció la vacunación para los mayores de 18 años sin tener los inmunizantes, provocando filas enormes por varios días.

Traducción: Ana Rodríguez