Los días 8 y 9 de mayo, los pueblos de Eurasia celebran la victoria sobre el nazismo. En la memoria de la mayor parte de la humanidad, el nazismo encarnó una guerra de conquista, de destrucción y barbarie racista. El nazismo se identifica con el bombardeo de ciudades, con el bloqueo de Leningrado, con los campos de concentración y el genocidio de las naciones «inferiores». Hoy la invasión a Ucrania por parte del régimen de Putin es una repugnante réplica de la barbarie nazi. Y como una cruel ironía, Putin conmemora en Moscú esa histórica victoria contra Hitler. Putin intenta encubrir así sus atrocidades contra el pueblo ucraniano, falsificando una vez más ante el pueblo ruso y de otros países los verdaderos motivos y objetivos de su agresión a Ucrania: someter a un país y esclavizar a un pueblo soberano.

Por Iván Razin, Pavel Polska

77 años después, volvemos a ver la barbarie que impuso el nazismo en el territorio de Ucrania. En su intento de destruir Ucrania –que Putin la niega como una nación–, el ejército invasor ruso está bombardeando ciudades por todo el país: fábricas, centrales eléctricas, sistemas de agua, almacenes de alimentos y depósitos de petróleo, hospitales, escuelas, viviendas populares… destruye todo lo indispensable para la vida de las personas. En los territorios ocupados aterroriza a la población, quema cadáveres en crematorios móviles para ocultar sus atroces crímenes, concentra y filtra a los supervivientes y los deporta en masa a regiones remotas de Rusia. En suma, constatamos una limpieza étnica del territorio. Incapaz de tomar las ciudades, el ejército ruso las somete a bloqueos de hambre y bombardeos. Los soldados rusos saquean a la población local. Rusia está llevando a cabo el saqueo organizado de los territorios ocupados, exportando el botín de alimentos y cosechas de cereales a otros países.

Hitler hizo cosas similares en el territorio de la URSS bajo la bandera del «mundo alemán». Putin hace esto en nombre del «mundo ruso». El objetivo de la «desucranización», es decir, la destrucción de Ucrania, fue declarado oficialmente en la principal agencia de noticias del Kremlin. Esto se llama métodos nazis.

Lea además | Rusia bajo Putin

Putin imita y supera la falsificación estalinista

Putin llama a la invasión de Ucrania una “medida forzada” y una “liberación”. A esta hipocresía añade “la lucha contra el nazismo”. ¡Felicitó cínicamente a los ucranianos este 9 de mayo! Y montó un grotesco y patético espectáculo en la Plaza Roja. Está creando una nueva falsificación en torno a la Segunda Guerra Mundial, llevando la mentira al límite extremo. Porque la propia historiografía estalinista de la Segunda Guerra Mundial fue una gran falsificación.

El estalinismo se llamó a sí mismo “luchador contra el nazismo”. Sin embargo, en realidad colaboró ​​con él. En 1939, Stalin firmó un pacto con Hitler sobre la división de Europa, según el cual, entre otras cosas, proporcionó al nazismo enormes recursos para hacer la guerra. Por esto, Trotsky llamó acertadamente a Stalin «mayordomo de Hitler». En 1940, Molotov envió un telegrama de felicitación a Ribbentrop en relación con la «campaña brillantemente realizada» para la ocupación de Francia. En 1941, Stalin reprimió a los desertores que informaron la fecha exacta del ataque de Hitler a la URSS.

Cuando el nazismo, que unió todo el potencial militar y económico de Europa con la ayuda del estalinismo, el 22 de junio de 1941 arrojó toda su máquina bélica sobre la URSS desprevenida, Stalin siguió creyendo en su acuerdo con Hitler durante muchas horas después del ataque. Esta política costó enormes catástrofes militares del Ejército Rojo en el primer período de la guerra, el rápido avance de las tropas alemanas y muchos millones adicionales de vidas soviéticas.

Después del final de la Segunda Guerra Mundial, los historiadores estalinistas la denominaron «Gran Guerra Patriótica». Así reemplazó la victoria internacional sobre el nazismo por una victoria nacional “rusificada” de la URSS sobre Alemania. La «Gran Guerra Patriótica»… y «de Moscú a Berlín», por un lado, menospreció la fundamental contribución a la victoria sobre el nazismo de los pueblos y nacionalidades soviéticas y de Europa del Este, a quienes se les asignó el papel pasivo de «liberados por el soldado ruso». Por otro lado, aplastó ideológicamente bajo una «Patria» Gran rusa a los pueblos de la URSS, que continuaron bajo el yugo del Kremlin de Moscú. Como símbolo de esta victoria, Stalin eligió nada menos que la cinta ultra reaccionaria de la “Cruz de San Jorge”, la condecoración más alta del Imperio zarista.

20 años después de la victoria, cuando creció la primera generación que no vio la guerra, el estalinismo comenzó a celebrar el 9 de mayo con desfiles militares, convirtiendo este día en una fiesta militarista. Bajo el lema de «supresión del fascismo», los tanques estalinistas aplastaron los levantamientos obreros y populares en Berlín en 1953, en Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968…

Los procesos revolucionarios en Europa del Este y la URSS a fines de la década de 1980, como respuesta de las masas a la transmutación del régimen estalinista del PCUS con la restauración de la Perestroika y el derrumbe de la propia URSS después del fracaso del golpe militar de 1991, asestó un duro golpe a estas falsificaciones. A nivel estatal, se condenó el pacto con Hitler, se reconocieron los crímenes de la partición de Polonia y las ejecuciones en Katyn y Tver de los polacos que lucharon contra Hitler. Se condenaron oficialmente las invasiones de Hungría y Checoslovaquia. El grado de militarismo el 9 de mayo se redujo significativamente.

Sin embargo, el regreso al gobierno de los herederos de la GPU-NKVD-KGB, encabezado por Putin sobre la base de la represión genocida de la resistencia chechena y el establecimiento del régimen del FSB trajo de vuelta todas las falsificaciones de la manera más agresiva. Y se agudizaron especialmente para justificar la agresión contra Ucrania después de la revolución del Maidan en 2014, con la anexión de Crimea y Donbass.

Y revisaron la historia, con la justificación del pacto estalinista con Hitler, la negación de la ejecución de los polacos que lucharon contra el nazismo para incitar al odio hacia Polonia y las arteras calumnias contra el pueblo de Ucrania. La represión de los levantamientos en Hungría y Checoslovaquia nuevamente comenzó a justificarse. La cinta monárquico-estalinista de San Jorge se ha convertido en un atributo obligatorio del uniforme de gala de los militares y oficiales y en un símbolo de apoyo a la agresión contra Ucrania. La roja «Bandera de la Victoria» levantada sobre el Reichstag, que fue una valiosa exhibición de museo de la era soviética, en la actual realidad fue convertida en una pieza de anticuario. El militarismo ha llegado a una exaltación suprema, expresada en la frase «podemos repetir». Así, lo que fue una “fiesta humana con lágrimas en los ojos», tal como lo sentía el pueblo soviético, el 9 de mayo se ha convertido hoy en un frenesí agresivo con espuma en la boca, que canta una “victoria” sin gloria.

Sobre todo esto, Putin en realidad regeneró una religión chovinista nacional. Con esta religión y estos símbolos, que incluyen la bandera zarista (negra, amarilla y blanca) y a escuadrones como el Sparta, que emula a las centurias negras zaristas, Putin invadió Ucrania en 2014, anexó Crimea y proclamó las republicas autónomas en el Donbass. Sustentando esa mitología lanzó una guerra a gran escala en febrero de 2022. Usa su versión de “victoria sobre el nazismo” al servicio de sus métodos nazis en Ucrania.

Lea además | Ucrania resiste ante Putin

Hoy conmemorar la victoria sobre el nazismo es luchar por la victoria ucraniana contra la invasión de Putin

Tras la restauración del capitalismo por los burócratas estalinistas, los herederos de esos verdugos, cambiando de nombre al KGB por FSB, restauraron todas sus falsificaciones. El estalinismo burgués de Putin convirtió aquella victoria sobre el nazismo en su opuesto. Conmemorando aquella bandera levantada sobre el Reichstag en mayo de 1945, el ejército ruso está cometiendo hoy crímenes nazis en Ucrania.

El nazismo fue derrotado por todos los pueblos de la URSS. ¡Y hoy Putin está enviando a los chechenos, daguestanos, buriatíes, tivanos a matar al pueblo ucraniano! Imposible imaginar una perversidad mayor. Aún así, Putin sólo logró imponer temporariamente esta falsificación a una parte considerable del pueblo ruso, envenenado por la ideología chovinista gran rusa. Sin embargo, incluso las dictaduras amigas de Putin, como la de Kazajstán, bajo la presión de los pueblos de sus países, oficialmente se pusieron del lado de Ucrania.

Hace 77 años, la salida progresiva para los pueblos trabajadores y oprimidos de la región pasaba principalmente por la derrota de Hitler. El régimen nazi de terror contra los trabajadores y los pueblos fue derrocado en su guarida: Berlín. Los pueblos de la URSS le infligieron derrotas decisivas cerca de Moscú en 1941, Stalingrado en 1942-1943 y Kursk en 1943. Hoy, la resistencia de la clase obrera ucraniana y del pueblo trabajador ya ha infligido importantes derrotas a Putin. Pero esa invasión debe ser aplastada por completo, en Ucrania y eso alentará la rebelión de los pueblos de la Federación Rusa hasta llegar al Kremlin.

Y debemos combatir cualquier ilusoria confusión respecto a que para esta victoria sea posible, es necesaria una intervención de las potencias imperialistas, ni de la OTAN ni de la UE. Al contrario, esos buitres temen más al ascenso revolucionario que se inicia en Ucrania y al armamento de las masas obreras ucranianas que al dictador del Kremlin. Ellos sólo hacen declaraciones hipócritas y se frotan las manos, haciendo negocios colonizadores a costa de la sangre del pueblo ucraniano y endeudando al país por largas décadas. Estos imperialistas se escandalizan hoy ante las atrocidades que comete Putin, cuando todos ellos las han cometido en Vietnam, Irak y Afganistán y siguen cometiendo en todos los rincones del planeta.

Ellos no están en absoluto por la independencia de Ucrania, sólo están aprovechando la guerra de Ucrania para armarse hasta los dientes para próximas futuras disputas entre potencias por la rapiña del mundo. Un ejemplo de esta hipocresía es que el 8 y 9 de mayo: ¡El Ayuntamiento de Berlín vergonzosamente prohibió los símbolos ucranianos en las demostraciones y requisó la bandera ucraniana a los manifestantes!

La derrota del invasor Putin y la ocupación de Ucrania es hoy la principal tarea de los trabajadores y pueblos oprimidos del antiguo Imperio Ruso, de Europa del Este y Europa toda y el mundo entero. Es hoy la principal batalla de clases del planeta.

¡Por la derrota de Putin en Ucrania! ¡Armas y todo lo necesario para la victoria de la resistencia ucraniana!

¡Derrocar al régimen de Putin!

¡Rechazo total a la injerencia imperialista de USA y EU!