Probable colapso de la Evergrande deja al descubierto el capitalismo chino

El Grupo Evergrande está al borde de la quiebra. Esta noticia recorre el mundo y hace caer las bolsas de valores. No es para menos, el Evergrande, con sede en Shenzhen, sur de China, posee la segunda mayor constructora inmobiliaria del país, además de otros negocios, como fábrica de vehículos eléctricos y equipos de fútbol. Con cerca de 200.000 empleados directos, genera 3,8 millones de empleos por años, según el site de la empresa.

Por: Marcos Margarido

No obstante, posee una deuda de más de 300.000 millones de dólares junto a las instituciones financieras del país y sufre una desaceleración en las ventas de sus emprendimientos. Sus acciones cayeron 75% a lo largo del año, 12% solo el día del anuncio de dificultades financieras (14/9). El dueño y presidente de la empresa, Xu Jiayin, uno de los hombres más ricos de China, renunció. La constructora Evergrande tiene cerca de 800 proyectos sin terminar, que suman 1,6 millones de departamentos ya vendidos.

Ese número enorme de construcciones sin acabar se debe al modelo de inversiones de la empresa, semejante al de muchas constructoras brasileñas, como la MRV. Ella vende sus emprendimientos en la planta, y con el dinero obtenido inicia otras obras, con ventas igualmente en planta, además de usar este patrimonio para hacer préstamos bancarios y atraer inversores. Hoy, la Evergrande posee tierras suficientes para albergar a toda la población de Portugal.

Este esquema de expansión “infinita” funciona cuando la economía está en expansión. China comenzó un proceso de urbanización acelerada en los años 1990. De una mayoría campesina, pasó a tener 60% de su población viviendo en las ciudades en 2020. Eso causó un crecimiento enorme del sector. La valorización inmobiliaria subió a niveles estratosféricos, haciendo que los negocios pasasen a tener un objetivo de especulación financiera. Desde 2015, los precios de los inmuebles residenciales cayeron para 23m2 por persona, poco más que el tamaño de un cuarto de hotel típico.

Pero, esta expansión parece llegar al fin, y por eso el “esquema Ponzi” de la Evergrande explotó. Hay una desaceleración del mercado inmobiliario. Incluso con ofertas de 30% de descuento en sus departamentos, la Evergrande no consiguió aumentar sus ventas y tuvo una caída de 25% en agosto, en relación con el año pasado. La National Institute for Finance and Development, una consultora de Beijing, afirmó que el boom del mercado inmobiliario “mostró señales de un punto de inflexión”, citando la débil demanda y la desaceleración en las ventas.

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¿Crisis del mercado inmobiliario o de la economía?

Esta es la gran cuestión en juego. Recordemos que la crisis económica de 2008 se inició en los Estados Unidos debido a la crisis de su mercado inmobiliario, que arrastró grandes bancos para el abismo e incluso empresas productivas, como la GM. La crisis china no es diferente. Precios en las alturas; financierización de activos inmobiliarios; mercados paralelos donde se negocian papeles semejantes a los famosos títulos sub-primes (títulos que pagan intereses, pero sin garantía); grandes préstamos hechos por los bancos a las constructoras, sin perspectiva de retorno; así como la imposibilidad de pagar a inversores que intentan rescatar sus acciones, muchos de los cuales son empleados de la Evergrande que fueron obligados a invertir en la empresa bajo amenaza de no recibir PLR [Participación en Lucros y Resultados] si no lo hacían.

El sector inmobiliario responde por 13% de la economía china y por 28% del total de préstamos bancarios. Por eso, una caída de ventas de ese sector afecta directamente a otros, como los productores de acero (el precio del mineral de hierro cayó para menos de U$S 100 por tonelada) y del cemento. Además, algunos números indican una caída más amplia de la economía. Las ventas minoristas fueron mucho más débiles que lo esperado el mes pasado en China, lideradas por la reducción de ventas de autos, uno de los principales sectores de la economía. La producción industrial disminuyó, especialmente para grandes camiones de carga, un indicador importante de la producción de un país. China tiene, hoy, una capacidad de producción de 1,6 millones de camiones por año, pero las ventas cayeron para menos de un millón. Las concesionarias están llenas de camiones no vendidos.

Por eso el Bank of America redujo su previsión de crecimiento económico de China en el próximo año para 5,3%, frente una previsión anterior de 6,2%. La previsión para este año es de un crecimiento del PIB de 8%. A pesar de números altos en relación con el crecimiento mundial y, principalmente, con los principales países imperialistas, esta caída puede impactar fuertemente las importaciones y afectar países como el Brasil, que depende mucho de sus exportaciones de mineral de hierro y soja para China, y Australia y Canadá, también exportadores de mineral de hierro.

Por otro lado, el gobierno chino puede intervenir en la economía y salvar a la Evergrande de la bancarrota, inyectando dinero suficiente para que cumpla sus compromisos. Hace tres años, el gobierno asumió el control de la Anbang Insurance Group, que poseía una vasto imperio en el exterior, que incluía el hotel Waldorf-Astoria, en Manhattan. Las autoridades habían detenido a su presidente meses antes, y él fue posteriormente enviado a prisión por fraude. En el inicio del año pasado, funcionarios y gobierno asumieron el control de la HNA, una empresa de transporte y logística, sobrecargada con deudas.

Esta sería la misma política de los países imperialistas en 2008, cuyos gobiernos inyectaron billones de dólares de dinero público en bancos quebrados, con la disculpa de que eran “muy grandes para caer”.

¿Socialismo de mercado, o salvación del capitalismo?

Sin embargo, en el caso de China, la disculpa es diferente. El enorme crecimiento de empresas privadas, como en el área de tecnología (mercado online, redes sociales, servicios de todo tipo) y de la propia construcción civil, comenzó a amenazar el control férreo del PC de China sobre la economía y tirar de sus bolsillos los enormes lucros obtenidos por ellas. Por eso, el presidente-dictador eterno Xi Jinping instituyó una nueva “doctrina”: la “prosperidad común”, ya propagandeada incluso en escuelas de enseñanza primaria.

Por medio de ese eufemismo, Jinping busca dar una cobertura hacia la izquierda para la misma política practicada por los gobiernos imperialistas: salvar el capitalismo de la bancarrota. Es claro que, en el caso de una dictadura capitalista disfrazada bajo el nombre de “partido comunista”, los propios capitalistas que “salen de la línea” son presos y acusados de crímenes que ciertamente cometieron, los mismos cometidos por los “de buen comportamiento”. Pero eso es hecho en nombre del capitalismo, no contra él. A veces, es preciso salvar el capitalismo de los malos capitalistas, como decía Marx. Pero, en relación con Xu Jiayin, el dueño multimillonario de la Evergrande, nada ocurrirá, pues él es miembro de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, un grupo de elite (léase, de multimillonarios) de consejeros del PC de China. Esto es, él está en la lista de los de buen comportamiento.

Lo más sorprendente de todo esto es que los partidos comunistas estalinistas que aún restan por el mundo, siendo un ejemplo típico el PCdoB (del Brasil), es que todo esto es hecho en nombre del perfeccionamiento del socialismo. Según uno de sus dirigentes nacionales, Luís Fernandes, “el hecho de que China ha renovado su modelo socialista, … en el montaje de una base económica con múltiples formas de propiedad, manteniendo fuerte el poder de planificación, intervención y dirección del Estado, … muestra que además de la orientación socialista, el país tiene un fuerte componente antiimperialista, y esa combinación es que la que viene sosteniendo ese ascenso fulgurante de China”.[1]

¿Qué significa esta renovación del modelo socialista y la adopción de múltiples formas de propiedad? Significa que el propio PC de China restauró el capitalismo, en un país que hizo una revolución social en 1949, y devolvió gran parte de la propiedad estatal a una nueva burguesía china, creada por el propio partido, haciendo que las empresas de todo el mundo capitalista montasen unidades en China para explotar a la clase obrera de su país. Y eso es llamado antiimperialismo…

De esa nueva burguesía surgieron varios multimillonarios y algunos de los hombres más ricos del mundo, incluidos miembros del “partido comunista”. Para tener una idea, en el plenario del congreso del PC chino que aprobó la presidencia eterna del país para Jinping en 2018, la riqueza sumada de los delegados súper ricos era de U$S 507.000 millones, de los cuales por lo menos 102 eran multimillonarios. Entre estos “comunistas” con suerte estaban Pony Ma, dueño de la empresa de internet Tencent, y Lei Jun, de la Xiaomi, hoy en día la principal competencia de la Apple. El propio Jinping tiene una fortuna estimada en 1.500 millones de dólares.

Ese ascenso fulgurante de China, como dice Luís Fernandes, es llamado socialismo de mercado. En otras palabras, socialismo capitalista, pues, para los marxistas, “mercado” solo puede existir en un sistema capitalista. Es necesaria mucha imaginación para decir que dos sistemas sociales y económicos excluyentes, como son el socialismo y el capitalismo, puedan existir armoniosamente en un mismo país. El socialismo lucha por la abolición de la propiedad privada y el fin de la explotación; el capitalismo lucha por su mantenimiento. Como en China la propiedad privada y la existencia de la explotación de los trabajadores son hechos que ni los estalinistas consiguen esconder, es evidente que el único sistema existente en China es el capitalista. El hecho de que el partido que gobierna el país sea dirigido por multimillonarios es una demostración clara de eso, aunque sea llamado partido comunista.

[1] https://pcdob.org.br/congressos/15o-congresso-live-aborda-crise-do-capitalismo-e-o-mundo-em-transicao/

Traducción: Natalia Estrada.