Perú: Entre el romance con el gobierno de Castillo y la lucha por nuestros derechos

La vanguardia obrera se viene identificando con el gobierno de Castillo al que con entusiasmo considera “suyo” y se regocija con autoridades (hasta ayer con el ex ministro Iber Maraví) porque les abren las puertas, lo reciben y tratan de “compañero”; hechos que nunca antes habían sucedido.

Es claro que con las elecciones colocamos en el gobierno a compañeros /ras muy cercanos y muy distintos a los políticos anteriores, lo que ha despertado una natural expectativa. Por ello también vemos que los atacan los empresarios, sus partidos y su prensa, lo que rechazamos y que lleva a muchos sentirse en la obligación de apoyarlos. Todo esto se entiende. Pero también hay que ver que más de 70 días después del nuevo gobierno nuestras vidas no cambiaron en nada.

Al contrario, la situación obrera en lugar de mejorar empeora con cada día que pasa. Encima de los golpes que nos infligieron en más de un año de pandemia, ahora enfrentamos el alza del costo de vida que achica más los salarios y un mayor ataque empresarial que burlan los pliegos y pisotea derechos. Esta situación lo conoce bien Castillo, pero no hace nada.

Hace semanas el ex ministro de Trabajo anunció la puesta en debate de una “Agenda Laboral” y recibió una tronada de aplausos, pero después se “olvidó” del tema. En el “Encuentro del Gobierno del Pueblo con los Trabajadores”, Castillo dijo: “señor ministro, elimine las leyes represivas a las masas que reclaman derechos laborales”, y los presentes celebraron al unísono, pero tampoco se dictó ni resolvió ninguna medida.

Lo único que se exhibe como gran cosa es el término de la suspensión perfecta por la emergencia sanitaria, pero éste ya cumplió su fin de esquilmar los derechos obreros por más de un año y ya no tiene efecto porque casi todos han vuelto a la normalidad. Por eso los empresarios ni siquiera dijeron pio.

El gobierno dice: “hay que esperar” porque la patronal y la derecha lo atacan. Es evidente que así las soluciones no llegarán jamás, porque dichos ataques no cesarán, por lo menos mientras no los derrotemos luchando. Y en lugar de responderles el gobierno le pone la otra mejilla, como lo muestra su retroceso con el cambio de Gabinete.

Si han pasado más de 60 días y el gobierno no ha cumplido ninguna de sus promesas ni resuelto ninguna de las demandas fundamentales, y al contrario muestra que retrocede ante el chantaje patronal y de derecha, es claro que menos lo hará cuando se desgaste más.

El gran problema del gobierno es que busca realizar sus promesas en “consenso” con la patronal y sus partidos reaccionarios con mayoría en el Congreso. Pero esto, como estamos viendo, solo lo lleva a ceder cada vez más, y lo llevará al fracaso y a frustrar la esperanza de los trabajadores.

Es lo que sucede con el Gas de Camisea: la única forma de recuperar este recurso para ponerlo al servicio de las mayorías es nacionalizarlo (como se ofreció en campaña); pero el gobierno plantea “renegociación”, con lo que solo obtendrá migajas.

Lo mismo hacía el ministro Maraví cuando pretendía que su “Agenda Laboral” sea tratada en la Comisión Tripartita, de donde sabemos que jamás salió ni saldrá nada favorable porque los empresarios jamás ceden ni dan nada sin luchas.

Es claro que conciliando con la patronal y sus partidos, Castillo  (y ahora su nueva ministra de Trabajo, Betssy Chávez) no va a realizar ninguna de sus promesas ni van a resolver ninguna de las demandas. Él está en el gobierno y tiene poder para hacerlo emitiendo decretos o presentando iniciativas legislativas. Pero no lo hace porque en el fondo no quieren romper los puentes que los unen con la patronal.

Así, toda la política del gobierno se reduce a ofrecimientos envueltos con discursos de campaña que emocionan a muchos, pero que en la práctica no se realizan porque se pretende que pasen por el anillo de la burguesía. Y solo cumplen un fin: seguir alimentando ilusiones en dirigentes y activistas que se paralizan y se dedican a esperar mientras la patronal se fortalece, ataca más y lograr más retrocesos del gobierno.

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Los problemas laborales son más que los pliegos y comprenden la restitución de derechos cercenados y reivindicaciones generales tales como:

– Aumento del mínimo salarial a 1,500 (y aumento general de salarios y pensiones).

– Supresión de los ceses colectivos y su anulación.

– Supresión de todas las formas de trabajo precario (tercerización, contratas, etc.) y estabilidad laboral.

-Reforma laboral para que se respete el derecho de huelga, el MINTRA arbitre en la solución de los pliegos, se establezca la negociación colectiva por rama de actividad, etc.

-Pase ya de los trabajadores Cas a la planilla del Estado y respeto a la negociación colectiva en el sector público.

-Administración obrera de las empresas que cierran.

Con estas banderas necesitamos retomar el camino de la movilización independiente. De las mesas, diálogos, tripartitas y los actos conciliadores jamás salió ni sale nada. Las promesas de Castillo quedan como promesas que se lleva el viento mientras sufrimos más ataques. Por eso la CGTP debe salir de esos organismos y rescatando la independencia política de los trabajadores debe poner en marcha un Plan de Lucha por la solución de esas demandas; y en ese camino derrotar la ofensiva de los patrones y de la derecha.

Los sindicatos en huelga son un ejemplo de lo que hay que hacer porque ellos saben que nadie nos regaló nada y todo lo conquistamos con lucha. Ahora no es ni será diferente.

Editorial publicada en Bandera Socialista, año XLI, edición N. 133, octubre del 2021 del Partido Socialista de los Trabajadores (PST)- Perú


Nuevo gabinete: Reacomodo hacia la derecha

Perú Gobierno Castillo Nuevo Gabinete

El reemplazo del Gabinete Bellido por el que preside Mirtha Vásquez muestra un reacomodo del gobierno de Castillo hacia la derecha. Esta es la percepción del mismo Perú Libre que ha salido a protestar y de muchos de los que lo venían apoyando.

En tal sentido, podemos afirmar que estamos ante un triunfo de la mayoría del Congreso y las fuerzas burguesas que venían presionando por el cambio de gabinete hasta provocar una nueva crisis, en especial por el retiro de Bellido y Maraví (ex ministro de Trabajo), y que ahora celebran en todos los tonos.

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Así, el reacomodo de Castillo se expresa en la nominación de un gabinete más próximo al gusto de la mayoría del Congreso, en aras de lo que él mismo ha llamado “gobernabilidad”, que no es otra cosa que gobernar en consenso con las  principales  fuerzas políticas de la burguesía y de acuerdo a sus intereses y de ese modo jamás vendrá ningún cambio.

Hay que precisar, no obstante, que en realidad Castillo luce moderado  desde que se instaló en Palacio, que no ha encaminado ninguno de los grandes cambios que prometió y que más bien se mantiene dentro de los grandes lineamientos de los gobiernos  nteriores. Pero también es cierto que mantenía posturas que alentaban esa esperanza, y figuras que de alguna manera la expresaban, como los ex ministros Béjar,  Bellido y Maraví. Al desaparecer ellos, lo que hay es un sinceramiento de la política de gobierno para mostrarse más alineado al acuerdo y consenso con la burguesía y sus partidos mayoritarios.

Estos cambios se producen por efectos de una crisis por “arriba”. Por “arriba” porque Castillo y sus socios de “izquierda” han decidido gobernar desde dentro del Estado que es una institución que controla la burguesía y colocándose –en la práctica– a su servicio. Así
también se creó la sensación en amplios sectores de que este es un “Gobierno del Pueblo”, de que el MTPE es un “ministerio de los trabajadores”, y se la reforzaba con el encuentro que reunió a Castillo con un grupo de dirigentes sindicales hace pocos días.

Esta sensación va camino a desvanecerse para dejar en limpio el convencimiento de que por “arriba” no es posible que vengan los grandes cambios. Los grandes cambios siempre
fueron logrados con luchas, y esa es la tarea más urgente que tenemos entre manos.