Mar Sep 27, 2022
27 septiembre, 2022

¡Paren inmediatamente las calumnias contra Croacia y Ucrania!

Hay todo un escándalo contra la Selección de Croacia, acusándola de ser fascista. Eso debido a que uno de sus jugadores, el zaguero Domagaj Vida, luego de hacer los dos goles que descalificaron a Rusia de la Copa del Mundo, dedicó su victoria a Ucrania, país que sufre con la reciente anexión de Crimea por Rusia y la lucha separatista pro rusa en su región oriental.

Por: D., desde Rusia

El jugador en cuestión había jugado mucho tiempo en el equipo ucraniano Dínamo de Kiev, y tiene allá varios amigos y compañeros, y a ellos dirigió su mensaje de solidaridad.

A partir de ahí, varios sitios dichos de izquierda comenzaron una campaña para acusar de fascistas a Vida y su selección. Se apoyaron también en algunas declaraciones de cuño nacionalista de la selección croata en ocasiones anteriores.

El más escandaloso artículo está en la página del MAIS/Resistencia, que incluso fue parcialmente copiado en el Blog de Juca Kfouri.

Según tal artículo, la declaración de apoyo a los ucranianos contra Rusia, fue un apoyo “al gobierno fascista en Kiev”.

La tal declaración “fascista” fue que ambos atletas dijeron “Gloria a Ucrania” y “esta victoria es para el Dínamo y para Ucrania”.

El artículo del MAIS/Resistencia es un acumulado de falsificaciones sobre Croacia y Ucrania. Repite toda la cantilena estalinista sobre los croatas como apoyadores del fascismo, justificativa para someterlos al dominio serbio.

Es verdad que hubo corrientes nacionalistas croatas durante la Segunda Guerra Mundial que colaboraron con Hitler a cambio de que este declarara la independencia de Croacia en relación con Yugoslavia. Hitler se apoyó para eso en la justa reivindicación del pueblo croata para liberarse de la opresión serbia. Los militantes comunistas de entonces lucharon contra este Estado fantoche de Hitler y por la unificación de los pueblos de los Balcanes en una federación socialista que pudiese superar los antagonismos nacionales de la región, garantizando los derechos nacionales de cada etnia.

Pero el artículo del MAIS/Resistencia se calla vergonzosamente sobre el hecho de que en un pasado mucho más reciente, ya en los años ’90, justamente cuando los actuales jugadores de la selección croata vivieron sus infancias y ya bien después de la restauración del capitalismo en la antigua Yugoslavia (llevada a cabo, dicho sea de paso, por Tito y el Partido Comunista), Serbia llevó adelante una sangrienta guerra contra la independencia de Croacia y Bosnia, masacrando a más de 30.000 personas de estas nacionalidades. Y el actual nacionalismo croata es una reacción a esta masacre. Aun cuando se exprese de forma equivocada, recordando a organizaciones nacionalistas de la época de la Segunda Guerra Mundial, es un odio justo contra la opresión de su nación.

El problema central del artículo del MAIS/Resistencia es no comprender que los nacionalismos croata y ucraniano son nacionalismos de naciones oprimidas, mientras los nacionalismos serbio y ruso son nacionalismos de naciones opresoras. Peor aún que eso, denuncian violentamente los nacionalismos croata y ucraniano y se callan olímpicamente en relación a los ultrarreaccionarios nacionalismos serbio y ruso.

Y para justificar esta vergüenza, se valen de cualquier cosa. Para el MAIS/Resistencia, el justo grito de “Gloria a Ucrania” es un grito fascista porque sería usado por los fascistas en Ucrania. El ex candidato a dictador de Ucrania, Viktor Yanukovich, es elevado casi al estatus de héroe, por “negarse a firmar un tratado de aproximación con la Unión Europea, y aproximarse política, económica y militarmente de Rusia”.

“Gloria a Ucrania”, la frase por la que Vida, jugador de la selección croata, fue advertido por la FIFA. Foto extraída de Diario Rio Negro.

Y comienza la leyenda de que organizaciones de derecha y extrema derecha organizaron manifestaciones que pusieron fin al gobierno de Yanukovich. Como resultado, “milicias fascistas están en el poder en Ucrania”. La prueba es que habrían golpeado a activistas y miembros del Partido Comunista y que en el poder habrían firmado el tratado con la Unión Europea, criminalizando la lengua rusa, y los partidos de izquierda y el pasado soviético del país.

Como reacción, entonces, Putin habría anexado a Crimea, territorio “de inmensa mayoría de fuerzas y militantes pro Rusia”. Y contra el nuevo gobierno de Ucrania, “surgieron” en el Este del país “manifestaciones pro Rusia que terminaron por crear Repúblicas autónomas”. Entonces, las “milicias de extrema derecha ucranianas enfrentaron a los separatistas con saldo de más de 10.000 muertos”.

Solo faltó repetir la acusación de la red de TV estatal rusa, de que en Kiev los fascistas estaban crucificando a niños ortodoxos en la plaza pública, para completar el cuadro de calumnias contra la revolución ucraniana.

Vamos a la verdad:

Yanukovich nunca resistió a la Unión Europea. Como toda la burguesía ucraniana, siempre jugó con las contradicciones entre Rusia y la Unión Europea, vendiendo su país ora por rublos, ora por euros. El tal tratado de aproximación con la UE fue elaborado y negociado por él mismo. Después de negociado, volvió atrás por presión rusa y como maniobra para arrancar algo más de la UE.

No hubo grandes manifestaciones en defensa de las relaciones con la UE. Hubo una minúscula manifestación de 7.000 estudiantes a favor de la firma del acuerdo. Pero como régimen autoritario que era, Yanukovich reprimió duramente a estos estudiantes. Y la represión fue el estopín para la manifestación de 500.000 personas el día siguiente, indignadas con el régimen opresor. Los 500.000 salieron a las calles contra un gobierno represor y autoritario, que vendía su país a la UE y a Rusia, y no en defensa de la UE.

En las manifestaciones participaron sí corrientes de derecha nacionalistas. Su peso era ínfimo. En las primeras elecciones pos derrocamiento de Yanukovich, en 2015, la extrema derecha (partido Svodoba) ni siquiera consiguió romper la cláusula de barrera de 5% en la votación, siendo que antes de la revolución, en 2012, había llegado a 10,44%, todavía bajo el gobierno de Yanukovich. El otro partido de la extrema derecha, Praviy Sektor, prácticamente dejó de existir. Como estas corrientes participaron de las manifestaciones contra el gobierno, fueron toleradas por el pueblo en las calles. Pero no había ningún apoyo a ellas.

No obstante, lo principal es que las corrientes nacionalistas de derecha pudieron jugar su papel en las manifestaciones debido a la traición de prácticamente toda la izquierda, que se quedó en casa mirando por la ventana la revolución con 500.000 personas marchando por las calles de Kiev. El Partido Comunista ucraniano fue tal vez la única corriente política del país que tuvo la desfachatez de salir a las calles ¡PARA DEFENDER EL GOBIERNO DICTATORIAL DE YANUKOVICH! ¡ES POR ESO QUE FUE RECHAZADO EN LAS CALLES! ¡No por ser de “izquierda”, sino por defender el gobierno autoritario, represor y vende patria de Yanukovich!

No hubo tampoco ninguna “criminalización” de la lengua rusa en Ucrania. Lo que hubo fue la definición del ucraniano como lengua oficial del país, mientras el ruso fue definido como una lengua regional, de una parte del país. No hay nada de absurdo en esta ley, aún más si se tienen en cuenta los siglos de opresión rusa sobre Ucrania. Cualquier nación oprimida tiene el total derecho de defender su idioma y su cultura, resguardando los derechos de las minorías nacionales. No hay ningún “gobierno fascista” en Ucrania. Hay un gobierno burgués “normal”, que como cualquier gobierno burgués de país semicolonial, explota a “sus” trabajadores y garantiza las ganancias de “su” burguesía y de los inversores extranjeros.

Importante aún es recordar que antes de concretarse la caída de Yanukovich, hubo una tentativa de acuerdo político para mantenerlo en el poder hasta la realización de nuevas elecciones. ¡Este acuerdo fue cerrado entre el gobierno de Yanukovich, las corrientes de oposición pro UE, la UE, EEUU, y… Putin! Todos juntos intentaron mantener a Yanukovich en el poder y organizar una salida negociada. Cuando los “líderes” de la oposición llevaron estas propuestas a la Plaza Maidan, el centro de las manifestaciones, las masas rechazaron el “acuerdón”, dando como respuesta una surra en los tales “líderes”. Fue así que cayó Yanukovich, como resultado de una revolución, y no de una conspiración. Como decía el viejo Trotsky, el trazo más característico de una revolución es cuando las masas toman para sí las decisiones políticas, que en condiciones normales dejan en manos de los políticos.

El derrocamiento del dictador amigo del Kremlin, al contrario de las leyendas, generó gran simpatía inicial en Rusia, con las personas comentando que había que tener el coraje de los ucranianos para librarse del canalla de turno en el gobierno. Fue por esa razón que Putin respondió con tanta dureza, sintió que la revolución ucraniana lo amenazaba directamente. De ahí vino la anexión de Crimea y el envío de mercenarios al Este ucraniano, y la euforia chovinista gran rusa que siguió, con una gran campaña de mentiras y calumnias contra Ucrania, repetidas ahora por el MAIS/Resistencia.

La anexión de Crimea y la provocación de la división de Ucrania entre Este y Oeste con mercenarios fue la respuesta contrarrevolucionaria de Putin para acabar con la revolución ucraniana. Para ahogarla en la sangre de 10.000 muertos en el conflicto. La tal “inmensa mayoría pro Rusia” en Crimea fue determinada en un plebiscito fraudulento realizado bajo ocupación militar rusa, sin tampoco tener en cuenta que la mayoría rusa en la península fue creada artificialmente por décadas de deportaciones de los tártaros de Crimea, primero por el imperio ruso, después por Stalin. Estos tártaros luchan hasta hoy por su derecho de retornar a Crimea y estuvieron contra la anexión por Rusia del territorio, defendiendo que Crimea siguiese como parte del Estado ucraniano, con autonomía.

De la misma manera, Putin envió mercenarios al Este ucraniano para dividir el país. Los propios relatos públicos de estos mercenarios muestran cómo la población local no los apoyaba. La población del Este ucraniano, culturalmente muy próxima de Rusia, se mantuvo distante, ajena del conjunto del proceso político. Esa es la razón de fondo de por qué Putin consiguió dividir a Ucrania: la revolución no llegó al Este del país… Es en esta división que se apoya también el actual presidente de Ucrania, Poroshenko, que sigue vendiendo el país como su antecesor.

La única cosa que se le puede perdonar al autor del artículo, es que él es coherente con toda la “elaboración” de la dirección de su corriente, de que hay una onda reaccionaria y un crecimiento del fascismo por todos lados, y por eso hay que juntar a toda la izquierda, incluso que sea con canallas como el Partido Comunista ucraniano o Zé Dirceu y sus secuaces. El autor simplemente llevó hasta las últimas consecuencias esta elaboración. Los seguidores del MAIS/Resistencia ya discuten por el Facebook una campaña para “que todos hinchen en la final contra el fascismo croata”. Sería simplemente una inmensa estupidez, si no envolviese la vida de centenas de millares de personas en dos guerras. Lo que convierte la estupidez en una estupidez criminal.

Es importante que se diga todavía que la manifestación de apoyo a Ucrania por el jugador croata fue un mensaje contra la POLÍTICA DEL GOBIERNO RUSO en relación con Ucrania, y no contra los rusos en general, lo que quedó demostrado por la propia hinchada de Croacia en el juego siguiente cuando su selección derrotó a Inglaterra, al abrir una gran pancarta en el estadio, en la que decía “Gracias Rusia”, desvinculando la política del gobierno ruso del pueblo ruso en sí, mostrando una sabiduría política muy superior a la del MAIS/Resistencia.

Pues que este domingo, en la final de la Copa del Mundo, quien quiera hinchar por el lindo fútbol mostrado por Croacia, lo pueda hacer en paz. Y que quien hinchar por la selección francesa, lo pueda hacer en paz también, independientemente del justo repudio que se pueda tener al gobierno Macron.

Traducción: Natalia Estrada.

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