Hoy 30 de marzo (Día de la Tierra para los palestinos) se cumple un año desde el inicio de la Gran Marcha del Retorno en Gaza. Las protestas ocurren todos los viernes. Exigen el fin del cerco deshumano impuesto por Israel a Gaza hace doce años y el retorno de los millones de refugiados palestinos a las tierras de donde vienen siendo expulsados desde 1948. En aquel año se creó el Estado de Israel mediante limpieza étnica. Para los palestinos, la Nakba (catástrofe en árabe).

La limpieza étnica continúa. La represión a la Gran Marcha es violenta. Ya mató a más de 250 personas e hirió a más de 25.000.

El 25 de marzo, los palestinos de Gaza no pudieron dormir. Vivieron una más de tantas noches de bombardeos masivos por Israel, que dejó siete heridos, destruyó casas y estructuras. Los ataques aéreos se han acentuado con la aproximación de las elecciones israelíes, el próximo 9 de agosto, fecha en que se recuerdan los 71 años del genocidio en la aldea de Deir Yasin, uno más de los más conocidos durante la Nakba.

Cada semana Israel lanza bombas sobre las cabezas de hombres, mujeres y niños palestinos en Gaza. Funciona como propaganda de campaña. Fue así en 2008-2009, en 2012 y en 2014, en la masacre de 51 días que asesinó a 2.200 palestinos, entre ellos 530 niños. En este último bombardeo, el costo político frente al mundo fue elevado.

Se prepara una nueva gran Marcha del Retorno en Gaza. Fotografía tomada del sitio Palestina Libre.

Aparentemente, eso pesa en la decisión sionista de mantener la ofensiva por uno, dos o tres días más por semana o mes. Pero muchos analistas apuntan que esa posibilidad está abierta, dependiendo de la disputa electoral. Para ganar votos, en Israel matar a palestinos está a la orden del día. El pretexto es siempre el mismo: “respuesta”, “represalias”, “defensa”, “seguridad del Estado”. Nada más falso. Israel es un Estado colonial, que ocupa las tierras de palestinos, que resisten. Un derecho legítimo frente a la colonización. Y única alternativa, cuando todos los derechos humanos fundamentales son violados.

Resistencia heroica

En la Palestina ocupada, la mitad de la población tiene menos de 29 años. Son los llamados “hijos de Oslo” –los tristemente célebres “acuerdos de paz” entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) e Israel, firmados en 1993 bajo la mediación del imperialismo norteamericano. Crearon la Autoridad Palestina con dependencia económica integral a Israel y cooperación de seguridad con ocupación. En la práctica, crearon el “capataz” para mantener la pacificación que facilita la expansión colonial sionista.

Esta generación descreída y que se contrapone a esas direcciones no vivió nunca un día de paz. Invasión de soldados a sus casas, prisión por arrojar piedras en tranques israelíes, agresión, humillación, muros, puestos de control, demolición de casas, expulsión y muerte son parte de su realidad desde su nacimiento. Como todos los palestinos, esa juventud se siente, con razón, abandonada por la “comunidad internacional”. Sin dirección, sin confianza en las direcciones tradicionales y sin perspectiva, pone su vida al servicio de la causa palestina. Resistir es existir.

El 17 de marzo último, el joven Omar Abu Laila, de solo 19 años de edad, decidió por el martirio. Con una cuchilla de cocina, se abrazó a uno de sus verdugos, un soldado israelí, en un puesto de control, y lo mató. Tomó el fusil, usado para humillar y asesinar palestinos, y mató a otro soldado de la ocupación. Y a un colono. Omar Abu Laila fue asesinado en una verdadera cacería en la villa de Abwein, en Ramallah, Palestina ocupada, días después. Luchó bravamente. Alcanzó a 11 soldados israelíes antes de ser muerto. Los jóvenes palestinos intentaron atrasar su martirio cuanto pudieron: arrojaban piedras en las fuerzas de ocupación para dificultar la operación sionista. Noticias dan cuenta de que Israel llamaba a Omar Abu Laila de “rambo”. Los palestinos lo llaman correctamente de mártir, como tantos otros. La punición colectiva brutal por parte de Israel, con demolición de la casa de su familia y prisiones incluso del hermano de solo siete años, intenta parar estas acciones, pero lo que ocurre es lo contrario. A cada sangre derramada, otros diez jóvenes palestinos deciden por el martirio.

La resistencia no se doblega, bajo todos los medios. En las cárceles israelíes está anunciada para el 1 de abril, frente a la masacre de presos políticos palestinos –cerca de 6.000 en total–, una huelga de hambre. Ahora, en el aniversario de la Gran Marcha del Retorno, el llamado es para millones en las calles de Gaza.

En un escenario de masacres y expansión colonial israelí, en la cual se gesta hace años una nueva Intifada (levante popular), es urgente la solidaridad internacional. Es preciso fortalecer la campaña de boicot a Israel. Es preeminente decir no a Bolsonaro, aliado preferencial del sionismo, denunciar y repudiar sus acciones contra los palestinos. Levantar la bandera por un Estado único palestino, libre, laico, democrático y no racista. Del río al mar.

Traducción: Natalia Estrada.