Ben-Gvir no es una excepción, es una cara del Estado sionista donde la tortura es la regla
Abominable. Inaceptable. Despreciable. Deplorable. Inadmisible. Bárbaro. Degradante. Intolerable. Estos fueron algunos de los adjetivos indignados pronunciados por gobiernos de todo el mundo en la condena global al exhibicionismo macabro realizado por el ministro sionista Ben-Gvir contra los activistas internacionales de la Flotilla Global Sumud, que ocupó los titulares el pasado 20 de mayo. Pero, a diferencia de lo que se presenta, él no es una excepción; es una cara explícita del Estado sionista.
Los dirigentes del Estado genocida de Israel sintieron el impacto de la crisis internacional y, en un gesto tan desesperado como hipócrita y ridículo, intentaron desvincularse de quien, a su servicio, dirige ejemplarmente los asesinatos y torturas de palestinos en las abyectas mazmorras sionistas, así como el aparato represivo del Estado, que incluye armar cada vez más a colonos criminales para matar más en Cisjordania, por ejemplo. Y poco a poco la solidaridad deja al descubierto lo que la resistencia palestina no se cansa de mostrar: la naturaleza brutal de un proyecto colonial y racista.
Buscando agradar al público interno y quizá disputar el cargo de primer ministro en las elecciones anticipadas tras la disolución del Parlamento aprobada el mismo día 20 por unanimidad en el legislativo sionista, Ben-Gvir difundió un video bizarro, como es su costumbre. Ya lo había hecho muchas veces al “supervisar” el tratamiento dado a los presos políticos palestinos —si era lo suficientemente pésimo o necesitaba empeorar. Tan confiado en la impunidad de Israel que ahora dirigió las cámaras para mostrar la violencia ampliada contra los internacionales de la flotilla.
En él aparece supervisando la humillación y las agresiones a los 428 internacionales de la Flotilla Global Sumud secuestrados violentamente los días 18 y 19 de mayo en aguas internacionales por las fuerzas marítimas de ocupación. Provenientes de unos 50 países, los participantes eran los remanentes y adicionales tras la primera interceptación de 22 barcos y 181 activistas a finales de abril, entre ellos los líderes de la misión, el brasileño Thiago Ávila y el hispano-palestino-sueco Saif Abukeshek. El trato también fue violento para todos, con torturas acentuadas contra los coordinadores y su detención durante diez días.
El ministro sionista (de “Seguridad Nacional”) Ben-Gvir ya visitó a otros activistas secuestrados en flotillas el año pasado; no es la primera vez, y siempre exhibiendo el placer sádico de humillarlos. Algunos se atreven a gritar Palestina libre, lo que les cuesta más agresiones físicas y psicológicas. Eso fue lo que se vio ahora contra una irlandesa, a quien el propio Ben-Gvir le dio un empujón para obligarla a arrodillarse. Las escenas son realmente bizarras: 428 personas obligadas a arrodillarse, con la cabeza en el suelo y bridas plásticas apretadas en las manos. Como parte de la tortura, los obligaron a escuchar el himno sionista. “¡Bienvenidos a Israel!”, se burló Ben-Gvir. Repetía el gesto de otra ministra, la de Transportes, Miri Regev, quien también publicó un video en sus redes sociales con la imagen de los secuestrados de la flotilla de fondo.
Ignorando este último video, ya que no tuvo repercusión, el criminal primer ministro Benjamin Netanyahu llegó a decir que los actos de Ben-Gvir no concuerdan con “los valores de Israel”. El ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Sa’ar, se apresuró a decir: “Con esta demostración vergonzosa, causaste daños a nuestro Estado de forma consciente, y no es la primera vez […].” Y completó: “Tú no eres la cara de Israel”.
El intento de revertir la crisis diplomática y la condena global —con varios países anunciando que llamarían a consulta a los embajadores israelíes, como Francia, Italia, Canadá y Holanda, un gesto de reprimenda y muestra de descontento diplomático— fue presentar a Ben-Gvir como un “extremista”, una excepción. Nada más falso.
La cara y naturaleza del Estado genocida
La verdadera cara de Israel está explícita, para quien quiera verla. La larga historia de crímenes contra la humanidad en 78 años de Nakba continua (la catástrofe palestina) finalmente comienza a ser conocida por un público más amplio.
El genocidio ampliamente documentado contra los palestinos en Gaza durante más de 500 días sacó a la luz esa historia bañada en sangre. Los palestinos se encargaron de mostrar al mundo en tiempo real su propio martirio, ayudados por las nuevas tecnologías: los refinamientos de crueldad, con imposición de hambre, sed y ausencia total de condiciones de vida, bombardeos sobre hospitales, escuelas, tiendas de campaña, barrios residenciales enteros, estaciones de saneamiento, paneles solares, universidades, iglesias, mezquitas, todo. Familias enteras quemadas vivas y borradas del registro civil, escombros, carnicería. Limpieza étnica avanzada en Cisjordania, apartheid y expansión colonial agresiva, con pogromos (ataques violentos de colonos sionistas).
Los soldados de la ocupación se sintieron confiados para también exhibir en redes sociales sus atrocidades, burlándose y jactándose de ser genocidas. Incluso un palestino desaparecido en medio de tanta matanza fue exhibido en internet, vendado y puesto a la venta como un esclavizado.
También se filtraron los métodos medievales de tortura en las mazmorras sionistas donde padecen 9.600 palestinos, entre ellos cerca de 400 niños, incluyendo violaciones de hombres y mujeres mediante el uso de perros de gran porte y objetos.
En los intercambios de presos políticos por parte de la resistencia, las imágenes de los palestinos liberados impactaron al mundo: algunos tenían piernas amputadas por infecciones y agresiones no tratadas, otros estaban irreconocibles en sus cuerpos extremadamente delgados debido al hambre impuesta, y muchos otros horrores que el mundo presenció; y los mismos gobiernos que expresaron indignación por el trato dado a los internacionales de la Flotilla Global Sumud optaron por desviar la mirada. Después de todo, son cuerpos palestinos y estos no son humanos, merecen ser asesinados y torturados.
Hipocresía e indignación selectiva
Todo es justificado. Israel es legitimado para cometer atrocidades. Su propaganda mentirosa de que está “defendiéndose” —cuando es el colonizador, el ocupante— es validada. Así, los mismos gobiernos indignados duermen tranquilos mientras continúan siendo destino de las tecnologías de la muerte para reprimir, criminalizar y matar a oprimidos y explotados en sus propios países. Israel sigue siendo el atractivo shopping center que sirve al exterminio y genocidio de otros pueblos, como indígenas, negros y pobres en Brasil. Y el pueblo palestino funciona como laboratorio humano para probar y desarrollar armas innovadoras, drones, equipos y softwares de control y vigilancia.
La resistencia palestina, que no se doblega ni se rinde, enseña sin embargo el camino: persistencia y firmeza colectivas (Sumud). La solidaridad internacional refleja y amplifica sus voces. Y molesta, desgasta el proyecto colonial sionista, acelera su declive. Los gobiernos insisten en no acompañar y, alineados con el lobby sionista, intentan criminalizar e intimidar a los defensores de Palestina. Pero incluso para estos gobiernos existe un límite.
Los cuerpos palestinos están bien, es normal, es banal. Tortura, violaciones, agresiones, costillas rotas de internacionales de la Flotilla Global Sumud, como evidencian los relatos tras la liberación de los 428 secuestrados, no es aceptable porque acentúa la crisis del capitalismo en sus propios países y genera inestabilidad. Cincuenta y tres personas tuvieron que ser hospitalizadas ante la brutal violencia a la que fueron sometidas por la ocupación —muy brutal, pero ni el 1% de lo que se inflige cotidianamente a los palestinos—, ahora incluso con presos políticos sujetos al ahorcamiento público por “ley” israelí. Ben-Gvir hizo un video de la estructura con la horca preparada para recibir palestinos y recibió como regalo de cumpleaños una torta con el dibujo de una horca hecha por su esposa. Todo filmado, pero la indignación sigue siendo selectiva.
La causa palestina, como síntesis de las luchas justas contra la opresión y la explotación en cualquier parte del mundo, expone al Estado terrorista de Israel, pero también expone la hipocresía de los Estados nacionales, cuyos gobiernos hacen declaraciones y condenas, pero se niegan a imponer sanciones y romper relaciones con el aliado genocida.
Y entonces la impunidad golpea la puerta, al ritmo de las olas de la Flotilla Global Sumud. Israel se sintió tan cómodo buscando la solución final en la Nakba continua que exhibe al mundo su cara brutal incluso contra internacionales.
La complicidad internacional histórica no cesó. Netanyahu se apresuró a intentar desvincularse de Ben-Gvir para evitar que los gobiernos no tengan otra salida que dar ese paso.
No solo él, sino también el “ala liberal” del sionismo, cuyo proyecto es igual de racista, colonial y genocida, pero lejos de las cámaras y de los ojos del mundo. Protagonistas de la Nakba de 1948, temen que la “extrema derecha sionista” lleve al colapso ese proyecto al mostrar al mundo la verdadera cara y naturaleza de Israel, y lo defienden con uñas y dientes.
Profundizar el declive del proyecto colonial
Pero el daño ya está hecho. Israel perdió corazones y mentes. Una encuesta del Pew Research Center realizada entre el 23 y el 29 de marzo revela que en EE.UU. el 60% de los estadounidenses tiene una opinión negativa del Estado sionista. “Seis de cada diez estadounidenses tienen una visión muy o algo desfavorable de Israel, un aumento de siete puntos porcentuales respecto al año pasado y de casi 20 puntos desde 2022”, destaca. En Europa no es diferente. Tampoco en América Latina.
La resistencia palestina enseña el camino. Y la Flotilla Global Sumud persiste. “Cuando los gobiernos fallan, nosotros navegamos.” Y sigue regresando, pese a la violencia cada vez mayor contra sus integrantes. Y afirma: “Por Palestina, no vamos a parar.” Quien tiene que ser detenido es Israel.
Y la solidaridad encuentra nuevos caminos. Ahora mismo, el Convoy Magreb Sumud con cerca de 230 participantes de 21 países intenta un paso terrestre para marchar hacia Gaza. Está detenido e impedido de avanzar, esperando autorización de Libia. Los poderosos enemigos de la causa palestina se muestran. Como enseñó el revolucionario palestino Ghasan Kanafani, además del imperialismo/sionismo, son ellos: los regímenes árabes y la burguesía árabe/palestina. Pero el convoy ya anunció que está decidido y no va a desistir.
Siguiendo esa ola y esos pasos, el llamado es a fortalecer la movilización y salir a las calles. Ni un minuto de paz para el Estado genocida. Ninguna normalización del apartheid, genocidio, colonización y limpieza étnica. El momento es de ampliar la presión sobre los gobiernos y exigir el fin de la complicidad con Israel. Es momento de profundizar el declive del proyecto colonial sionista. No parar, no desistir jamás, no sentirse derrotado ni intimidado.
A los participantes de la Flotilla Global Sumud, las palabras expresadas en una carta del fotoperiodista palestino de Gaza Abdel Rahmann Alkahlout, difundida en portugués por el petrolero brasileño Leandro Lanfredi, uno de los participantes de la flotilla:
De las madres de Gaza que se duermen con el sonido de los ataques aéreos,
De los niños que despiertan aterrorizados buscando a sus padres bajo los escombros,
De los periodistas que cargaron una cámara en una mano y los restos de sus amigos en la otra,
De los heridos, de los padres obligados a enterrar a sus propios hijos con sus propias manos…
Les escribimos este mensaje a ustedes.
Quizás nunca comprendan realmente lo que significa, para un pueblo sitiado y abandonado, sentir que alguien estaba dispuesto a arriesgar su propia vida por él.
Quizás nunca sepan cómo las madres de Gaza lloraron cuando vieron sus barcos navegando hacia ellas, simplemente porque eso les recordó que, en algún lugar de este mundo, todavía hay personas que las ven como seres humanos.
En Gaza nos acostumbramos a ser dejados solos bajo fuego. Nos acostumbramos a que el mundo vea morir a nuestros niños y luego siga con su vida como si nada hubiera pasado. Pero ustedes rompieron ese silencio.
Ustedes no llevaban armas. Llevaban una conciencia viva. Llevaban dignidad para un pueblo al que intentaron matar de hambre, aislar y borrar.
El pueblo de Gaza nunca olvidará a quienes cruzaron el mar solo para decirles: “Puede que no seamos más fuertes que la muerte, pero nos negamos a permanecer en silencio frente a ella.”
Algún día los niños de Gaza crecerán escuchando hablar de personas de todas partes del mundo que enfrentaron amenazas, prisión y peligro solo para tocar la puerta de una Gaza sitiada y decir: “No están solos.”
Debajo de los escombros, de las tiendas, de los hospitales superpoblados y llenos de dolor, y de corazones agotados por la pérdida y el asedio… gracias por elegir la humanidad cuando gran parte del mundo eligió el silencio.
La resistencia palestina enseña el camino. Y de los escombros de la Nakba florecerán sus semillas, en una tierra inquebrantable que sangra, pero se niega a morir: ¡Palestina libre del río al mar!




