Por Domingo Godoy

Antecedentes

La situación política y económica en Honduras, antes de la pandemia de la COVID-19 y del Huracán Eta ya era muy complicada. Hace un año, estábamos en recesión económica, con una fuga del cuarenta por ciento de la inversión extranjera directa, lo cual profundizaba el desempleo que empuja las multitudinarias caravanas a los Estados Unidos.

Por su parte, la familia de Juan Orlando Hernández se paseaba de sala en sala por los tribunales del Distrito Sur de Nueva York, porque Tony Hernández, hermano del que usurpa la presidencia de la República, fue hallado culpable por ser un narcotraficante a gran escala de la región. Siendo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, JOH tenía responsabilidad directa de la logística del narco gobierno. De ahí que, en las mismas investigaciones, el propio Juan Orlando Hernández sea señalado como coconspirador, es decir, miembro de la mafia.

Al mismo tiempo, trascendía una larga lista de escándalos de corrupción, de funcionarios del poder ejecutivo y diputados del partido de gobierno. Parecía que nada podría empeorar las cosas, para el empobrecido pueblo hondureño, pero la realidad nos enseñó lo contrario.
En marzo de 2020, con un pésimo sistema de salud y con miles de hogares llenos de hambre y miedo, se anunció la llegada de la pandemia. El régimen sonreía. Nada mejor que una cuarentena que obligara a las personas a encerrarse en sus casas y guardar distancia, para aplacar todas las luchas que se levantaban en su contra. El brutal robo de los fondos derivó en un pésimo manejo de la emergencia. Esta vez, el latrocinio se ejecutó por medio de compras ficticias y sobrevaloradas. Quizás, el caso más evidente fue la compra de siete “hospitales” móviles, de los cuales solo llegaron dos -incompletos y en mal estado- a un precio que alcanzaba para construir y equipar dos hospitales de verdad.
Se compraron millones de mascarillas facturadas en ciento cincuenta lempiras cada una, pero que compradas en la calle valían tan solo diez lempiras. Los centros hospitalarios y de triaje destinados al Covid-19, nunca fueron abastecidos ni siquiera con los insumos más básicos, enviando directamente al paredón de la muerte a centenares de empleados de la salud, principalmente enfermeras y médicos.
Efectos económicos
Antes del paso del huracán ETA, el Banco Central de Honduras indicaba que, los únicos sectores que mostraban una actividad económica positiva eran la “La Administración Pública y Defensa (3.2%), Intermediación Financiera (1.7%), Comunicaciones (1.3%) y Servicios de Enseñanza y Salud (0.9%)”.Es decir, solo los sectores improductivos o de consumo y en consecuencia, se esperaba “una contracción de la economía hondureña en un rango de -8.0% a -7.0%, para 2020”. Las cifras anteriores no fueron más alarmantes debido a los siguientes factores: 1. Las remesas se han recuperado y ocupan un 18% del PIB, lo cual constituye, además, el 47% de las divisas, solo entre enero y octubre de 2020, nuestros compatriotas enviaron 4,456.4 millones de dólares y, 2. El precio del petróleo a nivel internacional ha sido favorable.
El Foro Social de la Deuda Externa en Honduras (FOSDEH), estima que la pandemia ha dejado 569 mil hondureños desempleados y según el comportamiento de los meses previos al paso de ETA, el endeudamiento del Estado hondureño representará el 66.9% del Producto Interno Bruto para 2021, es decir, 15,547 millones de dólares. Cabe señalar que, según datos oficiales actualmente, la deuda representa, el 54% del PIB, lo cual ya es prácticamente impagable, no digamos con los estragos de ETA.
Todavía es muy pronto para decir cómo queda el país después del paso de ETA. En el momento que escribimos este artículo los niveles de los ríos se mantienen altos y muchos barrios siguen inundados. Hasta ahora se contabilizan 31 personas muertas según diario el Heraldo, hay miles de damnificados y evacuados en todo el país, la mayoría en el Valle de Sula. En cuanto a los cultivos, el ministro de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, ha dicho que hay 200 mil manzanas de tierra pérdidas debido a las inundaciones; y como hemos visto, gran parte de la infraestructura vial ha sido destrozada, decenas de puentes dañados o arrancados por completo y reiteramos que el fenómeno sigue causando daños.
Lo que sí podemos afirmar es que el huracán cambió todo. Para empezar, la nueva ley de presupuesto, recién aprobada, contemplaba cubrir un 36.8% del mismo con deuda. Con el paso de ETA, ese valor indudablemente se incrementará. Y esa es la única salida del régimen. Por eso el gobierno se ha mantenido fiel a las exigencias del FMI y recientemente aprobó la tercera revisión del acuerdo Stand-By, lo cual le garantiza un nuevo desembolso de 88 millones de dólares. Sin embargo, es insuficiente para hacerle frente a la devastación y sus efectos, tanto en salud como en la reconstrucción.
El gobierno ante el desastre
Lo peor de toda esta tragedia es la negligencia gubernamental. En primer lugar, el Centro Nacional de Huracanes de Miami, fue claro y oportuno respecto a la ruta y al daño potencial que podía causar el fenómeno meteorológico. En segundo lugar, los hondureños ya teníamos la experiencia del Huracán Mitch de 1998 y sabíamos plenamente que informaciones de esta naturaleza no pueden ser tomadas a la ligera. Pese a las advertencias, para el gobierno era mucho más importante quedar bien con la oligarquía ligada al turismo, que la vida de la gente, decretando una semana de feriado sin restricciones de ningún tipo –ignorando también que estamos en medio de una pandemia- y jugando a tirar los dados con las vidas de las personas. Aún con las advertencias de que el huracán llegaría en horas, el Gobierno se resistía a interrumpir este feriado y teniendo cierto margen de tiempo valioso para evacuar a las personas y preparar albergues dignos, ellos deliberadamente lo desaprovecharon abandonando a la población a su suerte.
Tristemente, cuando el desastre se había consumado, tampoco movilizó una tan sola lancha para rescatar a la gente. Tanto el cuerpo de bomberos, como las demás instituciones de socorro demoraron todo un día en llegar y fue el mismo pueblo el que salvó vidas. Por si eso fuera poco, una vez que la gente se volcó a ayudar con víveres, el gobierno impuso protocolos para que los donantes no hicieran la entrega de forma directa, por dos motivos: el primero, hacer quedar bien a las instituciones que fueron incapaces de cumplir las labores de rescate, y la segunda: hacer campaña política con los donativos de la gente. Simultáneamente, hizo un despliegue propagandístico en los medios de comunicación sobre las supuestas bondades de su
gobierno.
La situación política ante la calamidad
A diferencia del huracán Mitch que tomó a Carlos Roberto Flores en el primer año de su período de gobierno, ETA se vino en pleno período electoral: con un gobierno sin recursos por el robo descarado del dinero de la pandemia y al mismo tiempo, con la más absoluta desconfianza del pueblo y de la comunidad internacional. Como todo criminal experimentado, Juan Orlando Hernández trata de sacar ventaja de la situación y usa los medios de comunicación a sueldo, para falsificar y manipular los hechos. Pero esta vez, la verdad ha salido directamente desde los pantanos y de las voces de los sobrevivientes a través de las redes sociales.
El escudo del gobierno es el pacto de gobernabilidad con el Partido Libertad y Refundación LIBRE – referente de la oposición- pero el papel de contención que ejerce dicho partido se desmoronará en cuanto estalle la insurrección, tal como sucedió en las luchas de diciembre y enero de 2017. La indignación de la base crece cuando se ve a los candidatos de LIBRE, traficando con la necesidad de los sobrevivientes, es decir, repitiendo el asistencialismo histórico que ha caracterizado a los partidos tradicionales y que ahora, también parece ser su medio de proselitismo electoral. Esperamos fervientemente que esas acciones indignantes, sean el detonante de la insurrección popular por la salida del dictador junto a su mafia y que la rebelión también se lleve de encuentro a la oposición oportunista.
La burguesía oficialista y oposicionista están deseosos de llevarnos de la mano hasta las urnas, para según ellos, desahogar nuestro descontento e indignación en el circo electoral, pero poco a poco el pueblo y los trabajadores se dan cuenta que la tarea central de nuestra lucha no está en el terreno de las elecciones fraudulentas, mas bien, inicia por organizarnos para conquistar la salida innegociable de JOH y su pandilla de delincuentes por medio de la insurrección popular.
En el Partido Socialista de los Trabajadores, sección de la Liga Internacional de los Trabajadores LIT-CI, consideramos que es un momento oportuno, para recordar que esa gente que hoy sale del lodo, puebla el valle más poblado del país, actores estelares de la historia de la lucha de clases en Honduras, desde el enfrentamiento a la dictadura de Tiburcio Carías Andino en las ensangrentadas calles de San Pedro Sula, hasta la Gran Huelga de 1954, que dio vida a la organización obrera más desarrollada en todo el país; punto de referencia en las victorias recientes derrotando al infame peaje; por tanto referentes históricos y actuales del movimiento de masas.
Las burlas del narco dictador solo han madurado las condiciones para un estallido social de magnitudes históricas. Este noble pueblo, es aguantador, pero sus límites se desbordaron como lo hicieron los ríos.

𝟏𝟎 𝐝𝐞 𝐧𝐨𝐯𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐞 𝟐𝟎𝟐𝟎

Partido Socialista de los Trabajadores