Mientras niega vacuna a los palestinos, Israel se presenta cínicamente, por medio de sus representaciones en el mundo, como preocupado por ayudar frente a la pandemia. Es lo que viene haciendo el Consulado de Israel en San Pablo. Según divulgó el 30 de diciembre último el portal R7 –medio portavoz del sionismo cristiano en el Brasil, perteneciente a la red de comunicación del obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Edir Macedo–, fueron más de veinte acciones sociales realizadas en el Estado paulista, como distribución de canastas básicas en favelas.

Por: Soraya Misleh

La iniciativa integra el aidwashing (lavar la imagen del apartheid con propaganda de acciones de ayuda) como parte de la máquina de propaganda institucional del Estado sionista para encubrir sus crímenes contra la humanidad. Para quien tiene hambre, puede parecer bondad y benevolencia. Nada más falso. Las migajas distribuidas por Israel no llegan ni a los pies de los millones que factura con la sangre en las comunidades al exportar sus tecnologías de muerte. Estas son encomendadas por gobiernos estaduales, como el paulista, para abastecer a sus policías que promueven el genocidio negro y pobre en las mismas favelas en que la falsa magnánima representación sionista hizo la acción social saludada en el R7.

El cinismo es digno de un Estado de apartheid, como revela la declaración del cónsul de Israel en San Pablo, Alon Lavi, a R7: “Los desafíos impuestos con la pandemia tuvieron impacto en la vida de muchas personas alrededor del mundo. Solidaridad y cooperación han sido valiosas actitudes para atravesar el momento”. Aún conforme él, la intención sería “contribuir para disminuir un poco el sufrimiento de personas en vulnerabilidad social”.

No existe solidaridad en el racismo

Estas afirmaciones son un escarnio, como se explicita en la campaña de vacunación de Israel. Al mismo tiempo en que se presenta al mundo como “solidario” y –también en acción de propaganda– líder en la búsqueda por inmunizar a su población, informa que no tiene obligación de proveer dosis a los palestinos bajo ocupación en Cisjordania y en Gaza.

El argumento sionista es que en primer lugar están los israelíes y que los dirigentes palestinos no pidieron formalmente ayuda. Para preservar su imagen, intenta arrojar la culpa sobre los que viven bajo ocupación: “no pidieron”.

Amnistía Internacional divulgó un informe el 6 de enero en el que denuncia el racismo por detrás de estas justificativas. Titulado “Negar la vacuna de Covid-19 a los palestinos expone la discriminación institucionalizada de Israel”, cuenta con la siguiente declaración del vicedirector regional de Amnistía Internacional para el Medio Oriente y el Norte de África: “Mientras Israel celebra una campaña de vacunación récord, millones de palestinos que viven bajo control israelí en Cisjordania y en Franja de Gaza no recibirán vacuna o tendrán que esperar mucho más –difícilmente podría haber una ilustración mejor de cómo las vidas de israelíes son valorizadas por encima de las de los palestinos”.

La institución es categórica: “Las autoridades israelíes deben garantizar que las vacunas sean provistas igualmente a los palestinos que viven bajo su control, a fin de cumplir sus obligaciones frente al Derecho Internacional”. Cita, entre sus deberes como potencia ocupante, previstos en el artículo 56 de la Cuarta Convención de Ginebra, garantizar y mantener “los establecimientos y servicios médicos y hospitalarios, salud pública e higiene en el territorio ocupado, con particular referencia a la adopción y aplicación de medidas profilácticas y preventivas necesarias para combatir la propagación de enfermedades contagiosas y epidemias”.

Como un Estado fuera de la ley, Israel ha hecho exactamente lo contrario. Desde el inicio de la pandemia de Covid-19, destruyó repetidamente clínicas y puestos de salud montados en ciudades palestinas para tratamiento de pacientes con Covid-19, confiscó equipamiento médico y máscaras, cerró locales de testeo improvisados y bombardeó hospitales en Gaza, en la que dos millones de palestinos ya padecen con la parca infraestructura para atención, frente a ofensivas sionistas regulares y un cerco deshumano desde hace 14 años, en que nada entra o sale sin que Israel lo permita.

Niñas palestinas en Rafah, Gaza, en noviembre de 2020.

Las denuncias de racismo y deshumanización son incontables, en medio de la expansión colonial agresiva del día a día, en medio de la continua Nakba (catástrofe con la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948 mediante limpieza étnica palestina). Al mismo tiempo, como de práctica, Israel enfocaba en el aidwashing: anunciaba al mundo, aún en marzo de 2020, que estaba en fase avanzada en el desarrollo de la vacuna que salvaría a la humanidad de la pandemia. Fake news para que nadie encuentre defecto.

La exigencia de Amnistía Internacional de que, como potencia ocupante, Israel cumpla con sus obligaciones frente al Derecho Internacional es importante frente a la urgencia y para desenmascarar la propaganda sionista. Pero no se puede alimentar ilusiones: el racismo es intrínseco al Estado sionista.

Si no hubiera otra forma, puede ser que Israel, con bastante atraso, provea dosis a los palestinos, no por humanidad sino porque necesita de mano de obra barata, que precisará ser inmunizada. Una señal es que el Times of Israel acaba de anunciar que el Estado sionista habría transferido secretamente decenas de dosis a la Autoridad Palestina –noticia que no se sabe si es verdadera y probablemente intenta responder a la denuncia de Amnistía Internacional, citada en el reportaje. Hecho que, de ocurrir, el Estado sionista usará seguramente como una propaganda más para encubrir el apartheid.

Hasta que lleguen las vacunas, cinco millones de palestinos siguen enfrentando doble amenaza: el sionismo y la pandemia. El atraso en la compra de dosis por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que prometió garantizar lo suficiente apenas para 20% de la población, es gigantesco. La gerente de la ocupación, la Autoridad Palestina, afirmó que busca junto con los socios internacionales otro 40% y que las primeras levas deben llegar en febrero próximo. Mientras esperan, [los palestinos] hacen frente al aumento del número de casos de Covid-19 con la autoorganización y la resistencia que les es peculiar.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.