Bolivia: la COB acepta el diálogo y abandona la exigencia de renuncia de Rodrigo Paz
Después de 49 días de movilización nacional, la dirección de la Central Obrera Boliviana (COB) aceptó instalar una mesa de diálogo con el gobierno de Rodrigo Paz y retiró la exigencia de su renuncia, una consigna que había ganado fuerza entre amplios sectores de trabajadores, campesinos e indígenas durante las semanas de lucha. El giro de la dirección se produce cuando el gobierno atraviesa una profunda crisis política y enfrenta un creciente cuestionamiento popular. Mientras la cúpula de la COB apuesta por una salida negociada, en las bases persiste una fuerte disposición de combate. Los bloqueos continúan siendo sostenidos principalmente por organizaciones campesinas e indígenas, sectores mineros han manifestado su voluntad de profundizar las medidas de presión y amplios sectores populares mantienen la convicción de que la movilización aún tiene fuerza para arrancar sus demandas e incluso derrotar al gobierno. Esta contradicción entre la disposición de lucha de las bases y la orientación negociadora de la dirección se ha convertido en uno de los principales debates en el seno del movimiento.
El diálogo en cuarto intermedio
La COB presentó un pliego para la denominada «pacificación del país», que incluye la liberación de los detenidos en las protestas, garantías para el ejercicio del derecho a la movilización, el cese de la persecución judicial y la atención de las demandas económicas y sociales planteadas por las organizaciones populares. Sin embargo, el punto que se convirtió en el eje de la negociación fue la exigencia de libertad para los presos.
Ante la presión de las organizaciones movilizadas, el gobierno aceptó conformar una mesa específica para discutir la situación judicial de los detenidos. De esta manera, las conversaciones entraron en un cuarto intermedio y la continuidad del diálogo quedó condicionada al tratamiento de la situación de los presos y a la adopción de medidas concretas que permitan su liberación. La exigencia de libertad para los detenidos se ha convertido así en la principal bandera de la negociación y en un punto de unidad entre las organizaciones en lucha.
La base campesina e indígena mantienen los bloqueos y cobran radicalización de las direcciones
La dirección de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y de la Federación Tupac Katari no participaron en la mesa de diálogo, argumentando que cualquier decisión debe ser previamente consultada con las bases. Sin embargo, su orientación política apunta en el mismo sentido que la de la COB: priorizar la exigencia de libertad para los presos y mantener abierta la perspectiva de una negociación con el gobierno.
Los bloqueos y las acciones más combativas han sido sostenidos principalmente por las organizaciones campesinas e indígenas de base, que hoy cuestionan la orientación al diálogo de las direcciones. La radicalización de estos sectores responde al agravamiento de las condiciones económicas, el encarecimiento del costo de vida y las políticas de ajuste, pero también al incremento del racismo y de los ataques del gobierno contra las comunidades movilizadas. Entre amplios sectores campesinos e indígenas existe un profundo sentimiento de decepción y de traición: muchos afirman que creyeron en las promesas de Rodrigo Paz, pero que el gobierno les ha mentido sistemáticamente, se negó a negociar en momentos anteriores de la crisis y no respeta los principios de consulta, reconocimiento y participación de los pueblos originarios consagrados en el carácter plurinacional del Estado. La estigmatización de las protestas y la discriminación promovida desde el poder han profundizado la indignación y fortalecido la disposición de lucha en amplias regiones del país.
Ampliar las protestas y convocar la huelga general
La libertad de los detenidos y el fin de la represión constituyen demandas absolutamente legítimas. Pero limitar la lucha a la negociación y abandonar la consigna de la renuncia de Rodrigo Paz significa retroceder precisamente cuando la movilización ha demostrado su mayor fuerza.
Por ello, crece el cuestionamiento desde las bases a la dirección de la COB, a la que muchos trabajadores y sectores populares consideran incapaz de colocar toda la fuerza del movimiento en la perspectiva de derrotar al gobierno. La COB tampoco ha impulsado una verdadera ampliación de la movilización nacional, pese a la enorme disposición de combate existente entre los trabajadores, campesinos e indígenas. Incluso sectores mineros han manifestado su voluntad de profundizar la lucha. El Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Huanuni, por ejemplo, expresó públicamente su disposición a fortalecer la movilización y a impulsar medidas más contundentes. Sin embargo, la dirección de la COB no convocó un plan de lucha más amplio, no llamó a incorporar a nuevos sectores ni puso todo el peso de la clase obrera organizada en la pelea nacional.
Al mismo tiempo, sectores importantes como los fabriles y los profesores fueron declinando su participación en el movimiento, sin que la dirección de la COB realizara una campaña decidida para impedir esas rupturas, recuperar a esos sectores o unificar nuevamente las fuerzas del campo popular.
La experiencia de estas semanas demuestra que la fuerza para conquistar las reivindicaciones populares reside en la unidad y la movilización independiente de los explotados y oprimidos. La enorme disposición de lucha de los trabajadores, campesinos, indígenas, y demás sectores debe ser canalizada hacia un verdadero plan nacional de lucha para imponer sus demandas y avanzar en la perspectiva de derrotar al gobierno mentiroso y racista de Rodrigo Paz.
Ampliar la lucha hasta derrotar al gobierno y fortalecer la solidaridad internacional
La tarea central es ampliar el movimiento, fortalecer los bloqueos, incorporar de manera decidida a los trabajadores organizados y extender la organización democrática desde las bases para derrotar al gobierno mentiroso y racista de Rodrigo Paz e imponer una salida favorable a los trabajadores y al pueblo boliviano.
Al mismo tiempo, es necesario fortalecer la solidaridad internacional con la lucha en Bolivia. La batalla de los trabajadores, campesinos e indígenas bolivianos es parte de la resistencia de los pueblos de América Latina contra el ajuste, la represión y todas las formas de opresión y discriminación.
El poder debe estar en las decisiones de las bases
Las contradicciones entre la disposición de lucha de las bases y la orientación negociadora de la dirección de la COB vuelven a plantear una cuestión estratégica para el movimiento popular boliviano. La Central Obrera Boliviana sigue siendo la principal y más histórica organización de los trabajadores y del pueblo explotado del país. Su trayectoria está marcada por grandes jornadas de combate, por la unidad entre obreros, campesinos e indígenas y por momentos en los que llegó a colocarse como una referencia de poder alternativo frente a los gobiernos de turno.
Precisamente por ese papel histórico, el destino de la lucha no puede quedar en manos de negociaciones realizadas desde arriba y alejadas del control de las bases. Son los trabajadores, los campesinos y los pueblos indígenas que sostienen los bloqueos, enfrentan la represión y mantienen viva la movilización quienes deben decidir democráticamente el rumbo del movimiento. La COB debe apoyarse en asambleas, ampliados y organismos de deliberación desde las bases, con representantes elegidos y revocables, para que sean las mayorías movilizadas las que definan las reivindicaciones, las medidas de lucha y cualquier negociación con el gobierno.
Frente a un gobierno debilitado y cuestionado por amplios sectores populares, la salida no pasa por sustituir la iniciativa de las masas por acuerdos de cúpula, sino por fortalecer la organización independiente y democrática de los explotados y oprimidos. Todo el poder de decisión a las bases, a través de la COB, para unificar la lucha y abrir una salida al servicio de los trabajadores, campesinos e indígenas de Bolivia.




