La farsa electoral más grotesca de la historia de Rusia
Desde el 18 al 20 de septiembre, durante tres días y tres noches transcurrieron las votaciones para el parlamento, llamado Duma Estatal. Desde hace varias décadas que no hay elecciones libres ni democráticas en el país. En especial, desde la llegada al poder de Putin, las elecciones son una formalidad dentro de un régimen cuya institución central es el FSB – heredero directo del KGB. La Duma Estatal y el Concejo de la Federación cumplen una función decorativa, con un puñado de partidos bajo el estricto control del régimen. Pero en esta ocasión, a causa de la crisis económica, social, demográfica, política y militar que envuelve al país, producto del empantanamiento en su guerra imperialista en Ucrania, ese régimen evidenció su enorme fragilidad. Y los “resultados electorales” que mostró al mundo sólo aumentaron su bochornoso ridículo.
Las masas viven bajo un gran temor por la brutal represión del régimen. Sin embargo, expresan con aguda ironía su rechazo a esta guerra –llamada oficialmente “Operación Militar Especial”– que nunca quisieron y que les impone cada vez más sacrificios. Porque empezó llevando a la muerte a los hijos de las decenas de nacionalidades y pueblos oprimidos, de las masas pobres de las regiones alejadas, pero ahora la cacería de reclutamiento forzado ya afecta a la población de las grandes ciudades. En repudio a todo eso el ingenio popular, como denuncia, llamó a estas votaciones “Operación Electoral Especial”.
Una dictadura con ropaje presidencial – parlamentario
Los partidos tolerados por el régimen son unos pocos. El oficialista “Rusia Unida”, cuyas listas fueron encabezadas por militares, criminales de guerra, altos funcionarios del gobierno como el ministro de exteriores Serguey Lavrov o el presidente y jefe de ese partido Dmitry Medvedev.
El “Partido Comunista de la Federación Rusa”, PCFR, que fundado en 1993, se presenta como el heredero directo del PCUS, con su eterno Secretario General, Guennadiy Ziuganov, un chauvinista gran ruso, que se dice “patriota”. Dice defender a los “asalariados” y parte de su base electoral son los millones de empleados del estado y complejo industrial militar, maestros, médicos, enfermeros… Pero su dirección representa los intereses de los gerentes de empresas productoras para el mercado interno y empresas agrarias, resultantes de la privatización y concentración de las tierras agrícolas.
El “Partido Liberal Democrático” LDPR, de ultraderecha xenófoba, chauvinista gran ruso y autoritarismo imperial hacia las ex repúblicas soviéticas, que no tiene absolutamente ninguna relación con su denominación “democrática”. Un cuarto partido, engendrado en la era Putin, es “Rusia Justa”, que bajo una apariencia “socialdemócrata”, es de contenido social-chauvinista y de control estatal de la economía. Con el inicio de la actual crisis por la guerra el Kremlin alentó un nuevo engendro: “Partido Nueva Gente”, conformado por “outsiders”, que se postulan ante los viejos políticos. Tuvo un relativo y rápido crecimiento. Todos estos partidos están encuadrados en el apoyo explícito a la guerra de Putin.
Yábloko: ¡Condenados por pedir la paz!
Sin embargo, en esta elección la nota disonante fue Yábloko. Un viejo partido neoliberal, fundado e integrado al régimen con sus mutaciones desde hace 30 años. Cuyo nombre, que a la vez significa “manzana”, surge del apellido de su fundador Grigory Yavlinsky, autor del plan económico capitalista de Gorbachov, llamado “plan de los 500 días”. La posición de Yábloko fue por la terminación de la guerra. Su lema fue “Por la Paz y la libertad”. Yábloko no alcanzó el umbral para tener representación parlamentaria en las pasadas elecciones. ¡Y al publicitar este lema, pasó a obtener en las encuestas una intención de voto cercana al 14%! En especial reflejando a la juventud de las capas medias de las grandes ciudades. ¡Sonaron las alarmas de los Servicios Secretos de Kremlin!
No se demoraron los partidos del régimen en demandar judicialmente a Yábloko. Y rauda y veloz la Corte Suprema de la Federación Rusa anuló la participación de las listas de Yábloko. Sus dirigentes enfrentaron procesos penales sumarios. Lev Shlosberg uno de los vicepresidentes del partido fue condenado a 11 años de prisión y Maxim Kruglov otro vicepresidente, a 7 años de prisión. Y también fueron prohibidos sus observadores electorales. ¡Un hachazo a la única oposición abiertamente antibélica!
Con proscripciones no bastaba, hizo falta un descarado y violento fraude
La decadencia ante las masas del partido dirigente, “Rusia Unida” es tan evidente que el régimen tuvo apelar a los recursos de fraude más diversos para poder forzar el resultado. ¡El partido de Putin, el “partido de la guerra” no podía decrecer sus votos después de casi cinco años de guerra! ¡La consigna era aumentar! Y presentarlo como “ganador con 57% de los votos”, mientras obtuvo 49% en 2021! Ella Pamfílova, la presidente de la Comisión Electoral Central desde hace 10 años, ha hecho su tarea. La “democracia” en Rusia está bien vigilada y se ganará una nueva condecoración de parte de Putin.
Aquí presentamos algunos datos de su esmerado trabajo. Exclusión masiva de candidatos: aproximadamente uno de cada diez candidatos fue vetado de las elecciones. A cerca de 500 personas se les revocó el registro o fueron excluidas por otros motivos.
En los territorios ocupados y en las zonas fronterizas se habilitó una votación anticipada anómala: más de 4 millones de personas votaron anticipadamente. Mientras que sólo unas 260.000 lo hicieron en las otras 37 regiones.
No hubo observadores extranjeros. Tampoco acceso a observadores electorales en los territorios ocupados de Ucrania. Allí no se publicaron las direcciones de los colegios electorales ni lugares de votación. ¡Se utilizaron de forma generalizada urnas móviles y votaciones dentro de unidades militares! No hubo video vigilancia estándar.
Hubo coacción para utilizar el voto electrónico, que no permite un control en el lugar de votación (o colegio electoral). Se presionó a la gente para que votara electrónicamente en el trabajo, en la escuela e incluso en los propios colegios electorales. A menudo, las papeletas de papel sólo se entregaban si el votante la solicitaba expresamente. Numerosas incidencias afectaron al voto en papel: el domingo 20, muchos colegios electorales tuvieron problemas con la entrega de boletas de papel, lo que provocó un aumento de las colas de espera y empujó a la gente a optar por el voto electrónico.
Participación inicial sospechosamente alta en el voto electrónico: en Moscú, aproximadamente 750.000 personas votaron electrónicamente en las dos primeras horas. ¡Una cifra que triplica aproximadamente la registrada en las elecciones de 2021!
Desaparición de una candidata antes de las elecciones: Yulia Kuznetsova desapareció poco antes de la votación. Posteriormente, sus observadores electorales comenzaron a ser expulsados de los colegios electorales basándose “en una denuncia”, que ella luego calificó de inventada.
Expulsión forzosa y detención de observadores: los observadores fueron expulsados de los colegios electorales bajo pretextos falsos y algunos fueron detenidos por la policía. Exclusión masiva de observadores: el primer día, se impidió la entrada de al menos 1.334 observadores que representaban al PCFR y a Yábloko. Sólo en la región de Vorónezh fueron excluidos 481 observadores del PCFR.
Manipulación de las bolsas de seguridad (donde se guardan los votos) y sustitución de boletas: en Krasnodar, dos miembros de la comisión electoral abrieron bolsas de seguridad y sustituyeron las papeletas en presencia de un agente de policía. Manipulación nocturna: en Yakutsk, unos observadores sorprendieron al presidente y al vicepresidente de la comisión electoral abriendo una bolsa de seguridad para papeletas durante la noche. Posteriormente, las papeletas que contenía fueron declaradas nulas. Precintos dañados y anulación de papeletas: tras una inspección en la región de Oriol, se declararon nulas 250 papeletas procedentes de una urna portátil.
Presión sobre quienes presentaron reclamaciones: los observadores no solo fueron expulsados, sino también detenidos, multados e intimidados.




