LECCIONES DE LA LUCHA Y DE LA REBELIÓN POPULAR EN BOLIVIA EN 2026
Después de 54 días del inicio de las intensas movilizaciones, paros y bloqueos que paralizaron el país durante más de 51 días, Bolivia vive un momento de relativo retorno a la normalidad anterior a los bloqueos. Todavía persisten algunos puntos de restricción al tránsito de vehículos, y ya se observan nuevas manifestaciones de transportistas debido a la escasez de combustibles, la falta de dólares y el aumento del costo de vida.
Lo que comenzó como una rebelión generalizada que involucró a trabajadores urbanos, campesinos, indígenas, la juventud y amplios sectores populares contra el gobierno de Rodrigo Paz y su política económica de ajuste y austeridad —alineada con los intereses del imperialismo norteamericano y las políticas defendidas por el gobierno de Trump— sufrió un importante retroceso después del cambio de postura de la dirección de la COB (Central Obrera Boliviana).
La CSP-Conlutas estuvo presente en la Reunión Ampliada de la COB, realizada el 31 de mayo de 2026, donde tuvo la oportunidad de intervenir y entregar una carta a la dirección de la central y a los dirigentes presentes. En esa ocasión, destacamos la importancia de la lucha en curso, expresamos el apoyo y la solidaridad de nuestra central sindical y popular, repudiamos la posición del gobierno de Lula (PT), que apoyó al gobierno de Rodrigo Paz, y reafirmamos que estábamos allí para aprender de las movilizaciones y bloqueos organizados por los trabajadores y el pueblo boliviano contra la política económica de austeridad impuesta por el gobierno.
También estuvimos en los bloqueos instalados en el peaje de la carretera entre El Alto y La Paz y en la carretera que sigue hacia Copacabana, en la región de Río Seco. Conversamos con manifestantes, realizamos entrevistas, grabamos videos y expresamos nuestra solidaridad con los luchadores y dirigentes de base que estaban al frente de las movilizaciones.
También participamos en la gran marcha nacional del 10 de junio, que salió del bloqueo de la carretera entre El Alto y La Paz en dirección al Palacio de Gobierno, demostrando toda la fuerza del movimiento.
En los primeros momentos de la movilización, dirigentes de la COB defendían la continuidad de la lucha, rechazaban negociaciones con el gobierno y levantaban la consigna:
“¡Compañeros, qué queremos! ¡Renuncia! ¿Cuándo? ¡Ahora! ¿Cuándo carajo? ¡Ahora, carajo!”
La exigencia central era la renuncia de Rodrigo Paz. Posteriormente, pasaron a defender la apertura de negociaciones condicionadas a la liberación de los presos políticos. Vale recordar que, durante sus siete meses de gobierno, Rodrigo Paz no cumplió sus principales promesas de campaña ni los acuerdos firmados anteriormente con diversos sectores sociales.
En la noche del 19 de junio, la dirección de la COB concluyó un proceso de negociación que resultó en la firma de un acuerdo sin garantías concretas para la liberación de los presos políticos ni para atender las reivindicaciones populares.
Inmediatamente después de la firma del acuerdo, el gobierno de Rodrigo Paz decretó el Estado de Emergencia (Estado de Excepción), aprovechándose del nuevo escenario político creado por la negociación.
Ya en la madrugada del 20 de junio, cuando todavía existían alrededor de 50 puntos de bloqueo activos en diferentes regiones del país, comenzó una amplia operación represiva contra los manifestantes.
Incluso antes de la evaluación de la medida por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional, como establece la legislación boliviana, fuerzas policiales y militares comenzaron a despejar carreteras y militarizar las zonas de conflicto.
Esta ofensiva contribuyó a desarticular los bloqueos y debilitar la coordinación nacional de las movilizaciones.
Ante esta situación, organizaciones como la Federación Campesina Tupac Katari, las Bartolinas Sisa y los Ponchos Rojos, entre otras, convocaron asambleas y reuniones de base para evaluar la coyuntura y discutir los próximos pasos de la lucha.
Este escenario no representa el fin de las causas que dieron origen a las movilizaciones y a los bloqueos. Por el contrario, los problemas económicos, sociales y políticos que impulsaron la rebelión continúan presentes y pueden incluso profundizarse.
El cierre de los bloqueos marca solamente el final de una etapa de la lucha, de la cual surgen importantes lecciones sobre organización, dirección política y tácticas de movilización.
Durante el proceso, algunos sectores terminaron aceptando negociaciones separadas con el gobierno para atender demandas específicas de sus categorías, entre ellos mineros, transportistas, trabajadores de la industria y de la educación. Esta fragmentación contribuyó a debilitar la unidad del movimiento.
Después de la firma del acuerdo entre la COB y el gobierno, diversos dirigentes de los movimientos sociales comenzaron a denunciar lo que consideran una traición de la dirección de la central sindical.
También surgieron críticas a la táctica adoptada por algunas direcciones del movimiento campesino, especialmente de la Federación Tupac Katari, que concentraron sus acciones en los bloqueos sin avanzar lo suficiente en la construcción de una mayor unidad entre los distintos sectores movilizados, contribuyendo al desgaste y al cansancio del movimiento.
Con la proximidad del Solsticio de Invierno y de las celebraciones del Año Nuevo Andino, Amazónico y Chaqueño, realizadas el 21 de junio, diversas organizaciones orientaron a sus militantes a regresar temporalmente a sus comunidades para participar de las celebraciones y realizar evaluaciones colectivas sobre los rumbos de la lucha.
Por eso, la CSP-Conlutas considera un error gravísimo de la dirección de la COB haber iniciado negociaciones con el gobierno de Rodrigo Paz, no haber adoptado una postura más firme frente a sus organizaciones afiliadas para impedir negociaciones aisladas y haber firmado un acuerdo sin garantías de liberación de los presos políticos, de cumplimiento de los compromisos asumidos y de no criminalización de los movimientos sociales por su participación en las movilizaciones y bloqueos.
De esta forma, dejó de cumplir las decisiones aprobadas por las bases, como ocurrió en el Cabildo (Asamblea) de la FEJUVE, realizado el 2 de junio de 2026.
EL DESENLACE DE LA LUCHA: DE LA RESISTENCIA AL RETROCESO
Uno de los momentos más importantes de la rebelión fue la instalación de más de 100 puntos de bloqueo en siete departamentos del país. La paralización provocó graves problemas de abastecimiento, especialmente en las ciudades de La Paz y El Alto, además de importantes pérdidas económicas.
Otro punto destacado ocurrió en la marcha nacional del 10 de junio, que reunió entre 40 mil y 50 mil manifestantes en dirección al Palacio de Gobierno para exigir la renuncia de Rodrigo Paz.
Sin embargo, el desenlace del proceso reveló importantes debilidades.
La crisis de dirección
La decisión de la cúpula de la COB, liderada por Mario Argollo, de negociar con el gobierno y defender el fin de los bloqueos, sin cumplir lo votado en el Cabildo (asamblea) de la FEJUVE del 02/06/26, sin una nueva consulta amplia a las bases y sin garantías concretas para atender las reivindicaciones populares —incluyendo la liberación de los presos políticos— es señalada por diversos movimientos sociales como uno de los principales factores que contribuyeron a la desmovilización del proceso.
El uso de la fuerza estatal
La declaración del Estado de Emergencia y la movilización de las Fuerzas Armadas para despejar las carreteras permitieron al gobierno recuperar el control de las principales vías de circulación del país.
El debilitamiento político provocado por el acuerdo con la COB facilitó la acción represiva y redujo la capacidad de resistencia organizada de los manifestantes.
La fragmentación de la lucha
Aunque sectores de El Alto y de otras regiones buscaron mantener la resistencia, la retirada de importantes organizaciones sociales y la ausencia de una coordinación nacional unificada fragmentaron la fuerza del movimiento, contribuyendo a un escenario de retroceso de las movilizaciones.
LECCIONES Y CONCLUSIONES PARA EL FUTURO
El proceso político boliviano expuso la profundidad de la crisis nacional y los desafíos para superarla.
1. La necesidad de nuevas direcciones
La experiencia de 2026 refuerza la necesidad de renovación de las direcciones sindicales, populares, campesinas e indígenas.
Las direcciones que se alejan de las bases y priorizan negociaciones sin resultados concretos tienden a perder legitimidad y capacidad de representar los intereses de los trabajadores y del pueblo.
2. Los límites de las movilizaciones sin un plan estratégico
Los bloqueos demostraron una gran capacidad de presión, pero también revelaron sus límites cuando no están articulados con un plan nacional de lucha, con unidad entre trabajadores urbanos, mineros, campesinos, indígenas y juventud, y con una alternativa política capaz de señalar una salida para la crisis.
3. La permanencia de la crisis estructural
El fin de los bloqueos no resolvió los problemas centrales de la población boliviana.
Las filas por combustibles, la escasez de dólares, la inflación y los debates sobre privatizaciones continúan alimentando el descontento popular.
El gobierno ganó una batalla coyuntural, pero no eliminó las causas profundas de la crisis.
4. La criminalización de la lucha social
El intento de reducir la rebelión popular a la influencia de figuras políticas como Evo Morales busca ocultar el protagonismo de las bases populares y deslegitimar reivindicaciones que tienen origen en las condiciones concretas de vida de la población.
LAS TAREAS DEL PRÓXIMO PERÍODO
Bolivia atraviesa una nueva etapa de reorganización política y social.
La disputa por el futuro del país, por la soberanía sobre sus recursos naturales y por los derechos de la clase trabajadora está lejos de terminar.
La victoria momentánea del gobierno no borra la importancia histórica de la rebelión de 2026. Por el contrario, demostró que amplios sectores de la sociedad boliviana mantienen su capacidad de movilización y resistencia.
Por eso, la CSP-Conlutas defiende la reorganización de los movimientos sociales y sindicales, el fortalecimiento de la democracia de base y la construcción de la unidad entre trabajadores urbanos, campesinos, indígenas, juventud y demás sectores populares.
La principal tarea del próximo período es promover reuniones, asambleas, seminarios y congresos democráticos de base, garantizando una amplia participación de los trabajadores y del pueblo para realizar un balance de las movilizaciones, discutir los errores y aciertos del proceso y construir un plan de reorganización de las organizaciones de lucha.
Esta reorganización debe apuntar a la construcción de una amplia unidad nacional capaz de enfrentar los ataques a la soberanía nacional, a los recursos naturales y a los derechos del pueblo boliviano, teniendo como perspectiva la construcción de una huelga general que unifique a todos los sectores en lucha.
Del mismo modo, es fundamental fortalecer la solidaridad internacional entre los trabajadores de América Latina y del mundo contra las políticas de austeridad impuestas por los gobiernos y por los intereses imperialistas.
Hacemos un llamado a todos los trabajadores y trabajadoras para fortalecer sus luchas, ampliar la solidaridad internacional y sumarse a la Red Internacional de Solidaridad y Lucha, contribuyendo a la construcción de una verdadera alternativa de la clase trabajadora.
¡Trabajadores de todos los países, uníos!
Aldierio Pereira, dirigente de CSP-Conlutas




