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Bolivia

Ponchos Rojos: hombres y mujeres en la resistencia indígena aymara

Lena Souza

junio 9, 2026

Los/las Ponchos Rojos son una organización indígena y campesina aymara originaria principalmente de la provincia Omasuyos, en el departamento de La Paz. Aunque son reconocidos por el característico poncho rojo que visten sus dirigentes y comunarios en las movilizaciones, el movimiento está integrado tanto por hombres como por mujeres de las comunidades aymaras, que participan activamente en la organización, las luchas sociales y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Gracias a su trayectoria de resistencia y movilización, los/las Ponchos Rojos se han convertido en uno de los movimientos sociales más emblemáticos y combativos de Bolivia. Su identidad está profundamente ligada a la defensa de las comunidades indígenas, la autonomía de los pueblos originarios y la preservación de las formas tradicionales de organización colectiva.

A lo largo de las últimas décadas han desempeñado un papel importante en diversos conflictos sociales y políticos del país, participando en movilizaciones, bloqueos y marchas que consideran necesarias para defender los derechos de las comunidades campesinas e indígenas. En la lucha reciente contra las políticas económicas del Gobierno Rodrigo Paz ocupan un lugar destacado en las protestas que sacuden al país.

Los/las Ponchos Rojos y el legado de Túpac Katari y Bartolina Sisa

Su identidad política y cultural está estrechamente vinculada a la memoria de las grandes rebeliones indígenas del siglo XVIII encabezadas por el líder aymara Túpac Katari y la dirigente indígena Bartolina Sisa. Entre 1780 y 1781, ambos dirigieron una de las mayores insurrecciones contra el dominio colonial español en el Alto Perú, movilizando a decenas de miles de indígenas que exigían el fin de la explotación, los tributos abusivos y la opresión colonial.

El cerco a la ciudad de La Paz, liderado por Katari y Sisa, ocupa un lugar central en la memoria histórica del pueblo aymara.  Durante varios meses como parte de una gran rebelión contra el dominio colonial español, decenas de miles de indígenas bloquearon los caminos de acceso a la ciudad, impidiendo el ingreso de alimentos, mercancías y refuerzos militares, con el objetivo de poner fin a los abusos contra los pueblos originarios. Aunque la rebelión fue derrotada y sus principales dirigentes fueron ejecutados/as por las autoridades coloniales, su lucha se convirtió en un símbolo de resistencia indígena que ha atravesado generaciones. La célebre frase atribuida a Túpac Katari antes de su muerte, “Volveré y seré millones”, continúa siendo una referencia para numerosos movimientos indígenas y populares de Bolivia.

Los/las Ponchos Rojos se consideran herederos/as de esa tradición de lucha. En sus movilizaciones suelen reivindicar la figura de Katari y Bartolina Sisa como símbolos de la resistencia frente a la dominación externa, el racismo y la exclusión social. La defensa de la tierra, la autodeterminación de los pueblos indígenas y la organización comunitaria son presentadas como una continuidad histórica.

Por ello, para sus integrantes, no son solamente una organización campesina, sino la expresión actual de una larga historia de resistencia indígena que conecta las luchas de los pueblos originarios contra la colonización, con los combates sociales y políticos de la Bolivia de hoy en contra del imperialismo y del saque de los recursos naturales que se expresan en las políticas de Rodrigo Paz.

Tuvieron un papel destacado durante la Guerra del Gas de 2003, cuando miles de campesinos/as de Omasuyos y Achacachi participaron en las movilizaciones que provocó la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Las mujeres y el legado de Bartolina Sisa

Aunque la imagen más conocida de los/las Ponchos Rojos suele estar asociada a hombres vestidos con el característico poncho rojo, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en la historia y las luchas de las comunidades aymaras de donde surge esta organización. Su participación se expresa en las asambleas comunales, las movilizaciones, los bloqueos de caminos, las organizaciones campesinas y las tareas de dirección comunitaria. La figura de Bartolina Sisa, quien junto a Túpac Katari encabezó la gran rebelión indígena de 1781, constituye una referéncia central para muchas mujeres aymaras y simboliza la participación femenina en la resistencia contra la opresión colonial, la discriminación y la explotación.

En las últimas décadas, las mujeres indígenas y campesinas han conquistado una presencia cada vez mayor en la dirección de las organizaciones sociales del altiplano, cuestionando estructuras tradicionalmente dominadas por hombres y ampliando su protagonismo político.

En las movilizaciones recientes, las mujeres de las comunidades vinculadas a los/las Ponchos Rojos han participado activamente en la organización de las protestas, en la defensa de los detenidos y en la preservación de las formas comunitarias de lucha. Su amplia presencia en los bloqueos de caminos, en las marchas, en las asambleas comunitarias y en la primera línea de los enfrentamientos con las fuerzas represivas demuestra que la resistencia de los pueblos aymaras no es únicamente una historia de dirigentes masculinos. Las mujeres han desempeñado un papel decisivo en la organización de las movilizaciones, en el abastecimiento de alimentos para los sectores en lucha, en la defensa de los detenidos y perseguidos, en la coordinación entre comunidades y en la conducción de organizaciones campesinas e indígenas. En las recientes protestas que sacuden Bolivia, muchas mujeres aymaras han enfrentado la represión policial y militar gran determinación y coraje, reafirmando una larga tradición de lucha que se remonta a Bartolina Sisa. Su protagonismo demuestra que la defensa de la tierra, la dignidad, los recursos naturales y la autodeterminación de las comunidades ha sido sostenida y fortalecida, generación tras generación por las mujeres indígenas, cuya participación resulta indispensable para comprender la fuerza y la continuidad de las luchas populares en Bolivia.

Las Bartolinas

Un papel fundamental en la organización y movilización de las mujeres indígenas y campesinas de Bolivia lo desempeña la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa, conocida popularmente como las «Bartolinas». Fundada en 1980 y nombrada en homenaje a la heroína aymara Bartolina Sisa, esta organización agrupa a miles de mujeres campesinas, indígenas y originarias de todo el país. A lo largo de su historia ha luchado por los derechos de las mujeres rurales, el acceso a la tierra, la participación política, la defensa de las culturas indígenas y la mejora de las condiciones de vida de las comunidades. En muchas regiones del altiplano, incluidas aquellas vinculadas a los/las Ponchos Rojos, las Bartolinas constituyen una de las principales formas de organización de las mujeres, complementando el trabajo de los sindicatos campesinos y las estructuras comunitarias. Su crecimiento ha contribuido a fortalecer el protagonismo político femenino dentro del movimiento indígena y popular boliviano, reivindicando el legado de Bartolina Sisa como símbolo de resistencia, liderazgo y lucha por la emancipación de los pueblos originarios.

¿Cómo se organizan los/las Ponchos Rojos?

La organización se estructuran a partir de las comunidades campesinas y de las formas tradicionales de autoridad indígena. Sus dirigentes son elegidos/as en cabildos, ampliados y reuniones comunitarias donde participan las bases de las comunidades.

La organización se apoya en principios de decisión colectiva y rotación de responsabilidades. Muchos de sus miembros son agricultores/as, comerciantes y comunarios/as que asumen temporalmente cargos de representación dentro de sus organizaciones territoriales. Esta estructura descentralizada explica por qué, en distintos momentos, han actuado con gran capacidad de movilización sin depender de una dirección única y permanente.

En períodos de conflicto, las comunidades pueden convocar marchas, bloqueos o vigilias, movilizando a cientos o miles de personas en defensa de decisiones tomadas colectivamente.

¿Qué significan sus trajes?

La vestimenta de los/la Ponchos Rojos tiene un profundo significado cultural y político. El poncho rojo, que dá nombre al movimiento, representa la disposición a defender a las comunidades y simboliza la resistencia de los pueblos indígenas del altiplano. Históricamente ha sido considerado un símbolo de combate y dignidad colectiva.

Junto al poncho los hombres suelen utilizar la chalina[1], el chullo[2], la chuspa[3], el chicote[4] y otros elementos tradicionales de la cultura aymara. En algunas movilizaciones también portan hondas (q’urawas)[5], instrumentos ancestrales utilizados históricamente para la defensa comunitaria.

Las mujeres suelen vestir prendas tradicionales aymaras que también poseen un profundo significado cultural e identitario. Entre ellas destacan el chicote, la pollera, una amplia falda de varias capas; la manta o aguayo, utilizada para transportar productos, alimentos, herramientas o incluso a los niños; la blusa bordada; el sombrero característico de cada región y las largas trenzas que forman parte de la identidad femenina andina.

Más que un uniforme, las vestimentas expresan la continuidad de una identidad indígena que ha resistido siglos de discriminación y exclusión social.

La resistencia y valentía de los/las Ponchos Rojos

Para miles de campesinos e indígenas del altiplano, las y los comunarios elegidos/as  representan una tradición de resistencia que se remonta a las rebeliones indígenas contra la colonización y continúa en las luchas sociales actuales. Su participación en la Guerra del Gas, en la defensa de los derechos indígenas y en los conflictos actuales ha consolidado su reputación como una de las organizaciones más firmes del movimiento popular boliviano.

En las recientes protestas contra las medidas económicas gubernamentales de Rodrigo Paz, han vuelto a ocupar la primera línea de las movilizaciones, participando en marchas, bloqueos y concentraciones masivas y siguen siendo una expresión viva de la organización comunitaria aymara. Su historia refleja tanto las profundas desigualdades del país como la persistencia de los pueblos indígenas en la defensa de sus derechos, su cultura y su protagonismo político.

Evo Morales y los/las Ponchos Rojos

Aunque los/las Ponchos Rojos ya habían adquirido notoriedad durante las grandes movilizaciones sociales de principios de los años 2000, especialmente durante la Guerra del Gas de 2003, en nivel institucional, durante el gobierno de Evo Morales, alcanzaron una visibilidad nacional e internacional.

La llegada de Evo Morales a la presidencia fue, principalmente, con el respaldo de los movimientos sociales que habían protagonizado las luchas contra neoliberalismo y, con eso, comenzaron a ocupar espacios de representación en el Estado.

Los/las dirigentes de Ponchos Rojos fueron invitados a actos oficiales, participaron en movilizaciones de apoyo al llamado «Proceso de Cambio» y fueron reconocidos/as públicamente como uno de los sectores que habían contribuido a derrotar a los gobiernos neoliberales. Su presencia en ceremonias estatales, encuentros internacionales y eventos políticos contribuyó a proyectar una imagen de orgullo indígena y fortalecimiento de la identidad aymara.

Sin embargo, la organización existía antes de la llegada de Evo Morales al gobierno y tenía raíces profundas en las comunidades aymaras de Omasuyos y Achacachi. Lo que ocurrió fue que el nuevo escenario político les otorgó una visibilidad y una legitimidad institucional que anteriormente no poseían.

Durante los años del Movimiento al Socialismo (MAS), las organizaciones campesinas e indígenas obtuvieron una presencia mucho mayor en las estructuras estatales. Dirigentes provenientes de comunidades campesinas ocuparon cargos en municipios, gobernaciones, ministerios y en la Asamblea Legislativa y, la nueva Constitución Política del Estado de 2009 incorporó el reconocimiento de los pueblos indígenas, de la justicia comunitaria y de diversas formas de autonomía territorial, reivindicaciones históricas defendidas por sectores aymaras.

Pero, si bien la Constitución Política del Estado de 2009 representó un avance democrático al reconocer formalmente la existencia de las naciones y pueblos indígenas, sus idiomas, culturas y algunas formas de autogobierno, estos reconocimientos quedaron limitados por el mantenimiento de las estructuras fundamentales del Estado capitalista boliviano. Aunque se proclamó el carácter plurinacional del país, el poder económico continuó concentrado en manos de la burguesía nacional y de las empresas transnacionales vinculadas al mercado mundial, preservando la dependencia de Bolivia respecto del imperialismo. En este sentido, las autonomías indígenas fueron concebidas dentro de los límites de un Estado basado en la propiedad privada de los principales medios de producción, lo que impidió una verdadera autodeterminación de los pueblos originarios.

Estas contradicciones también se expresaron en la relación entre los/las Ponchos Rojos y el gobierno de Evo Morales. Si bien amplios sectores de la organización apoyaron y respaldaron al gobierno frente a los intentos de desestabilización impulsados por la derecha y los sectores proimperialistas, ese apoyo nunca eliminó completamente las tensiones. Diversos/as dirigentes cuestionaron decisiones gubernamentales que consideraban subordinadas al Estado capitalista y a los intereses de grupos empresariales. Desde esta perspectiva, las críticas surgieron no solo ante medidas que afectaban directamente a las comunidades, sino también frente a la incapacidad del Estado Plurinacional para garantizar una verdadera autonomía indígena.

Los/las Ponchos Rojos siguen siendo mayoritariamente favorables a Evo Morales?

En términos generales, puede afirmarse que gran parte de las bases sociales históricas de la organización Ponchos Rojos mantienen una valoración positiva de Evo Morales. Entre muchos comunarios persiste la percepción de que fue el presidente que otorgó mayor reconocimiento a los pueblos indígenas y campesinos de Bolivia.

Sin embargo, lo que aparenta en la realidad es que no existe una posición única ni uniforme. En los últimos años han surgido diferencias políticas relacionadas con las disputas internas del MAS, la situación económica del país y los debates sobre el futuro del movimiento indígena y popular.

Aun así, en regiones históricamente vinculadas a los/las Ponchos Rojos, especialmente en la provincia Omasuyos y en el área de Achacachi, Evo Morales continúa conservando importantes niveles de apoyo político. Para numerosos/as comunarios/as, su figura sigue asociada a la recuperación de la dignidad indígena, la ampliación de derechos y el protagonismo político de los sectores populares.

Autodeterminación indígena y los límites del Estado Plurinacional

La experiencia de los gobiernos de Evo Morales mostró los límites de un proyecto que buscó conciliar las demandas históricas de los pueblos originarios con la preservación de las estructuras fundamentales del capitalismo boliviano. Aunque millones de indígenas y campesinos conquistaron mayores espacios de participación política y obtuvieron un reconocimiento institucional, la autodeterminación de las naciones originarias continuó subordinada a un Estado que siguió dependiendo de la exportación de materias primas y de su inserción subordinada en el mercado mundial. Desde esta perspectiva, el reconocimiento constitucional de los derechos indígenas no fue acompañado por una transformación profunda de las relaciones de propiedad y del poder económico que condicionan la vida de las comunidades.

La trayectoria de los/las Ponchos Rojos expresa muchas de estas contradicciones. Por un lado, fueron protagonistas del ascenso de un movimiento indígena que logró conquistar espacios en el Estado y colocar en el centro del debate nacional la cuestión de la identidad, la dignidad y los derechos de los pueblos originarios. Por otro lado reflejan que la lucha por la autodeterminación indígena no puede realizarse plenamente mientras las principales decisiones económicas y políticas continúen condicionadas por los intereses de las élites nacionales, las empresas transnacionales y las presiones del imperialismo. La historia y la lucha de los/las Ponchos Rojos muestra que la emancipación de los pueblos indígenas sigue siendo una tarea inconclusa, estrechamente ligada a la lucha por superar el sistema capitalista que reproduce la explotación, la dependencia y el saqueo de los recursos naturales. No es posible la autodeterminación indígena mientras las principales decisiones económicas permanezcan en manos de grandes empresarios, terratenientes, transnacionales y organismos vinculados al imperialismo. La experiencia histórica de las comunidades aymaras, basada en la deliberación colectiva, la elección de autoridades por las bases y la defensa comunitaria de los recursos, contiene elementos de una democracia mucho más profunda que la ofrecida por las instituciones del Estado capitalista. En este sentido, la lucha por la autodeterminación de los pueblos originarios se vincula con la perspectiva de una transformación socialista de la sociedad, en la que las grandes riquezas del país estén bajo control colectivo y democrático de los trabajadores, campesinos y pueblos indígenas, y donde las decisiones fundamentales sobre la economía, los territorios y el destino del país sean tomadas por las mayorías organizadas y no por una minoría privilegiada.


[1] Es una bufanda o faja larga tejida que se coloca alrededor del cuello o sobre los hombros.

[2] Es un gorro andino tejido de lana, con orejeras para proteger del frío del altiplano.

[3] Es una pequeña bo lsa tejida que se lleva colgada al hombro o cruzada sobre el pecho. Tradicionalmente se utiliza para transportar hojas de coca, alimentos pequeños u objetos personales.

[4] El chicote es un látigo o rebenque elaborado tradicionalmente con cuero trenzado y un mango de madera. Un símbolo de autoridad, mando y justicia comunitaria.

[5] La q’urawa consiste en una tira tejida de lana o fibras vegetales, con una pequeña cavidad central donde se coloca una piedra. Al hacerla girar rápidamente y soltar uno de sus extremos, la piedra es lanzada a gran velocidad y a larga distancia.

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