Trump retoma la guerra para revertir el fracaso
El 17 de abril, el presidente Trump firmó un memorando de entendimiento que, entre otros puntos, estableció un alto el fuego en todos los frentes, incluido el Líbano, y garantizó que Irán permitiría el paso de barcos por el estrecho de Ormuz sin cobrar ningún tipo de tasa durante sesenta días. A cambio, las fuerzas estadounidenses suspendieron el bloqueo a los puertos iraníes y las sanciones sobre las exportaciones de petróleo de Irán.
Este memorando es favorable a Irán y expresa el fracaso de la agresión. Sin embargo, Trump busca revertir esa derrota, y la reanudación de la agresión puede profundizarla.
Primero fue el Líbano. Trump impuso un acuerdo neocolonial contra el Líbano que garantiza a las fuerzas israelíes la permanencia en el sur del país y el «derecho» a responder ante cualquier «amenaza». Al gobierno libanés le corresponde la obligación de desarmar a las milicias vinculadas al partido político libanés Hezbollah. Es decir, Israel tercerizó el combate contra Hezbollah sin retirarse del territorio libanés.
Después, Trump decidió atacar a Irán luego de que, el 7 de julio, tres barcos que desobedecieron las órdenes iraníes de cruzar el estrecho por la ruta norte recibieran disparos de advertencia. Además, Trump volvió a bloquear los puertos iraníes e impuso nuevamente sanciones sobre las exportaciones de petróleo.
Los ataques estadounidenses se ampliaron a lo largo de once días, aunque todavía no alcanzan la magnitud de la ofensiva de treinta y ocho días iniciada el 28 de febrero. Sin embargo, Trump amenaza con intensificar cualitativamente los ataques, concentrándose en el sur del país, en la isla de Kharg y en la montaña de la Piqueta, cerca de Isfahán, donde cree que se encuentran almacenados los 400 kilos de uranio enriquecido al 60%.
A pesar de los ataques militares y las amenazas, el régimen iraní no acepta modificar el Memorando de Entendimiento en perjuicio de sus intereses. Y ha respondido a la agresión militar estadounidense atacando bases de Estados Unidos en varios países de la región.
Las Big Tech, las petroleras y la industria militar se benefician con la guerra
El 21 de julio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compareció ante el Congreso estadounidense para solicitar otros 70.000 millones de dólares destinados a la agresión contra Irán. Afirmó que la guerra ya consumió 37.500 millones de dólares. El presupuesto total solicitado asciende a 1,5 billones de dólares.
Parte de esos recursos irá a grandes empresas tecnológicas como Palantir, Microsoft, Amazon y SpaceX, que poseen contratos multimillonarios para desarrollar sistemas militares integrados con inteligencia artificial destinados a operaciones militares, vigilancia, comunicaciones, logística, almacenamiento de datos y servicios de computación en la nube.
Otra parte se destina al llamado complejo industrial-militar, con empresas del tamaño de Lockheed Martin, fabricante de aviones, misiles y helicópteros; Raytheon (actual RTX), productora de los misiles Patriot y Tomahawk; Northrop Grumman, fabricante del bombardero B-21; General Dynamics, que produce submarinos nucleares, destructores y tanques Abrams; y Boeing, especializada en aviones militares.
Además de estas corporaciones, petroleras como ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips y Occidental Petroleum obtienen miles de millones de dólares en ganancias gracias al aumento de casi un 50% en el precio del petróleo, que llevó el barril de Brent a los 90 dólares.
Sin embargo, el cierre del estrecho de Ormuz golpea de lleno al conjunto de la economía mundial y se refleja en proyecciones de menor crecimiento económico, mayor inflación y tasas de interés más elevadas, con impacto tanto sobre las acciones de las grandes empresas como sobre el bolsillo de la clase trabajadora.
Por eso existen divisiones entre distintos sectores de la burguesía estadounidense: algunos apoyan ampliar la agresión para someter a Irán, mientras que otros critican la decisión de Trump de iniciar y retomar la guerra.
También existen divisiones entre las potencias imperialistas. Mientras Estados Unidos, como potencia imperialista hegemónica, mantiene la agresión contra Irán, lo que condujo al cierre del estrecho de Ormuz, el imperialismo europeo busca el fin del conflicto y la reapertura del estrecho, ya que su economía es una de las principales perjudicadas por los elevados precios del petróleo y del gas.
La impopularidad de la guerra puede llevar a una derrota electoral
Desde su elección, el gobierno de Trump ya enfrentó varias crisis de popularidad.
Su amistad con el pedófilo Jeffrey Epstein generó tensiones dentro de la base de su movimiento derechista MAGA (Make America Great Again). Poco difundido por los medios de comunicación, Epstein también mantenía estrechos vínculos con el dirigente sionista Ehud Barak y, posiblemente, con los servicios secretos israelíes a través del padre de su pareja, el magnate británico de los medios Robert Maxwell, fallecido en circunstancias nunca esclarecidas y enterrado en el Monte de los Olivos con la presencia del primer ministro israelí y dirigentes del Mossad.
Otra crisis estuvo relacionada con las acciones del servicio de inmigración ICE, convertido por Trump en una policía política. El punto más alto fue el levantamiento popular en Minneapolis tras una redada del ICE y el asesinato de dos manifestantes, lo que obligó a Trump a retirar esa fuerza de la ciudad. Más recientemente, el ICE mató a dos inmigrantes durante violentos operativos policiales.
Ahora el centro de la crisis es la guerra y, particularmente, su impacto inflacionario. La impopularidad del gobierno de Trump debería reflejarse en las elecciones legislativas de medio mandato de octubre, provocando la pérdida de la mayoría en la Cámara de Representantes.
Para reducir una eventual derrota, Trump está recurriendo a modificaciones en los distritos electorales (práctica conocida como gerrymandering), a dificultar el voto de los sectores más pobres mediante restricciones al voto por correo y mayores exigencias de documentación nacional, además de realizar denuncias falsas de fraude electoral.
Irán lucha por asegurar el control del estrecho
La agresión estadounidense e israelí representó una amenaza existencial tanto para el régimen iraní como para el propio país. Sin embargo, tras treinta y ocho días de intensos bombardeos diarios, Irán sobrevivió y logró el control del estrecho de Ormuz, lo que le otorga una ventaja disuasoria frente a sus enemigos que antes no poseía. De este modo, el régimen, ahora dominado por la Guardia Revolucionaria, fortaleció su imagen ante el sector de la población iraní que lo apoya.
No obstante, la represión interna continuó después de la masacre de más de 20.000 manifestantes los días 8 y 9 de enero de este año. Incluso durante la agresión militar contra el país, el gobierno ahorcó a dieciocho manifestantes e impuso una condena desproporcionada a la cantante Parastoo Ahmadi, quien apareció sin velo en una grabación y fue sentenciada a setenta y cuatro latigazos y a dos años sin poder presentarse públicamente ni salir del país. Esta semana, Al Jazeera publicó un artículo sobre el cierre de bares y cafeterías en el centro de Teherán por admitir mujeres sin velo.
Esa represión aleja a una gran parte de la población y debilita la defensa del país. La inmensa mayoría del pueblo iraní rechaza la agresión estadounidense. La experiencia histórica demuestra que la población nunca se benefició de ninguna invasión extranjera. Además, los ataques se dirigieron contra objetivos militares y civiles, poniendo en riesgo la vida de la población y la infraestructura económica y social del país.
La posición del PSTU y de la LIT-CI es clara. Estamos en la misma trinchera militar que el régimen iraní frente a la agresión estadounidense, sin que ello implique ningún apoyo político al régimen. Defendemos la liberación de los presos políticos y el fin de los ahorcamientos. Entendemos que, para garantizar la defensa del país, particularmente en caso de una invasión terrestre, es necesario armar a la población, especialmente en el sur, en la isla de Kharg y en los alrededores de la montaña de la Piqueta.




