Vie Ago 12, 2022
12 agosto, 2022

PSTU: Una historia de más de 30 años junto a la clase obrera

San José dos Campos, Valle de Paraíba, San Pablo. El año es 2008. Metalúrgicos de la General Motors derrotan la tentativa de la multinacional de imponer el sistema de banco de horas en la fábrica de la ciudad. Fortaleza, capital cearense, mismo año. Una fuerte y radicalizada huelga de obreros de la construcción enfrenta la truculencia de los patrones y de la policía, arrancando uno de los mayores reajustes de la categoría en el país. En Belém, Pará, obreros de la construcción hacen una fuerte movilización y una campaña salarial victoriosa.

Por: Diego Cruz

¿Qué tienen en común movilizaciones y categorías tan diferentes y distantes entre sí? Son la expresión sindical de la unión entre la combatividad de la clase obrera y una dirección de lucha. Son ejemplos de sectores cuya dirección no abandonó el campo de la clase trabajadora y que mantiene el socialismo como horizonte. En otras palabras, direcciones socialistas revolucionarias.

El PSTU cumple 15 años estableciendo un marco poco común en el movimiento de masas. Es una de las pocas organizaciones socialistas revolucionarias en el mundo con una real intervención en el movimiento obrero, aunque minoritaria. Posición que permite hoy cumplir un papel decisivo en la construcción de la Conlutas, aliado a sectores independientes y del PSOL.

Tal característica, sin embargo, no surge de la casualidad. Es fruto de una política consciente de inserción en el movimiento obrero. Una historia que comenzó con el surgimiento de la principal corriente que dio origen al partido hace más de 35 años.

Junto a la clase

El año ahora es 1974, período en que se funda la corriente Liga Operaria, antecesora de la Convergencia Socialista. En plena dictadura militar, un pequeño grupo de militantes, inspirados en el dirigente trotskista argentino Nahuel Moreno, decide construir en el país una organización para ser la base de un futuro partido obrero.

Con el movimiento obrero golpeado por la dictadura, la Liga Operaria decide concentrar su actuación en el efervescente movimiento estudiantil que comenzaba a levantarse luego de años de parálisis. El objetivo era acumular cuadros para poder intervenir de forma concreta en el movimiento obrero, lo que se tornó posible algunos años después. La Liga entonces comenzó a actuar en la región que sería el centro del gran ascenso obrero de finales de la década de 1970, el ABC paulista.

En el ojo del huracán

En 1978, ya en el final del gobierno Geisel, los obreros volvieron a la escena política. La crisis económica internacional afectaba el país y los trabajadores sufrían con la inflación y el ajuste. Geisel intentó su lenta “distensión” a fin de contener el desgaste del régimen. La revocación del AI-5 [1] abrió espacio para las movilizaciones que despuntaban en aquel año. En esa época, la Liga ya contaba con cuadros estructurados en el ABC, cumpliendo un importante papel en esa primera ola de movilizaciones.

“Éramos una organización cuya mayor parte de los militantes estaba en el movimiento estudiantil o en otros sectores de la intelectualidad. Teníamos pocos militantes en el movimiento obrero, particularmente en el ABC”, cuenta José Maria de Almeida, Zé Maria, entonces joven estudiante de matemática de la Fundación Santo André y metalúrgico de la Cofap [autopartes, de la Magneti Marelli].

En el ABC, la huelga comenzó en la Scania. “Teníamos un compañero allá, que desempeñó un papel muy importante, Danilo”, recuerda Zé Maria. En la Cofap, además de Zé, había otro militante de la corriente morenista, “Cipó”. Juntos organizaron y dirigieron la huelga en la empresa. “Compañeros de otras fábricas también ayudaron en ese proceso de movilización”, relata.

Las huelgas impulsadas a partir de las empresas, sin embargo, no se generalizaron. A pesar de haber marcado la vuelta de las movilizaciones obreras, la primera ola de paralizaciones no se unificó. “Eso tuvo que ver con el propio papel de las burocracias de los sindicatos que, a pesar de enfrentarse con los pelegos [2], aún eran burocracias”, afirma el dirigente. La mecha se encendió con la huelga de la Scania, sin embargo, iría a explotar en las movilizaciones obreras del año siguiente.

Propuesta de la Convergencia detona luchas unificadas

En el histórico congreso de los metalúrgicos realizado en Lins (SP) en 1979, el mismo en que Zé Maria presentó la propuesta de creación de un partido de los trabajadores, otra propuesta aprobada por la entonces Convergencia Socialista sería determinante para la ola de huelgas de aquel año. “Aprobamos una propuesta de hacer una campaña salarial unificada en todo el Estado de San Pablo. Entonces, el proceso de movilización se desarrolló a partir de nuestra propuesta, llevada a través del sindicato de Santo André”, relata.

La unidad de los metalúrgicos fortaleció la campaña salarial. En las negociaciones con la patronal, no obstante, los trabajadores se dividieron. De un lado, los representantes de los sindicatos del ABC; de otro, el resto de la Federación de los Metalúrgicos que, según Zé, “reunía el grueso de la pelegada”. Ese sector hizo un rápido acuerdo rebajado con la Fiesp [Federación de las Industrias del Estado de San Pablo]. Ya los representantes del ABC tenían el liderazgo de Lula, que comandaba las negociaciones con mano de hierro. En la práctica, la única persona con derecho a voz en la reunión era el abogado de los sindicatos.

En la ocasión, Zé Maria representaba a Santo André, electo por la asamblea de base de los metalúrgicos. “Era un conflicto, pues no podíamos expresarnos, y Lula bancaba al abogado, [que] era un negociador muy malo, comenzaba la reunión ya rebajando nuestras reivindicaciones”, cuenta Zé. Eso llevó a los sindicatos del ABC a negociar con la Fiesp el mismo acuerdo aprobado por los pelegos.

En las asambleas, sin embargo, el resultado fue bien diferente. En Santo André, por ejemplo, los militantes de la Convergencia habían organizado una fuerte campaña salarial por la base, con asambleas y la organización de grupos en las empresas. Los obreros estaban movilizados y ya preparados para la huelga. Junto con eso, había una radicalización muy grande en San Bernardo do Campo y en San Caetano do Sul.

Las direcciones, incluyendo a Lula, fueron a las asambleas con la propuesta de la Fiesp. Al llegar a la reunión en San Bernardo, sin embargo, Lula fue recibido con un coro de “huelga, huelga”. Hábil, cambió de posición y llamó a la paralización. “En Santo André, Benedito Marcílio, que era el presidente del sindicato, comenzó a leer la propuesta y todo el mundo comenzó a gritar ‘¡rasga, rasga!’, ¡y él tuvo que rasgar la propuesta de la Fiesp! Fue decretada la huelga, contra su voluntad”, recuerda Zé Maria. Esta vez, la ola de huelgas desatada en el ABC se extendió por todo el Estado, confrontando no solo a los patrones sino al propio régimen militar.

La actuación de la entonces Convergencia Socialista (CS) tuvo un papel fundamental en ese proceso. No solo en Santo André sino también en San Caetano, donde la CS dirigía la oposición. Toninho, obrero de la región, propuso la huelga pasando por encima de los pelegos. En Jundiaí, Romildo Raposo, dirigente de la corriente, que ni siquiera era obrero, comandó la movilización en la categoría. Ya en San José dos Campos, los metalúrgicos fueron para el frente del sindicato y, contra la dirección de la entidad, decretaron la huelga.

“Teníamos entonces una militancia pequeña pero extremadamente sintonizada con la situación política del momento y la conciencia avanzada de los trabajadores”, afirma Zé Maria.

Fundación de la CUT

El ascenso del final de la década de 1970 mostró la necesidad de los trabajadores de organizarse, tanto política como sindicalmente. Ya en 1980 se da la fundación del Partido de los Trabajadores y, tres años después, la creación de la Central Única de los Trabajadores (CUT), que tendría un papel crucial en las movilizaciones de los años siguientes.

De 1980 a 1983, la Convergencia Socialista decidió actuar prioritariamente en el movimiento estudiantil, adoptando el nombre de Alicerce[3] de la Juventud Socialista. Con la fundación de la CUT, la corriente reorientó su militancia al movimiento sindical, retomó su nombre y centró fuerzas en la organización de las oposiciones cutistas. Ayudó así a conquistar la dirección de importantes sindicatos, como el de los metalúrgicos de Belo Horizonte y Contagem ya en 1984 y el de bancarios de Rio de Janeiro en 1985, así como el de los metalúrgicos de San José dos Campos.

Desde el inicio de la CUT, la CS, a mismo tiempo que construía la central, entabló una dura batalla contra el grupo dirigido por Lula y que formaría la Articulación Sindical. De esta forma, la actuación de la corriente se daba tanto por medio de las huelgas que se desarrollaban en la época como en la lucha por la CUT y por los principios de clase según los cuales fue fundada.

Ocupación de la Mannesmann

El final de la década tuvo un nuevo ascenso obrero, cuyo punto alto fue la huelga de la siderúrgica Mannesmann, en Contagem, en 1989. El gobierno Sarney, en su final, enfrentaba un profundo desgaste, habiendo coincido el movimiento con una huelga general de dos días contra el “Plan Sarney”. En aquella época, la Convergencia (CS) tenía una implantación mayor en la clase obrera. Zé Maria, ahora viviendo en Minas [Gerais], era director del Sindicato de los Metalúrgicos de Belo Horizonte, y fue de los principales dirigentes de la huelga en la Mannesmann.

Zé Maria en la ocupación de Mannesman
Zé Maria en la ocupación de Mannesmann

La paralización en la siderúrgica coincidió con una serie de movilizaciones, incluso una fuerte huelga con ocupación en la Belgo Mineira, en Contagem, que duró dos días. Los trabajadores ocuparon la siderúrgica y enfrentaron una orden de reintegración de posesión. “El comando de la Policía Militar del área de Contagem llamó a la dirección del sindicato allá en el cuartel; yo estaba en la Mannesmann, salí y fui para la reunión”, relata Zé. Con el recuerdo de la tragedia en la CSN [4] aún fresco en la memoria, la policía dudó en invadir la Belgo. Por fin “atrancó” al sindicato y la empresa en una sala hasta que se llegase a un acuerdo. La empresa acabó aceptando las reivindicaciones de los trabajadores.

En la Mannesmann, sin embargo, la empresa no aceptó ninguna conversación y exigió el cumplimiento de la reintegración de posesión. Pero los obreros atrincherados en la siderúrgica no retrocedieron ni aceptaron negociar con el Batallón de Choque. El entonces gobernador de Minas, Newton Cardoso, con miedo de manchar con sangre su gobierno, impidió que la reintegración se cumpliese. “Quedó así durante diez días, hasta que el comando de la policía entró en contacto con el gobierno federal, y la propia ministro de Trabajo, Dorothea Werneck, llamó al sindicato y negoció con nosotros”, afirma Zé Maria.

El gobierno hizo negociar a la empresa y envió como garantía a un representante a la asamblea de los trabajadores. La propuesta era la misma firmada en la Belgo. La victoria en la Mannesmann mostró la fuerza del movimiento obrero y entró a la historia como uno de los momentos más importantes de la Convergencia Socialista.

Ruptura con la CUT y fundación de la Conlutas

La lucha contra la burocratización de la central se extendió por toda la década de 1990. Fueron los años de reflujo del movimiento sindical, de ataques del neoliberalismo y de las grandes traiciones de esa dirección, como las negociaciones de las cámaras sectoriales y del banco de horas en el ABC.

La asunción de Lula en 2003 cambió cualitativamente ese proceso. La CUT pasó a ser gobierno, a ocupar cada vez más cargos oficiales y a actuar en organismos como el Consejo de Desarrollo Económico y Social, el “Consellón”, y el Foro Nacional del Trabajo. Más que eso, pasó a administrar montos de la FAT [Fondos de Amparo al Trabajador] y convenios con ministerios, volviéndose cada vez más dependiente del Estado. El apoyo de la central a la reforma de la Previsión de Lula expresó esa nueva realidad.

En 2004, con la misma osadía con que la entonces Convergencia se lanzó a la construcción de la CUT, el PSTU impulsó el llamado de ruptura con la central y la construcción de una nueva alternativa de lucha.

La crisis económica y los desafíos actuales

Volvemos ahora a 2009. Ya pasaron treinta años de la ola huelguista de 1979 y veinte años de la huelga de la Mannesmann. Los desafíos, sin embargo, no solo continúan sino que son aún mayores.

Estamos frente a una profunda crisis estructural del capitalismo y los trabajadores ven sus empleos y derechos amenazados. En los sectores en que actúa, el PSTU ayuda a impulsar la lucha contra los despidos, como es el caso de la Embraer y de la Vale.

La construcción de la Conlutas, en ese sentido, es uno de los mayores si no el mayor desafío planteado para el PSTU en estos 15 años, y para la corriente morenista en estos 35 años.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en www.pstu.org.br el 29 de noviembre de 2009.-

[1] AI-5: Acto Institucional n.° 5, quinto decreto firmado por el gobierno, que suspendía las garantías individuales, podía usar la fuerza y la represión contra los “subversivos” de la izquierda, entre otras medidas. Fue implementado entre diciembre de 1968 y octubre de 1978 [N. de T.].

[2] Sindicalistas al servicio de los patrones o del gobierno; carneros, rompehuelgas [N. de T.].

[3] Alicerce: dar base o fundamento a…; fundar sólidamente [N. de T.].

[4] Compañía Siderúrgica Nacional. En ella se dio la huelga de 1988, que se conoce en el medio sindical como “Masacre de Volta Redonda”, en la cual la policía militar y el ejército del gobierno Sarney dieron muerte a tres obreros –Carlos Augusto Barroso (19 años), Walmir Freitas Monteiro (27 años) y William Fernandes Leite (22 años)– e hirieron alrededor de cien huelguistas. En apoyo a la huelga y contra la represión, la población de Volta Redonda realizó un “abrazo” simbólico de casi 12 kilómetros en torno de la Usina Presidente Vargas, que tuvo repercusión a nivel internacional [N. de T.].

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