Dos informaciones recientes arrojaron a la basura el mito del fin de la austeridad en Portugal: por un lado, niños haciendo quimioterapia en los corredores del Hospital de São João, en Porto; por otro, los 17.000 millones de euros gastados para salvar a los bancos.

Por: Cristina Portela

Entre 2007 y 2017, en los últimos diez años, el Estado portugués desembolsó 17,1 mil millones de euros, cerca de 9% del PIB (Producto Interno Bruto), para salvar a bancos como el BPN (2008), BES (2014), Banif (2015) o, en 2017, la Caixa Geral de Depósitos (CGD). Las operaciones de rescate de la banca tuvieron no solo el efecto de desviar recursos del Estado que podrían ser gastados en Salud y Educación, por ejemplo, sino sirvieron también para aumentar la deuda y el propio déficit públicos.

La deuda pública de 2017 fue superior a la registrada en 2016, equivaliendo actualmente a cerca de 130% del PIB, la tercera mayor deuda entre los países de la Unión Europea (UE). El déficit del año pasado, por su parte, fue calculado en 3% por el Eurostat (gabinete de estadísticas de la UE), en lugar de los estimados 0,9%, debido al impacto provocado por el capital inyectado en la CGD.

Banca, Déficit y Deuda

El resultado de todas esas cuentas para 2018 es que el ministro de Finanzas, Mário Centeno, para compensar la subida del déficit de 2017 y hacer buena figura en su estreno en la presidencia del Eurogrupo, ya presentó una meta de reducción del déficit bien por debajo de la acertada anteriormente, de 1,1% para 0,7%. Eso significa que los 800 millones de euros que representan la diferencia entre estos dos porcentajes serán desviados para pagar la deuda pública y el desfalco heredado de la banca, en lugar de, una vez más, ser utilizados para mejorar las condiciones de vida de la población.

Nada para salarios

Incluso el compromiso de descongelar los salarios de la Función Pública, firmado por la Geringonça[1], está amenazado. En relación con los profesores, el gobierno solo quiere descongelar dos años y diez meses en lugar de los más de nueve años en que quedaron sin cualquier reajuste de acuerdo con la inflación; y, segundo, el Programa de Estabilidad presentado por el ministro de las Finanzas, actualizaciones salariales para los empleados públicos, solo en 2020.

“Es desalentador para mí imaginar que hasta 2056 tenemos un Presupuesto del Estado que cumple un único objetivo que es el servicio de la deuda”, lamentó, en entrevista al Diário de Notícias, el economista João Duque, profesor del Instituto Superior de Economía y Gestión (ISEG).

La Geringonça no acaba con la pobreza

Estos datos demostraron el desinterés del gobierno en acabar de hecho con la austeridad y su preocupación en cumplir –y hasta superar– las metas acordadas con la UE y servir al gran capital. Para atrás quedan situaciones difíciles como las vividas en las áreas de la Salud y de la Educación; y también aquella que debería ser la principal meta de cualquier gobierno comprometido con la vida de las personas, o sea, la de alterar el destino probable de los 2,5 millones de portugueses (25,1% de la población) en riesgo de pobreza o exclusión social. De ese total, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2016, casi la mitad eran menores de 18 años o tenían más de 65 años.

Muchos de esos portugueses están en alguna de las siguientes situaciones: son parte del 8,9% de la población que está desempleada; son uno de los 800.000 que sobreviven con el salario mínimo de 580 euros mensuales; o, en el caso de los más viejos, están viviendo con una reforma de 400 a 500 euros o una pensión de 270 euros.

El salario mínimo portugués ocupó, el año pasado, el 11° lugar entre los 22 países de la UE que poseen una remuneración mínima fija. Muy inferior al de países como Francia (1.480 euros) o incluso España (826 euros).

Menos 51,3 millones para el SNS

La situación vivida por los niños que hacen tratamiento de quimioterapia en el Hospital de São João, en Porto, que son atendidos en los corredores, es un poco el retrato de la salud de la Geringonça. Para complicar aún más las cosas, el presupuesto de 2018 todavía quita 51,3 millones de los recursos destinados al Servicio Nacional de Salud (SNS) en comparación con los valores de 2017. “Los gobernantes decidieron que la salud de los portugueses vale 5,2% del PIB y en términos del SNS vale apenas 4,8% del PIB, cuando la media de los países valoriza la salud en cerca de 6,5% del PIB”, dijo al Foro TSF el bastonero[2] de la Orden de los Médicos, Miguel Guimarães.

En el mismo programa radiofónico, Ana Rita Cavaco, bastonera de la Orden de Enfermeros, denunció la falta de 30.000 enfermeros. “Pero para los bancos siempre hay dinero”, dijo. Tampoco falta dinero para las participaciones público-privadas (PPPs). Del monto destinado a la salud en 2018, 55,3% está reservado al pago de medicamentos, medios diagnósticos y encargos con las PPPs.

La sub-financiación del SNS denunciado por las entidades del sector se revela tremendamente eficaz para la privatización de la salud. Según el INE, los hospitales privados ganan importancia en los servicios de urgencia. En 2016, los hospitales privados fueron responsables por 34% del total de consultas, más 484.000 de cara al año anterior.

Al contrario de lo que el PS y los partidos que sostienen al gobierno en el parlamento –Bloque de Izquierda y Partido Comunista– buscan pasar, la austeridad se mantiene y sus efectos están muy lejos de acabar.

[1] Se denomina Geringonça a la coalición de partidos de izquierda que dan mayoría parlamentaria al gobierno y le permite implementar los planes de austeridad de la Unión Europea. Literalmente, geringonça significa que es malhecho, que tiene una estructura frágil y un funcionamiento precario, ndt.

[2] Título del presidente de una orden profesional, ndt.

Traducción: Natalia Estrada.