Dom Abr 21, 2024
21 abril, 2024

¿Por qué defendemos el derecho de los kurdos a tener su propio Estado?

En varios artículos de este site (y también en la revista Correo Internacional) hemos reflejado la lucha del pueblo kurdo en Kobane (Siria) contra las fuerzas del Estado Islámico (EI) y las movilizaciones de los kurdos en Turquía. 

En especial, destacamos el papel que cumplen las mujeres de ese pueblo en ese combate, lado a lado con los hombres y comandando tropas.

Desde la LIT-CI, dimos nuestro apoyo a esa lucha y, al mismo tiempo, expresamos nuestro respaldo al derecho de los kurdos a tener su propio Estado, recuperando los territorios que hoy pertenecen a otros países. ¿Por qué lo hacemos? Para responder, veamos la historia y la realidad actual de este pueblo.

Un poco de historia

La historia de los kurdos en la región que hoy ocupan se inicia en la Antigüedad: se asentaron en el Asia Menor cerca de mil años a. C. Durante la Edad Media, la región fue dominada por el imperio árabe y, más tarde, por Imperio Otomano-Turco. De este período, si bien conservaron su propio idioma, la mayoría de los kurdos adoptaría la rama suní de la religión musulmana, aunque una importante minoría siguió con su religión tradicional, el yazidismo. En el siglo XIX, realizaron varias rebeliones independentistas, que fueron derrotadas.

Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el Imperio Otomano, que había sido derrotado, fue desintegrado. El Tratado de Sèvres reconocía su derecho a la autodeterminación e incluso proponía la creación de un Estado kurdo, aunque sólo en un tercio de los territorios reivindicados por este pueblo y donde son absoluta mayoría.

Pero ese tratado nunca entró en vigencia y fue reemplazado por el Tratado de Lausana (1923) por el cual el pueblo kurdo quedó dividido entre cuatro países (Turquía, Irán, Irak y Siria), más un pequeño sector en Armenia (entonces integrante de la ex URSS). En 1925, una insurrección fue derrotada por las tropas turcas.

En 1946, en el Kurdistán iraní, el recién creado Partido Democrático del Kurdistán (PDK) proclamó la República de Mahabad, que se mantuvo durante un año hasta que las tropas y las autoridades de Irán ocuparon la ciudad.

En las décadas siguientes, la lucha de los kurdos fue constante en todas las regiones. En 1961, Mustafá Barzani, líder histórico del PDK inicia una guerra de guerrillas en Irak, pero es derrotado en 1975. En 1979, se produce una nueva rebelión en Irán, ahora contra el régimen de los ayatolás que había asumido el poder luego de la revolución de ese año. La respuesta del régimen fue declarar la “guerra santa” contra los kurdos. En 1984, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, fundado en 1978) inicia un levantamiento guerrillero en Turquía. En 1991, tras la primera Guerra del Golfo, hay un nuevo levantamiento en Irak, contra Saddam Hussein, aplastado por este, ante la pasividad de las tropas occidentales. En 1992, se produce el “marzo sangriento” en Turquía, en el que el ejército turco asesino a 200 manifestantes kurdos.

La actualidad

El territorio del Kurdistán histórico abarca unos 392.000 km2 (190.000 en Turquía, 125.000 en Irán, 65.000 en Irak y 12.000 en Siria). En estos territorios se encuentra una parte importante de las reservas petrolíferas iraquíes e iraníes, y casi la totalidad del petróleo sirio.

Aunque no existen censos rigurosos, se estima que hay más de 40 millones de kurdos (16 millones en Turquía, más de 10 millones en Irán, 8 millones en Irak, 2 millones en Siria y una diáspora establecida en otros países).

Los kurdos son actualmente una de las mayores nacionalidades del mundo sin Estado propio. En los países en que fueron divididos, son oprimidos y discriminados, y cuando luchan por sus reivindicaciones históricas, como ya vimos, son duramente reprimidos. Por ejemplo, en la década de 1990, el ejército turco destruyó 3.000 aldeas de población kurda.

En la Siria de la “dinastía” de los Assad siempre fueron perseguidos: baste decir que no tenían derecho a la ciudadanía. Por eso, en 2012, en el marco de la guerra civil en ese país, se produce un levantamiento armado contra el régimen de Bashar al Assad y los kurdos se suman a lucha contra este régimen.

A esto se agrega ahora la agresión del EI, que los ataca en su búsqueda de instalar un nuevo estado reaccionario que controle zonas petroleras. En Siria, las fuerzas kurdas del PYD que combaten al EI, en defensa Kobane y la región de Aleppo, están luchando junto con varios sectores de la resistencia rebelde anti-Assad.

Frente a esta realidad, el imperialismo, que –aliado a varias burguesías de países árabes– fue el causante de la división de este pueblo, en sus diferentes políticas para controlar el petróleo de la región “mira para otro lado” y deja correr las agresiones y la opresión a los kurdos, más allá de su retórica actual sobre “derechos humanos”. Allí están las recientes declaraciones de John Kerry, secretario de Estado de los Estados Unidos, que, frente a la agresión del EI, declaró que “Kobane no es un objetivo estratégico de nuestro gobierno”. Y, a pesar de ser la única fuerza –aliada con sectores de la resistencia siria– que combate efectivamente al EI, no les ha mandado ninguna ayuda militar, para no chocar con su gobierno aliado de Turquía.

La situación especial en Irak

En Irak, los kurdos viven una situación especial. Allí, ocupan la porción norte del país, a la que se llama Kurdistán iraquí o según la denominación de este pueblo “Kurdistán del sur”, cuya principal ciudad es Mosul. Es una de las zonas más ricas en petróleo de la región.

En la década de 1980, durante la guerra Irak-Irán, una ofensiva del régimen de Saddam Hussein ocasionó el “genocidio de Anfal”, con duras consecuencias para la población, parte de la cual debió huir del país.

Después de la primera guerra del Golfo (1991), muchos refugiados comenzaron a volver y la región fue ganando autonomía. Entre 1994 y 1997, se desarrolla una guerra civil en la que se enfrentan las milicias del PDK y las de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK, una escisión del anterior), con el triunfo del PDK.

Posteriormente, la dirección del PDK, encabezada por Masud Barzani (hijo del fundador del partido) se une a la coalición de fuerzas imperialistas que invaden Irak y derrocan el régimen de Saddam Hussein.

A partir de este acuerdo, por un lado, la Constitución de 2005 otorga al Kurdistán iraquí el carácter de “entidad federativa autónoma”, con derecho a elegir su propio gobierno y su parlamento, también a tener sus propias relaciones exteriores. Al mismo tiempo, siempre hubo representantes kurdos en los gobiernos pro-imperialistas durante todo el período de ocupación. Incluso un kurdo, Jalal Talabani, llegó a ser presidente de Irak.

Por otro lado, la burguesía kurda de la región pasó de recibir de 13% a 30% del valor del petróleo extraído, lo que sumado a una buena producción agraria la ha transformado en una de las más ricas de Irak, con una economía muy sólida. Esa es la base sobre la que se asienta el PDK, que se ha transformado en una organización claramente pro-imperialista.

En este marco, el gobierno de Barzani y la burguesía kurda de Irak están sometidos a dos presiones contradictorias. Por un lado, está su alianza política, económica y militar con el imperialismo yanqui. Por el otro, la presión de su propio pueblo. Así, por un lado, las milicias kurdas de Irak son las únicas que han combatido efectivamente y lograron frenar al EI en ese país, mientras el ejército iraquí huía vergonzosamente.

Barzani también se vio obligado a enviar armas a Kobane (aunque a través de los aviones imperialistas) y a permitir que miles de milicianos se organizaran con el objetivo de ir a combatir junto a sus hermanos de Siria.

Pero, al mismo tiempo, lo que menos quiere es “patear el tablero” e irritar al imperialismo yanqui (o a su aliado turco). Por eso, ahora se limita sólo a reclamar la independencia del Kurdistán iraquí. Este objetivo sería, en sí mismo, progresivo, un avance en la lucha de este pueblo, porque daría un punto de apoyo si es puesto al servicio de la lucha kurda de conjunto. Pero en manos de Barzani y el PDK significa, en los hechos, dejar de lado la construcción de un Estado kurdo unificado y abandonar a su suerte a los kurdos de Turquía, Irán y Siria.

Para lograr la reunificación de pueblo kurdo en su propio Estado, debe entonces combatirse también la política de Barzani y el PDK.

Conclusiones

Por todas estas razones (por ser un pueblo oprimido y dividido entre varios países), apoyamos la lucha de los kurdos contra el imperialismo, los regímenes de Turquía, Irán, Irak y Siria, y contra el EI. Por eso, también, defendemos su derecho a construir su propio Estado unificado, en todo su territorio histórico.

Esta posición no es nueva para la LIT ni para su organización turca: ya fue expresada en varias ediciones de la revista Correo Internacional, en la década de 1990, en el marco de la lucha de este pueblo contra los ataques del régimen de Saddam Hussein, en Irak, y la feroz represión de los diferentes gobiernos turcos. 

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