Una pregunta y una reflexión necesaria ante la proximidad de un nuevo proceso donde nos volverán a cargar de propaganda y con el infaltable: “vota por mí que te ofrezco…”. 

Por Víctor Montes

Para los partidos y agrupaciones que se dicen “de izquierda”, la respuesta a esta pregunta es claramente afirmativa. Todos ellos, desde el Partido Comunista y Patria Roja, hasta Nuevo Perú, el Frente Amplio, y las organizaciones que los integran, han hecho de las elecciones su actividad privilegiada.

Para nosotros, la respuesta es exactamente la contraria. Por eso queremos abordar este debate con la llamada “izquierda”, atendiendo los dos planos en los que debe responderse esta pregunta: el primero, la utilidad de la participación electoral para encontrar salida a los problemas urgentes de la lucha de la clase trabajadora. El segundo, si las elecciones son una vía para imponer soluciones de fondo a la desigualdad de la sociedad capitalista.

¿Votar o luchar?

Por supuesto el problema no es querer postular. Las organizaciones “de izquierda” tienen el derecho de hacerlo si desean. Eso nunca lo hemos negado.

Lo que resulta un crimen es, justamente, que busquen desviar la atención y acción de la clase trabajadora hacia la carrera electoral, justo cuando todas sus fuerzas deberían estar concentradas en impulsar la movilización general de los batallones de la clase obrera y el pueblo pobre hacia la lucha directa, en las calles, fábricas y minas del país, contra la política asesina que aplica el gobierno, y los ataques que viene propinando el empresariado.

Y este crimen es más grande aún, en tanto esa “izquierda” tienta a los principales dirigentes y dirigentas del movimiento obrero y popular, a seguir ese mismo camino, arrancándolos de sus luchas concretas, y limando su filo combativo, con la única finalidad de ganar votos.

Pero la clase trabajadora no puede esperar a abril de 2021 para resolver los problemas urgentes que tiene enfrente. Los contagios, muertes y despidos se multiplican mientras esperamos que nos llamen nuevamente a las urnas.

Finalmente, los trabajadores y trabajadoras ya hemos pasado por la experiencia de las elecciones, solo para ser defraudados una y otra vez, incluso por esos mismos candidatos y candidatas que esas mismas organizaciones “de izquierda” encumbraron como “candidatos de los trabajadores”, solo para hacer, desde el gobierno, exactamente lo contrario. El caso más claro fue el de Ollanta Humala.

Una democracia podrida

Y es que, de fondo, el problema es la propia democracia patronal en la que se juegan las elecciones, donde son las empresas las que mandan a las autoridades.

Esta afirmación ha quedado más que establecida gracias a los escándalos de corrupción ligados a Odebrecht. Hemos visto millones de dólares pasar de mano en mano de presidentes, ministros y candidatos/as – “de izquierda” y de derecha- para asegurar las ganancias patronales.

Es en esa democracia descompuesta, donde todo se compra y todos se venden, que la “izquierda” nos pide que confiemos.

Han abandonado la lucha por el poder

Sin embargo, esto tampoco es una casualidad.

La izquierda hace mucho que abrazó el proyecto de la democracia de los patrones, porque las organizaciones que la componen han renunciado a la lucha por el poder por parte de la clase trabajadora, a través de la lucha directa. Esto es, a través de la huelga general.

Para esa izquierda esa idea “ha quedado en el pasado”. Hoy siguen los pasos del Juntas Podemos, en el Estado español, Syriza en Grecia, el PT brasileño y el Bloque de Izquierda en Portugal, que administran – o lo han hecho – el estado de esos países aplicando el mismo plan de recortes de derechos que aquí procuraron imponer Humala, García y Toledo. Plan que hoy aplica Vizcarra y que antes, impuso de manera violenta la dictadura fujimorista.

Por eso tampoco les avergüenza aliarse o llamar a votar por cualquiera que esa “izquierda” considere que les puede ser favorable. Sobre todo, en el caso de nuestro país, si ese “cualquiera” se viste de “antifujimorista”. Es el famoso “mal menor” que tanto daño ha hecho a la clase obrera.

La historia se repite…

Hoy sigue sucediendo lo mismo: “Nuevo Perú” ya ha anunciado que postulará en 2021 con “Juntos por el Perú”. La misma organización con la que postuló en las pasadas elecciones congresales de enero, y que conforman el Partido Comunista, Patria Roja y el Partido Humanista del ex-primer ministro de Alan García, Yehude Simon, investigado y detenido por casos de corrupción ligados a Odebrecht.

Al mismo tiempo ha defendido a Vizcarra durante la coyuntura del pedido de vacancia de parte de un sector del Congreso, invocando “gobernabilidad” y denunciando a esos sectores como “golpistas”.

Por su parte, el “Frente Amplio” se prepara para “elegir” sus propios candidatos/as con Marco Arana a la cabeza, mientras saltan denuncias de malos manejos en la vida interna de la organización, en una pugna interna que solo se puede explicar como una lucha por el reparto de candidaturas con miras al 2021.

En paralelo la bancada del FA también salió en defensa del gobierno de Vizcarra, llegando a presentar una moción de censura contra el presidente del Congreso, acusándolo, también, de golpista.

Una política obrera frente a las elecciones

Para nosotros, no hay ninguna posibilidad de resolver los problemas, ni urgentes, ni estratégicos, por medio de las elecciones.

Por eso, aunque en general consideramos que para la clase obrera es necesario utilizar todos los medios que le brinda la tramposa democracia de los patrones, incluidas las elecciones, con la finalidad de extender sus luchas, hoy que morimos por miles por la política del gobierno, y que los despidos hacen carne en la clase trabajadora bajo las alas de Vizcarra, lo que está planteado con urgencia, es unir nuestras luchas y movilizarnos para derrotar al gobierno (incluidas sus elecciones).

Esa es la única política que expresa hoy, la necesidad de la clase obrera. Y exactamente lo contrario a lo que levanta la izquierda reformista.