Contra la desocupación masiva, los drásticos recortes de derechos y por atención efectiva a la emergencia del Covid 19. Preparemos el Paro Nacional

Por PST-Perú

No estamos ante una crisis coyuntural producida por el Covid 19 y que pasará luego de algunos meses, como nos dicen. En realidad, estamos ante una crisis capitalista que viene de más atrás y cuyo estallido fue acelerada por la pandemia. En el debate de la vacancia un parlamentario dijo en medio de lamentos: “ojalá lleguemos a celebrar los 200 años si no como República al menos como país”. De esto se trata la actual crisis: ha puesto en duda nuestra propia viabilidad como sociedad.

Con la transformación económica neoliberal realizada hace 30 años por la dictadura de Fujimori y después aplicada por el régimen “democrático”, la burguesía logró establecer un relativo equilibrio social sustentado en un crecimiento que enriqueció a los sectores privilegiados y chorreó miserias a las mayorías, hasta que en años recientes, con la gran recesión de 2008 que enfrió la economía mundial, la fiesta se acabó.

Antes de la pandemia maduraba una nueva gran crisis capitalista, pero con la llegada del Covid 19 ella se precipitó trayendo otra recesión generalizada y arrojando a los pueblos del mundo a un cataclismo económico y social, sobre todo en los países pobres y atrasados como el nuestro.

En realidad, la prosperidad que vivió el país en los últimos 30 años fue artificial. La aplicación del nuevo modelo de economía neoliberal solo intensificó la condición del país como extractor y exportador de materias primas donde grandes multinacionales obtuvieron enormes ganancias que trasladaron a los centros financieros del mundo, manteniendo al país en el atraso y profundizando su dependencia. Y lo que se acumuló internamente solo sirvió para edificar la fortuna de un grupo de burgueses donde destacan 13 familias propietarios de grandes bancos y empresas. Para peor, los impuestos que recaudó el Estado en lugar de destinarse a salud educación y vivienda de los sectores más pobres, fueron saqueados por los pillos que nos gobernaron todo este tiempo mientras aplicaban servilmente dicho modelo.

La pandemia del Covid 19 desnudó toda esta realidad que por años muchos se negaban a aceptar. Ya llevamos 80 mil muertos, 4 millones de desempleados, 3 millones de nuevos pobres, 30% de recorte de la masa salarial y, todo esto, en medio de una deflagración social en marcha. Un solo dato habla a gritos de esta realidad: 915 mujeres desaparecieron durante la pandemia, en su mayoría menores de edad. De manera oficial se reconoce que esta situación se extenderá por lo menos hasta el 2022.

Lo que demuestra que esto es producto criminal del capitalismo es que las multinacionales siguen operando y ganando (o saqueando) como antes, los grandes ricos incluso hacen negocios con la calamidad que vivimos y el gobierno y los políticos burgueses siguen enfocados en aplicar medidas que beneficien los negocios capitalistas a expensas de nuestros derechos.

La perspectiva no puede ser peor porque el comportamiento de la economía mundial es una variable muy incierta, y porque la recuperación de los grandes negocios se intenta hacerlo con menos salarios y menos derechos, y aun los gastos incurridos por el Estado durante la emergencia (como Reactiva Perú) se intenta también que sean pagados por nosotros. Así debemos leer el nuevo paquetazo antiobrero que plantea la CONFIEP y la decisión del MEF de reducir el gasto público para los siguientes años.

Junto a esta crisis tenemos la otra del régimen político llamado “democrático”. Esta crisis estalló con Lava Jato y enterró a la mayoría de partidos y figuras honorables de la burguesía y de la llamada “izquierda”. La burguesía logró atenuar la crisis con el juego político de Vizcarra que cerró el Congreso, pero lo hizo cavando hacia abajo porque desgastó más sus instituciones y concentró más poder sobre los hombros de aquel. Su fracaso estrepitoso en la gestión de la pandemia y la revelación de sus recientes audios que lo muestran como un corrupto más, lo han derrumbado, mostrando la verdadera ruina del conjunto del sistema político que es la otra cara del modelo capitalista que nos gobierna. Para más, dentro de ella no hay salida para las masas: en abril se elegirá un nuevo gobierno entre una sarta de bandidos y oportunistas.

Para la izquierda electorera el sistema “democrático” burgués es el único viable y sus males pueden arreglarse con leyes y reformas (restablecer la Cámara de Senadores, reformar las relaciones del Ejecutivo con el Legislativo, etc.), lo que no cree ni la propia burguesía. Ella apuntala al régimen llamado “democrático” con sus opciones más de derecha, aun cuando esto lo lleve a establecer un gobierno autoritario, con el único propósito e interés de llevar a cabo los planes que necesita para volver a llenar sus bolsillos. Esa es su apuesta.

La nuestra debe ser la opuesta: salvar nuestras vidas, trabajos y derechos a costa de los que nos explotaron y saquearon y destruyeron al país. No basta la lucha cotidiana, el pliego, las demandas. Los problemas que enfrentamos se derivan del agravamiento de los problemas nacionales que solo pueden encontrar una salida con un Gobierno de los Trabajadores y los pobres. Un gobierno basado en la democracia de las asambleas populares, que aplique un programa de expropiación de los grandes capitalistas y reordene la economía en función de las necesidades de las mayorías.

Es un inmenso desafío. El deber elemental de cualquier luchador es ver la realidad cara a cara y enfrentar el desafío tal como se presenta, y eso es lo que hacemos al decir la verdad. No actuamos en función de cálculos electorales como hacen los charlatanes de izquierda que se mueren por alcanzar un puesto en el Parlamento.

Es con esta perspectiva que encaramos las múltiples tareas del presente. La primera tarea que tenemos en el momento actual es organizar la pelea desde abajo para enfrentar los múltiples ataques como los ceses, la suspensión perfecta y los despidos, con los ejemplos combativos del Sitobur y de los mineros de Marsa.

Para dar este paso necesitamos empezar por nuestras bases hablándoles con la verdad. Ponerlas en pie de lucha. Colocar al frente de ellas a los más decididos. Es también fundamental hacer todos los esfuerzos para unir las luchas recordando siempre que con la unidad obrera en la lucha en torno a una huelga general conquistamos hace cien años la jornada de 8 horas, y en los años 70 derrotamos a la dictadura militar con un Paro Nacional Unitario.

Así debemos enrumbar todos nuestros esfuerzos para que la acción unida y coordinada desde las bases desemboque en un Paro Nacional Obrero y Popular en el plazo más inmediato posible, una respuesta que frene los ataques de la burguesía y arranque las demandas urgentes.

Estas tareas solo pueden nacer de la iniciativa, la acción y esfuerzo decidido de los luchadores trabajando desde las bases, como ha sido siempre, no de la conducción burocrática de la CGTP. A esos luchadores los llamamos a ponerse manos a la obra, y a trabajar juntos para hacerlos posible, para así abrir también un mejor destino para nuestra clase y nuestro pueblo.