El 15 de enero, durante una operación de descarga de petróleo en la refinería La Pampilla, comprada por Repsol, como accionista mayoritario, durante la dictadura de Fujimori (1996), se vertieron al mar 11 mil 900 barriles de petróleo.

Por Víctor Montes

De acuerdo a las declaraciones del capitán del buque que realizaba la descarga, Repsol demoró alrededor de 12 horas en enviar buzos para corroborar la falla que había provocado el derrame, y la magnitud del mismo.

De otro lado, el mismo capitán denuncia que las barreras que se deben colocar antes de iniciar la carga y descarga del petróleo, no lograban cubrir el perímetro del buque.

Del mismo modo negó que se presentase algún oleaje anómalo, que pudiera ser responsable del derrame.

¿Por qué Castillo no echa a Repsol -tras hacerle pagar el desastre ambiental que ha provocado- y recupera la Pampilla? ¿Qué es lo que verdaderamente hay tras el derrame de 11 900 barriles de petróleo en nuestras costas?

Lo cierto es que pasados más de 15 días, el gobierno se ha mostrado incapaz de tomar una sola medida contundente frente al derrame de petróleo provocado por Repsol en el mar de Ventanilla y que, de momento, se ha extendido hacia el norte, llegando a las costas de Chancay.

Al mismo tiempo, el impacto del derrame es impresionante: además de la contaminación de las aguas, playas, y especies animales y vegetales de nuestro mar -hecho que constituye un verdadero ecocidio del cual tardaremos varios años en recuperarnos-, el derrame afecta a más de 3000 pescadores artesanales y sus familias, quienes se encuentran imposibilitados de hacerse a la mar debido a la contaminación de las especies que suelen pescar.

¿Quién es responsable?

Desde el momento mismo del derrame, Repsol ha procurado lavarse las manos ante lo ocurrido. No solamente mal informó sobre la cantidad de barriles que se vertieron al mar -su primer reporte hablaba de 0,16 barriles derramados-. Además de esto, actuó con lentitud frente al derrame, poniendo en evidencia la falta de un plan de contingencia eficiente para hacer frente a estas emergencias.

Peor aún, de acuerdo al ingeniero Enrique Herrera, lo usual es que Repsol no coloque barreras de contención de crudo en el mar, en ninguno de los cuatro terminales de la refinería la Pampilla, cuando se realizan operaciones de descarga de petróleo. Medida de prevención que es de protocolo en este tipo de operaciones.

Más aún, Herrera declara que Repsol, accionista mayoritaria de la Pampilla y por tanto su dueña, es responsable por el mantenimiento de las terminales de la refinería, incluida por supuesto, de la terminal número 2, donde se ha producido el derrame, construida hace 40 años… ¿Se habrá encargado Repsol de mantener en óptimas condiciones dicha terminal? todo indica que no.

Así se desvela el verdadero rostro de la “todopoderosa” inversión privada: la verdad es que no invierten nada, y además de llevarse a precio de regalo nuestros recursos -petróleo, minerales, peces…- nos dejan la contaminación, instalaciones obsoletas y miseria.

¿Qué ha hecho el gobierno?

Además de entregar víveres a algunos pescadores, y anunciar un bono de S/.1000 para los pescadores y trabajadores y trabajadoras del turismo afectadas por el derrame, las sanciones que hasta el momento se han impuesto a Repsol son francamente ridículas: tres infracciones de 18 millones 400 mil soles, (55 millones de soles aproximadamente) para una empresa transnacional que factura miles de millones de dólares, es una cosquilla que no asegura, además, remediar el impacto del derrame. Más recientemente se han “detenido las operaciones” de la Pampilla, para “forzar” a Repsol a pagar dichas multas.

Sin embargo, hoy que se ha abierto claramente la posibilidad de recuperar la Pampilla, Pedro Castillo, que durante la campaña hablaba de expropiaciones, y luego, ya como presidente, rebajó esta propuesta a la de la “renegociación” con las empresas -por ejemplo, con Pluspetrol en Camisea-, apenas ha hablado de la responsabilidad de Repsol.

Castillo cierra los ojos ante el hecho evidente de que Repsol, responsable por el derrame, debe irse de la Pampilla. Es decir, ¡la Pampilla debe volver a manos del Estado!

Así mismo, mientras el Poder Judicial dicta orden para que los gerentes de Repsol no abandonen el país, no se les ha dado orden de captura, y se encuentran libres en sus mansiones, pese al tremendo crimen que dicha empresa ha perpetrado contra nuestro ambiente.

¿Cuál es la salida?

Por todo esto es necesario que la clase obrera ingrese, de manera organizada, a las todavía débiles movilizaciones que se han producido para exigir al gobierno que descargue sobre Repsol el costo de la remediación.

Las evidencias han hecho que dichas movilizaciones, pasen de la exigencia de que Repsol se haga cargo de lo ocurrido, a que se la eche, lo que, en los hechos, debería significar recuperar la Pampilla. Sin embargo, no avanzan a demandar su expropiación, debido al corte ecologista de la mayoría de organizaciones que hacen parte de dichas acciones.

Desde el punto de vista de los intereses de clase de los trabajadores y trabajadoras del país, sí es posible hacer funcionar de manera racional y cuidadosa la refinería, a condición de que este pase a nuestras manos. Y para esto, es necesario recuperar (expropiar) la Pampilla. Solo de esta forma, además de prevenir y remediar el impacto ambiental, es posible poner esos recursos al servicio de las necesidades del país.

Pero muchas veces la idea de expropiar genera temor, pues se piensa que así se “espantará la inversión” y por tanto, perderemos nuestros trabajos, como propagandiza la prensa patronal. es la idea que por 30 años nos han vendido para justificar el remate a precio “huevo” de las viejas empresas del Estado. por eso, a diferencia de hace 30 años, resulta extraño y hasta “temible”, para mucha gente, hablar de expropiaciones. La campaña contra Castillo y su elección, durante la segunda vuelta de las últimas elecciones, volvió sobre este tema, y por eso se encuentra a flor de piel.

Otros tantos justifican la renuncia a expropiar, porque creen que le da “herramientas a la derecha” para enfrentar al gobierno. Pero el gobierno ya renunció el programa de la expropiación, y aun así la derecha sigue, implacable, fustigando a castillo y compañía, que, adicionalmente, poco hace por salir de esa situación.

Lo que los trabajadores y trabajadoras necesitamos es movilizarnos. Es preciso parar el saqueo de nuestros recursos por parte de un puñado de empresas imperialistas, que además no los interesa para nada el cuidado del ambiente. Es clave que las direcciones obreras, como la CGTP, dejen su pasividad y convoquen a una lucha nacional por la recuperación de La Pampilla, por su expropiación sin pago, y tras ella, de todas nuestras riquezas petroleras, gasíferas y mineras, para que, bajo control de sus trabajadores, se garantice tanto el trabajo como la explotación responsable de nuestros recursos.

Este es el único camino para asegurar una explotación racional y responsable de los recursos, con remediación ambiental, y garantizando que la riqueza que extraemos de nuestro suelo sirva para atender las necesidades del propio pueblo trabajador y pobre.