En poco más de dos años de desgobierno, Bolsonaro no ha fallado en ser portavoz mayor de Israel, cualquiera sea el costo en vidas. Desde la campaña electoral y el disgusto de verlo sentarse en el sillón del Planalto, las banderas sionistas, la retórica diplomática contra los palestinos, los apretones de manos sucias de sangre, los excesivos elogios al régimen institucionalizado de apartheid, y su propaganda por cada nueva tragedia brasileña, no fallan. Fue así, por ejemplo, con Brumadinho[1] y la Amazonía. Es así con el Covid-19.

Por: Soraya Misleh

La vía es de doble mano. Se encubren así los crímenes de Bolsonaro y compañía y se maqueta la Nakba continua (la catástrofe con la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948 mediante limpieza étnica).

Al repugnante eslogan recuperado de los sótanos de la dictadura durante la campaña electoral –“Brasil por encima de todo”–, el capitán retirado del Ejército, alzado a la presidencia de la República, olvidó completar lo que se ve en la práctica durante su desgobierno: “Israel por encima de todo”.

La cortina de humo característica, moldeada por las fake news que proliferan, esconde lo que es común a los aliados: el racismo, el apego al genocidio, el apagamiento de la historia, que son parte de su DNA. De los acuerdos incluso militares con Israel a la negociación de los crímenes contra la humanidad, siguen lado a lado.

La pandemia de Covid-19 es evidente, no hay cómo negarlo. Salvo excepciones, los medios convencionales pasaron a denunciar la responsabilidad de Bolsonaro por la tragedia enfrentada por brasileños, sobre todo por el peso directo de sus acciones para que el caos se instale.

No podía ser diferente; al final Bolsonaro no deja de facilitar, con sus declaraciones irrespetuosas, náuseas y vergüenza. Ahora, en medio del peor momento para los brasileños, dijo que “crearon pánico” al hablar de la variante que surgió. Mientras tanto, hospitales están en colapso, muertes sobran, vacunas faltan. Y, tristemente, los profesionales de la salud y especialistas apuntan a “devastación épica”, en las palabras del neurocientífico Miguel Nicolelis.

En medio de más de 1.900 muertes por Covid-19 en un único día, Bolsonaro logró con éxito difundir la noticia del envío de comitiva bolsonarista, ahora en busca de la “cloroquina” sionista (el tal spray EXO-CD 24, testado en solo 30 pacientes y sin eficacia científica comprobada, que el propio Bolsonaro admite saber poco); no obstante, sobraron críticas.

En medio de las condenas, este sábado 6 de marzo mostró una vez más la mentira de ese viaje: no citó el tal spray, habló apenas de cooperación científica y tecnológica, y de presentar la “vacuna brasileña” que está siendo desarrollada (una invención más entre el rollo de mentiras para justificar lo injustificable). De esas mentiras de dejar con envidia a Rolando Lero, el personaje interpretado por Rogério Cardoso en la Escuelita del Profesor Raimundo (famoso programa cómico de la TV brasileña). Solo que aquí la burla es en la cara de los brasileños y brasileñas. Y de mal gusto.

Además de suscitar desconfianza sobre oscuros intereses, el carácter ideológico de la decisión de ir a Israel ya había sido evidenciada en relación con el spray, por reportaje de la Folha de S. Paulo: hasta países sudamericanos como Argentina y Colombia están más avanzados en testes de medicamentos similares. “El estudio argentino, que evalúa una droga diferente de la israelí, la Iota-Carrageenan, testada en 400 participantes, está en la última etapa de evaluación, por ejemplo”. Si la intención fuese “solo” buscar una “solución milagrosa” más, que desviase la atención popular de la tragedia, ese hecho demuestra que podría ir a buscarla más cerca.

Pasando el paño al sionismo

Cuando denuncian el apartheid sanitario a que están sometidos los palestinos en Cisjordania y en Gaza, el énfasis de los medios convencionales, salvo excepciones, no llega a los pies de lo que es dado en elogios por la “exitosa” y “ejemplar’” campaña de vacunación sionista, con sus pilas de dosis. Bloqueo que solo fue roto, por fortuna, por Amnistía Internacional, al denunciar el racismo sionista en relación con la inmunización.

Por fuera de eso, la impunidad por no suministrarlas a cinco millones de palestinos bajo ocupación criminal –al mismo tiempo que intentaba utilizarlas como moneda de cambio para avanzar en la normalización–, así como los obstáculos impuestos para la llegada de las mínimas primeras dosis enviadas vía donaciones, quedan en segundo plano, cuando no olvidadas. Nada nuevo bajo el sol. Cuando se trata de Palestina, prevalece la cobertura revestida de imparcialidad, pero que de neutra obviamente no tiene nada.

Relato dramático

No se encuentra, por ejemplo, el relato del médico sin fronteras Matthias Kennes, que actúa en Al Khalil (la ciudad palestina conocida como Hebron), en Cisjordania, del 22 de febrero último. Él es categórico al afirmar que, como profesional de la salud, está “shockeado”. Y destaca:

“El éxito de la vacunación de Israel contra el Covid-19, aclamado internacionalmente, tiene un lado oculto, cuyas consecuencias son cruelmente sentidas en el territorio palestino de Cisjordania, donde trabajo, y en la Franja de Gaza, bajo bloqueo israelí, donde mis colegas de Médicos Sin Fronteras (MSF) trabajan”.

Kennes demuestra: “Israel consiguió vacunar a casi 4,2 millones de personas con la primera dosis –el equivalente a 50% de la población– y 2,8 millones de personas con las dos dosis completas –o sea, 30% de la población–. Mientras tanto, solamente algunas miles de dosis están disponibles en Cisjordania, y una remesa de 20.000 dosis que llegó a Gaza el último fin de semana mal atiende las necesidades locales. Suponiendo que las 35.000 vacunas Sputnik y Moderna estén realmente disponibles, eso representaría cerca de 0,8% de la población palestina”.

Y continúa: “Para ser más claro, la probabilidad de que usted sea vacunado en Israel es sesenta veces mayor que en Palestina. Israel tiene la responsabilidad, como potencia ocupante, de garantizar el abastecimiento médico de la población ocupada, incluyendo ‘la adopción y la aplicación de medidas profilácticas y preventivas necesarias para combatir la propagación de dolencias contagiosas y epidemias’ en ‘toda la extensión de los medios disponibles para esto’”.

El médico informa sobre la tragedia palestina en medio de la ocupación y la pandemia. “En ocho de las once provincias de Cisjordania, el número de casos de Covid-19 está aumentando nuevamente. En Hebron, ese aumento ha sido lento pero constante, en las últimas cuatro semanas. No quiero ver más a ningún paciente muriendo por falta de oxígeno. La vacuna es mi esperanza de que eso sea evitado. También es una fuente de desesperación”.

La razón queda evidente: “A pocos kilómetros, en Israel, todos los grupos vulnerables fueron vacunados y, ahora, están planificando vacunar a adultos y jóvenes saludables, que son menos vulnerables, especialmente a complicaciones graves. Aquí en Cisjordania, existen cerca de diez mil dosis, lo que es suficiente para que cinco mil personas sean vacunadas. En el hospital donde trabajo, la vacuna fue ofrecida a los empleados, pero las dosis disponibles no llegan ni cerca de conseguir proteger a todos los profesionales de la salud, mucho menos a los ancianos y a las personas con problemas de salud que los tornan susceptibles de morir de Covid-19. Si me preguntan por qué personas vulnerables no pueden ser vacunadas en Palestina, no sé cómo responder. Es inexplicable e increíble. Peor que eso, es injusto y cruel”. Bolsonaro y el Estado sionista… todo que ver.

Notas:

[1] Brumadinho es un municipio de Minas Gerais, Brasil, donde el 25 de enero de 2019 se produjo la ruptura de la represa de desechos minerales –controlada por la Vale S.A. (hoy, empresa privada que figura entre las mayores mineras del mundo)–, que fue calificada como el mayor accidente de trabajo del Brasil en pérdida de vidas humanas y el segundo mayor desastre industrial del siglo, ndt.

Fuente: Artículo publicado originalmente en monitordooriente.com y actualizado el 6 de marzo.

Traducción: Natalia Estrada.