Cuando respirábamos de alivio al pensar que el Covid estaba con los días contados gracias a la vacunación, he aquí que estamos de nuevo con número récord de infecciones, internaciones y aumento de muertes, que presentan una regularidad sombría.

Por: Cristina Portella

Se puede decir que esta es la pregunta del millón de dólares, para la cual la respuesta es relativamente simple de responder, pero difícil, muy difícil de ejecutar, porque en el sistema capitalista en que vivimos lo que verdaderamente importa, para los grandes empresarios y los gobiernos, no es la vida de las personas sino el lucro. Siendo así, no garantizan vacunas para todo el mundo; se niegan a quebrar las patentes y dejan afuera a los países más pobres, lo que potencia la aparición de nuevas variantes; para no obstaculizar sus negocios se resisten a adoptar confinamientos, sin los cuales es imposible detener la contaminación; lo hacen cuando no tienen otra salida, pero sin asegurar la supervivencia de los más pobres; y se aprovechan de la situación caótica para aplicar medidas autoritarias, racistas y xenófobas contra las poblaciones más vulnerables.

Frente a ese cuadro es absolutamente esperable que haya una gran resistencia a la vacuna en muchos países, sentimiento aprovechado y estimulado por la extrema derecha. El resultado es que incluso en países donde hay vacuna de sobra –como Israel, Estados Unidos o el Reino Unido– la inmunización, hasta la fecha, estaba lejos de alcanzar 70% de la población, un porcentaje que, por su parte, ya se demostró insuficiente para impedir la propagación del coronavirus. En otros países, como el Brasil, donde la vacunación es aceptada con entusiasmo, un gobierno genocida impide o dificulta que llegue al conjunto de la población.

El surgimiento de la Ómicron

La variante Ómicron, ya dominante en gran parte de los países, está demostrándose más contagiosa pero menos virulenta que las cepas anteriores. Lo que aún no está comprobado es si esa menor capacidad de provocar enfermedad grave se debe principalmente a características de esa mutación o a la eficacia de las vacunas. Sea como fuere, y a pesar de esa aparente blandura, enfermerías y cuidados intensivos de los hospitales en todo el mundo se llenan de personas no vacunadas. En los Estados Unidos había ya, en enero de este año, más enfermos internados que en el pico de la pandemia, en enero del año pasado, lo que compromete no solo la asistencia a enfermos de Covid sino a todos los demás. La media de óbitos actual es la mitad de la registrada en ese pico, pero crece cada semana, empujada por la avalancha de contagios.

En Portugal, donde casi 90% de la población está totalmente vacunada (con dos o más dosis), en contraste con el porcentaje de solo 62,6% en los Estados Unidos. La situación no es tan dramática, pero es preocupante. A pesar de estar muy por debajo del pico de enero de 2021, las internaciones crecieron, así como las muertes. Peor: la explosión récord de nuevos casos, que hace que la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevea que la mitad de la población europea sea infectada con la variante Ómicron en las próximas semanas, indica que esos índices pueden empeorar aún más.

“Nueva normalidad”

Los gobiernos desvalorizan esas evidencias y exageran en las proyecciones optimistas, presionados por la burguesía, pero también por poblaciones saturadas por casi dos años de restricciones y penurias. Gobernantes y políticos pasan a afirmar que vivimos una “nueva normalidad” o que “ya pasamos el momento más difícil” de la pandemia, como es el caso del primer ministro António Costa, de ojo en las elecciones que se avecinan. Los tiempos de confinamiento para contaminados y contactos de alto riesgo son reducidos, pero la Confederación Empresarial de Portugal (CIP) defiende una reducción aún mayor, preocupada con la tasa de ganancia de sus asociados, afectada por la ausencia de trabajadores en función del Covid.

La realidad demuestra que no estamos en el fin de la pandemia y que deben mantenerse las medidas de protección y adoptar otras, entre ellas, acelerar la vacunación, incluso de niños; incrementar los testes; promover confinamientos apoyados por el Estado; y, sobre todo, fortalecer los servicios públicos de salud, como el Servicio Nacional de Salud (SNS) en Portugal, para impedir que estos colapsen y que sus profesionales y pacientes continúen siendo penalizados por la falta de recursos humanos y materiales.

Artículo publicado en: https://emluta.net/2022/01/17/pandemia-como-sair-desse-infortunio%ef%bf%bc/, Em Luta, Portugal, 17/1/2022.-

Traducción Natalia Estrada.