Palestina: ¿quién enciende la mecha?
Los marxistas, a diferencia de los posmodernistas, saben que cambiar las palabras no cambia el mundo. Solo la lucha de clases —y su clímax, la revolución— cambia la sociedad. Sin embargo, las palabras son parte del campo de batalla ideológico. Esto es mucho más válido para la llamada «cuestión palestina», que se encuentra entre las más falsificadas por el sionismo, el imperialismo y el reformismo. El año pasado, «Israel» invirtió 800 millones en la «hasbara»[1], la actividad de propaganda para presentar a la entidad sionista bajo una buena apariencia. A esta práctica sionista se suma la propaganda mediante la cual los gobiernos imperialistas encubren los crímenes de «Israel», con la ayuda de las organizaciones reformistas en esta labor. Intentaremos mostrar algunos de los trucos semánticos utilizados con este objetivo.
«Paz entre los dos pueblos»
Por lo general, escuchamos que se trata de pacificar a los dos pueblos. Es la gran mentira que anuncia la solución de «dos pueblos, dos Estados». El engaño consiste en ocultar que en Palestina no existen «dos pueblos»: hay un pueblo oprimido, el palestino, y existen los colonos que lo oprimen, los «israelíes».
El «reconocimiento» del Estado palestino que realizan hipócritamente algunos gobiernos con fines electorales (pensemos en el gobierno de Sánchez, en el Estado español) significa reconocer un hipotético mini-Estado que se les debería conceder a los palestinos. Un mini-Estado formado por Cisjordania y la Franja de Gaza que, sumadas, poseen cerca de una quinta parte de Palestina. Esta hipótesis fantasiosa excluye el regreso de seis millones de refugiados a sus hogares y dejaría que la colonia sionista dominara esta «reserva indígena»[2] y a los casi dos millones de palestinos que viven dentro del «Estado hebreo», sometidos a decenas de leyes raciales. «Mejor algo que nada», dice alguien. Lástima que ese «algo» sea solo humo: una concesión verbal de un futuro Estado a cambio de una renuncia concreta a recuperar Palestina «del río al mar».
Un engaño que se repite mientras los sionistas, tras haberla arrasado, ocupan toda la Franja de Gaza, extendiendo, metro a metro, el control sobre Cisjordania, extendiendo sus garras sobre la parte sur del Líbano («operación oscuridad eterna») y sobre una parte de Siria. Como declaró recientemente un comandante de las FDI: «estamos matando palestinos a un ritmo que no alcanzábamos desde la guerra de 1967».
«Territorios ocupados», «Israel» e «israelíes»
La ONU y toda la izquierda reformista cometen un segundo error semántico. A veces lo utilizan, de buena fe, también quienes realmente llevan la causa palestina en el corazón. La definición de «territorio palestino ocupado» es errónea, ya que se refiere únicamente a esa pequeña parte de Palestina (Gaza y Cisjordania) donde debería nacer el llamado «Estado de Palestina».
El engaño consiste en indicar solo estas partes de Palestina como «ocupadas»: afirmando implícitamente que el resto del territorio, cerca del 80 % de Palestina, que en sus mapas geográficos se indica como «Israel», no estaría ocupado.
En nuestra publicación ponemos la palabra «Israel» entre comillas porque no hacerlo implica aceptar, a veces involuntariamente, que existe un Estado legítimo y una población legítima. Mientras que lo que realmente existe es una colonia y colonos (estos son todos los «israelenses»).
«El gobierno reaccionario de Netanyahu»
Entre los errores semánticos, este es uno de los que más recurren los reformistas, esos partidos que siguen defendiendo los «dos pueblos, dos Estados».
El intento es defender que el problema no está en la colonia «Israel», sino en su actual gobierno. Que el gobierno de Netanyahu es reaccionario, de eso no hay duda. Pero esto es una verdad a medias: porque nunca ha existido ni podrá existir un gobierno no reaccionario de una entidad colonial y racista. Para que funcione esta trampa que alude a un supuesto sionismo bueno (tesis defendida por varios intelectuales de la llamada izquierda) es necesario borrar la historia de la colonia fundada con el terror, las bombas, las violaciones, incluso de aquellos sionistas que se pretendían «buenos», es decir, por los «laboristas». Fueron estos últimos quienes expulsaron a 800 mil palestinos de sus hogares, haciendo desaparecer más de 500 aldeas, durante lo que los palestinos llaman la Nakba, la catástrofe. En las escuelas «israelíes» esta historia se falsifica y el éxodo de miles de palestinos se explica como un «alejamiento voluntario».
Por otro lado, basta con leer los periódicos para saber que incluso en los últimos días la Knesset, el parlamento colonial, intentó instituir un tribunal militar especial donde serían juzgados los combatientes del 7 de octubre y la medida fue votada por unanimidad. Incluidos también los sionistas buenos que solo existen en las fantasías encargadas a periodistas y burócratas.
«Sigue siendo una democracia»
Aún hoy, dos años y medio después del inicio de la última masacre de palestinos, se oye a algunos de esos intelectuales orgánicos del capitalismo decir, tras haber eximido de toda responsabilidad al «gobierno reaccionario de Netanyahu», que «Israel sigue siendo, a pesar de todo, una democracia».
Dado que estos señores también saben que se trata de una entidad estatal declaradamente teocrática y basada en la supremacía étnica, que bombardea cualquier país que quiera bombardear, que practica con regularidad la tortura y la violación de prisioneros, que ataca los barcos de ayuda humanitaria de la Flotilla a miles de kilómetros de la costa que considera suya (la costa de Palestina)… . La única explicación para afirmaciones similares es que «Israel» y sus amigos saben bien cómo recompensar a quienes lo defienden…
«Son antisemitas»
No es necesario extenderse, para los lectores de este periódico, sobre la falsa ecuación antisionismo-antisemitismo. Pero es un tema importante que hay que aclarar entre los sectores más amplios de los trabajadores y la juventud.
Conviene recordar que ser «antisemita» significa ser racista. Y que esa acusación nos la lanzan el sionismo, una ideología racista, y los descendientes de los fascistas que mataron a millones de judíos. Gente que tiene en casa el busto de aquel antisemita al que los partisanos colgaron del cuello en la plaza de Loreto. Pero en Italia no solo los partidos del gobierno usan este juego de palabras (con consecuencias penales). A este coro se suman exponentes de ese «campo amplio» que abrió los campos de concentración para inmigrantes y en el parlamento votan a favor (o peor aún, se abstienen) del DDL Romeo, que otorga a la magistratura amplios poderes para definir como antisemita toda declaración antisionista. Y estamos hablando de esa magistratura que ha encarcelado a Hannoun y a otros compañeros, condenó a Anan Yaeesh a 6 años de prisión y hace unos días dictó medidas contra los jóvenes que en septiembre se manifestaron en Milán.
«La culpa es del 7 de octubre»
Otro truco retórico es el de quienes siguen repitiendo la falsedad sobre el 7 de octubre. Ese día, una docena de organizaciones de la Resistencia, seguidas por cientos de jóvenes, rompieron la jaula/las alambradas de Gaza para tomar rehenes a cambio de los miles de prisioneros del sionismo.
Casi la totalidad de las organizaciones de izquierda, incluidas algunas que se definen como «revolucionarias», criticaron de manera más o menos dura esa acción. No es el caso del PdAC y de nuestra Internacional.
Más sutil, pero igualmente falso, es el argumento de quienes dijeron que esa acción de guerra fue «legítima pero contraproducente», porque habría provocado la reacción sionista. La verdad es que no solo el sionismo mata y bombardea a los palestinos desde hace décadas, sino que debemos añadir que siempre es reaccionario el argumento según el cual, si el agredido reacciona, la culpa es siempre del agresor.
No solo eso: si hoy «Israel» está más aislado que nunca, si se ha desarrollado un movimiento internacional de apoyo a Palestina sin precedentes en extensión y dimensiones, si hoy podemos hablar de la «generación Gaza», de miles de jóvenes que a través de la causa palestina comprenden lo que es realmente el sistema capitalista en el que vivimos y comienzan a oponerse a él, si esto ocurre, el mérito principal es de los palestinos y de su Resistencia, que dura ya más de un siglo y que vivió el 7 de octubre un acontecimiento heroico.
El PCR y la Red de Comunistas alimentan la confusión
Cuanto más crece el descrédito de «Israel», más incluso aquellos que negaron el genocidio durante dos años comienzan a usar esa palabra. Cuanto más crecen las movilizaciones por Palestina, más encontramos a partidos reformistas, inicialmente ausentes de las plazas, participando en las manifestaciones.
Es necesaria una acción unitaria y siempre hemos criticado todo intento de dividir las manifestaciones y las huelgas. Pero eso no significa eliminar las diferencias. Al contrario: el debate sobre las perspectivas reales que cada uno defiende es fundamental y durante mucho tiempo fue eliminado en nombre de una falsa unidad que solo favorece a las burocracias.
En otros números de este periódico y de su Trotskismo Oggi, revista teórica de nuestro partido, así como en un libro recientemente publicado (1), examinamos en profundidad las posiciones que, en nuestra opinión falsas, surgen en el debate de la izquierda.
Aquí nos limitaremos a una breve lista de esas posiciones.
«Dos pueblos, dos Estados», que es muy común en gran parte del reformismo italiano (por ejemplo, en la Refondazione Comunista) y mundial, aunque a menudo sea desacreditada entre los activistas más informados. «Solución de un solo Estado», un sustituto de los «dos Estados», igualmente sin fundamento. El «reconocimiento de las resoluciones de la ONU», muy común en casi todas las fuerzas, incluidas aquellas que se definen como comunistas, que así aceptan implícitamente la división de 1947.
Sobre este último tema, tienden a sucumbir también organizaciones que presentan una apariencia más radical, como por ejemplo la Red Comunista (que participa en Pap y dirige USB y varias estructuras juveniles en las primeras filas de las movilizaciones, como OSA y Cambiare Rotta). Se trata de aquellas organizaciones que reivindican el «comunismo novecentista», entendiendo no (como nosotros) el Octubre de 1917 y la batalla antiestalinista del trotskismo para defender el bolchevismo, sino un estalinismo criticado superficialmente. Organizaciones que ven en Venezuela el «socialismo del siglo XXI» (2). Son las mismas fuerzas que reivindican el castro-chavismo y sostienen un «multipolarismo» en el que China y Rusia (es decir, dos saqueadores imperialistas, como los habría definido Lenin) desempeñarían un papel progresista en contraposición a los otros saqueadores imperialistas liderados por Estados Unidos.
Existen aún organizaciones que se definen como «trotskistas», como es el caso del PCR (ex Falcemartello), que en nombre de una supuesta pureza «clasista» (pero que no es más que una incomprensión de la posición leninista), partiendo de la (falsa) premisa según la cual «Israel es una nación y no podemos hacer un llamado a su abolición» (3), invoca la creación de «un frente único entre el pueblo palestino y la clase obrera y los sectores progresistas (sic) de la sociedad israelí» (4). Una clase obrera que obviamente existe en «Israel», pero que está constituida por una casta que goza de privilegios coloniales, a los que tal vez algún día renuncie en una pequeña parte (así nos enseña la historia de otras luchas de liberación), pero cuando sea destruido el Estado de «Israel», solo una minoría absoluta de ex «israelíes» aceptará vivir en paz en Palestina.
La realidad es que, desde el nacimiento de ese monstruo al que llamaron «Israel», solo los trotskistas consecuentes defendieron que la única perspectiva revolucionaria pasaba por el fin de este enclave colonial y la liberación de toda Palestina «del río al mar» (5), como parte de un programa de «revolución permanente» para construir los Estados Unidos Socialistas de Oriente Medio.
Incluso por eso, un partido verdaderamente marxista, es decir, trotskista, en Italia y a escala internacional, es el objetivo al que deben apuntar todos aquellos jóvenes y trabajadores que luchan por Palestina, que luchan por construir una alternativa al capitalismo en descomposición. Una alternativa que solo puede ser comunista.
Notas
(1) Véase nuestro Dal fiume al mare. Dalla parte della Resistenza palestinese (ed. Rjazanov, 2025).
(2) La Red de Comunistas apoyó con entusiasmo el régimen (ultrarrepresivo) de Maduro, enviando delegaciones a Caracas y participando en el lanzamiento de la «Internacional Antifascista» promovida por el régimen. Véase, por ejemplo. https://contropiano.org/documenti/2025/01/13/internazionale-antifascista-il-programma-0179279
Ni siquiera la capitulación explícita de la «cara amiga» Delcy Rodríguez (como la definió Trump) ante EE. UU. parece haber provocado una reevaluación. Todo se explica como «astucia táctica» del régimen
(3) Véase Alan Woods y Ted Grant, Il marxismo e la questione nazionale, aquí en traducción al italiano https://rivoluzione.red/il-marxismo-e-la-questione-nazionale/
(4) Véase «¡Basta de hipocresía! ¡Defendamos Gaza!» (11/10/23) https://rivoluzione.red/basta-ipocrisia-difendere-gaza-la-dichiarazione-della-tmi/
(5) No es casualidad que el PCR, que no es coherente con su propia autodefinición como «trotskista», rechace esta reivindicación. Véase nuestra polémica:
[1] Hasbara, un término hebreo que significa «explicación», se refiere a la forma en que el sionismo hace propaganda ideológica mediante el uso de la desinformación para justificar sus acciones genocidas y de limpieza étnica en Palestina.
[2] En EE. UU. y Canadá, estas zonas fueron establecidas en el siglo XIX por sus gobiernos para confinar a las poblaciones locales con el fin de favorecer la expansión territorial de los colonos. (Diccionario Treccani)




