Activista fue agredido y no recibió protección de la policía, que presenció las amenazas de skinheads [1]

Desde el año pasado, una ola de agresiones a homosexuales viene sorprendiendo en Sao Paulo. Ese año, el caso de un menor, acompañado por otros dos menores y un mayor de edad, que agredió a un joven con un tubo fluorescente, fue destacado en los noticieros de todo el país.


Fue en ese contexto que, en la madrugada del miércoles 23 de marzo, Guilherme Rodrigues, activista del movimiento GLBT y militante del PSTU, fue cobardemente agredido por cuatro skinheads en la Rua Augusta, zona central de Sao Paulo. Estaba parado en una gasolinera, en la esquina de la Rua Peixoto Gomide, cuando avistó a los cuatro jóvenes tratando de agredir a una pareja gay.

La pareja huyó pero los skinheads no se conformaron y se echaron encima de Guilherme con empujones, puñetazos y patadas. Los trabajadores de la gasolinera intervinieron, pero no los pararon. “No se amedrentaron ante el personal del lugar y continuaban amenazando y agrediendo”, cuenta Guilherme. Un patrullero que pasaba por el lugar paró. Sin embargo, el activista en lugar de seguridad sintió desprecio y prejuicio.

La policía Lucimeire Ribeiro de Sales se rehusó a reconocer el acto como delito de homofobia y trató de disuadir a la víctima de efectuar la denuncia. “Ella decía ‘¿tiene certeza que quiere ir a la comisaría? Cuando salga de allí es sálvese quien pueda’, dando a entender que ellos podrían pegarme de nuevo”, dijo Guilherme.

En la comisaría, ella dio la versión de los agresores: la de que Guilherme les había hecho insinuaciones vulgares. Fue necesario que un trabajador de la gasolinera atestiguara y desmintiera la versión. El hombre confirmó que Guilherme fue agredido por ser gay. Los agresores tienen nombres: Willyan Hoffmann da Silva, estudiante; Vinícius Siqueli de Paula, operador de telemarketing; Daniel Moura Fragozo, estudiante; Milton Luiz Santo André, estudiante.

Los skinheads no se intimidaron ni ante la policía y continuaron amenazando. “Decían que me iban a agarrar, que sabían quién era yo, no pararon de amenazarme ni en la comisaría, delante de la policía”, dijo Guilherme. Por el contrario, la postura de la policía sólo les dio más seguridad y certeza de impunidad.

A pesar de todo, el ataque fue registrado. Fueron denunciados por delitos de lesión corporal (art. 129), injuria (art. 140) y amenaza (art. 147). Sin embargo, la formalización de la denuncia sólo se dio por la persistencia y el coraje de Guilherme y no porque la policía haya cumplido con su tarea.

Pero esas no fueron las únicas aberraciones. A la víctima se le negó el derecho a usar el teléfono. Durante el registro del ataque tuvo que dar sus datos, incluso teléfono y dirección, en el mismo lugar donde se encontraban los skinheads. A la salida los agresores fueron puestos en libertad junto con él. La misma policía, Lucimeire, se rehusó a llevarlo, alegando que “tenía otra cosa que hacer”.

Guilherme tuvo que contar con la ayuda de amigos para desaparecer. Al día siguiente, fue al IML (Instituto Médico Legal), donde se “constató la lesión”.

Impunidad criminal

Ahora, Guilherme está bajo amenaza, y los agresores están libres, pudiendo atacarlo nuevamente en cualquier momento. “Si le sucede cualquier cosa, quienes tienen que responder es la policía, el gobierno del Estado, la Secretaría de Seguridad”, afirmó Douglas Borges, de la Secretaría Nacional GLBT del PSTU. “Esa policía y todos los otros que presenciaron la denuncia son cómplices de esa violencia, porque presenciaron las amenazas y no hicieron nada para garantizar la seguridad del compañero”, dijo.

Este no es un hecho aislado en São Paulo, lamentablemente. En los últimos meses, sucedieron una serie de agresiones y actos homofóbicos, principalmente en la zona de la Avenida Paulista, donde Guilherme fue agredido. En general, las agresiones parten de bandas fascistas, compuestas por jóvenes blancos de clase media que se organizan y salen a las calles a la “caza” gays. La impunidad y el prejuicio abren espacio a que grupos fascistas como este se sigan organizando y atacando libremente.

Esa violencia hizo que el movimiento GLBT reaccionara y se uniera para denunciar y acabar con esa barbaridad. Guilherme es uno de los activistas que está al frente de esa organización; y no está solo. El 27 de marzo, a las 14 horas, Guilherme entregará el informe del IML. “La idea es reunir el mayor número de personas posible frente a la comisaría, transformar la entrega del informe en un gran acto de solidaridad y de rebelión por todas las agresiones contra homosexuales”, proclama Douglas.

El movimiento GLBT hoy lucha por la aprobación del proyecto de ley que convierte a la homofobia en un delito. La historia descripta demuestra la necesidad y la urgencia de esa medida. No será una banda de jóvenes fascistas que va a silenciar a quienes manifiestan por igualdad de derechos.
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[1]Skinheads, término que significa cabezas rapadas, es utilizado para denominar a los miembros de un movimiento juvenil originado en Jamaica y después llevado a Gran Bretaña en los años 1960. Son bandas racistas y discriminatorias
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Traducción Laura Sánchez