search
Angola

ANGOLA: Una ola de huelgas sacude al país

José Hata

septiembre 30, 2026

En los últimos días, Angola vivió una ola de huelgas. Fueron los trabajadores de la construcción civil que trabajan en la industria petrolera, funcionarios judiciales, técnicos de mantenimiento de la compañía aérea TAAG, trabajadores de la empresa de aguas de Benguela y profesores de enseñanza primaria y secundaria.

La situación del país es insostenible. La combinación del elevado índice de desempleo, una vida basada en el subempleo —especialmente entre las vendedoras ambulantes conocidas como zungueiras— y el aumento de los precios de los alimentos ha vuelto la vida insostenible.

La economía del país va muy bien. Angola disputa con Nigeria quién es el mayor productor de petróleo del África subsahariana. Ambos tienen una producción media de un millón de barriles diarios. Además, existe la explotación de numerosos minerales, entre ellos los diamantes. ¿Y adónde va ese dinero?, se preguntan los trabajadores. La dictadura, obviamente, impide la libre circulación de noticias y los trabajadores concluyen que solo les queda la huelga.

Organizar la lucha en Angola no es una tarea fácil. En primer lugar, los trabajadores deben animarse a luchar contra una dictadura que tiene más de cincuenta años y que cuenta en su historial con el asesinato de al menos 50.000 opositores durante el proceso conocido como el 27 de mayo de 1977. Superada esta primera barrera, aparece la segunda: la ilusión electoral. El próximo año habrá elecciones y las ilusiones electorales llevan a las personas a creer en un nuevo país con pleno empleo y sin hambre. Los vendedores de ilusiones hablan de una Angola al margen de la crisis económica mundial, como si el país fuera una isla tranquila en medio de un mar agitado.

Superadas estas dos barreras, los trabajadores llegan entonces a los sindicatos. Aquí comienza otro tipo de obstáculo: la burocracia sindical. Los trabajadores, educados bajo la dictadura dentro del modelo que se acordó llamar afroestalinismo, todavía no aprendieron las artimañas de la burocracia sindical y, por lo tanto, todavía no aprendieron a luchar contra ella.

La huelga de los profesores

La huelga de los profesores fue corta, con una enorme participación, pero sin ningún ejercicio de participación de las bases, es decir, sin democracia obrera.

Una vez anunciada la huelga, la orden fue: ¡todos en casa! La excusa para que los profesores no salieran de sus casas era la represión estatal, pero en realidad esto escondía otra medida: dejar a la dirección sindical con las manos libres para negociar a su antojo. Los trabajadores obedecieron. Después de tres días de huelga, la dirección sindical abrió negociaciones con el gobierno y, al cuarto día, ya había suspendido la huelga.

La negociación y el acuerdo se hicieron a espaldas de los trabajadores. Novo Jornal, en su edición electrónica del 28 de septiembre, describe el final de la huelga de la siguiente manera: “A pesar de que 13 provincias, incluida Luanda, rechazaron la suspensión de la huelga, el Sindicato Nacional de Profesores (SINPROF), en nombre del interés público, decidió suspender la paralización, después de que el Gobierno garantizara atender los puntos que aún quedan pendientes”.

El Movimiento Tercera División, durante la huelga, expresó su preocupación por el rumbo de la medida y alertó sobre el problema de los enormes gastos destinados a la deuda pública, mientras la educación recibe un porcentaje mínimo del Presupuesto General del Estado.

Después de la huelga, en un nuevo pronunciamiento, Tercera División llamó a los profesores a no bajar la guardia y a prepararse para una nueva movilización, ya que no existen garantías de que el gobierno vaya a cumplir lo acordado, dadas las precarias condiciones de una economía basada en la explotación de commodities controladas por las multinacionales.

También según Tercera División, la próxima lucha deberá ser dirigida por la dirección del sindicato y contar con una amplia participación de los profesores a través de Comandos de Huelga en las regiones y de asambleas que decidan cada paso, ya que la dirección del SINPROF fue reprobada como un mal alumno que “no escucha a los profesores”.

Lea también