Nuestro pueblo está entablando una batalla obstinada contra el régimen dictatorial de Lukashenko, sus órganos represivos, y sus extensiones dentro de las fábricas y universidades, en la figura de sus administraciones. En los últimos días, estudiantes y profesores universitarios, junto con graduados, mostraron su capacidad de transformar las universidades en focos de lucha, defender a sus camaradas contra los ataques de los rectores puestos por la dictadura. Trabajadores en huelga de las fábricas Atlant, GrodnoAzot, METZ; Trabajadores de la BELAZ que defendieron a sus camaradas; la resistencia estoica del comité de huelga de Belaruskali; las huelgas-tortuga [trabajo a reglamento] y el sabotaje silencioso en otras empresas en oposición a las represiones realmente fascistas demostraron que la clase obrera es capaz, cuando se desarrolla con su fuerza total: de ella depende todo. Las calles se llenan de marchas. Jóvenes, mujeres y abuelos dieron ejemplos supremos de coraje y valentía en el momento crucial.

Por: POI, Rusia

Hoy, es preciso, antes que nada, ¡dar todo apoyo a los huelguistas y salir en defensa de las personas por despidos y expulsiones por motivos políticos! Aquellos que no consiguieron defenderse deben recibir todo el apoyo necesario de sus camaradas. Y no debe perder el contacto con ellos, porque este es solo el comienzo del proceso revolucionario.

El régimen de Lukashenko se apoya exclusivamente sobre el aparato represivo y la represión brutal y está adquiriendo cada vez más las características de un régimen de ocupación. Eso se combina con la entrega de los restos de soberanía del país a Putin. Esas son señales de su debilidad. El régimen no tiene futuro. El rechazo a los agentes represores, la escala de solidaridad entre obreros y estudiantes, manifestantes y moradores de los barrios, nos dan todo el derecho de decirlo. Pero el régimen todavía no cayó. Porque incluso con la amplia solidaridad de nuestra lucha, le falta una organización centralizada para atraer a las masas a una acción real y única que destruya el régimen odiado por ellas. Y nos falta una fuerza política organizada que conduzca la revolución a la victoria.

Hay que decir que el Consejo Coordinador y Tikhanovskaya no estuvieron a la altura de las tareas de la revolución bielorrusa. Siempre orientaron a las personas al “diálogo” con la dictadura y su salida de a poco. Luego de la falsificación, ella [Tikhanovskaya] no quiso convocar al pueblo a salir a las calles y SE OPUSO a las huelgas cuando estas se desataron como respuesta al terror; entonces, cuando estaban golpeados por la represión y se encontraban en una situación difícil, ella convocó a una huelga general, sin prever los obstáculos y contraataques del régimen, sin ofrecer cualesquiera contramedidas.

Ellos mostraron que no se puede esperar de ellos la lucha consecuente contra la dictadura. Ellos no pueden, consecuentemente, conducirla hasta la caída del régimen. Y sus insinuaciones frente a los burócratas de la Unión Europea (UE) y de las finanzas europeas, por un lado, y las reverencias al régimen del Putin, por otro, proponiéndole tomar parte en la decisión del destino de Belarús, demuestran completa incapacidad de luchar por la independencia el país.

Los huelguistas y activistas merecen nuestra admiración y total apoyo. Al mismo tiempo, ellos y todos nosotros merecemos una dirección mejor, que no defenderá un “diálogo” más con la dictadura sino la salida no solo de Lukashenko sino la caída y el desmantelamiento de todo el régimen con sus equipos de represión, “jueces”, y la vertical administración represiva; que no pondrá a los activistas en el papel de simples mártires y víctimas de régimen, con perspectiva de emigración o prisión, sino que usará métodos cada vez más poderosos y eficaces, comprensibles para la mayoría de la clase, para conducir al pueblo de forma responsable hacia la victoria.

Para direccionar al máximo la energía del pueblo hacia el objetivo de derrocar el régimen, es necesario hoy en cada máquina, taller, fábrica, escuela, universidad, a partir de los grupos de “partisanos” de hecho existentes, comenzar a construir una RED de resistencia que una en un único organismo a los que están trabajando y a los que fueron despedidos, y que se torne la base sobre la cual unir a los obreros y los estudiantes, el pueblo trabajador, y los barrios donde viven. Pero, para tener éxito, esta organización, de acuerdo con sus características y métodos, debe responder a la tarea de derrocar el régimen represor con características de gobierno ocupante, proteger a las personas de la represión, y ser capaz de defenderse del movimiento de los agentes represores.

Más de cien años pasaron desde la victoria sobre el zarismo, con su “prisión de los pueblos” imperial en 1917; 75 años de la victoria sobre la ocupación nazi, con sus agentes represivos y el genocidio de nuestro pueblo, y 30 años desde la victoria sobre la dictadura estalinista del PCUS y su prisión de pueblos. Pero las tareas de los obreros, de la juventud y del pueblo son las mismas, los adversarios son los mismos, y los “muros”[1] son los mismos. Hoy estamos enfrentando a un dictador, un exburócrata de una estancia colectiva, ahora zar de Belarús, bajo los auspicios del nuevo zar ruso, y encadenado por una serie de préstamos occidentales. Resistimos a la dependencia de Belarús en relación con las grandes potencias, en la comprensión de que ni los oligarcas rusos con Putin ni los banqueros europeos con sus burócratas necesitan ni de la caída del régimen autoritario por una revolución popular y ni de la independencia de Belarús. Ellos no son nuestro aliados. Solo podemos derrocar el régimen nosotros mismos, con la ayuda de nuestros hermanos, los trabajadores de otros países de Europa Oriental y los pueblos de la Federación Rusa. Ellos tienen los mismos problemas que nosotros.

No es en vano que las protestas que comenzaron en Polonia toman el ejemplo de Belarús, y el gobierno polaco, en respuesta, repite la cantilena de Lukashenko contra los “pogromistas” e “revoltosos”. La revolución en Kirguistán es vista como hermana de la revolución bielorrusa. ¡Y la solidaridad entre las protestas en Jabárovsk [en el extremo oriente ruso] y Belarús no es un buen presagio para los opresores, porque “No hay lugar para dictaduras de Jabárovsk a Brest!”.

El pueblo de Belarús, que desafió a la dictadura y que lucha por la independencia del país, ingresa en la lucha internacional de los trabajadores y de los pueblos del mundo en un torrente tempestuoso. Y la mundialmente famosa canción “Muros” suena ahora bien alto en bielorruso. La Liga Internacional de los Trabajadores llama a unirse a esta lucha.

¡Viva Belarús!

[1] Se evoca el nombre de la canción “Muros”, la versión bielorrusa de la canción catalana l’Estaca, que existe en catalán, vasco, corso, polaco, bielorruso, ruso. La canción se hizo un himno de la actual revolución bielorrusa.

Traducción: Natalia Estrada.