La agresión al compañero Guilherme (militante de la Secretaría de Gays, Lésbicas, Bisexuales y Transgéneros del PSTU y del Grupo deTrabajo GLBT de CSP-Conlutas) fue nada más que la más reciente de una terrible ola de ataques homofóbicos. Una ola que sólo puede ser interrumpida por la resistencia que se está construyendo.

El cobarde y asqueroso ataque al compañero Guilherme está lejos de ser algo excepcional en Brasil; muy por el contrario. Lo que, ciertamente, lo hace algo diferente de tantos otros delitos motivados por la homofobia en Brasil, fueron dos cosas: primero, activista del movimiento, Guilherme tuvo el coraje y los apoyos necesarios para denunciar lo sucedido; segundo y, felizmente, a diferencia de muchos otros casos, a pesar de las amenazas, de la humillación y de las agresiones psicológicas que el compañero enfrentó, sobrevivió al ataque.

En las últimas tres décadas, más de 3.300 homosexuales brasileños no tuvieron la misma “suerte”. El año pasado, el Grupo Gay de Bahía (GGB), una de las organizaciones más antiguas del sector, divulgó datos que revelan que Brasil es el “campeón mundial” de asesinatos contra la comunidad GLBT (gays, lésbicas, bisexuales, travestis y transexuales). Solo en el 2010 hubo 254 muertos en todo el país, confirmando la estadística que demuestra que, hace años, cada dos días, un(a) brasileño(a) es asesinado(a) simplemente porque no se encuadra en el patrón heterosexual.

Los números, lamentablemente, ni siquiera llegan cerca de la realidad, ya que el mismo prejuicio que victimiza a GLBT’s impide que la violencia contra ellos sea registrada (ya sea por la “discreción” impuesta por los familiares, ya por la resistencia de los organismos policiales, como, nuevamente, fue evidente en el caso del compañero). Exactamente por eso, el GGB basa su investigación sólo en los registros que surgen en los medios durante el período.

Violencia creciente

Lo que está claro, con todo, es que existe una oleada creciente. Los 254 muertos del 2010 indican un terrible aumento de la violencia en relación al año anterior, cuando se registraron 198 asesinatos. Para tener una idea del significado de esto, baste recordar que, en el mismo período, se registraron 35 crímenes semejantes en México y 25 en Estados Unidos, países que ocupan respectivamente el 2° y 3° lugar en este ranking macabro.

Entre los 198 muertos del 2009, 117 (59%) eran gays, 72 travestis (59%) y 9 eran lesbianas (4%). El año anterior, 2008, murieron 189, lo que, incluso, significó un aumento del 61% en relación al 2007 (122). Desde que el GGB fue creado, y comenzaron las estadísticas reales, se registraron 3.330 ataques letales contra homosexuales.

Los crímenes se expanden por todo el país, concentrándose en las áreas metropolitanas de estados tan distintos como Bahía, en el nordeste, y Paraná, en el sur (cada uno con 25 homicidios, en el 2010); Pernambuco (14 muertes), Alagoas (11), Sao Paulo y Minas Gerais (cada uno con 5 asesinatos).

El crecimiento de la violencia homofóbica en Sao Paulo, donde se concentraron los ataques más recientes, también ya se pudieron verificar desde el año pasado. Entre enero y noviembre ya habían sido registradas 19 muertes, mostrando que la capital paulista había saltado al segundo lugar entre las metrópolis más homofóbicas.

Sobra decir que la gigantesca mayoría de estos asesinatos ni siquiera fueron debidamente investigados. La impunidad es la regla en estos casos. Una norma, dictada por el propio Estado que, como no podría dejar de ser, ve estos homicidios con el mismo desprecio con que ellos son tratados por la élite “blanca-heterosexual” que representa.

El abandono del gobierno de Lula

La llegada de Lula al poder en nada cambió esta situación. En realidad, como los números lo demuestran, la homofobia y sus consecuencias, muchas veces letales, no pararon de aumentar. Así como en el resto, la alianza del ex obrero con la burguesía brasileña, y su sumisión a sus intereses e ideología (incluso en lo que se refiere a temas de opresión) tuvo como resultado un aumento del ataque contra las condiciones de vida de los explotados y oprimidos.

De la misma forma, otra “marca registrada” del gobierno de Frente Popular, la cooptación de los movimientos sociales, también jugó un importante papel en esta historia. Una situación llena de contradicciones.

Por un lado, por ejemplo, Sao Paulo es sede de la mayor Marcha del Orgullo GLBT del mundo. Por otro, esta misma movilización se convirtió en un evento festivo (muchísimos celebrando y apoyando, por amplios sectores del mercado local) y despolitizado ya que, hace una década, salir a las calles a “celebrar” fantasiosas conquistas como el proyecto “Brasil sin homofobia”, un proyecto del gobierno de Lula que, valgan verdades, nunca salió del papel. 

El grado de despolitización y cooptación de este evento organizado por los sectores mayoritarios (y oficialistas) del movimiento quedó evidente en el 2009, cuando estos utilizaron el aparato policial para retirar el carro de sonido del GT GLBT de la entonces Coordinadora Nacional de Luchas (actual CSP-Conlutas), lo que resultó en la agresión y apresamiento de varios compañeros.

El 19 de enero, en una marcha organizada por sectores independientes del movimiento GLBT, y que reunió a cerca de 1.500 personas, como reacción a la ola de ataques en Sao Paulo, Douglas Borges, dirigente de la Secretaría GLBT del PSTU, se refirió a esta contradicción recordando: “Los responsables de la homofobia no son solamente aquellos que explotan bombas en nuestras caras, sino también aquellos que lo encubren y son cómplices por omisión. Si tenemos que estar aquí hoy es porque pasaron ocho años de gobierno de Lula, del cual muchos esperaban medidas efectivas contra la homofobia, así y todo, nada se hizo. No veo nada. Así como todo lo demás que prometió al pueblo, Lula nos dejó del otro lado de la mesa, esperando migajas,  mientras la homofobia corría libre”.

La lucha por los derechos y por la criminalización de la homofobia

Recientemente, como fruto de las luchas que el movimiento GLBT realizó en el correr de las últimas décadas -y sus sectores más combativos continúan realizando- fueron aprobadas, en todo el país, una serie de resoluciones de órganos municipales o de los estados que extienden algunos pocos derechos a los homosexuales, sin embargo, el hecho es que no existe ninguna legislación específica que garantice derechos plenos para los homosexuales (como sector civil), mucho menos existe la posibilidad legal de defenderse en casos de homofobia, ya que no existe tal delito en el código penal brasileño.

Mientras tanto, además de las muertes, los casos de prejuicio y discriminación no paran de crecer. Gays y lesbianas tienen “legalmente” prohibido donar sangre; estudiantes son perseguidos y agredidos en las escuelas; trabajadores sufren acoso moral en sus empleos y, con una frecuencia cada vez mayor, bandas homofóbicas se sienten libres y protegidas por la impunidad para atacar a las personas en la calle.

Desde fines del año pasado, estos ataques (leer el recuadro más abajo) ganaron presencia exactamente por atacar en una región que la propia comunidad GLBT considera “territorio liberado”, un área próxima a la Avenida Paulista que hace años cobija a decenas de locales frecuentados por gays y lesbianas, y donde, por ejemplo, es común encontrar parejas tomadas de las manos (cosa rarísima, ya que es considerado “peligroso”, en el resto de la ciudad).

A fines de diciembre del 2010, sectores independientes del movimiento GLBT, con la activa participación de los militantes del PSTU –incluso del compañero Guilherme- comenzaron a organizar una reacción, primero vía internet, después a través de la realización de la Marcha del 19 de enero. 

Convocada para demostrar la indignación ante la sucesión de agresiones, la Marcha tuvo como principal bandera la lucha por la aprobación del Proyecto de Ley 122/2006, que consagra criminal la discriminación en función de la orientación sexual, deficiencia, edad o género, y que está encarpetada hace 4 años en el congreso.

Es evidente que la simple aprobación del PLC 122/06 está lejos de significar un fin de los ataques homofóbicos. Basta recordar que, desde 1988, Brasil tiene una ley que consagra al racismo un crimen inafianzable, lo que hasta hoy, incluso, en poco o casi nada ha hecho en términos prácticos.

Sin embargo, esta sería una importante victoria para el movimiento GLBT y una garantía mínima para que episodios lamentables como el que le sucedió a nuestro compañero, o peores aún, como los que le quitaron la vida a miles, no vuelvan a ocurrir o como mínimo no queden impunes.

Recuadro
Un resumen histórico de los hechos en la capital paulista

14 de noviembre: Cuatro menores y un mayor de edad agreden cobardemente -con golpes, puntapiés y tubos fluorescentes- a tres jóvenes en las proximidades de la Av. Brigadeiro Luís Antonio.

Fines de noviembre: El director de la Universidad Mackenzie emite una declaración contraria a la aprobación del PLC 122/06, afirmando que “enseñar y predicar contra la práctica del homosexualismo (sic) no es homofobia, por entender que una ley de esa naturaleza maximiza derechos a un determinado grupo de ciudadanos”. También, de acuerdo con lo que dice el reaccionario, “ls Escrituras Sagradas, sobre las cuales la Iglesia Presbiteriana de Brasil [que controla la universidad] afirma sus creencias y prácticas, enseñando que Dios creó a la humanidad con una diferenciación sexual (hombre y mujer) y con propósitos heterosexuales específicos que incluyen el casamiento, la unidad sexual y la procreación”.

Inicios de diciembre: Conversaciones y articulaciones en Facebook llevan a cientos de personas al frente de la Universidad Mackenzie para protestar contra las declaraciones del director.

4 y 5 de diciembre: El sábado, dos hombres de 28 años fueron golpeados (uno de ellos hasta quedar inconsciente) en la Paulista. Al día siguiente, una pareja de jóvenes fue agredida en la Rua Frei Caneca por un hombre que usaba una manopla de hierro.

12 de diciembre: Ya conocidos como “Acto Antihomofobia en Facebook”, el grupo convoca a una “besada” frente a la Dulcería Ofner de la Alameda Campinas, en respuesta a la discriminación sufrida por una pareja homosexual que se abrazaba dentro del establecimiento. Un empleado los reprendió diciendo que allí “era un lugar de familia”, y que ellos no deberían comportarse como “maricas”. La manifestación reunió a cerca de 500 personas.

21 de diciembre: Una muchacha recibió puñetazos y empujones después de besar a una amiga en la Rua Augusta.

Inicios de enero del 2011: Una pareja de lesbianas recibió patadas y puntapiés dentro de una sucursal de la red McDonald’s, en Taboão da Serra, en el Gran Sao Paulo.

16 de enero: Thiago da Silva Vallin, de 25 años, habitante de un condominio de la Rua Bela Cintra, agredió a otro habitante de 53 años. La víctima tuvo que ser hospitalizada en la Santa Casa. El ataque sucedió después de varias amenazas y agresiones hechas por Thiago y que ya habían sido denunciadas por la víctima.

25 de enero: Un grupo de jóvenes vestidos de negro atacó con botellas a un estudiante de 27 años, que recibió un botellazo en el ojo derecho y fue a parar al hospital. El ataque sucedió en uno de los espacios más frecuentados por la comunidad GLBT, la esquina de las calles Frei Caneca y Peixoto Gomide. Tres meses después, el compañero Guilherme fue agredido en proximidades de la misma esquina.