A 80 años del asesinato de León Trotsky y a 82 de la fundación de la Cuarta, hoy sentimos, más que nunca, la ausencia de una dirección revolucionaria internacional.  La combinación de la crisis económica mundial con la pandemia del coronavirus, pone al rojo vivo esa ausencia.

Por Alicia Sagra

La pandemia del coronavirus, no ataca a todos por igual, no estamos todos en el mismo barco, enfrentando al huracán, como nos quieren hacer creer.

Son los trabajadores de la salud, los trabajadores en general, los pobres, los negros, los indígenas del mundo, las principales víctimas que mueren en los hospitales públicos desabastecidos, o en las calles por falta de atención médica.

La burguesía se queja por la disminución de sus ganancias. Pero no son sus familias, no son sus hijos, los que sufren el desempleo y el hambre, los que viven hacinados en casas miserables, sin agua, sin cloacas, en medio de esa pandemia que, al mismo tiempo, ha hecho que los billonarios del mundo multipliquen sus riquezas.

Como nunca se ve la desigualdad social y su significado en relación a la vida y la muerte.  El capitalismo aparece al descubierto, mostrando con claridad que no puede garantizar lo elemental: la vida.

Y ese verdadero genocidio, está provocando grandes reacciones de los explotados y oprimidos. El infame asesinato de George Floyd, así como la explosión del puerto de Beirut fueron los detonantes de las multitudinarias movilizaciones de EEUU y el Líbano. De la misma manera que la situación de los presos mapuches ha hecho resurgir las movilizaciones en Chile.  Pero por detrás de esas reacciones obreras y populares, que todo indica que se repetirán en diferentes partes del mundo, está la bronca acumulada por todo lo que se está viviendo y sufriendo y muestran la necesidad de encarar una lucha unificada en contra de todos los gobiernos capitalistas. Nunca ha sido tan evidente como ahora, la verdad de la consigna que dice: el capitalismo mata, muerte al capitalismo. Y es por eso, es que se siente tanto la falta de una dirección revolucionaria mundial, que nos dirija en ese camino, el de la derrota del capitalismo imperialista y la construcción del socialismo.

Por qué y para qué se fundó la IV Internacional

En uno de los peores momentos de la situación de la lucha de clases a nivel mundial, con el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia, Franco dominando España, China bajo la ocupación japonesa, el terror estalinista en la URSS, la mayoría de los países latinoamericanos dominados por dictaduras, Trotsky dijo que no había tarea más importante que la construcción de la IV Internacional.

En la década del 30 del siglo pasado, el que había sido el segundo gran dirigente, después de Lenin, de la revolución rusa, el creador y jefe del Ejército Rojo que garantizó el triunfo de la guerra civil, consideraba que la tarea más importante de su vida era la batalla por la construcción de la Cuarta. Hacía esa afirmación argumentando que la toma del poder en octubre del 1917 se hubiera podido dar sin él, porque estaba Lenin para garantizarlo, pero que en ese momento no había nadie más que pudiese garantizar la construcción de la Cuarta. Y para él, esa era la tarea clave porque había que preservar los principios, el programa y la tradición del leninismo ante la avalancha contrarrevolucionaria que se estaba viviendo, y así poder estar armados para el próximo ascenso revolucionario que sin duda vendría.

A los que le decían que ese no era el momento, que había que esperar grandes acontecimientos, como el de la toma del poder en Rusia que posibilitó la construcción de la Tercera, les respondía “Los escépticos preguntan: pero, ¿ha llegado el momento de crear una nueva internacional? Es imposible, dicen, crear una Internacional ‘artificialmente’, ‘solo grandes acontecimientos pueden hacerla surgir’ (…) La Cuarta Internacional ya surgió de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en la historia.

“La causa de esas derrotas está en la degeneración y la traición de la antigua dirección. La lucha de clases no admite interrupción. Para la revolución, la Tercera Internacional, después de la Segunda, ha muerto. ¡Viva la IV Internacional!”.

No actuó así, la gran mayoría de los que se reivindicaban trotskistas, después de que los procesos revolucionarios del Este europeo de 1989-91, destruyeron el aparato central del estalinismo. El máximo ejemplo fue el del Secretariado Unificado (SU), en ese momento la mayor referencia del trotskismo a nivel mundial. A partir de caracterizar que se había producido una gran derrota que alejaba la revolución por años, sacaron la dictadura del proletariado de su programa, llamaron a construir partidos comunes con los reformistas y por supuesto abandonaron la tarea de la reconstrucción de la IV Internacional, en lo que rápidamente fueron acompañadas por agrupamientos menores.

Otras organizaciones que se reivindican trotskistas, como las que integran el FIT en Argentina, mantienen una actitud centrista en relación a la IV Internacional. Por un lado, siguen hablando, en los actos del 20-21 de agosto, de la reconstrucción de la Cuarta, pero por otro lado en el día a día abandonaron (algunos, como el PO, nunca la tuvieron), la tarea de avanzar en la construcción de un partido revolucionario mundial. Se conforman con organizaciones internacionales sin ningún centralismo, o construyendo sucursales de sus partidos madres y llaman a la construcción de partidos nacionales con tendencias permanentes.

Cómo y con quien reconstruir la IV Internacional, como continuidad revolucionaria de la Internacional Comunista

La LIT-CI se fundó, en 1982, con el objetivo de ponerse al servicio de la reconstrucción de la IV Internacional. Seguimos defendiendo lo mismo. La cuestión es ¿con quienes encarar esa reconstrucción?

No es coherente plantearse encarar esa reconstrucción con quienes explícitamente han abandonado esa tarea o con los que en los hechos se dedican a construir o llaman a construir organizaciones que son lo opuesto al modelo reivindicado por Trotsky para la Cuarta y sus partidos. Como decía Trotsky «Es evidente que no se puede pensar en construir una nueva Internacional en base a organizaciones que parten de principios profundamente distintos y a veces opuestos. La Oposición de Izquierda llevó a la Conferencia su propio programa con el objetivo de ayudar a la separación principista de los reformistas y los centristas, y nuclear a las organizaciones revolucionarias».[1]

Eso no significa que nosotros nos consideremos la IV Internacional, como en un momento hicieron el lambertismo y el Partido Obrero de Argentina. Siguiendo el ejemplo de Trotsky, llamamos a reconstruir la Internacional a quienes coincidan y lo muestren en su accionar, en la necesidad de construir un partido revolucionario mundial, tengan origen en el trotskismo o no.  Y queremos hacerlo con el mismo método que él propuso. A partir, no de acuerdos tácticos, coyunturales, ni de llamados a Conferencias-Actos, sino encarando una profunda discusión programática, que incluya criterios organizativos, metodológicos y morales.

Trotsky no deja ninguna duda en relación a que la Internacional que llama a construir es la continuidad de la Tercera dirigida por Lenin.  En agosto de 1933 dice:

“No puede haber política revolucionaria sin teoría revolucionaria. Aquí es donde tenemos menos necesidad de partir de cero. Nos basamos en Marx y Engels. Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos legaron una herencia programática invalorable: el carácter de la era moderna como época del imperialismo, es decir, de decadencia del capitalismo; el reformismo moderno y los métodos de lucha contra el mismo, la relación entre la democracia y la dictadura proletaria, el papel del partido en la revolución proletaria; la relación entre el proletariado y la pequeña burguesía, especialmente el campesinado (cuestión agraria); el problema de las nacionalidades y la lucha de los pueblos coloniales por la liberación; el trabajo en los sindicatos; la política del frente único; la relación con el parlamentarismo. Los cuatro primeros congresos sometieron todas estas cuestiones a un análisis principista que todavía no ha sido superado. Una de las tareas primarias, más urgentes, de las organizaciones que levantan la bandera de la regeneración del movimiento revolucionario consiste en separar las decisiones de los cuatro primeros congresos, ponerlas en orden y dedicarles una discusión seria a la luz de las tareas futuras del proletariado”. [2]

Y esa continuidad con la Tercera, no es solo con relación a las definiciones programáticas sino también en relación al régimen centralista democrático:

 «Sin democracia interna no hay educación revolucionaria. Sin disciplina no hay acción revolucionaria. La estructura interna de la Cuarta Internacional se basa en los principios del centralismo democrático: plena libertad de discusión, unidad completa en la acción».[3]Ese es el tipo de Internacional que defendemos cuando llamamos a reconstruir la Cuarta. Ese el tipo de partido revolucionario mundial que necesitamos para dirigir a la clase obrera hacia la derrota del imperialismo y la toma del poder, y así acabar con esta barbarie capitalista, e iniciar el camino hacia el socialismo.

Pero esa defensa no es sólo de palabra. Coherente con esa reivindicación hoy la LIT-CI, funciona con congresos internacionales cada dos años, precedidos por periodos pre congresales con amplios debates internos, algunos de los cuales, los teóricos-programáticos, los compartimos con la vanguardia a través de Marxismo Vivo, nuestra revista teórica.  Es ese régimen, que heredamos de la Tercera, el que permite que el conjunto de la Internacional pueda discutir y contrapesar las diferentes presiones y/o desviaciones nacionales que pueden sufrir cada uno de sus partidos.

Este régimen que defendemos y aplicamos, es lo opuesto del centralismo burocrático aplicado por el estalinismo, donde todo es decidido por el secretario general y donde se responde con la persecución política a quienes manifiestan diferencias.

Y tampoco tiene que ver con el régimen del “partido madre” que aplican otras organizaciones. Ese tipo de “Internacional” no sirve para contrarrestar ninguna presión o desviación nacional. Un claro ejemplo es el caso del PTS de Argentina, que está viviendo una fuerte desviación parlamentarista que no puede ser contrarrestada por los otros partidos de su corriente. Por el contrario, su funcionamiento internacional hace que el “partido madre” imponga su desviación al resto, en este caso con la táctica de “frentes electorales” en todos los países donde actúan.

Por eso no tenemos dudas en llamar a la reconstrucción de la Cuarta Internacional, como continuidad programática, metodológica y moral de la Internacional Comunista dirigida por Lenin.

Llamamos a encarar esa construcción a las obreras y obreros, a los trabajadores y jóvenes, que hoy son parte activa de las grandes y pequeñas luchas que se están dando en diferentes partes del mundo, y aspiran a avanzar en la destrucción de este sistema que nos está matando.

Tal como decía Trotsky, el Manifiesto Comunista, los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, el Programa de Transición, son una gran base teórico-programática, para esa reconstrucción, a la que habrá que hacer todas las actualizaciones que sean necesarias para responder a los nuevos desafíos.

Desde la LIT-CI nos disponemos a ayudar en esa tarea y ofrecemos para comenzar esa discusión programática, el Programa de Emergencia Contra la Pandemia y la Crisis Económica, que ponemos a disposición.[4]

Notas:

[1] Trotsky, León. Escritos, tomo V, volumen 1. Se refiere a la política con que fueron a la Conferencia de Organizaciones Socialistas y Comunistas, realizada en Francia en 1933.

[2] Trotsky, León. Escritos, tomo 3.

[3] Programa de Transición

[4] https://litci.org/es/archive/lea-y-descargue-el-programa-de-la-lit-frente-a-la-pandemia-y-la-crisis-economica/