La coyuntura alrededor del 7 de setiembre refleja una polarización de la lucha de clases que debe tener continuidad posteriormente con otras formas. Esta realidad exige del movimiento de masas una respuesta en el terreno de la autodefensa. La doble amenaza –de los grupos de la ultraderecha bolsonarista y de la policía– precisa ser respondida a la altura por el movimiento.

Por: Eduardo Almeida

Los hechos indican que existen posibilidades de ataques de grupos neonazistas y de ultraderecha contra los actos y movilizaciones. Eso puede ser coordinado con el propio Bolsonaro o con sectores de la policía. Las milicias [paramilitares] bolsonaristas son expresiones de las relaciones entre grupos de bandidos y el aparato policial. O pueden ocurrir también acciones de grupos independientes, estimulados por los discursos de odio de Bolsonaro.

Existe también la posibilidad de represiones directas de la policía, estimuladas o no por acciones de grupos black-blocs. Todas las señales indican un altísimo peso del bolsonarismo en las filas de las policías. O sea, no estamos apenas frente a un brazo armado represivo del Estado sino de una parte del aparato golpista de Bolsonaro en las policías, contra el movimiento de masas.

Este artículo fue escrito antes del 7 de setiembre, en que pueden ocurrir enfrentamientos más o menos graves con ese contenido. En ese día, ocurrirá una expresión invertida de la realidad política del país. Bolsonaro, que es repudiado por la mayoría absoluta del pueblo brasileño, tendrá mayoría en las calles, porque está bancando actos en San Pablo y Brasilia con ríos de dinero del aparato del Estado, de sectores de la burguesía y de la pequeña burguesía. De otro lado, las direcciones del PT y el PSOL, desmantelaron los actos por el Fuera Bolsonaro. Además de presentar una falsa mayoría en las calles, los grupos bolsonaristas armados amenazan acciones contra los actos de la oposición. Puede ocurrir de todo el 7 de setiembre.

De lo que no tenemos dudas es de que eso servirá de alerta al movimiento de masas. Esta realidad tendrá continuidad. La ultraderecha vino para quedarse. Esto es solo una expresión de la polarización de la lucha de clases.

Pero en esa polarización, el polo más atrasado es el del movimiento de masas. No solo las policías sino las milicias bolsonaristas están organizadas y armadas. Pero el movimiento de masas no lo está.

El cotidiano de las masas incluye el genocidio de la juventud negra por las policías en las comunidades de las grandes ciudades, la masacre continua de los dirigentes campesinos y defensores del medio ambiente por matones del agronegocio, la represión durísima contra las huelgas de los trabajadores.

Todo eso se hace sin que el movimiento de masas consiga defenderse. Y eso tiende a agravarse en el próximo período, independiente de lo que ocurra el 7 de setiembre. Más aún, ya está anunciada una tentativa de golpe por Bolsonaro, caso ocurra su probable derrota electoral.

Entonces, precisamos dar los pasos iniciales para la organización de la autodefensa del movimiento. Reiteramos que se trata de los pasos iniciales. Pero no eso no quita, al contrario, aumenta, la importancia de lo que debe hacerse.

Un primer paso es político: reconocer la propia necesidad de la autodefensa

Existe una explicación para el atraso del movimiento. La estrategia de las corrientes mayoritarias, articuladas alrededor del PT y el PSOL, es electoral. Todo se orienta a las elecciones de 2022. La traducción de esa estrategia en el terreno de la lucha de clases es, por un lado, el freno en las movilizaciones Fuera Bolsonaro. Por otro lado, el pacifismo, la confianza y la defensa de las instituciones.

Frente a las provocaciones de Bolsonaro y de los grupos de ultraderecha, las únicas respuestas son por dentro de la institucionalidad, en defensa del STF y del Congreso. Nosotros no recusamos la unidad de acción con el PT y el PSOL, así como con todos los sectores, incluso burgueses, frente a cualquier tentativa de golpe de Bolsonaro. Pero no confiamos ni apoyamos las instituciones de la democracia burguesa. Ni en la justicia burguesa, y menos aún en las fuerzas armadas “democráticas”.

Nosotros creemos que el movimiento de masas debe autoorganizarse para defenderse contra la policía y contra las milicias bolsonaristas. Y eso debe ser asumido públicamente por el movimiento. No creemos que el PT y/o el PSOL harán eso, exactamente por su estrategia electoral y pacifista. Pero llamamos públicamente a esos partidos, así como a los sindicatos, centrales sindicales, movimientos populares a asumir la autodefensa.

Esa es la mejor manera, incluso, de garantizar la existencia de las elecciones. Si no hay un avance cualitativo en las movilizaciones Fuera Bolsonaro, acompañadas de la autoorganización y la autodefensa del movimiento de masas, la amenaza de Bolsonaro contra las elecciones de 2022 se amplía.

No creemos que existan relaciones de fuerza entre las clases para un golpe militar bolsonarista victorioso. El imperialismo norteamericano, comandado por Biden, ya se manifestó explícita y categóricamente contra el golpe. La mayoría de la burguesía brasileña, incluso el gran capital financiero, industrial y parte del agronegocio claramente se apartó de Bolsonaro y busca una tercera vía con Lula. Incluso la base parlamentaria y la alta cúpula de las Fuerzas Armadas de Bolsonaro se puede dividir frente a una tentativa de golpe.

Pero la falta de relaciones de fuerza para un golpe victorioso no impide una tentativa de golpe de Bolsonaro. Él es la expresión de una burguesía lumpen, y de sectores minoritarios del capital financiero especulativo, agrario, comercial e industrial. Tiene bases militares importantes en las policías, en sectores de las Fuerzas Armadas, en sus milicias gansteriles y de ultraderecha. Tiene una base social de ultraderecha y religiosa que está preservada. Puede intentar un golpe para cuestionar la derrota electoral, y marcar una alternativa que vino para quedarse, para el futuro.

La respuesta electoralista y pacifista de las direcciones del PT y el PSOL solo mantienen el atraso en la respuesta del movimiento de masas. Eso es un peligro incluso para las elecciones de 2022. Pero no solo para estas; como dijimos, la ultraderecha vino para quedarse. Y si fuera derrotada en 2022, puede ser victoriosa algunos años después, capitalizando una posible crisis del gobierno electo.

Nosotros defendemos otra estrategia política: por un lado, una fuerte movilización Fuera Bolsonaro que incluya una huelga general; por otro, el inicio público, organizado y sistemático de la autodefensa del movimiento. Esa es, en verdad, la única posibilidad de derrotar a la ultraderecha bolsonarista, sea ahora, en 2022, o después.

Aparato de represión para impedir la protesta en Brasília.

La importancia de la autodefensa

Los trabajadores producen todo lo que se come, viste, donde se habita. Garantizan la distribución de los productos, el transporte de las personas, las comunicaciones. Son la mayoría absoluta de la población. Son explotados por una pequeña minoría, la burguesía, poseedora de las grandes empresas industriales, financieras, agropecuarias, comerciales, etc.

Pero esa dominación y superexplotación de una minoría sería imposible sin una ideología conformista de que “el mundo es así”, “nunca va a cambiar”. E ideologías adecuadas a las instituciones de la democracia burguesa y a los partidos (de la situación y la oposición) que sostienen el régimen. Junto con eso, el brazo armado del Estado, con las Fuerzas Armadas y las policías, que son accionadas cuando las ideologías y la política de los partidos burgueses y reformistas no consiguen mantener el orden.

La utilización de la violencia por las policías y las Fuerzas Armadas es la forma más presente del Estado burgués. En las comunidades de las grandes ciudades, las policías actúan como tropas de ocupación: entran, hieren y matan a la juventud negra, y salen. En las marchas de la oposición, la represión policial muchas veces consigue acabar con la manifestación.

Además, el papel de los grupos armados por la burguesía, como los matones en el campo, es parte importante de la realidad, con asesinatos frecuentes de dirigentes campesinos. Y existen grupos de ultraderecha bolsonaristas. Un grupo armado puede disolver una asamblea o una marcha.

Así, la mayoría de la población no impone su fuerza. Una minoría armada consigue destruir, hacer retroceder a la mayoría.

Parte de esa realidad es la aceptación de que no se puede hacer nada contra eso. Sí, se puede. Todo comienza por la comprensión de que se puede reaccionar. O por una explosión de odio, contra una represión. Si las masas se organizan y preparan, la polarización puede tener otros resultados que no sean las sistemáticas victorias de las policías o de los grupos de la ultraderecha.

Eso no puede ser confundido con la acción de grupos desligados del movimiento, que actúan por su propia cuenta buscando sustituir la acción de las masas. En general, esos grupos, como los black-blocs, terminan por facilitar la acción de la policía, promoviendo enfrentamientos y represiones que llevan a derrotas.

Al contrario, cuando es el movimiento el que enfrenta a la policía o a esos grupos de la ultraderecha y vence, el movimiento se fortalece, se llena de orgullo y toma conciencia de su fuerza.

Las huelgas son formas elementales, básicas, de la lucha de clases. En ellas, muchas veces se organizan los piquetes, que tanto sirven para el convencimiento de los obreros vacilantes como para el uso de la fuerza física, cuando es necesario, contra los rompehuelgas. Los piquetes son embriones de los organismos de autodefensa. Y puede ser visto el efecto en el ánimo de las masas cuando se dan enfrentamientos victoriosos de los piquetes contra rompehuelgas o contra la policía.

Como decía Trotsky: “En el fondo, el piquete es el embrión de la milicia obrera. Aquel que piensa que es necesario renunciar a la lucha física debe renunciar a toda lucha, pues el espíritu no vive sin la carne”.

Los trabajadores tienen necesidad de organizarse para luchar contra la violencia de la burguesía, sea por la policía, por las milicias de la derecha, por las Fuerzas Armadas. La lucha de clases, al agudizarse y polarizarse, inevitablemente tomará contornos militares. Como decía Clausewitz, la guerra civil es la extensión de la lucha política por otros medios.

Por ese motivo, decimos que es necesario comenzar desde ya a superar la falta de organización para la autodefensa del movimiento de masas. El enfrentamiento con la represión bolsonarista es solo la expresión de una necesidad más profunda de las masas.

Poca tradición, pero…

La tradición de la autodefensa es parte de la historia del movimiento de masas, cuando consigue superar las estrategias electoralistas y pacifistas de los partidos reformistas.

Fue así con el movimiento negro en los Estados Unidos, en la década de 1960. Malcolm X se diferenciaba de Martin Luther King tanto en la independencia en relación con el Partido Demócrata como en la autodefensa, contra el pacifismo de King. Él decía:

“Si no quieren que yo y usted seamos violentos, entonces, lo que tienen que hacer los racistas es dejar de ser violentos. No nos vengan a enseñar la no violencia mientras esos “brutamontes” [reaccionarios] son violentos. (…) Es deber de todo afro-americano y de cada comunidad afro-americana de este país proteger a nuestro pueblo contra asesinos de las masas, contra los que arrojan bombas, contra los que linchan, contra los que golpean a personas, contra la brutalidad y contra los explotadores. Nunca podremos tener paz y seguridad mientras un solo negro en este país sea mordido por un perro de la policía. Nadie tendrá paz y seguridad”.

Fue así en el ascenso revolucionario en Chile en 2019 y 2020, con la organización de la “Primera Línea”. Se trata de grupos de activistas que asumían la defensa de los actos y marchas, contra la policía. Al contrario de los black-blocs, la Primera Línea era parte del movimiento, asumida y reivindicada por las masas de las movilizaciones. No hacían acciones individuales por fuera de las masas. Al contrario, ayudaban a las masas a defenderse de la policía.

El Brasil no tiene gran tradición de autodefensa de las masas. Pero existen algunos ejemplos importantes que deben ser recordados.

En el ascenso huelguístico de la década de 1980, existieron innumerables ejemplos de piquetes de huelga que garantizaron la continuidad de la lucha. Por ejemplo, en las huelgas de ocupación en la década de 1980, los piquetes de defensa impidieron la entrada de la policía en las huelgas de la Mannesman y Belgo en Minas Gerais, así como en la GM de São José dos Campos, y garantizaron de esa forma la victoria de las huelgas.

En la ocupación del Pinheirinho en São José dos Campos, en 2012, se organizó una resistencia de la población contra la invasión de la policía, que impactó el movimiento en todo el país. Lamentablemente, el movimiento fue confundido con una “victoria” de una decisión judicial y la resistencia fue desarmada. La decisión fue revocada en una noche, tomando al movimiento de sorpresa y dificultando la reacción, que incluso así ocurrió de forma heroica.

Más recientemente, en la ocupación de Brasilia en 2017, la organización de autodefensa de los movimientos rompió la barrera policial y garantizó la presencia de los manifestantes con sus banderas y carteles frente al Congreso contra la reforma laboral de Temer. Allí se sostuvo una batalla por tres horas, impidiendo que dispersaran la manifestación.

Los primeros pasos

Defendemos que sean dados los primeros pasos del movimiento que, repetimos, deben ser asumidos públicamente por los partidos ligados al movimiento, así como por las centrales sindicales, sindicatos y movimientos.

El primer paso es exactamente montar equipos de autodefensa en todos los actos, marchas, huelgas, etc., y organizar equipos de defensa jurídica de los grupos de autodefensa.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 6/9/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.