Hasta hace poco un casi ilustre desconocido, André Ventura, el líder del Chega, se tornó la vedete de las elecciones presidenciales de este año. Adepto de la máxima brasileña “hablen bien o mal, pero hablen de mí”, Ventura defiende propuestas clásicas de la derecha –como el Estado mínimo, con la consecuente privatización de la salud y de la educación– y de la extrema derecha –como la penalización de las minorías, de los inmigrantes y de las mujeres–.

Por: Cristina Portella, 23/1/2021

En los primeros meses de la pandemia de Covid-19 en Portugal, llegó a proponer un confinamiento especial para los gitanos, acusados por él de ser unos aprovechadores que viven a costa de los subsidios concedidos por el Estado portugués. En relación con las mujeres, fue presentada en el congreso del Chega del año pasado una moción que defiende la remoción de los ovarios de aquellas que recurran al Servicio Nacional de Salud para hacerse un aborto.

Con una retórica semejante a la de figuras como el ex presidente Trump y el presidente brasileño Jair Bolsonaro, Ventura considera la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una productora y difusora del marxismo cultural e identifica como uno de los problemas nacionales la islamización de las ciudades, que junto con la difusión del marxismo cultural y de la ideología de género causaría “la destrucción de nuestra base de valores civilizadores”.

A pesar de esas ideas y de la proximidad con dirigentes de la extrema derecha europea, como el italiano Matteo Salvini, de la Liga Norte, y la francesa Marine Le Pen, presidente del Reagrupamiento Nacional, ambos integrantes del Identidad y Democracia (ID), grupo partidario de la extrema derecha en el Parlamento Europeo, Ventura garantiza que no debe ser incluido en ese espectro político. El Chega sería apenas un partido de los “portugueses comunes”, con vocación de reponer los valores de la nacionalidad y revertir la influencia marxista, incluso aprobando una nueva Constitución.

El líder del Chega busca presentarse como un candidato independiente y antisistema, pero su historia y apoyos lo desmienten. Durante una década y media fue militante del PSD, partido por el cual fue concejal (se candidateó a las autárquicas en Loures, en 2017) y con el cual rompió en 2019 para crear el Chega. Su círculo de apoyadores incluye nombres de alta nivel de la burguesía portuguesa, como el empresario João Maria Bravo, dueño de la Sodarca, principal abastecedora de armas a las fuerzas de seguridad y al ejército portugués, y de la Helibravo, propietaria de helicópteros alquilados por el Estado en el combate a los incendios forestales. Ese empresario, para el que el país se “hunde” desde 1974, esto es, desde el 25 de Abril, considera que Ventura es el “único que pone el dedo en la llaga y habla de lo que queremos oír”. Otros dos apoyadores de Ventura son el abogado Francisco Cruz Martins, ligado a los recientes escándalos financieros (Banif, Panamá Papers, entre otros), y el intelectual Jaime Nogueira Pinto, apoyador de Salazar y de Trump. Muchos de ellos participaron de encuentros para recaudar fondos para la campaña de Ventura en el lujoso Hotel Palacio, en Estoril.

¿Por qué creció el Chega?

No fue, con certeza, gracias a los apoyos arriba mencionados que el partido de Ventura creció en las encuestas y, probablemente, tendrá un buen desempeño en las presidenciales de este domingo. La respuesta tal vez esté en una profunda desilusión con la clase política y sus partidos, de la derecha a la izquierda, en particular con los dos que se alternan en el poder desde el 25 de Abril, PSD y PS.

Hay más elementos a adicionar a esta reflexión: el nefasto papel cumplido, en los últimos años, por el aparato político bautizado Geringonça. Generado como recurso posible frente a ese desencanto político-electoral con el objetivo de impedir el mantenimiento de la derecha en el poder, acabó por fortalecer a otro partido del régimen, el PS, y neutralizar la capacidad de oposición de la izquierda parlamentaria, el Bloco de Esqueda (BE) y el Partido Comunista Portugués (PCP).

Cuatro años de Geringonça no solo no sacaron el país de la austeridad, conforme proponían sus integrantes, como llegaron a acentuar uno de los trazos más penalizadores de las actuales relaciones entre el capital y el trabajo, como la precariedad. Portugal continuó en el segundo escalón de la Unión Europea, aumentó su dependencia para con los países más poderosos que de ella hacen parte, y no invirtió como debía en salud, educación, pesquisa y producción en las áreas de ciencia y tecnología, transporte y energías renovables.

Ese cuadro revela dimensiones terribles en la actual pandemia, cuando el gobierno titubea en adoptar medidas que protejan de hecho la vida de la clase trabajadora e impidan que millares sean condenados al desempleo y otros millares tengan que recurrir a la caridad para no morir de hambre.

Es en un país cada vez más pobre y dependiente que figuras como André Ventura –o Trump y Bolsonaro– ganan fuerza. Sus propuestas son reaccionarias, incongruentes y solo irán, en caso de ser llevadas a la práctica como ocurrió en los Estados Unidos y en el Brasil, a aumentar la desigualdad y quitar derechos a los trabajadores. Para combatirlos es preciso una actitud diferente de la adoptada hasta ahora por la izquierda parlamentaria. Es preciso, además de combatir políticamente el Chega y a Ventura, hacer oposición de verdad al gobierno de turno y a los partidos que generaron el caldo de cultivo capaz de alimentar a la extrema derecha en Portugal. Sobre ese tema nos detendremos en el próximo artículo.

Artículo publicado en https://emluta.net

Traducción: Natalia Estrada.