La AfD, la “alternativa” de extrema derecha en Alemania
2 – Un fuerte ascenso que necesita ser explicado
Este es el segundo de dos artículos que buscan comprender mejor los entresijos de un fenómeno político inédito en Alemania desde 1945: el rápido ascenso del partido Alternative für Deutschland (AfD, “Alternativa para Alemania”). Después del primer artículo, que presentó al partido de manera general, este aborda su trayectoria electoral, sus éxitos actuales y las razones que hicieron de la AfD el segundo mayor partido a nivel nacional y el primero en algunos estados.
Implantación y resultados electorales de la AfD
Las victorias de la AfD no caen del cielo: su trayectoria de crecimiento electoral es casi continua, y este partido pasó de ser un partido de protesta a convertirse en un partido de masas, fuertemente arraigado en el Este.
A nivel nacional
Después de fracasar por un estrecho margen en 2013, la AfD entró en el Bundestag en 2017 con el 12,6% de los votos y eligió a 100 diputados y diputadas, convirtiéndose en el tercer mayor partido del país; esto ocurrió tras el rechazo a la inmigración. En 2021, la AfD registró una ligera caída, con el 10,3% de los votos y 83 diputados electos; pero, en febrero de 2025 —para la elección del actual Parlamento—, volvió a crecer, con el apoyo reiterado y vehemente de Elon Musk, y se convirtió en el segundo partido alemán, detrás únicamente de la CDU-CSU, con el 20,8% de los votos y 152 escaños. ¡Cabe agregar que proyecciones nacionales recientes le atribuyen el 30% de los votos! En 2025, la AfD obtuvo un total del 32,0% de los votos en los antiguos estados del Este, frente al 18,0% en los antiguos estados del Oeste. Esto también se refleja en la composición del grupo de la AfD en el Bundestag: de los 98 diputados de Alemania Oriental, 42 son de la AfD.
Este partido creció en todas las capas de la sociedad: lidera entre los jóvenes (24% en la franja de 18 a 24 años), entre los obreros (38%) y entre los desempleados (34%)[i]. La gangrena se está extendiendo por el Oeste, incluso allí donde, hasta hace poco tiempo, la extrema derecha prácticamente no existía. Renania del Norte-Westfalia vio triplicarse la puntuación de la AfD en un año, pasando del 5% al 14,5%[ii]. Este avance ocurrió en un bastión histórico del movimiento obrero, feudo del SPD durante décadas, especialmente en la vasta zona industrial que es la Región del Ruhr. Esto sucede en un momento en que la clase trabajadora sufre sucesivos golpes, destacándose los despidos en grandes sectores industriales, como el automotriz, el químico y el de máquinas-herramienta[iii]. La ola de desolación generada por el capital lleva a los trabajadores y trabajadoras, allí como en otros lugares, a la desesperación y/o a la desorientación política, ante la ausencia de una alternativa progresista creíble.
A nivel regional
En el ámbito de los Länder, las tablas 1 y 2 que aparecen a continuación presentan, respectivamente, los resultados de la AfD en las elecciones para los parlamentos regionales en los Länder del Este (la antigua RDA) y en los Länder del Oeste (la antigua RFA). Observación: la ciudad-estado de Berlín está incluida entre los Länder de la antigua RFA. Aunque geográficamente se encuentra en el Este, permaneció dividida durante mucho tiempo; es, al mismo tiempo, una gran metrópolis y la capital de la Alemania reunificada, con tradición de izquierda, cuya sociología política es muy diferente de la de los estados orientales que la rodean. El desempeño electoral de la AfD en esta ciudad sigue la misma tendencia.
Lo que revelan las tablas 1 y 2 es un avance general de la AfD, que solo fue interrumpido (temporalmente) por el “período de la Covid”: sus resultados cayeron un poco en todas partes durante esa época, pero luego volvieron a subir con fuerza. También se observa que los votos de la AfD se sitúan en niveles que permanecen (¿todavía?) bastante diferenciados entre el Este y el Oeste. En el Este, la tabla 1 muestra un rápido crecimiento y poder político. La AfD es el primer partido (en las elecciones regionales) en Turingia desde 2024 y en Sajonia-Anhalt desde el 6 de septiembre. En Sajonia y Brandeburgo ocupa el segundo lugar. Se convirtió en un verdadero partido de masas, con una gran capacidad de causar daños.
Tabla 1: resultados regionales de la AfD en el Este / Tabla 2: resultados regionales de la AfD en el Oeste
| Estados de la antigua RDA | Año | Votos obtenidos | Estados de la antigua RFA | Año | Votos obtenidos |
|---|---|---|---|---|---|
| Brandeburgo | 2014 | 12,2% | Baviera | 2018 | 10,2% |
| 2019 | 23,5% | 2023 | 14,6% | ||
| 2024 | 29,2% | Baden-Wurtemberg | 2016 | 15,1% | |
| Mecklemburgo-Pomerania Occidental | 2016 | 20,8% | 2021 | 9,7% | |
| 2021 | 16,7% | 2026 | 18,8% | ||
| 2026 | ? | Baja Sajonia | 2017 | 6,2% | |
| Sajonia | 2014 | 9,7% | 2022 | 11% | |
| 2019 | 27,5% | Berlín | 2016 | 14,2% | |
| 2024 | 30,6% | 2021 | 8% | ||
| Turingia | 2024 | 32,8% | 2023 | 9,1% | |
| 2014 | 10,6% | 2026 | ? | ||
| 2019 | 23,4% | Bremen | 2015 | 5,5% | |
| Sajonia-Anhalt | 2016 | 24,3% | 2019 | 6,1% | |
| 2021 | 20,8% | 2020 | Descalificación | ||
| 2026 | 43,8% | Hamburgo | 2015 | 6,1% | |
| 2020 | 5,3% | ||||
| 2025 | 7,5% | ||||
| Hesse | 2013 | 4,1% | |||
| 2018 | 13,1% | ||||
| 2023 | 18,4% | ||||
| Renania del Norte-Westfalia | 2017 | 7,4% | |||
| 2022 | 5,4% | ||||
| Renania-Palatinado | 2016 | 12,6% | |||
| 2021 | 8,3% | ||||
| 2026 | 20% | ||||
| Sarre | 2017 | 6,2% | |||
| 2022 | 5,7% | ||||
| Schleswig-Holstein | 2017 | 5,9% | |||
| 2022 | 4,4% |
Algunos estados de la antigua RFA parecían, hasta ahora, estar un poco al margen del ascenso de la AfD, especialmente en el norte del país, como puede verse en la tabla 2: las ciudades de Bremen y Hamburgo, o Schleswig-Holstein. Esto también se aplica, en gran medida, al Sarre. Pero también se observan fuertes avances de la AfD en estados que se encuentran entre los más ricos del país, donde la economía alemana está en mejor situación (o menos mal): es el caso del 18,4% conquistado en Hesse en 2023; Baviera, por su parte, resistió mejor, con la AfD alcanzando el 14,6%. Pero, en marzo de 2026, Baden-Wurtemberg votó a la AfD con un 18,8%. También en el Oeste, el estado de Renania-Palatinado registró un crecimiento fulminante en los resultados del partido, que pasó del 8,3% en 2021 al 20% este año.
Además de la división entre el Este y el Oeste, las últimas elecciones revelan una división entre las ciudades y las zonas rurales: la AfD avanza poco en las grandes ciudades, pero mucho en las áreas rurales y en los centros de pequeñas localidades, aprovechando el descontento con las instituciones.
Las elecciones de septiembre de 2026
Terremoto electoral en Sajonia-Anhalt
La votación del 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt tiene todos los rasgos de un terremoto político. “Hicimos historia”[iv], exclamó Ulrich Siegmund, su popular líder regional, cercano política e ideológicamente a Björn Höcke y a otros nostálgicos de la Alemania hitleriana[v]. Con el 43,8% de los votos y una alta participación (casi el 80%), la AfD obtiene su mejor resultado en una elección regional, avanzando 23 puntos desde 2021, y se convierte, por lejos, en el primer partido del estado.
La AfD, por supuesto, hizo campaña con temas siniestramente sensacionalistas como la inseguridad y la inmigración, pero consiguió una hazaña notable que recuerda momentos nefastos de la historia: transformar la rabia contra la pobreza y el declive social de los alemanes que se consideran ciudadanos de segunda categoría en una cuestión migratoria: los extranjeros serían los culpables de la miseria social de ese pequeño territorio de 3,1 millones de habitantes, “de una economía poco dinámica, todavía marcada por la pobreza endémica y el vaciamiento rural”. La miseria no sería culpa de la Treuhandanstalt y del gran capital, que arruinaron millones de vidas, especialmente en este estado: no, ¡la culpa sería de los inmigrantes! Pero una persona desesperada, que solo tiene rabia en su interior, puede creer estas tonterías. ¡La estrategia del chivo expiatorio funcionó a pleno!
La AfD está por delante de la CDU, que retrocedió al 17,2% después de haber obtenido una amplia victoria en 2021 (con el 37,1%) y gobernado la región en una coalición con el SPD y los Verdes. La AfD, que ya estaba muy bien establecida, había conquistado entonces el 20,8% de los votos. Este año, los demás partidos quedaron por debajo del 10%: 9,3% para el SPD; 8,9% para los Verdes; 8,6% para Die Linke; 5,3% para la Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW, Alianza Sahra Wagenknecht), sobre la cual volveremos más adelante; los demás partidos, incluido el FDP, quedan por debajo de la barrera del 5% y no tienen representantes electos.
Con esta distribución de votos, la AfD queda a un paso de la mayoría en el Parlamento regional: conquista 39 escaños (de los 42 necesarios para obtener la mayoría), faltándole tres para gobernar sola la región. El “cordón sanitario” anti-AfD —el rechazo a cualquier alianza o coalición con la AfD— establecido antes de las elecciones no funcionó.
El único partido que se mostró abierto a conversaciones (¡con todos, incluida la AfD!) fue el BSW, que, con su 5,3%, conquistó exactamente tres escaños. Las “conversaciones exploratorias”, propuestas por la AfD y aceptadas por el BSW, están en marcha, incluso en el plano programático. Para Thomas Schulze, líder regional del BSW, negarse a iniciar el diálogo —¡con fascistas!— sería una “mala práctica política”[vi].
Todavía no se sabe qué resultará de esto, pero parece probable alguna forma de cooperación, bajo una modalidad que aún deberá definirse. Proveniente de un movimiento muchas veces calificado de “radical”, pero que durante varios años se situaba a la izquierda de Die Linke, Sahra Wagenknecht desde entonces viró hacia el rojo-pardo. Algunos prefieren hablar de “izquierda conservadora” o de “soberanismo de izquierda”. Pero se trata de una decadencia política total para esta supuesta marxista —esta exmiembro del SED escribió una tesis sobre el joven Marx—, que ahora opta por el soberanismo en detrimento del internacionalismo proletario y que, al igual que Trump u otros sectores de extrema derecha, monta los apestosos caballos de batalla contra el “wokismo” y contra la inmigración, caballos que pretende conciliar con reivindicaciones sociales como el aumento de los salarios y las jubilaciones, la justicia fiscal y el apoyo a las pymes.
Las negociaciones entre la AfD y el BSW abordan, precisamente, los temas antiinmigración, soberanistas y anti-“wokismo”. Estos partidos también podrían llegar a un acuerdo sobre Ucrania: ambos, pro-Putin, rechazan el apoyo militar y financiero a Ucrania; el BSW también quiere poner fin a las sanciones económicas contra Rusia y defiende una “paz” en Ucrania que consagre los avances del agresor ruso en territorio ucraniano[vii].
Las próximas semanas indicarán si la AfD asumirá el control del gobierno estatal. Si ese fuera el caso, cabe temer consecuencias infames, especialmente para los trabajadores y trabajadoras extranjeros, las personas LGBTQIA+, las mujeres, los activistas de izquierda y los sindicalistas… Por un lado, el infame partido quiere crear una milicia al estilo ICE para expulsar extranjeros y aumentar el número de agentes de seguridad en las instituciones educativas[viii]. Por otro lado, es seguro que, después de una victoria como esta, sus matones se sentirán con vía libre para agredir a las categorías de personas mencionadas anteriormente.
Las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental
El 20 de septiembre tuvieron lugar otras dos elecciones regionales. La primera, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental (MPO), confirmó en parte las tendencias observadas en Sajonia-Anhalt[ix].
La AfD lidera con el 38,2% de los votos. El resultado es menor que en Sajonia-Anhalt, pero continúa siendo enorme. Sin embargo, mientras que un gobierno de la AfD es posible en Magdeburgo (capital de Sajonia-Anhalt) gracias al BSW, esto parece imposible en Schwerin (capital de MPO). De hecho, en este último caso, el SPD obtuvo el 35,5% de los votos (un ligero retroceso respecto de 2021); y si sumamos el 6,5% de Die Linke y el 5,7% de los Verdes, se vislumbra la posibilidad de un estado dirigido por estos tres partidos de la izquierda institucional. De hecho, de los 71 diputados elegidos por este territorio poco poblado (1,57 millones de habitantes), la AfD tiene 32 y la suma de SPD + Die Linke + Verdes llega a 39[x]. También aquí ya comenzaron las conversaciones entre estos últimos partidos, sin duda menos largas y arduas que en Sajonia-Anhalt.
Las demás listas quedaron por debajo del fatídico 5%. El BSW (4,8%) no consigue ayudar a la extrema derecha en este estado. Pero lo que más llama la atención es la derrota histórica de la CDU: con el 4,9%, no alcanza el umbral y no tendrá representantes en el Landtag[xi].
Esta caída debilita aún más la situación del canciller Friedrich Merz, aunque él, al reconocer el “desastre electoral”, declaró que pretende permanecer en el cargo y continuar con sus reformas: “Estas reformas deben implementarse (…) Asumo esta responsabilidad porque quiero hacer avanzar a nuestro país”[xii]. Reformas que, sin duda, empobrecerán todavía más a las clases populares, lo que tenderá a reforzar la influencia de la AfD.
Está claro que la AfD también se apoyará en los resultados de MPO, aunque esta votación no le dé el control del Parlamento regional. Esa misma noche, Alice Weidel proclamó: “Somos la principal fuerza política” y pidió que se pusiera “fin a la tontería del bloqueo”[xiii], denunciando el consenso de la clase política de no llegar a acuerdos con la AfD. Un rechazo necesario frente a este partido monstruoso, pero que no basta para construir una política coherente capaz de contener el peligro que representa.
La excepción berlinesa
Berlín es una ciudad histórica y políticamente arraigada en la izquierda. Y las elecciones en Berlín y en MPO son una especie de juego de espejos en el que se expresaron dos Alemanias muy diferentes.
Fue Die Linke, con el 25,7% de los votos, quien ganó las elecciones en Berlín. Su cabeza de lista, Elif Eralp, es una abogada de origen turco, hija de sindicalistas que huyeron de su país después del golpe de Estado de 1980: ¡tiene todo para desagradar a la AfD! Su lista quedó por delante de la CDU, que, con el 18,8%, sufrió una derrota menos total que en MPO, pero retrocedió 9,5 puntos. La AfD obtuvo el 16,3%, un resultado todavía muy alto y en ascenso, pero bastante inferior al observado en otras regiones en 2026, sobre todo en el Este; los Verdes y el SPD están en retroceso, con el 14,3% y el 12,1%, respectivamente, mientras que los demás quedan por debajo del 5%[xiv].
Nunca antes Die Linke había alcanzado semejante resultado. Su antecesor, el PDS, obtuvo el 22,6% en 2001, pero quedó en tercer lugar, detrás del SPD (29,7%) y de la CDU (23,8%)[xv].
El escenario más probable en Berlín es una coalición llamada (impropiamente) rojo-rojo-verde (Die Linke-Verdes-SPD). Tiene la mayoría de los votos y esto correspondería a una clara mayoría de escaños. Con un liderazgo a la izquierda del SPD, sería una novedad en la Berlín reunificada.
También aquí hay un juego de espejos: por un lado, se trata de una candidata de origen turco que llevó adelante una campaña dinámica contra la especulación inmobiliaria y los desalojos de inquilinos, y a favor de poner un límite a los alquileres, así como de la compra por parte del municipio del parque inmobiliario de los grandes grupos del sector, a un 40% por debajo del precio de mercado. Por otro lado, a cien o doscientos kilómetros de Berlín, los temas repugnantes y obsesivos de la inseguridad y la caza de inmigrantes eran ampliamente repetidos, con el éxito que todos conocemos.
En Berlín, la campaña de Elif Eralp despertó un interés y una adhesión especiales entre los jóvenes: un 49% de los votos estimados en la franja de 25 a 34 años y un 43% entre los de 18 a 24 años. Die Linke se impuso como el principal partido entre las personas con dificultades económicas (32% de los votos en esta categoría)[xvi], mientras que en otros lugares se observó que los más pobres votaron masivamente a la AfD.
Otra particularidad: Die Linke obtuvo mejores resultados en los barrios centrales que en la periferia, donde la población es de mayor edad, existe una menor proporción de personas de origen inmigrante y hay una mayor propensión a votar a la AfD.
Factores que explican el voto a la AfD
Intentemos ahora explicar el voto a la AfD, tanto en el Este como en el Oeste. Para ello, es necesario volver a la Reunificación.
La dolorosa Reunificación bajo la dirección del capital
En el Este, desde la Reunificación y la libertad concedida a la voracidad del capital de Alemania Occidental para apropiarse de las empresas de la antigua RDA, esta parte de Alemania mantiene un fuerte déficit de poder económico y una diferencia negativa en el nivel de vida respecto del Oeste.
Fue la Treuhandanstalt (agencia fiduciaria, pública, pero dirigida por el gran capital) la que orquestó esta mezcla de saqueos y pillaje. Inicialmente destinada a salvaguardar y redistribuir entre la población de Alemania Oriental las participaciones de las empresas estatales, la Treuhand rápidamente organizó privatizaciones masivas para imponer el mercado capitalista como modo de regulación.
Además de los innumerables casos de corrupción denunciados, aquellos años fueron terribles para los trabajadores y trabajadoras: mientras alrededor de 10 millones de personas trabajaban en la RDA antes de 1989, 3,5 millones perdieron sus empleos. En cuatro años, 13.000 empresas fueron “tratadas” —es decir, vendidas, en su gran mayoría a inversores y empresas de Alemania Occidental— o liquidadas.
Para muchos en el Este, la Reunificación representa al mismo tiempo un trauma y la fuerte sensación (muy fundamentada) de haber sido colonizados. Muchos “Ossis”[xvii] constatan con amargura que les fue impuesto el sistema vigente en el Oeste, que el Este fue puesto bajo tutela. La amargura se desarrolló no solo contra el gran capital proveniente del Oeste, sino contra el Oeste en general, con el cual se profundizó una profunda fractura identitaria.
Se instaló un sentimiento persistente de exclusión y de declive social. Desde entonces, el Este permaneció, en general, más pobre: en particular, los salarios, las jubilaciones y el patrimonio individual medio continúan siendo inferiores a los del Oeste. Además, durante mucho tiempo, los puestos clave (política, justicia, economía, medios de comunicación) fueron monopolizados por personalidades del Oeste. ¡Todo esto no podía dejar de traducirse políticamente!
El PDS, partido reformista de izquierda surgido del estalinismo
En el Este, los partidos tradicionales atravesaron un rápido proceso de pérdida de apoyo, mientras que la CDU y el SPD eran ampliamente vistos por los electores y electoras de la antigua RDA como partidos de las élites, alejados de los problemas y las preocupaciones del pueblo.
Ante esta situación económica, política y social, surgió inicialmente una respuesta de la izquierda reformista con el PDS (Partido del Socialismo Democrático). Sucesor directo del SED (el partido único estalinista), bajo la dirección de reformistas como Gregor Gysi, se transformó política e ideológicamente en una fuerza de la izquierda reformista.
Hostil al partido único y favorable a la democracia parlamentaria (burguesa), se convirtió en el principal refugio identitario de los alemanes del Este durante las décadas de 1990 y 2000. Se consolidó en la antigua RDA aprovechando el sentimiento de injusticia descrito anteriormente de tres maneras: convirtiéndose en defensor de los intereses de los alemanes del Este y de los ciudadanos y ciudadanas del Este en el plano económico (especialmente frente a la brutalidad de la Treuhand); captando la “nostalgia cultural y social” de la RDA, especialmente al destacar las conquistas sociales (seguridad en el empleo y la vivienda, papel de las mujeres, etc.); y, sobre esa base, arraigándose en el Este, donde el PDS obtuvo altos porcentajes de votos (frecuentemente entre el 15% y el 20%, llegando incluso a casi el 50% en algunas ocasiones en Berlín Oriental).
Ya en 1994, el PDS entró en el Bundestag; en 1998, se consolidó y se convirtió en una fuerza ineludible en el Este, aunque continuaba siendo un paria en el escenario político nacional.
Del PDS a Die Linke
La posición del PDS cambiaría: adoptó una estrategia parlamentaria y estableció alianzas con el SPD en los Länder. Ya en 1998 participó del gobierno de Mecklemburgo-Pomerania Occidental (MPO) y, posteriormente, del gobierno municipal de Berlín en 2001.
En aquellos años, el PDS era fuerte en el Este, pero casi inexistente en el Oeste, lo que le costó un duro revés electoral en 2002. Pero, en 2005, el partido aprovechó una oportunidad: frente a las medidas de desmantelamiento social (reformas Hartz IV) del canciller Gerhard Schröder, una facción de izquierda del SPD se separó del partido en el Oeste, reuniendo a sindicalistas de izquierda y militantes de extrema izquierda. Nació entonces el WASG.
El PDS se alió con él, formando así el Linkspartei en 2005, que se convertiría en Die Linke en 2007, siempre con un claro predominio interno del Este sobre el Oeste.
Una izquierda en declive en el Este
Estos acontecimientos acabarían siendo fatales para esta corriente política (PDS y, posteriormente, Die Linke), que sufrió un gran declive electoral en conexión con el ascenso de la AfD. Esto ocurrió por varias razones. Para comprenderlas, permanezcamos todavía un poco en el Este de Alemania.
En primer lugar, la base electoral y militante del PDS (originario del SED) estaba frecuentemente compuesta por exfuncionarios nostálgicos de la RDA, ya de edad avanzada, que fueron falleciendo gradualmente. El PDS, convertido en Die Linke, no consiguió convencer a las generaciones más jóvenes nacidas después de 1990.
En segundo lugar, el surgimiento de Die Linke en 2007 diluyó significativamente la especificidad de Alemania Oriental que encarnaba el PDS. Al centrarse en cuestiones sociales, Die Linke se distanció de las preocupaciones identitarias y de las demandas específicas y concretas de los estados del Este.
En tercer lugar —y esta es, sin duda, la causa principal—, el PDS y Die Linke, al aliarse con el SPD para gobernar los Länder, implementaron políticas de austeridad presupuestaria y de reestructuración contrarias a las opciones iniciales del PDS.
Esta contribución del PDS y, sobre todo, de Die Linke a la gestión capitalista no podía dejar de decepcionar al electorado contestatario que contaba con el PDS (y después con Die Linke) para defender a los “perdedores de la Reunificación”. Después de crear la ilusión de ser un partido antisistema, el PDS (y posteriormente Die Linke) pasó a ser visto como un partido más del sistema.
A esto se suma el reciente debilitamiento de Die Linke (2023) con la ruptura que dio origen al BSW (Alianza que lleva el nombre de su exlíder, Sahra Wagenknecht).
Del PDS a la AfD
Esto nos lleva —al igual que a algunos sociólogos— a pensar que el sentimiento de discriminación, generalizado en Alemania Oriental, y la necesidad de expresar una ruptura respecto de los partidos dominantes en Occidente cambiaron de dirección.
Una parte muy amplia de los votos contestatarios abandonó al PDS-Die Linke para volcarse hacia la AfD. La nostalgia basada en valores de izquierda —digamos, posestalinistas— dio paso a un populismo identitario de derecha, y la AfD se consolidó en el escenario político como el supuesto “nuevo” defensor de los intereses del Este frente al Oeste y a Berlín.
Y la AfD absorbió una gran parte del electorado popular del Este que anteriormente apostaba por el PDS. A esto se sumaron los votos de antiguos abstencionistas.
Pero estas explicaciones no son suficientes: son elementos para comprender el fuerte arraigo de la AfD en el Este; pero ¿por qué, en las últimas elecciones, la AfD también creció en el Oeste?
En el Oeste, la AfD se beneficia del agravamiento de la crisis
En primer lugar, como vimos, la AfD apuesta fuertemente al miedo a la inmigración para obtener ganancias electorales. Desde 1995, esto ha desempeñado un papel determinante en el Este.
Sin embargo, son pocas las personas de origen extranjero que viven en las pequeñas ciudades y en las zonas rurales de la antigua RDA —las bases más sólidas de la AfD—. Casi el 88% de ellas reside en el Oeste y en las grandes metrópolis (Colonia, Fráncfort, Berlín)[xviii].
Pero el sentimiento de inseguridad, que la AfD asocia con la inmigración, también se desarrolla en el Oeste. Las tragedias y atentados que involucraron a inmigrantes en los últimos años fueron explotados sistemáticamente por la AfD para reforzar el rechazo popular hacia estas poblaciones y, al mismo tiempo, conquistar votos. Sin embargo, en el Oeste, son las cuestiones de seguridad interna y de regulación de la inmigración las que alimentan el voto a la AfD[xix].
Pero, mientras el Este sufre un retraso en el desarrollo económico, la situación económica se agrava en el Oeste. La poderosa industria de Alemania Occidental (automotriz, química, energética) está despidiendo masivamente y sufre los efectos de un sistema en crisis desde 2008, además de los problemas relacionados con las dificultades de las adaptaciones necesarias frente al cambio climático.
Esto se agrava por el contexto internacional, con la guerra en Ucrania y las sanciones contra Putin, además de las dificultades en el abastecimiento de gas; y, a partir de 2025, por las exorbitantes medidas proteccionistas de Trump.
De hecho, se percibe una clara inquietud entre las clases medias y populares del Oeste, que incluye una fuerte angustia frente al declive económico. Y la AfD está conquistando votos entre quienes se sienten decepcionados con la globalización y con el giro ecológico. ¡Para algunos, la AfD aparece como defensora del poder adquisitivo!
También en Occidente, el desgaste del sistema tradicional de partidos alcanzó un nivel elevado. En noviembre de 2024, la coalición que apoyaba al gobierno federal de Olaf Scholz (SPD, Verdes, FDP) se desintegró. Esto llevó a nuevas elecciones legislativas, que consagraron la derrota de Scholz y del SPD, con la victoria de Friedrich Merz y de la CDU/CSU, y la AfD con más del 20%, ocupando el lugar de segundo mayor partido nacional.
Desde entonces, la crisis política se agravó todavía más, con la caída de la popularidad de Merz. La AfD recoge los frutos de esta situación sin necesitar hacer nada más que criticar. Es así como, en Occidente, el ala más derechista de la CDU/CSU, así como los electores reaccionarios que se abstienen, también se vuelcan hacia la AfD.
¿Y ahora?
Hay que sacar varias lecciones. En primer lugar, estas elecciones debilitan todavía más a Friedrich Merz (que tiene más de un 90% de opiniones desfavorables)[xx] y su política: en Sajonia-Anhalt y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD alcanza un avance tan impresionante como preocupante. En Berlín, el resultado es muy diferente, pero también debilita a la CDU y a su canciller.
A pesar de los reveses sufridos, pretende imponer las grandes reformas reaccionarias “prometidas” —¿a quién más, sino a los capitalistas?— en 2025: aumento de la edad jubilatoria a 68 años, pudiendo llegar a 70; fin de la jubilación completa después de 45 años de aportes sin haber alcanzado la edad legal; introducción del sistema de capitalización; exenciones fiscales para favorecer a los inversores; recortes sustanciales en la salud y en las licencias médicas; un “shock de simplificación”, con un plan masivo de despidos de empleados públicos para acelerar proyectos industriales y otros… ¡Una verdadera guerra de clases contra los trabajadores y trabajadoras! Todo esto hace que la situación política sea todavía más inestable.
Está claro que no será la AfD la que combatirá estos ataques, o al menos no de la manera adecuada. Su combate consiste en convertir la rabia provocada por la creciente crisis económica y social en batallones de odio contra los extranjeros, las personas queer, las conquistas de las mujeres, los ambientalistas, la izquierda, los sindicalistas, etc.
Berlín no es Alemania, pero los resultados de la votación del 20 de septiembre también muestran que una campaña centrada en cuestiones concretas y materiales, que busque resolver de manera progresista los problemas de las clases populares —de una manera que puede parecer radical porque es necesaria—, puede movilizar.
No se puede confiar en reformistas como Die Linke para llevar adelante, en el ámbito local o, mucho menos, nacional, la lucha contra los especuladores y los capitalistas.
Pero un partido que, en lugar de hacer pactos con la burguesía “democrática” que destruye la vida de las personas, demostrara una radicalidad completamente diferente de la de la AfD —una radicalidad basada en los verdaderos intereses de la población trabajadora— sería capaz de arrancar gradualmente a esta población de las garras de los ultranacionalistas, islamófobos y otros neonazis.
Lamentablemente, hoy falta un partido así, comunista y revolucionario. ¡Su construcción es más que urgente!
Notas
[v] Según RP, “su círculo más cercano es una mezcla de las tendencias más radicales de la AfD: ‘antiguos’ neonazis, militantes de los movimientos ident




