Alemania: después de las elecciones, las luchas obreras cuestionan a Merz
El domingo 20 de septiembre, las elecciones regionales expresaron, una vez más, el rechazo popular a las políticas de austeridad del gobierno federal encabezado por el canciller Friedrich Merz, del partido conservador CDU.
En el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el partido de extrema derecha AfD (Alternativa para Alemania) capitalizó el descontento popular y ganó con el 38,2% de los votos, seguido de cerca por el partido socialdemócrata SPD con el 35,5%. El partido Die Linke (La Izquierda) obtuvo el 6,5%, y los Verdes el 5,7%. El partido CDU, del canciller Merz, no alcanzó el piso electoral del 5% necesario para elegir diputados, ni tampoco el BSW, una ruptura por derecha de Die Linke que es xenófoba, putinista y contraria a los derechos de las personas LGBT y de las mujeres. A pesar de la victoria, la AfD no tiene mayoría para gobernar y debe continuar en la oposición.
En Berlín, el ganador fue Die Linke con el 25,7%, seguido de la CDU con el 18,8%, la AfD con el 16,3%, los Verdes con el 14,3% y el SPD con el 12,1%. El BSW no logró superar la barrera del 5% y no tendrá representantes en el parlamento local. Las encuestas señalan que, para ganar, Die Linke obtuvo 36.000 votos provenientes del SPD y 51.000 de los Verdes. Ahora Die Linke tendrá un gran desafío: cumplir la promesa electoral de aplicar el referéndum de 2021, en el que el 58% votó por expropiar alrededor de 220.000 viviendas privatizadas en manos de grandes empresas involucradas en la especulación inmobiliaria. Esta medida tiene como objetivo reducir los exorbitantes costos de la vivienda en la capital.
Otro desafío será enfrentar el chantaje del Partido Verde, que acusa indebidamente a Die Linke de coquetear con el antisemitismo debido al apoyo que sectores dentro del partido brindan a la causa palestina. La única forma justa de enfrentar el chantaje es romper con el sionismo y apoyar incondicionalmente la causa palestina como política nacional del partido. En la misma línea, el apoyo a la resistencia ucraniana, tanto humanitario como militar, necesita ser debatido y decidido por el partido, rompiendo con el putinismo y el pacifismo que todavía tienen influencia dentro de sus filas. Está claro que apoyar militarmente a Ucrania no tiene nada que ver con apoyar el militarismo alemán y el presupuesto militar de 830.000 millones de euros propuesto por Merz hasta 2030.
La baja popularidad de Merz y las derrotas electorales en tres estados en el espacio de 15 días apuntan a la posibilidad de la caída de su gabinete, algo que Merz rechaza. Las reformas de la salud y de la seguridad social propuestas por Merz para reactivar la economía alemana están en sintonía con los intereses del gran capital alemán, pero son muy impopulares y pueden ser derrotadas por la clase trabajadora.
¿El fin de la colaboración social?
Al día siguiente de las elecciones, el sindicato IG Metall convocó protestas en la industria automotriz bajo la consigna “futuro en lugar de despidos”, que alcanzaron alrededor de 200 lugares de trabajo e involucraron a 175.000 trabajadores en todo el país, incluyendo otras empresas además de Mercedes-Benz. Los trabajadores no aceptan el aumento de la jornada laboral de 35 a 40 horas semanales sin aumento salarial, la eliminación del bono de Navidad y del bono de vacaciones, además de los despidos.
Los empresarios de la industria automotriz señalan la reducción de las ganancias, que todavía son millonarias, y la pérdida de competitividad frente a la industria china para justificar el aumento de la jornada laboral, el recorte de derechos y el despido de trabajadores. Estudios empresariales señalan que el aumento de la jornada reduciría los costos laborales alrededor de un 13%. Actualmente, el costo de la nómina salarial representa apenas entre el 10% y el 15% de los costos de producción del sector automotriz. Los principales beneficiarios de estas medidas son los accionistas, que continuarían recibiendo dividendos millonarios, mientras todo el peso de este ajuste recaería sobre las espaldas de los trabajadores.
Bajo una intensa presión de las bases, la central sindical DGB convocó una jornada nacional de movilización contra las reformas laboral, sanitaria y previsional propuestas por Merz en las principales ciudades alemanas para el sábado 26 de septiembre.
A lo largo de décadas, los dirigentes sindicales conservadores de la central sindical DGB y de los principales sindicatos predicaron la colaboración con los empresarios y la cogestión de las empresas, mientras que el partido con mayor peso entre la clase obrera, el SPD, establecía una alianza con el principal partido capitalista, la CDU/CSU, para implementar la reconstrucción capitalista del país en la posguerra y, en este momento de decadencia del imperialismo alemán, salvar al capitalismo. Esta política de colaboración de clases está siendo cuestionada por la oposición de los trabajadores a las medidas de austeridad. Ahora, lo que se plantea para la clase trabajadora es superar cualquier forma de colaboración social con los capitalistas, derribar a Merz, frenar a la AfD y luchar por el poder.
El primer paso es frenar los ataques contra los derechos de los trabajadores en cada empresa y detener las reformas de Merz y el ascenso de la AfD mediante movilizaciones y huelgas. Esta lucha se completa con medidas audaces como la nacionalización de todas las grandes empresas (VW, BMW, Mercedes-Benz, Rheinmetall, Bosch, Siemens, BASF, Bayer, Merck, …) bajo control de los trabajadores para mantener los puestos de trabajo y los derechos laborales, y promover una reconversión industrial destinada a producir bienes buenos y baratos que sean útiles para la población. Otra medida audaz es rechazar la demagogia de la AfD de retomar la importación de energía fósil de Rusia e invertir en la transición energética basada en la energía solar, eólica y el hidrógeno verde en plazos breves, para ofrecer energía barata y limpia a todos los hogares del país.




