Surgió en la prensa y en la boca del pueblo el debate sobre las generaciones. Hasta se popularizó una nueva jerga, “cringe”, que significa la vergüenza ajena que la Generación Z (que hoy tiene entre 15 y 25 años) siente en relación con los Millenials (25 a 40 años). Esa discusión ha rendido mucho en la internet y es cierto que las percepciones sobre la vida y los hábitos cambiaron mucho, pero principalmente con las dificultades de las condiciones materiales y culturales para la juventud, que tomaron otra proporción especialmente ahora, durante la pandemia.

Por: Marina Cintra

Las diferencias entre las generaciones existen, pero lo que las iguala es que ambas viven hoy peor que sus padres. Con la pandemia, todo empeoró, pero eso no significa que antes las cosas estuvieran bien. Eso, claro, no es así para los jóvenes de las clases ricas. Ellos siguen con todos los derechos y privilegios. Estamos hablando de la vida de la juventud pobre y trabajadora.

Jóvenes sin perspectiva de presente ni futuro

Casi la mitad de los jóvenes brasileños dejarían el país si pudiesen. Lejos de ser una voluntad de abrirse al mundo, lo que mueve a la juventud para eso es la falta de perspectiva en el Brasil.

Estudios muestran que 27,1% de los brasileños entre 15 y 29 años no estudian ni trabajan, y 70% está con dificultades para encontrar empleo. Con la pandemia, ese escenario que era de 49,4% subió a 56,3%. Muchos jóvenes no tienen acceso a la educación y la dificultad de encontrar empleo es cada vez peor. Como si no bastase, intentan matarnos por las balas de la policía, por el hambre o por el virus. Está ahí el genocidio de los jóvenes negros en las periferias brasileñas que lo demuestran. La pandemia dejó al descubierto la falta de perspectiva de la juventud dentro del capitalismo.

Los empleos son cada vez más precarios, con cada vez menos derechos. Basta ver la lucha de los trabajadores de aplicativos. Las grandes empresas intentan pasar la falsa idea de que “usted es su propio patrón”, o que es “un joven emprendedor”, para enmascarar la explotación y opresión real que ocurre en esos nuevos empleos “uberizados”. Cuando hay empleo registrado, como los operadores de telemarketing, trabajadores de los mercados o de las empresas de fast food reciben salarios bajísimos, sufren con una jornada exhaustiva, asedio moral y sexual y, aún siendo servicios que nunca pararon durante la pandemia, continúan olvidados cuando se trata de políticas públicas.

Pero, lamentablemente, el problema no es solo en el Brasil. Si los jóvenes saliesen del país, difícilmente conseguirían resolver el problema. No hay salida individual posible para todos, ni para la mayoría. Eso ocurre porque el problema es el capitalismo, que el mundial. Toda la desgracia que vivimos aquí es un problema del sistema (y, claro, el gobierno Bolsonaro es parte del sistema y deja todo peor).

El capitalismo quiere una legión de trabajadores y desempleados para conseguir explotarlos y enriquecer a los grandes empresarios, y para eso, la mayor parte de la población precisa estar en esa situación de miseria. Por eso, en pleno siglo XXI millones de personas pasan hambre en el mundo. La situación de los jóvenes trabajadores alrededor del planeta es muy parecida con la nuestra aquí. Y este también es el motivo de las grandes luchas que ocurren alrededor del mundo, con los jóvenes de Colombia, Chile, Paraguay, Ecuador, Estados Unidos, que han salido a las calles con gran radicalización, para decir basta de esta vida miserable.

Futuro, ¿cuál futuro? La juventud tiene que luchar por el socialismo

Cartel en la manifestación del 19 de junio, en Rio de Janeiro.

Frente a esto, los jóvenes vienen cuestionando su realidad e intentando cambiarla, abriendo los ojos para ver y pensar que las cosas pueden ser diferentes. Un artículo de 2019 de la revista británica The Economist, reveló que en los Estados Unidos, la mitad de los jóvenes tiene simpatía por el socialismo, y ve el capitalismo como algo malo. Los jóvenes se aproximan a la lucha por diversos motivos, sea en lucha por la defensa del medio ambiente, contra la violencia, el racismo, el machismo y la LGBTIfobia, y sienten en la piel que el capitalismo es una porquería.

La lucha por el socialismo viene a través de la revolución, cuando los trabajadores, los jóvenes, la población explotada ¡resuelven tomar el poder para sí! Y el socialismo no es nada más que pasar el poder para la sociedad, para las manos de aquellos que la construyen. De esta forma, no es una sociedad basada en el lucro, como hoy, sino sería una sociedad en que la economía y toda la producción estaría volcada para toda la sociedad. Y, ¿por qué los jóvenes deben estar en este camino? Porque, más que nunca es posible percibir que no existe perspectiva de presente ni de futuro para los jóvenes, mucho menos individualmente. Mienten para los jóvenes cuando dicen que en el capitalismo podemos ser lo que queremos. El joven emprendedor es el joven sin derechos laborales, sin el derecho al descanso, a la educación, y donde el empleo está reservado solo a los grandes ricos y sus hijos. Por eso, no tenemos nada que perder en la lucha por el socialismo, por el contrario, solo un mundo a ganar.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 30/6/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.