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Historia

El imperialismo enseña la tortura para conseguir sus objetivos

Geisel y Médici
mayo 19, 2018

Esta semana, varios diarios en el Brasil informaron sobre un documento secreto de 1974, liberado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, que demuestra que el ex presidente Ernesto Geisel eran quien aprobaba los asesinatos (“ejecuciones sumarias”) de aquellos que luchaban contra la dictadura. Él y su núcleo dirigente, los generales Milton Tavares, João Batista Figueiredo, Dale Coutinho y Confúcio Danton. El documento presenta el número de 104 personas ejecutadas sumariamente por el Centro de Informaciones del Exterior del Itamaraty – CIEX. Si son correctos, estos números se refieren solamente a esta institución, pues las muertes causadas por todos los aparatos de represión de la dictadura se aproximan a 500.

Por: Américo Gomes

Algunos periodistas se dijeron sorprendidos. No deberían, pues esas informaciones no son ninguna novedad. Elio Gaspari, en su libro publicado en 2003, A dictadura derrotada, ya relataba este hecho, así como otros libros, como el de Leineide Duarte-Plon, A tortura como arma de guerra.

Pero poco se comentó o indignó a los periodistas que el gobierno de los Estados Unidos supiese de eso y no haya hecho nada para impedirlo. Debe ser porque todos saben que el gobierno norteamericano no solo apoyaba como incentivaba el exterminio de las oposiciones a las dictaduras latinoamericanas. Su principal asesor, Henry Kissinger, fue quien discutió con las dictaduras de la región, no solo que deberían eliminar físicamente a sus adversarios políticos, con su famosa frase “Nosotros deseamos lo mejor para el nuevo gobierno (Videla)… Si hay cosas que hacer, ustedes deben hacerlas rápido…”[1[, sino que también elaboró e implementó una operación internacional denominada “Operación Cóndor”[2], que dejó millares de muertos y torturados en todo el Cono Sur.

Es importante retomar este debate en el momento en que el Senado norteamericano está entrevistando y podrá aprobar una futura directora jefe de la CIA, Gina Haspel, que sustituirá al director de la agencia Mike Pompeo, que va a tornarse secretario de Estado.

La CIA y la tortura

Haspel es acusada de haber administrado un “lugar secreto” en Tailandia, donde sospechosos de al-Qaeda estuvieron sujetos a una serie de torturas, incluyendo simulaciones de ahogamiento (waterboarding).

Ingresó a la CIA (Agencia de Inteligencia Norteamericana) en 1985, donde fue jefa en varias operaciones clandestinas, y fue nombrada vicedirectora en 2017, a pesar de la opinión contraria de varios senadores exactamente por las denuncias de tortura. Por este motivo ya había sido negada su promoción para jefe del Servicio Nacional Clandestino de la CIA.

Los torturados de Tailandia fueron mojados, golpeados contra las paredes, sometidos a insomnio forzado y confinados en cajas con forma de cajón, entre otras prácticas criminales.

Además de supervisar las torturas, Haspel, en medio de crecientes denuncias e indignación relacionadas con las torturas en la prisión de Guantánamo, destruyó videos de interrogatorios en las instalaciones clandestinas en otras bases, que comprobaban la práctica de crueldad. El ex consejero general de la CIA, John Rizzo, afirmó que Haspel y José Rodríguez fueron los “defensores más firmes de la destrucción de pruebas”. José Rodríguez, ex director del Servicio Nacional Clandestino, dice en su libro de 2013 que Haspel fue quien elaboró esta orden.

Los republicanos quieren presentarla como la demostración de que la administración Trump no es tan machista así, y como un ejemplo de empoderamiento de las mujeres, en la medida en que ella será la primera mujer a ser jefe de la CIA. La controversial asesora de la Casa Blanca, Kelly Sadler, afirmó que “Cualquier demócrata que afirme apoyar el empoderamiento de las mujeres y la seguridad nacional, pero se oponga a su indicación, es un hipócrita total”. El ex vicepresidente Richard Cheney y otros senadores salieron en su defensa: “el candidato más preparado en su historia (CIA) en 70 años”. Para Trump, la oposición a Haspel como directora de la CIA, es porque ella es “dura demás con los terroristas”.

En su testimonio en el Congreso, Haspel no expresó ningún arrepentimiento por el programa: “Recibimos informaciones valiosas del briefing de los detenidos de al-Qaeda, y no creo que sea posible saber si las técnicas de interrogatorio tuvieron un papel en eso”.

Ex combatientes jubilados, organizaciones antitorturas, líderes religiosos y otros grupos exigen el rechazo de su indicación. Hasta incluso un senador republicano de Arizona, John McCain, denuncia a la candidata de Trump. John fue prisionero de guerra por cinco años en la Guerra de Vietnam. Amnistía Internacional está contra su nominación “mientras se aguarda investigación y descalificación de su alegado papel en el programa de la CIA de tortura y desaparición forzada”. Organizaciones de mujeres ligadas a los derechos humanos rechazaron las declaraciones de la secretaria de prensa Sarah Sanders afirmando que “Usar mujeres en este tipo de carnada y cambio no es novedad. Cuando el entonces presidente George W. Bush fue a la guerra en Afganistán en 2001, se justificó en parte para “salvar” a las mujeres de los Talibanes” (…). “Eso desvía la atención de cómo las políticas de seguridad acaban reprobando a las mujeres, así como los derechos humanos de forma más amplia”.

El terror de Estado

Un informe del Comité de Inteligencia del Senado de los EEUU sobre las técnicas de interrogatorio que la CIA aplica contra los prisioneros en Guantánamo, y en otras instalaciones secretas, demuestra que son aplicadas golpizas, amenazas de violación de las esposas, madres e hijas de los prisioneros, palazos por horas y días, prohibición de dormir, ahogamientos, baños de hielo y alimentación e hidratación vía rectal.

Los agentes de los EEUU no son solo entrenados para eso, también forman especialistas para entrenar a las policías y militares de otros países. El ”Manual Kubark” de interrogatorios, elaborado por la CIA en 1963, enseña formas de torturas. Así como los “Manuales de Entrenamiento de la Escuela de las Américas”, en Fort Benning, Georgia, donde fueron entrenados más de 77.000 soldados latinoamericanos, orientándolos a aplicar “torturas, chantajes, extorsión y pago de recompensa por enemigos muertos”.

Informes de las Comisiones de la Verdad que se formaron en América Latina documentaron el uso reiterado de la tortura en el continente con la “colaboración intensa de EEUU en la información y especialización de los agentes”.

Castigo ejemplar a los torturadores

La tortura no solo degrada al torturado sino también al régimen y/o gobierno que la ejecuta. Muchos de los torturadores de la CIA, protegidos por el Estado, no van a prisión por el uso de tortura.

En 2002, la CIA formalizó su programa de detención e interrogatorio en el gobierno George W. Bush. Contrató dos ex psicólogos de la Fuerza Aérea: James Mitchell y Bruce Jessen, que formaron una empresa privada que recibió U$S 81 millones para administrar la mayor parte de los interrogatorios de los detenidos de la Agencia, beneficiándose económicamente por torturar tanzanios, árabes, libios y afganos. Uno de ellos, Gul Rahman, murió de hipotermia en una celda. Una parte de los documentos fue divulgada públicamente en diciembre de 2014. Ellos fueron a juicio por las denuncias presentadas por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), pero no fueron condenados ya que las partes hicieron un acuerdo confidencial, donde no está claro si hay un pago financiero. Las partes concordaron en una declaración conjunta en que los psicólogos dijeron que habían aconsejado a la CIA y que los quejosos habían sufrido abusos, pero ellos no eran responsables. El ex vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney, afirmó que: “deberían ser condecorados”. Esta es una clara demostración de que en los tribunales de los países imperialistas, funcionarios torturadores nunca serán condenados.

Por otro lado, el ejemplo de Dan Mitrione[3] muestra cómo las organizaciones de los trabajadores pueden obtener justicia. Mitrione, contratado por el proyecto USAID, entre 1960 y 1967 trabajó con la policía brasileña, primero en Belo Horizonte y después en Rio de Janeiro, enseñando a dar choques eléctricos en los órganos genitales sin dejar marcas, aplicar agujas electrificadas bajo las uñas de los pies, quemaduras de cigarrillos y estrangulamiento lento. Utilizando, para eso, presos, mendigos e indigentes[4]. Defensor del “Manual Kurbak” y de la tortura como ciencia: “El dolor preciso, en el momento preciso, en la cantidad precisa, para el efecto deseado (…). Se debe actuar con la eficiencia de un cirujano y la perfección de un artista”[5].

En 1969 fue al Uruguay a realizar un entrenamiento de tortura para la policía del país (como encargado de negocios en la embajada americana). Fue secuestrado por los Tupamaros, muerto, y su cuerpo abandonado en un automóvil.

A su entierro comparecieron Eisenhower y William Rogers, secretario de Estado de Nixon. Frank Sinatra y Jerry Lewis hicieron un concierto benéfico en pro de la familia de Mitrione.

Por eso, es fundamental que las organizaciones de los movimientos de los trabajadores y populares luchen por el fin de cualquier ley de amnistía a los torturadores, y exijan castigo y punición ejemplar a los torturadores, control de los sindicatos al entrenamiento de los soldados y policías, y sobre todos los aparatos de represión. Junto con eso, es fundamental que los trabajadores crean en sus propias fuerzas y solidaridad y formen organizaciones de autodefensa para enfrentar a estos grupos paramilitares que hospedan a los agentes del Estado que cometen estos brutales crímenes, como la tortura, el secuestro, la violación y el asesinato. Solo así, los crímenes de estos aparatos de represión desaparecerán.

Notas:

[1] Documentos del “Archivo Nacional de Seguridad”.

[2] La Operación Cóndor, formalizada en reunión secreta realizada en Santiago de Chile a finales de octubre de 1975, es el nombre dado a la alianza entre las dictaduras instaladas en los países del Cono Sur en la década de 1970 –Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay– para la realización de actividades coordinadas, de forma clandestina y al margen de la ley, con el objetivo de vigilar, secuestrar, torturar, asesinar y hacer desaparecer a militantes políticos que hacían oposición, armada o no, a los regímenes militares de la región. http://cnv.memoriasreveladas.gov.br/index.php/2-uncategorised/417-operacao-condor-e-a-ditadura-no-brasil-analise-de-documentos-desclassificados

[3] Recreado en el filme de Costa Gavras “Etat de Siége”, de 1973.

[4] La Guardia Pretoriana, del ex agente de la CIA John Stockwell.

[5] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/dan-mitrione-maestro-tortura_0_ryHedXwe0Yl.html

Traducción: Natalia Estrada.

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