Eusébio da Silva Ferreira era un muchacho negro y pobre de Lourenço Marques. Su destino natural era continuar pobre y, quizás, acabar luchando en la guerra colonial. Por fortuna, para él y para nosotros, su formidable talento lo tornó mundialmente conocido y uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos.


Es importante recordar que Eusébio nació en un Portugal atrasado, con un régimen dictatorial y colonialista. El cuento de hadas del Pantera Negra fue usado de forma infame por el Estado Nuevo para esconder el profundo atraso en el que hundió al país, además de su racismo visceral.

Años más tarde, Passos Coelho, jefe de un gobierno que condena a miles de portugueses a la emigración y a tantos otros al desempleo, pobreza y precariedad, es visto en la televisión nacional acariciando la cara del cadáver de Eusébio, en una torpe tentativa de identificación con el mito que le limpie la imagen, y que sólo puede provocar vergüenza ajena.

Nosotros reconocemos a Eusébio como símbolo político. Nuestro homenaje al ídolo sirve para recordar que sus hazañas deportivas, que lo pusieron en el Olimpo del deporte mundial, son el objeto de sueño y culto de miles de trabajadores, de miles de jóvenes y ancianos. Los grandes deportistas y sus hechos pertenecen al pueblo. Al pueblo que hoy le presta homenaje y que tiene en sus ídolos no sólo “el opio del pueblo” sino también “el suspiro del oprimido”.

Es preciso pugnar para que la memoria colectiva lo recuerde como un ídolo del pueblo y por sus hechos deportivos. El aprovechamiento político de gobiernos que no hacen más que atacar a la juventud, la cultura y el deporte debe ser, como lugar común, puesto fuera de juego.

Traducción: Natalia Estrada