Mar Sep 26, 2023
26 septiembre, 2023

Europa: movilización en Francia, guerra en Ucrania, estancamiento económico

La situación europea está efectivamente marcada por estas tres grandes cuestiones: la guerra de Putin contra Ucrania, la gran movilización social en Francia y el estancamiento económico que atraviesa el continente. Un estancamiento acompañado de una fuerte inflación y de una banca en crisis (Crédit Suisse, Deutsche Bank) que podría llegar a derivar en una recesión generalizada.

Felipe Alegría, LIT-CI

En verdad, no podemos hablar de la situación europea como de algo homogéneo. Europa es, por el contrario, un entramado de países con posiciones muy distintas en la jerarquía entre los Estados y con coyunturas socio-políticas muy diferentes.

En terreno de la movilización social poco tienen que ver Francia o Gran Bretaña, atravesadas por grandes movilizaciones de trabajadores, con el clima de «paz social» que vive el resto del continente[1]. La ola de huelgas de estos meses en Francia y Gran Bretaña es la mayor de los últimos 30-40 años. La clase trabajadora británica lucha desde el pasado verano por recuperar el poder adquisitivo de sus salarios devorados por la inflación y en defensa de los servicios públicos, severamente golpeados por los gobiernos tories. Los sectores de vanguardia de la lucha son los trabajadores del metro y los transportes, la salud y la educación.

En Francia, la lucha contra la reforma de la jubilación ha sido el detonante de una movilización generalizada, reflejada en 12 jornadas nacionales de lucha así como en innumerables acciones y bloqueos en todo el país, con cientos de activistas involucrados, después de que Macron aprobara la ley pasando por encima del propio parlamento francés (artículo 49.3). La vanguardia de la lucha han sido los trabajadores de las refinerías, de la producción y distribución eléctrica, los ferrocarriles y los trabajadores de las basuras, con sus huelgas continuadas («reconducibles»).

La heterogeneidad de la movilización social entre los países a la que nos hemos referido no se explica solo por razones «objetivas» sino, sobre todo, por la actuación de las grandes burocracias sindicales europeas, integradas hasta el cuello en el aparato neoliberal de la UE y sus gobiernos y con una política consciente de ahogar las luchas en sus países y de impedir respuestas unificadas a escala europea.

El papel de la Unión Europea (UE)

La heterogeneidad europea se da, sin embargo, en el marco común de la UE, ese aparato institucional paraestatal que abarca a la mayoría del continente: compuesto por 27 países muy diversos; dominado por Alemania y Francia, las dos grandes potencias imperialistas de la UE, y manejado por una alta burocracia extraña a la voluntad de los pueblos europeos y ajena a las propias normas de la democracia liberal que tanto pregonan.

La UE es el instrumento mediante el cual Alemania y Francia aglutinan a su alrededor, por un lado, a países imperialistas de segunda fila, como Italia, España o Bélgica, cuyo peso internacional depende de su integración en la UE y, por otro, a países cuyo status común es el de semicolonia, como son, desde su incorporación, los de Europa del Este o Grecia desde la crisis de la deuda.

Alemania y Francia necesitan de este bloque continental para preservar una relativa autonomía frente a EEUU y China y evitar ser aplastados en su disputa global. Asimismo, mediante la UE, las grandes corporaciones germano-francesas imponen sus planes en el conjunto de los estados miembros (con la complicidad de sus respectivas clases dirigentes). La UE fue decisiva para que los gobiernos de los estados miembros pudieran imponer las brutales contrarreformas posteriores a la crisis de 2008. También fue decisivo su apoyo al Estado español en su razzia contra el movimiento independentista catalán.

El impacto de la guerra de Ucrania

La guerra de agresión nacional de Putin contra Ucrania ha provocado hasta el momento claras ganancias geoestratégicas para EEUU, en detrimento de Alemania y Francia: la primera de ellas es la ruptura del pacto energético entre Alemania y Rusia o, lo que es lo mismo, el gas ruso barato que formaba una de las bases sobre las que se asentaba el dominio económico de Alemania en la UE y su rol a escala global. Esta ruptura se da, además, en beneficio de los grupos energéticos norteamericanos, convertidos en los principales suministradores de gas a Europa, donde fijan un precio mucho más elevado que en su mercado doméstico. Para agravar las cosas, se añaden las leyes proteccionistas norteamericanas de los chips y contra la inflación, que perjudican seriamente a los oligopolios europeos frente a los norteamericanos.

Otra consecuencia fundamental de la guerra de Ucrania ha sido el fortalecimiento de la OTAN, es decir, del peso militar y político estadounidense en Europa. Así lo atestiguan las recientes palabras del primer ministro polaco Morawiecki en Washington, en las que ha presentado  a su país como el principal abanderado de la “nueva Europa” aliada incondicional de Estados Unidos (“la vieja Europa creía en un acuerdo con Rusia y la vieja Europa fracasó”). El caso de Polonia muestra un país económicamente sometido a Alemania y, al mismo tiempo, políticamente y militarmente un aliado preferencial de EEUU.

La ruptura del pacto energético Berlín-Moscú, junto a las agresivas políticas proteccionistas norteamericanas, debilitan la fortaleza de Alemania como potencia global y dan origen a reacciones unilaterales como su macroplan alemán de apoyo a las empresas, ajeno a los planes de la UE.

Francia, la otra gran potencia europea, se desliza aún con mayor claridad por la pendiente de la decadencia. No solo su economía se debilita sino también su rol imperialista global. La llamada Françafrique se disgrega. La reciente retirada humillante de las tropas francesas de Mali, tras Burkina Fasso y República Centroafricana, es una clara expresión de ello, mientras China ocupa el espacio económico y Rusia penetra con los mercenarios de Wagner. Todo combinado con la inmensa crisis de legitimidad de la Vª República (envuelta en una deriva bonapartista sin fin, con graves ataques a las libertades democráticas y un parlamento irrelevante), agudizada al extremo en el actual conflicto contra la reforma de las jubilaciones de Macron.

Alemania y Francia, si bien están condenadas a mantener su alianza y a preservar la UE frente al desafío de EEUU y China, mantienen importantes diferencias: Alemania no pierde el sueño por las preocupaciones francesas en África y en sus colonias de Ultramar. Y en el terreno energético, mientras Alemania está atada al gas, Francia lo está a la energía nuclear[2]. Asimismo, Alemania, rompiendo una tradición que venía desde la derrota del nazismo, ha resuelto convertirse en una gran potencia militar. Francia, que es potencia nuclear y hasta ahora la gran potencia militar de la UE, ha decidido, en plena batalla de las jubilaciones, relanzar su rearme, con un aumento impresionante del gasto militar (413.000 millones en seis años) con el fin de alimentar su potente industria militar y mantener su superioridad en este campo.

Ambas potencias, ante la agresiva ofensiva norteamericana frente a China, pugnan por mantener una relación «autónoma», que preserve sus relaciones comerciales y sus grandes inversiones en China, decisivas para sus economías. Macron en su reciente visita a Beijing, además de defender la «autonomía estratégica europea» y firmar jugosos contratos, declaró que «ser aliado [de EEUU]no significa ser vasallo» y que los europeos no deben “ser seguidistas» ni «adaptarnos al ritmo estadounidense [sobre Taiwan]». Unos meses antes, fue Scholz, acompañado de la flor y nata de la industria alemana, quien visitó a Xi Jinping, arregló inversiones y se comprometió a profundizar las relaciones económicas.

¿Dónde quedan los pregonados «valores europeos»?

Los cacareados «valores europeos» (derechos democráticos y Estado del Bienestar) que pregona la UE son cada vez más una cáscara vacía. Lo vemos en uno de sus países centrales, Francia: en la actuación de Macron contra uno de los pilares del Estado de Bienestar como son las pensiones; en los ataques al derecho de huelga (vía las requisiciones); en la brutal represión contra los participantes en las protestas. La actuación bonapartista de las instituciones de la Vª República francesa en la reforma de las pensiones ha dejado asimismo en evidencia la charlatanería de UE y sus gobiernos cuando se vanaglorian ante el mundo de ser un ejemplo de «Estado de derecho».

La UE, el paladín de la «paz»ha aprobado un nutrido fondo europeo para apoyar financieramente los compromisos armamentísticos de Alemania, Francia y, tras ellos, de los demás Estados-miembros.

Es también esta UE quien legitima al gobierno italiano de extrema derecha de Meloni[3] y a su política migratoria, racista y xenófoba, que se ajusta como anillo al dedo a la política migratoria general de la UE y sus «devoluciones en caliente», responsables de la muerte de miles y miles de migrantes en el Mediterráneo (y en la ruta de Canarias). De unos migrantes forzados a salir de su tierra por guerras, hambre y miseria en gran medida consecuencia de la expoliación a que son sometidos sus países por empresas de los países imperialistas, en buena parte europeas. 

La UE ha acordado que, ya a partir de 2024, pondrá fin a la «flexibilidad fiscal» que acordó como consecuencia de la coyuntura económica generada por la guerra de Ucrania y que retomará, actualizadas, las «políticas de ajuste«. Éstas van a afectar de manera especialmente grave, como ocurrió durante la crisis de la deuda posterior a 2008, a los países de la periferia, más endeudados y dependientes del Banco Central Europeo (BCE), cuyos gobiernos van a ser «obligados» a tomar duras políticas de austeridad.

El declive de Alemania y Francia debilita su papel como columna vertebral que debe disciplinar al resto de países de la UE. Lo vemos en las contradicciones entre los gobiernos ante la guerra de Ucrania o la relación con Rusia, EEUU o China. El problema migratorio es también un grave conflicto interno, con los países mediterráneos intentando en vano «mutualizar» el problema al conjunto de la UE. La política energética es asimismo motivo de fricciones entre Alemania y sus aliados más cercanos y el resto de países. Una aceleración de la crisis solo puede acentuar estas contradicciones.

¿Dónde estamos?

La clase trabajadora francesa y británica es, junto al pueblo de Ucrania (que resiste heroicamente, tras más de 14 meses de guerra de agresión de Putin, con las Defensas Territoriales, formadas por trabajadores, a la cabeza) son la vanguardia de la lucha de clases en Europa.

La movilización contra la reforma de las pensiones en Francia, a pesar de que la solidaridad activa europea ha quedado reducida básicamente a Bélgica, ha cambiado el clima del continente. Ello se ha reflejado en la masividad de la jornada de huelga alemana del 27 de marzo y en la simpatía general que ha despertado esta lucha en la clase trabajadora de toda Europa. En Gran Bretaña hay carteles en las calles que reclaman hacer como los franceses: «Be more French«.

Al mismo tiempo, es igualmente cierto que la lucha de la clase trabajadora francesa contra la reforma de las pensiones, tras la aprobación de la ley, ha entrado en una situación de reflujo, con las huelgas reconducibles de los sectores de vanguardia finalizando a causa de su aislamiento y la falta de cajas de resistencia suficientes. La estrategia de la Intersindical (las cúpulas de las burocracias sindicales) ha dejado agotada a la clase trabajadora, sin que, de momento, no se haya desarrollado aún un proceso de coordinación de la izquierda sindical (sectores locales y de base de la CGT y Solidaires) ni pasos en la autoorganización del movimiento (es decir, en la creación de organismo de representación directa y su coordinación democrática) que permitan comenzar a plantar cara a las burocracias sindicales. Sin embargo, la crítica a la estrategia de las burocracias sindicales es ya generalizada entre amplias franjas de trabajadores.

La clase trabajadora francesa no vive la actual situación como una derrota. Macron se encuentra aislado y políticamente malherido. Ni él ni sus ministros pueden acudir a ningún lugar sin ser masivamente abucheados, sufrir cortes de luz… Son muchos los activistas que piensan que hay que recuperar fuerzas para volver a la lucha más adelante para tumbar la ley. Vamos a ver también qué pasa el 1º de Mayo y qué ocurre con las luchas sectoriales y, en concreto, las lucha por los convenios, dada la gran pérdida de poder adquisitivo de los salarios.

Algunas lecciones francesas

La gran movilización francesa ha tenido fuertes debilidades, que han permitido que Macron saque adelante la ley y se obstine en su aplicación, a pesar de no haber tenido incluso mayoría para aprobarla en el Parlamento. La primera debilidad, básica, de la lucha emprendida es la estrategia de las burocracias sindicales que, ante la radicalización del poder, aboca necesariamente a la derrota. Una estrategia que consiste en la convocatoria de una sucesión indefinida de jornadas de lucha, aisladas en el tiempo entre sí, que no paralizan el país y que duran hasta que los sectores más avanzados agotan sus fuerzas y las gentes se cansan de acudir en masa a las manifestaciones.

Unas jornadas de movilización entendidas, por lo demás, como una presión respetuosa a las instituciones de la Vª República: nada de huelga general hasta la retirada del proyecto de ley, ni de exigir la dimisión de Macron y de su gobierno y de denunciar el carácter antidemocrático del régimen en nombre de la voluntad abrumadora del pueblo francés[4].Entretanto, la izquierda oficial[5] ha dividido tareas con las burocracias sindicales, mostrándose perfectamente respetuosa con la estrategia de éstas, mientras trata de aprovechar el descontento popular para captar votos futuros, siempre en el marco de la sumisión a los cauces antidemocráticos de la Vª República. Pero la batalla por las pensiones ha mostrado que para derrotar la reforma de Macron es preciso acabar con Macron, cargar contra la Vª República y abrir una perspectiva de clase y democrática. Frente a Macron y frente a la extrema derecha de RN de Le Pen.

Tampoco la extrema brutalidad policial ha encontrado respuesta en una autodefensa de las manifestaciones organizada desde el propio movimiento.

Otro aspecto relevante es la ausencia de solidaridad internacional, un factor muy importante para doblar el brazo a Macron. Las burocracias sindicales europeas se oponen a organizarla y, más aún, a plantear una lucha unificada por objetivos comunes a escala de la UE, cuando es la propia UE quien está directamente involucrada en la ofensiva europea contra las pensiones y, más en general, contra los derechos laborales y los servicios públicos. Sin embargo, la solidaridad internacionalista y la lucha unificada son necesidades vitales del movimiento obrero europeo. En la historia de la UE, aunque limitada, la única huelga pan-europea tuvo lugar el 14 de noviembre de 2012, con la participación de trabajadores del Estado español, Portugal e Italia y movilizaciones en Francia, Grecia y parte de Bélgica.

La lucha contra la reforma de las pensiones se ha combinado también con la movilización, convocada por el movimiento Soulevements de la Terre, en defensa del agua en Saint Soline (Poitou), que ha sido también un pronunciamiento masivo contra la reforma de Macron. Nos encontramos, quizá, ante la mayor movilización ambientalista en el continente, con muchos miles de participantes y una represión policial verdaderamente brutal (más de 200 heridos, dos de ellos en coma). Esta lucha ha puesto en evidencia la enorme importancia de la lucha contra el calentamiento global y en defensa del medio ambiente, la necesidad de que la clase trabajadora asuma en ella un creciente protagonismo y la urgencia de coordinar a escala europea el movimiento para dar una respuesta común.

La solidaridad con el pueblo ucraniano

Ahora que los gobiernos europeos aprietan al gobierno Zelenski para negociar «paz por territorios» y preparan la colonización de Ucrania valiéndose de la UE, es una tarea central dar continuidad y ampliar la solidaridad con el pueblo ucraniano y, en particular, con los trabajadores que están a la vanguardia de la lucha en las Defensas Territoriales.

Los gobiernos europeos, encabezados por Alemania y Francia, con la excusa de la guerra, se han embarcado en una carrera armamentista desenfrenada que nada tiene que ver con el apoyo militar a Ucrania, que no recibe las armas que reclama y que, cuando le llegan, es tarde, son escasas y antiguas, mientras los gobiernos no dudan en renovar y ampliar su arsenal.

Por eso, al tiempo que exigimos de los gobiernos imperialistas que entreguen a Ucrania las armas que ésta reclama, combatimos contra la carrera armamentista que han emprendido a costa de las necesidades del pueblo y reclamamos la disolución de la OTAN y de los bloques militares, más aún cuando EEUU está ya apostando por la integración de Ucrania en la OTAN.

Es muy importante seguir adelante con la solidaridad activa y directa con los sectores del movimiento obrero ucraniano que están en vanguardia y que sufren, al mismo tiempo, la ofensiva de Zelenski contra los derechos obreros. La solidaridad más genuina es la que tiene lugar entre la propia clase trabajadora.

Descartamos toda falsa esperanza de que la paz y la prosperidad de Ucrania puedan venir de la mano de estas aves de rapiña que son EEUU, la UE y sus gobiernos, cuyas empresas se aprestan a apropiarse en masa de los recursos y el patrimonio ucranianos una vez que se haya firmado un armisticio con Rusia.

Con los inmigrantes, por sus derechos

Los planes contra los migrantes del gobierno ultraderechista de Meloni en Italia son una excelente muestra de la envergadura del problema de la inmigración en el conjunto de Europa. Son expresión de la misma política reaccionaria el salvajismo del gobierno griego y de su criminal Guardia Costera, el drama de las vallas de Melilla del «progresista» gobierno español, o la rabiosa xenofobia del gobierno danés. Todo ello avalado y apadrinado por la UE

Al mismo tiempo, el gobierno italiano, al igual que hacen otros gobiernos como el español o el francés y la propia UE, subcontrata a gobiernos autoritarios (o directamente a mafias como la guardia costera libia) para que persigan a los migrantes en los países de paso o de origen, sometiéndolos a condiciones de extrema crueldad. Por eso es de primera necesidad denunciar las leyes migratorias, acabar con ellas y reclamar la legalización de los migrantes sin papeles y su igualdad de derechos con los nacionales.

Levantar la bandera del internacionalismo y la construcción de una internacional revolucionaria

Si en algo vamos retrasados en Europa es en la respuesta internacionalista, frente a una UE que, por el contrario, es una máquina perfectamente engrasada para unificar los ataques del capital contra la clase trabajadora del continente. Toda la izquierda oficial, incluida la «nueva izquierda progresista» está sometida a la UE y nada va a hacer contra los tratados neoliberales ni las directrices antiobreras de la UE.

Al calor de las movilizaciones concretas y de la batalla por una solidaridad internacionalista efectiva, tenemos que retomar la tradición revolucionaria y alzar la bandera de otra Europa, la de los trabajadores y los pueblos, la de los Estados Unidos Socialistas de Europa, que solo podremos levantar sobre las ruinas de la Europa del Capital, es decir, la UE.

Y para abrir esta perspectiva en las batallas presentes, tenemos que dar pasos en la construcción de partidos revolucionarios en cada país y de una internacional revolucionaria. En esa batalla estamos comprometidos en la Liga Internacional de Trabajadores (LITci).


[1] Aunque hay que hacer notar aquí, por su importancia, la potente jornada de huelga del sector público alemán por los salarios, que paralizó el país el pasado 27 de marzo y refleja un fuerte descontento y una alta disposición de lucha entre los trabajadores.

[2] No es extraño que la UE haya dado a la nuclear y al gas la categoría de «energías verdes»!

[3] La burocracia de la CGIL también colabora en la tarea, invitando a Meloni a su reciente congreso nacional.

[4] Las encuestas han arrojado de manera estable el resultado de una mayoría del 94% de asalariados y un 70% de la población en su conjunto contraria al proyecto de Macron.

[5] Nos referimos a La France Insoumise y no al PS, un semicadáver político tras haber protagonizado varias de las peores ofensivas antiobreras desde la IIª Guerra Mundial y haber apoyado (como los otros partidos socialistas europeos) los tratados neoliberales y las peores medidas de austeridad de la UE.

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