Este es el primero de tres artículos que vamos a publicar para abordar la discusión sobre panafricanismo y estalinismo. El objetivo es combatir el discurso de los nuevos defensores del estalinismo de que marxismo y estalinismo serían lo mismo y que tendrían las mismas posiciones políticas y bases teóricas, particularmente sobre la cuestión negra y la lucha por la independencia de los países africanos. También pretendemos combatir la idea de que el estalinismo y el panafricanismo estarían, en esencia, basados en los mismos preceptos políticos y teóricos y que, a lo largo de la historia, caminaron juntos.

Por: Américo Gomes

Lo que sucedió fue lo contrario: lo que pasó a llamarse “ panafricanismo moderno” –con sus errores y debilidades– fue una reacción al estalinismo y su política de “coexistencia pacífica” con los países imperialistas, considerada progresistas. En particular, el Quinto Congreso Panafricano y sus deliberaciones fueron en sentido opuesto de lo que defendían los partidos comunistas basados en las deliberaciones de la Tercera Internacional (Komintern), luego de la muerte de Lenin, en la época en que pasó a ser dirigida por Stalin y Dimitrov.

Caminos opuestos

Actualmente, estalinistas y neostalinistas, buscando escapar del aislamiento político, continúan desarrollando falsificaciones históricas, teóricas y políticas, para ver si establecen un diálogo con nuevos sectores de la vanguardia que están en primera línea en el combate contra los gobiernos capitalistas de todo el mundo, y para encubrir las traiciones de esta corriente dentro del movimiento de la clase trabajadora a lo largo de la historia.

En cuanto a la cuestión negra y la lucha contra el colonialismo en África, intentan poner un signo igual entre el estalinismo y el panafricanismo. Vemos esto en los esfuerzos realizados por Jones Manoel, quien en su Facebook afirma: “ La historia del panafricanismo se entrelaza con la historia del marxismo y el movimiento comunista”. En el libro que organizó con antologías sobre la Revolución Africana[1] Manoel crea una amalgama entre el panafricanismo, el marxismo y la historia y política del movimiento comunista de la Tercera Internacional de la era estalinista. Como miembro del PCB trata de justificar las posiciones asumidas por los Partidos Comunistas a lo largo de la historia.

Demostraremos que hay coincidencias, pero también diferencias importantes entre el panafricanismo y el marxismo, especialmente en lo que se refiere a su carácter de clase. Diferencias estas que nunca fueron omitidas por los verdaderos panafricanistas y que creemos llevaron a los mayores errores de los adeptos de este movimiento.

Pero, también demostraremos que la política de Stalin y la Tercera Internacional a partir del Quinto Congreso fue priorizar la “coexistencia pacífica” y las alianzas con naciones imperialistas consideradas “progresistas” en detrimento de la lucha emancipadora por la independencia de los pueblos coloniales, en una verdadera traición a estos luchadores. Una política implementada por el conjunto de los Partidos Comunistas, en particular por los partidos que estaban ubicados en los países imperialistas.

Lenin y la «cuestión negra» y la lucha colonial

Lenin fue el principal impulsor de que los revolucionarios apoyaran y participaran de los movimientos de autodeterminación en las colonias, aun cuando estos movimientos fuesen dirigidos por las burguesías nacionales. Pero, a diferencia de lo que hiciera posteriormente Stalin, Lenin defendía la necesidad de diferenciación y enfrentamiento político con estas mismas burguesías nacionales, cuando realizaban esta “unidad de acción”.

El punto de partida y fundamento del programa construido por Lenin para la Tercera Internacional era una continuidad directa con lo que Marx y Engels habían elaborado sobre el tema, en particular el reconocimiento de la “división de las naciones en opresoras y oprimidas como un hecho esencial, fundamental y inevitable bajo el imperialismo” [2]. A partir de allí se entiende que la lucha por el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, su derecho a la independencia, es fundamental y esencialmente parte de la lucha por una sociedad socialista mundial, es decir, la lucha de los pueblos colonizados por su independencia es un componente de la revolución socialista mundial. Y como luchadores internacionalistas era necesario poner por encima de todo los intereses de todas las naciones por la libertad y la igualdad de derechos.

Pero, al mismo tiempo, Lenin establecía que la obligación de los revolucionarios era dar un carácter y un contenido clasista a esta demanda –como a todas las demás demandas fundamentales de la democracia política– y asociarla a la lucha revolucionaria directa de las masas por el derrocamiento de los gobiernos burgueses. Para el revolucionario ruso, la lucha por el derecho a la autodeterminación es parte esencial de la construcción de la unidad de la clase trabajadora y de la delimitación de la clase fundamental, incluso porque la burguesía de las naciones oprimidas siempre transforma las consignas de liberación nacional en engaño para los obreros utilizando esta lucha para acuerdos con los gobiernos imperialistas.[3]

Esto llevó a que el II Congreso de la III Internacional incluyese en las 21 Condiciones de Admisión:

“(…) los Partidos de países cuya burguesía posee colonias u oprime naciones deben tener una línea de conducta particularmente abierta y clara. Cualquier Partido que pertenezca a la Tercera Internacional tiene como deber revelar sin piedad las proezas de “sus” imperialistas en las colonias, de apoyar, no de palabra sino efectivamente, cualquier movimiento de emancipación en las colonias, de exigir la expulsión de las colonias de los imperialistas de la metrópoli, de alimentar en el corazón de los trabajadores del país sentimientos verdaderamente fraternos para con la población trabajadora de las colonias y de las nacionalidades oprimidas y cultivar entre los grupos obreros de la metrópoli una agitación continua contra toda opresión de los pueblos coloniales”.

Stalin contra el marxismo en la cuestión nacional

A pesar de que muchas veces reivindicaba materiales de Lenin y del partido, Stalin desarrolló una política inversa poco después de consolidarse en el poder, e incluso cuando Lenin estaba en su lecho de muerte. La primera demostración concreta de esto se dio cuando Stalin y Dzerzhinsky abordaron la cuestión de Georgia, en la cual su política es la rusificación de esta nación utilizando métodos de intimidación e incluso llegando a la agresión física. Metodología que después fue aplicada en profundidad en Crimea, donde hubo una limpieza ética del pueblo tártaro que habitaba la región.

Lenin rechazó categóricamente estos métodos y esta política de Stalin “el georgiano” en sus últimos escritos, en las notas dictadas a sus secretarias a finales de 1922, que luego fueron publicadas bajo el título “Respecto del problema de las nacionalidades o sobre la ‘autonomización’”.

Una actitud verdaderamente proletaria exige de nuestra parte extrema cautela, delicadeza y transigencia. El georgiano que desprecia este aspecto del problema, que desdeñosamente lanza acusaciones de «socialnacionalismo» (cuando él mismo no es solo un genuino y verdadero «socialnacionalista», sino un grosero secuaz ruso), ese georgiano hiere, en esencia, los intereses de la solidaridad proletaria  de clase”.

Lenin propuso un castigo ejemplar a todos los burócratas estalinistas responsables por defender la implementación de las normas más severas en defensa del uso del idioma ruso y contra el uso del idioma nacional de las repúblicas.

Sin embargo, con la muerte de Lenin[4] las concepciones estalinistas se hicieron efectivas con el control de Stalin sobre el aparato del Estado ruso y de la Komintern y tuvieron inmediatamente consecuencias desastrosas y sangrientas para la clase obrera china, en 1927, cuando fue aplicada la política frentepopulista, es decir, de alianza con las burguesías nacionalistas.

La política de formación de “Frentes Populares”, elaborada por Stalin, impidió que la clase obrera tuviese una posición independiente de la burguesía bajo el argumento de una supuesta imposibilidad de tomar el poder en los países coloniales, pues estos países “no estaban maduros ”. Con eso, en efecto, el objetivo era la subordinación de los intereses y la lucha de los sectores más explotados de la sociedad y de la clase trabajadora a las burguesías nacionales que querían presentarse como “antiimperialistas”. Uno de los aspectos se materializó en la teoría de la “revolución por etapas”, acompañante inseparable de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo y de la construcción del “socialismo en un solo país”. Teorías que distanciaron a la Tercera Internacional de las revoluciones coloniales en el continente africano y en todo el mundo.

Trotsky y la Revolución Permanente

Trotsky tenía una posición completamente contraria a la de Stalin. Para el comandante del Ejército Rojo, las condiciones históricas para el socialismo “no solo maduraban, sino que ya comenzaban a pudrirse” en todo el mundo, incluidos los países coloniales.

Los contornos finales de su teoría de la Revolución Permanente se basaron en la gravísima derrota de la revolución china de 1927, a partir de la cual generalizó sus conclusiones teóricas para los países coloniales y semicoloniales en la perspectiva de la teoría mundial de la revolución. Así, Trotsky dio continuidad a la estrategia leninista-marxista sobre las nacionalidades, presentada en las tesis del Segundo Congreso de la Tercera Internacional.

Trotsky sintetiza las conclusiones en sus tesis finales, por ejemplo:

2a. en relación con los países de desarrollo burgués tardío, particularmente los países coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución completa y genuina de sus tareas democráticas y de emancipación nacional solo es concebible a través de la dictadura del proletariado como líder de la nación oprimida, principalmente de sus masas campesinas.” [5]; y «11a. (…) El capitalismo, al crear un mercado mundial, una división mundial del trabajo y las fuerzas productivas mundiales, se encarga por sí solo de preparar la economía mundial en su conjunto para la transformación socialista. Este proceso de transformación se realizará con diferente ritmo según los diferentes países. En determinadas condiciones, los países atrasados ​​pueden llegar a la dictadura del proletariado antes que los avanzados, pero más tarde al socialismo…”[6]. (traducción nuestra)

No importa cuáles fueren las primeras fases de un proceso revolucionario en diferentes países, es decir, cómo y con qué sectores se iniciará la revolución. Para el triunfo de este proceso revolucionario es imperativa la realización de la alianza revolucionaria entre el proletariado y los sectores más explotados de la clase y la formación de una dirección política basada en la vanguardia proletaria, organizada en un partido revolucionario. Con eso, la toma del poder por la clase obrera estará destinada, en primer lugar, a realizar las tareas de la revolución democrática.[7]

Estas posiciones fueron resumidas en el Programa de Transición, en el capítulo “Los países atrasados ​​y el programa de reivindicaciones transitorias”:

«Los países coloniales y semicoloniales son por su propia naturaleza países atrasados. Pero estos países atrasados ​​viven en las condiciones de dominación mundial del imperialismo. Por eso su desarrollo tiene un carácter combinado: reúnen al mismo tiempo las formas económicas más primitivas y la última palabra de la técnica y de la civilización capitalista. Esto es lo que determina la política del proletariado de los países atrasados: está obligado a combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y de la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial”. (…) “El peso relativo de cada una de las reivindicaciones democráticas y transitorias en la lucha del proletariado, su conexión recíproca y su orden de sucesión están determinados por las particularidades y condiciones propias de cada país atrasado, en buena medida, por su grado de atraso. Sin embargo, la tendencia general del desarrollo revolucionario en todos los países atrasados ​​puede ser determinada por la fórmula de la revolución permanente en el sentido que definitivamente le dieron las tres revoluciones rusas (1905, febrero de 1917 y octubre de 1917)”. (traducción nuestra)

La coexistencia pacífica de Stalin y Dimitrov

Jones Manoel busca basarse en los estudios de Hakin Adi, autor de “Pan African History” para intentar transmitir la idea de que: 1) la Tercera Internacional, cuando dirigida por Stalin y Greorgi Dimitrov, mantuvo una línea de defensa de la independencia colonial en lugar de priorizar la alianza con los gobiernos de los países imperialistas que juzgaban progresistas contra el nazismo; 2) que solamente existían algunas pequennas divergencias con los partidos comunistas inglés y francés sobre la cuestión de las luchas por la independencia de las colonias, no por casualidad en los principales países imperialistas.

Por eso no nos sorprende, como ya hemos mencionado en artículos anteriores[8], que en su libro de antología sobre las revoluciones africanas no incluya a George Padmore ni a CLR James, reconocidos marxistas que hicieron importantes contribuciones para la revolución negra en África.[9]

El propio Adi se ve obligado a admitir que la disolución de International Trade Union Committee of Negro Workers (Comité Sindical Internacional de Trabajadores Negros (ITUCNW)) tuvo que ver con un cambio en toda la actuación de la Tercera Internacional a partir de las deliberaciones del Séptimo Congreso, en 1935.

Tanto es así que la Internacional Sindical fue disuelta en 1937, y el Komintern se disolvió, por orden de Stalin, en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial. Una política que se venía implementando desde la entrada de la URSS en la Sociedad de las Naciones[10], en 1934, y con el Pacto Franco-Soviético, en 1935. “El surgimiento del fascismo y el peligro de guerra también habían llevado a la Komintern a reevaluar su aproximación a la Segunda Internacional y a procurar formar un frente único de todas las organizaciones de trabajadores, así como un frente único de todas las organizaciones obreras así como un frente antiimperialista en las colonias. Esto llevó también a una reevaluación de la necesidad del ISR, que acabará por ser disuelta.”[11]

Pero fue la invasión de Etiopía por la Italia fascista en 1935, el gran delimitador de campo y diferenciador del movimiento negro y del panafricanismo con el estalinismo.

El abandono de Etiopía y la ruptura de Padmore

George Padmore fue, por muchos, llamado uno de los “padres del panafricanismo” junto con Marcus Garvey y WEB Du Bois, o al menos el padre del “panafricanismo moderno”. Antes de eso, militó en el Partido Comunista de los Estados Unidos, en 1927, cuando el partido defendía la igualdad racial. Su frente de actuación era el movimiento negro estadounidense, en particular el Congreso Obrero Negro Estadounidense.

En marzo de 1929 fue delegado (pero sin derecho a voto) en la 6ª Convención Nacional del CPUSA, y enviado a la URSS, destacado para militar en el Comité Sindical Internacional de Trabajadores Negros – ITUCNW) y miembro de Profintern (la Red Internacional de Sindicatos Obreros) en el Buró Negro. En la ITUCNW, fue responsable de editar el periódico Negro Worker, producir panfletos y artículos para el periódico en inglés de Moscú, además de ser el «mensajero de fondos» de Moscú para varios partidos comunistas extranjeros. En julio de 1930 fue enviado a Alemania, donde organizó la conferencia internacional de la ITUCNW en Hamburgo, la primera conferencia de trabajadores negros.

Fue cuando escribió “La vida y las luchas de los trabajadores negros, publicado en 1931, en Londres, por la editorial International Sindical Roja. Este libro presenta de manera dialéctica la relación entre raza y clase, y entre explotación y opresión, tanto en los Estados Unidos como desde el punto de vista internacional. Critica duramente a los sindicalistas reformistas blancos de la Federación Estadounidense de Trabajadores (AFL), de la Internacional de Amsterdam y a los reformistas negros, como Marcus Garvey (a quien llama de “demagogo y deshonesto”, y afirma que “la lucha contra el garveyismo es la mayor tarea de los trabajadores negros”). Con un relato detallado e impresionante de la situación de los negros y sus luchas en África, Padmore señala las tareas del proletariado en los países avanzados para unir fuerzas con sus hermanos blancos contra el enemigo común: el capitalismo mundial. Y termina repudiando la formación de una República Negra en África que no tenga carácter de clase y que sirva para “explotación de los trabajadores por su propia raza[12] .

Frenter al crecimiento del nazismo, la política de Stalin fue priorizar las alianzas diplomáticas con las potencias coloniales, como Francia e Inglaterra. George Orwell, autor del famoso The Animal Farm [Rebelión en la Granja], en su artículo “Not Counting Niggers[13], denunció que –detrás del discurso “antifascista”– la política de los estalinistas-comunistas en Inglaterra era defender a los lucros británicos, presentando a Winston Churchill como un demócrata, y posicionándose contra la lucha por la independencia de la India (alegando que este país aún no tenía la capacidad para un autogobierno), de manera semejante a la política para África: «La cláusula tácita es siempre ‘sin contar a los negros’. Pues, ¿cómo podemos hacer una ‘posición firme’ contra Hitler si estamos simultáneamente debilitándonos en casa? En otras palabras, ¿cómo podemos ‘luchar contra el fascismo’ sino reforzando una injusticia mucho más amplia?”[14]

Padmore estaba en contra de dar la espalda a los africanos colonizados en nombre del antifascismo, con el discurso político de que los enemigos de los explotados de las colonias no eran los imperialistas, sino apenas el movimiento fascista. En sus palabras, “los negros fueron arrojados a los lobos ”[15].

Como escribió CLR James, autor del libro clásico sobre la Revolución Haitiana, Los Jacobinos Negros,

“[Padmore] una vez en Estados Unidos, se convirtió en un comunista activo. Fue trasladado a Moscú para asumir la dirección de la oficina de propaganda y organización del pueblo negro, y allí se convirtió en el más conocido y el meas confiable de los agitadores por la independencia africana. En 1935, el Kremlin, en busca de alianzas, separó a Gran Bretaña y Francia, como “imperialismos democráticos”, de Alemania y Japón, es decir, “los imperialismos fascistas”, blanco principal de la propaganda rusa y comunista. Esta distinción reducía la actividad de emancipación africana a una farsa: Alemania y Japón, de hecho, no tenían colonias en África. Padmore inmediatamente rompió todas las relaciones con el Kremlin[16].

Por eso Padmore fue vilipendiado y perseguido por los comunistas/estalinistas en todo el mundo, así como por los fascistas, viviendo bajo vigilancia del servicio secreto británico. En Inglaterra, en 1935, trabajó como periodista para periódicos negros. Volviendo al trabajo con CLR James; Wallace-Johnson, sindicalista de Sierra Leona; Amy Ashwood Garvey y Jomo Kenyatta en International African Opinion. Formaron a International African Friends of Abyssinia (Etiopía) en ese ano, para la campaña contra la invasión italiana fascista, uno de los únicos países africanos independientes en la época, y visto como el representante del ideal de libertad y resistencia al imperialismo. Para darnos una idea de los Estados Unidos, en la época, dos pilotos de avión, negros, fueron a combatir contra los fascistas italianos, uno de ellos,  Hubert Julian pasó a ser conocido como el “Águila Negra del Harlem”, el otro, John C. Robinson, como “el Cóndor Negro”, responsables ambos por la fundación de la Fuerza Aérea etíope.

Sin embargo, la Tercera Internacional se abstuvo incluso de comentar el asunto; Stalin apostaba a la cooperación entre la URSS, Inglaterra y Francia a través de un “Frente Único” para contener el expansionismo nazi[17]. Por eso desarrollaba una postura de neutralidad frente a la explícita política agresiva de la Alemania de Hitler. Para cubrirse, denunciaban que en Etiopía había una “monarquía feudal” y que el rey Haile Selassie tenía vínculos con el Imperio japonés.

La Liga de las Nacions votó sanciones económicas contra Italia, y condenó la guerra ilegal de agresión. Los estalinistas de la URSS apoyaron esas sanciones. Pero, extraoficialmente, los gobiernos británico y francés no adoptaron ninguna sanción seria contra Italia. Los EEUU continuaron exportando incluso material de guerra, y los estalinistas siguieron vendiendo petróleo para la Italia fascista, que lo utilizaba para abastecer sus aviones y tanques en Etiopía.

Intentando negar estos hechos, Jones Manoel[18] se apoya en Domenico Losurdo[19] para decir que Stalin no tuvo responsabilidad en los avances nazis como la invasión de Checoslovaquia, y tampoco de la derrota en Etiopía, ya que las únicas y exclusivas responsabilidades eran de las “potencias occidentales”[20].

Incluso la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP) en los Estados Unidos cuestionó el silencio de Moscú[21]. Padmore escribió un artículo violento contra la ITUCNW, “Ethiopi and World Politics”, en la publicación oficial de la NAACP[22]: The Crisis. Luego denunció la hipocresía soviético-estalinista que vendía trigo, petróleo y carbón a Italia, utilizados en la guerra contra Etiopía[23]. En este conflicto, Mussolini utilizó armas químicas contra los africanos y ¡se estima que 500.000 etíopes fueron muertos!

En 1936, la Sociedad de las Naciones –con los votos en contra de la URSS y de los Estados Unidos, pero con el apoyo de los supuestos gobiernos progresistas de Inglaterra y Francia– reconoció el control de Italia sobre Etiopía, dominación que se mantuvo hasta 1941.

Padmore y CRL James criticaron duramente la política de Stalin de abandonar Abisinia (Etiopía). Padmore pasó a defender lo que más tarde se conocería como “panafricanismo de la lucha de clases[24]. En su libro World Revolution, James denunció a Stalin y a la Tercera Internacional, reivindicando “ideas fundamentalmente del marxismo”, demostrando que la política para Etiopía tenía todo que ver con la política de “coexistencia pacífica” y de “socialismo en un solo país”, lo cual se reflejaba en las luchas anticoloniales, un ejemplo del abandono de la política revolucionaria leninista de defensa del derecho a la autodeterminación. En el penúltimo capítulo, “La revolución abandonada”, afirma que era necesaria la movilización de los trabajadores, asociando la lucha antifascista con la anticolonial.

Dio el ejemplo de que los trabajadores soviéticos podrían haber llevado a cabo el embargo del petróleo a Italia basándose en el sentimiento generalizado de los trabajadores de todo el mundo de repudio a Mussolini. Como las acciones realizadas por marineros en Trinidad y Tobago y Grecia: una huelga contra el envío de materiales de guerra a las tropas italianas; o de marineros de Egipto, Sudáfrica y Francia que se negaron a cargar los navíos italianos; boicots semejantes organizados en puertos como San Pedro (EE. UU.), Cardiff (Reino Unido), Marsella (Francia), Bone (Argelia) y Luderitz (Namibia). Si la Tercera Internacional apoyase la lucha del pueblo etíope, llevaría a un nivel más avanzado la construcción de los partidos comunistas en todo el continente africano, con miras a la revolución mundial.

Padmore pasó a proponer formar una “Internacional Negra” que se opusiese al imperialismo, el fascismo, el capitalismo “progresista” y lo que llamó “comunismo soviético”. Relacionó la lucha antinazi y la lucha anticolonial de la siguiente manera: “Para derrotar el nazismo debemos ser libres del colonialismo[25]. Defendía el derecho a la independencia de los pueblos africanos como un elemento fundamental para derrotar a los nazis, asociando las dos luchas.

En 1941, para ganar el apoyo de los trabajadores en la lucha antinazi, Theodore Roosevelt y Winston Churchill firmaron la “Carta del Atlántico” que defendía la autodeterminación de los pueblos y el derecho de decidir el gobierno que tendrían. Pero, confrontado en Europa, Churchill declaró que los términos de la “Carta del Atlántico” no se aplicaban a las colonias y solamente a los pueblos de Europa que vivían bajo el dominio nazi[26].

A partir de entonces, lamentablemente Padmore comenzó a asumir posiciones puramente panafricanistas, abandonando el criterio de clase que había defendido en la década de 1930. Participó de la fundación de la Pan Afric Federation (PAF) en 1944, en Manchester, y pasó a organizar el Quinto Congreso Panafricano, en 1945.

En los siguientes artículos, desarrollaremos lo que consideramos las bases teóricas y programáticas equivocadas del panafricanismo, la organización del V Congreso, pero también la actuación de los partidos comunistas estalinistas en las luchas coloniales de posguerra, como en Argelia y las colonias portuguesas, y su política de “zigzags” frente a Roosevelt en los Estados Unidos.

Terminaremos esta serie señalando las consecuencias de ambas políticas para el continente africano y su lucha emancipadora, y explicaremos por qué es necesario construir una organización revolucionaria en el continente para llevar a cabo la Revolución Negra en África.

 Notas:

[1] Revolución africana, una antología del pensamiento marxista, Autonomía literaria.

[2] Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación (Tesis), febrero de 1916.

[3] Ídem.

[4] enero de 1924.

[5] “¿Qué es la revolución permanente? (Tesis Fundamentales)”.

[6] Ídem.

[7] Ídem, Tesis 4.

[8] Panafricanismo y la perspectiva revolucionaria, en: https://litci.org/es/panafricanismo-y-la-perspectiva-revolucionaria/, 8/6/2021

[9]  Ídem.

[10] Para Lenin una “cueva de ladrones”.

[11] Hakin Adi.

[12] La vida y la lucha de los trabajadores negros.

[13] julio de 1939. Primera publicación: Adelphi.

[14] George Orwell, “Not Counting Niggers”,  http://orwell.ru/library/articles/niggers/english/e_ncn  (consultado, 21 de junio de 2015).

[15]  Hakim Adi,  Pan-africanism and Communism : The Communist International, Africa and the Diaspora, 1919-1939

(Panafricanismo y Comunismo:  La Internacional Comunista, África y la Diáspora, 1919-1939)

[16] CLR James, I Giacobini Neri. La prima rivolta contro l’uomo bianco (Los Jacobinos Negros. La primera revuelta contra el hombre blanco) [1963]. https://b-ok.lat/book/17155439/0f13ca

[17]  Esto no debería sorprendernos después de saber que Stalin hizo el acuerdo Molotov-Ribbentrop, según él para contener el avance nazi, en 1939. De hecho, hizo este acuerdo como aliados y además de la división de Polonia entre los dos países, con total confianza en la palabra de Hitler. Y por eso, desdeñó el aviso de Leopold Trepper cuando este denunció la fecha de la Operación Barbarrosa de Hitler para invadir la URSS, y después de la Segunda Guerra Mundial, envió a Trepper a la cárcel cuando este regresó a la URSS.

[18] Contra el revisionismo histórico: el pacto de no agresión germano-soviético y la Segunda Guerra Mundial. Blog Boitempo

[19] Stalin, una historia crítica de una leyenda negra, Editora Revan.

[20] Stalin y Hitler: ¿hermanos gemelos o enemigos mortales? 100 años de la Revolución Rusa, 2017 Acervo Online Le Monde Diplomatique.

[21] Holger Weiss, Against Japanese and Itaian Imperialism: The Anti-War Campaigns of Communist International Trade Union Organizations, 1931-1936 (Contra el imperialismo japonés e italiano: las campañas contra la guerra de las organizaciones sindicales internacionales comunistas, 1931-1936).

[22] Fundada en 1910 por WEB DuBois.

[23] Soiviet Russia Aids Italy (La Rusia soviética ayuda a Italia, en: The Crisis 42 (octubre de 1935).

[24] Cristian Hogsbjerg, CLR James in Imperial Britain (CLR James en Gran Bretaña imperial).

[25] New Leader, Londres 1940.

[26] Debates en la Cámara de los Comunes en 1941, Mauricio Parada et al., História da África Contemporânea, Editora PUC do Rio.

Traducción: Natalia Estrada.