Mientras cerrábamos esta edición, Brasil registraba 767 muertes por Covid-19 y más de 171.000 nuevos casos. La nueva ola provocada por la variante Ómicron resultó ser un auténtico tsunami, sobrecargando el sistema de salud, principalmente por el apartamiento del trabajo de profesionales enfermos. 

Por: Redacción PSTU Brasil

El gobierno de Bolsonaro viene respondiendo a esta nueva situación de la pandemia con más negacionismo , librando una verdadera guerra contra la vacunación de los niños y el “pasaporte de vacuna”. En medio de esta crisis, recorre el país en moto y jet sky [moto acuática], posa para fotos montadas con el fin de demostrar una falsa humildad, mientras detrás de las cámaras hace una farra con su tarjeta corporativa. Bolsonaro ya gastó cerca de R$ 30 millones con la tarjeta, más que sus predecesores.

Pero no se conforma con solo llevar a cabo su campaña antivacuna. De un plumazo, recortó R$ 3,2 mil millones del Presupuesto 2022, tomando casi R$ 1 mil millones del INSS [Instituto Nacional de Seguridad Social], R$ 740 millones de la educación y R$ 100 millones de salud. Todo esto en un momento en el que los centros de salud y los hospitales están cada vez más saturados, la inflación no da señales de frenarse, provocando, en un escenario de desempleo masivo, que más familias dependan de las ya exiguas pensiones y jubilaciones, y la educación convive con una precariedad creciente.

La población, además de la pandemia, el desempleo y la inflación, enfrenta las fuertes lluvias, propias de esta estación del año. Como también es típico, los gobiernos descuidan la solución a este problema que cada año provoca decenas de muertes. En el sur de Bahía, hubo por lo menos 25 víctimas fatales. En Minas Gerais, que también fue fuertemente afectada por las lluvias, además de la agresión ambiental asesina provocada por empresas como la Vale, al menos 24 perdieron la vida. En São Paulo, ya hay 27 muertos. Casi todos pobres, incluidos aquellos que, según Bolsonaro, no tienen “visión de futuro” porque viven en una zona de riesgo.

Y hablando de Minas Gerais y la Vale, la tragedia de Brumadinho cumplió hace poco dos años. Este crimen, provocado por la avaricia incontrolable de la Vale, se cobró la vida de 270 personas. Y lo que se ve es la más completa y absoluta impunidad. Por el contrario, los accionistas de la empresa privatizada recibieron R$ 19,6 mil millones, mientras las familias de los muertos, desaparecidos y afectados recibieron solo R$ 2,7 mil millones. Para los accionistas de la Vale, el crimen valió la pena.

Este es el retrato del Brasil. Mientras las grandes empresas, multimillonarios y los banqueros mantienen sus ganancias protegidas por los gobiernos, el pueblo sufre hambre, desempleo, las lluvias, cuando no mueren directamente en manos de estas mismas grandes empresas.

El brutal asesinato del congoleño Moïse Mugenyi en Río de Janeiro es la expresión de un país racista, dominado por milicianos, cuyos tentáculos penetran en los gobiernos y llegan hasta el Planalto [Casa de Gobierno].

Alternativa socialista a Bolsonaro y demás gobiernos

Ante esta crisis y barbarie crecientes, se hace cada vez más importante la necesidad de presentar una alternativa obrera y socialista al país y también a los Estados. Es necesario afirmar un proyecto de independencia de los trabajadores frente a la burguesía, avanzando en la lucha, organización y conciencia para la clase, la juventud y los sectores populares. Esto es para que, a través de su propia lucha y autoorganización, la clase trabajadora pueda construir una salida obrera, revolucionaria y socialista para el país.

Solo es posible derrotar verdaderamente a Bolsonaro y las condiciones que permitieron su ascenso por medio de una alternativa independiente de clase y socialista. Solo así podremos imponer medidas que enfrenten a los superricos y multimillonarios, y resolver la crisis en que se encuentra la gran mayoría de la población.

Lula y el PT, sin embargo, reproducen una salida en los marcos de este sistema, presentando una alternativa de gobierno de alianza aún más amplia con la burguesía y el imperialismo, incluso peor que la fue hecha en sus gobiernos anteriores. Del programa a las alianzas, con Geraldo Alckmin como vicepresidente y con sectores del centro, expresan que su propuesta es seguir gobernando el capitalismo en crisis, en un futuro gobierno de “unidad nacional” que va desde el apoyo de Biden, pasando por los partidos tradicionales de la derecha, hasta llegar al PSOL. Esta no es la alternativa “menos mala”, como muchos pueden creer, porque no solo no resolverá los problemas que aquejan a nuestra clase, sino la desmovilizará, desorganizará y desconstruirá aún más su conciencia de clase, preparando así una nueva desmoralización, que fue precisamente lo que le dio impulso a Bolsonaro y a la extrema derecha. Por lo tanto, la lucha por la construcción de una alternativa de independencia de clase y la disputa de la conciencia para un proyecto socialista, necesita expresarse también en las elecciones a través de una candidatura independiente de la burguesía, socialista y revolucionaria.

El mismo proceso ocurre en los Estados. Por ejemplo, en Río de Janeiro, el ex PSOL Marcelo Freixo, ahora en el PSB, se acerca a sectores reaccionarios neopentecostales y elige al neoliberal Armínio Fraga, ex presidente del Banco Central durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC), para elaborar su programa de gobierno.

La construcción del Polo Socialista Revolucionario, en el que participa y con el que está empeñado el PSTU, es importante para defender una alternativa de independencia de clase, de lucha y socialista frente a Bolsonaro y también al sistema capitalista. Por lo tanto, también frente a las demás alternativas electorales de la burguesía, entre ellas Lula-Alckmin-Renan Calheiros-Fiesp-banqueros y Cía., que pone a toda la clase trabajadora a remolque de la burguesía, en defensa del sistema capitalista y del orden burgués.

Artículo editorial de Opinião Sociallista, publicado en www.pstu.org.br , 3/2/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.