El verano pasado, Belarús trajo cambios dramáticos no solo en la vida social del país sino también en la vida personal de los bielorrusos que luchan contra la dictadura. Conversamos con estudiantes de la Universidad de Medicina (Katya y Lena) y de la Universidad de Informática y Radioelectrónica (Ana y Vassiliy) sobre dónde y cómo encontraron la revolución y cómo se tornaron parte de ella. Esperamos que la entrevista ayude al lector no solo a profundizar más en los acontecimientos de los últimos meses de nuestro país, sino también a reflexionar y sacar conclusiones.

Del periódico Revolución-Libertad-Independencia, 2/12/2020.-

RLI: ¿Cómo comenzó esto para ustedes?

Ana: Inicialmente, vi un posteo en Instagram sobre que precisaban voluntarios para distribuir pulseras blancas [símbolo de la campaña de oposición] antes de las elecciones. Yo creí que, en principio, podría de esta forma dar mi contribución (risas). Me inscribí, agarré esas pulseras y comencé a distribuir. Entonces, Vassiliy me escribió que también le gustaría agarrar algunas. Y comenzamos a distribuir con él en el área.

Vassiliy: Hicimos un piquete, una especie de punto donde distribuíamos pulseras. Las personas venían hasta nosotros, agarraban las pulseras, quedaban satisfechas y se iban.

Ana: Pero no duró mucho.

Vassiliy: Estábamos a menos de media hora en eso cuando llegó la policía. Y fuimos llevados al puesto de policía del barrio. Abrieron contra nosotros un proceso administrativo. En general, el interés por la política comenzó a partir del momento en que en el canal Nexta [canal de Telegram que se volvió el organizador virtual de las manifestaciones] salió un video sobre Lukashenko. Y cuando usted ve los hechos, lo que hay de errado en nuestro país, comienza a leer más, a pensar más. Creía que ya estaba en una edad en que precisaba pensar no solo en mí sino en el país como un todo. Y seis meses después, esa idea de distribuir pulseras dio muy cierto.

RLI: ¿Y que ocurrió después de las elecciones?

Vassiliy: Durante las elecciones yo estaba preso en el puesto de policía del barrio. Nosotros distribuíamos pulseras de a tres y me hicieron una pregunta bien directa: o ellos se llevaban a todos nosotros o a mí solo. Fui juzgado y me dieron siete días de prisión. Pasee tres días en mi región y, los restantes, fue transferido a Zhodino [ciudad donde queda la prisión para donde fue enviada la mayoría de los presos políticos] donde estaban los otros presos. Pero quedé preso allá menos de un día, porque a partir del 13 de agosto, debido a las grandes manifestaciones exigiendo la libertad de los presos políticos, comenzaron a liberar a todo el mundo masivamente. Yo no sabía lo que estaba ocurriendo, las informaciones en la prisión eran cero. Nosotros solo sabíamos algo cuando llegaban más presos.

Ana: En esos días yo estaba preocupada con Vassiliy, me quedaba en casa, no iba a ningún lado. Soy de una ciudad pequeña, donde no había nada, y en el centro hubo pequeñas protestas, pero estas fueron dispersadas muy rápidamente y las personas fueron mandadas para el mismo lugar donde estaba Vassiliy.

Katya: Me parece que para todos, todo comenzó el 9 de agosto, después de las “elecciones”. La internet fue desligada. Fui a ver televisión, mostraban los resultados preliminares: 89% para el nuestro ya ahora ilegítimo presidente. Y todo el mundo vio lo que pasó. Y entonces percibí que algo estaba errado. Era 8 de agosto cuando los números oficiales fueron anunciados. Entonces, ellos anunciaron oficialmente que nuestro actual, digamos, presidente, había vencido. Las personas salieron a la calle para mostrar que no estaban de acuerdo con el resultado, para mostrar que los votos habían sido robados, y yo vi cuanto ellos fueron golpeados, vi esa violencia. Y cuando ellos reconectaron la internet, vi cómo las cédulas eran arrojadas por las ventanas, cómo el personas de la limpieza tiraba esas cédulas con nuestros votos, y la tropa de choque OMON los protegía… Esos “votos errados” están en algún lugar ahora.

Lena: Nosotros también estábamos cerca de la escuela, esperando los resultados, cuando la tropa de choque OMON expulsó a todos los profesores de la comisión electoral. Fueron puestos en un ómnibus. Pero las personas bloquearon la ruta, la bloquearon completamente por una hora y ellos no pudieron salir. Y por una hora las personas exigieron, gritaron: “entreguen el protocolo [con el resultado de la votación]!” Al final, tiraron contra nosotros bombas de efecto moral.

Katya: Yo percibí que había que hacer algo. Pero salir a la noche era muy asustador. Porque, por ejemplo, yo no corro muy rápido y sé que no consigo huir de la tropa de choque OMON. Mi primera acción fue el 12 u 11 de agosto, cuando comenzaron los cordones de solidaridad de las mujeres a lo largo de las autopistas. Yo estaba entonces en mi ciudad. Permanecimos en el primer cordón de solidaridad de mujeres por cinco horas. Casi todos los cordones de solidaridad de mujeres duraban cinco horas. Y vi conocidos ahí. Y conocí a muchas personas, aún me comunico con ellas. Agosto pasó. Cuando llegamos a la universidad en setiembre, quedé con mucho miedo de que pudiesen obligarnos a participar de algún mitin pro-gobierno. Pero no hubo nada parecido. Las personas salieron para los cordones de solidaridad el 1 de setiembre. El 3 de setiembre, también fui al cordón de solidaridad. Y aquel día conocimos a Lena y también a otras jóvenes.

Lena: Nosotros estudiamos en la misma universidad, en facultades diferentes. Pero estábamos allá, en el mismo cordón de solidaridad y accidentalmente nos cruzamos cerca de los alojamientos. Conversamos sobre todo. Encontramos compañía en el alojamiento. Es mucho más agradable que participar solo. Es mejor cuando hay compañía. Yo confío en ella, y sé que ella no va a abandonarme. Si huimos, huimos juntas. ¡Fuimos de la mano para el carro de asalto!

Katya: Y salimos de la mano de la Okrestina [prisión de detención provisoria en Minsk, para donde fueron enviados todos los presos y que quedó conocida por las torturas y violencias efectuadas dentro por la policía a inicios de agosto]. Pasamos por todo eso juntas. Hubo también un cordón de solidaridad frente a la universidad. La tropa de choque OMON vino del lado donde queda el metro.

Lena: Ellos nos cercaron y dijeron: “Entren en el carro [de asalto]”.

Katya: Había mucha más OMON. No sé que podíamos hacer. Nos dijeron que podíamos ir por las buenas o por las malas. Decidimos que no valía la pena resistirnos ahí. Fuimos para el carro, nos sentamos, procuramos saber para dónde nos llevarían para contarles a nuestros parientes donde buscarnos, por lo menos. Naturalmente, nada se nos dijo. Conseguí escribir a mis vecinos y a mi mamá: “Estoy en el carro”. Nada más. Y entonces, Lena consiguió escribir para el canal de los estudiantes en el Telegram, que estábamos siendo detenidas. Gracias a eso, supieron de nosotros. En general, nadie sabía si volveríamos a la universidad o si seríamos expulsadas, qué ocurriría con nosotros. Fuimos llevadas primero para el puesto de policía del barrio, donde quedamos detenidas tres horas. Todos nos dijeron para no preocuparnos, que nos liberarían porque esa era nuestra primera vez. Pero no, ellos no nos soltaron, nos llevaron para la Okrestina, pasamos un día allá. El juicio se realizó online. No fue un juicio sino una especie de chacota: no importa lo que dijésemos, la decisión estaba tomada, probablemente desde que habíamos sido detenidas. Podíamos no decir nada. Después fuimos liberadas, y volvimos a las aulas.

Lena: En general, conmigo fue más pesado. Comencé más o menos en mayo, cuando hubo corrientes para recolectar firmas. Yo era voluntaria en la sede de Tsepkalo [un candidato de oposición que fue impedido de participar en las elecciones y huyó del país]. Fui a todos los actos cuando las firmas de Babariko [otro candidato de oposición que fue impedido de participar en las elecciones y fue preso], que no fueron reconocidas. Entonces, ellos detuvieron a mi amigo, nos encontramos en la Okrestina. El 9 de agosto, fui a mi ciudad especialmente para votar, y volví a Minsk lo más rápido posible. Le dije a mi mamá que no me quedaría en casa. Primero, fuimos con mis amigos a esperar los resultados en la escuela donde ellos habían votado. Esperamos alrededor de cuatro horas el protocolo. Entonces la OMON llegó, todos fueron sacados de la sesión, y dijeron que Lukashenko había recibido 93% de los votos. No había internet. Agarramos un auto y fuimos hasta la Stella [gran plaza con un monumento de la Segunda Guerra Mundial, lugar de los mayores enfrentamientos de ese día]. Ya era cerca de medianoche, había mucha gente, yo diría cincuenta mil. Recibimos una lluvia de bombas de efecto moral. Al hombre que estaba a mi lado le arrojaron una granada en los pies. Yo huí, pero cuando me di vuelta vi que sus pies estaban en pedazos. No sabía qué hacer. Alguien gritó: vamos a ayudar. Corrí y comencé a cuidar de sus pies, de alguna forma. Alguien trajo vendajes, comenzamos a tratar lo que había sobrado de sus pies. Y lanzaron otra granada contra nosotros, bien donde estábamos sentados. Al final, consiguieron sacar al hombre de ahí. Todos nos dispersamos. Entonces vinieron los carros de agua y comenzaron a disparar. Fue simplemente horrible. Eso duró hasta cerca de dos de la mañana. Alguien de algún lugar tiró, lanzaron bombas de efecto moral. Hubo gases lacrimógenos. Yo simplemente no conseguía estar en pie. Volvimos para casa en puntas de pies, porque la OMON estaba requisando las calles. Al día siguiente, despertamos, había silencio y apenas a veces los carros de la policía que pasaban cerca. El 10 de agosto, fuimos a la calle Pushkinskaya [otro lugar de enfrentamientos]. Ese día un hombre fue muerto ahí. El 11 de agosto, fui a la Plaza Bangalore; ellos estaban arrojando bombas de efecto moral allá. Nosotros huímos de la OMON, nos escondimos en la portería de un edificio, éramos unas cincuenta personas. Cerramos la puerta, pero era de rejas. Quedamos parados como sardinas en lata y ellos tiraron gas lacrimógeno contra nosotros. La tropa de choque OMON toda protegida del gas y nosotros, 50 personas, sin protección y presos ahí. El gas comenzó a extenderse y no conseguíamos respirar. Abrimos la puerta y ellos comenzaron a llevarnos, uno por uno. Gracias a Dios, de alguna forma yo conseguí escapar. Alguien tiró unos trapos mojados desde un balcón y gritó para que respirásemos en ellos. Después de eso, vinieron los cordones de solidaridad, las marchas, y la Okrestina.

RLI: Entonces, ¿ustedes fueron asfixiados con gas?

Lena: Sí. Era un espacio de unos 15 x 15 metros y 50 personas adentro. Ellos nos vieron y deliberadamente arrojaron esa cosa ahí. Fue simplemente terrible.

Katya: Sobre las brutalidades de la OMON se pueden contar muchas cosas. Cuando estábamos en el puesto de policía, había con nosotros una joven con un corte de cabello corto, y ella estaba indignada. Y entonces un policía se le acercó y le dio una fuerte cachetada en la témpora, en la oreja. Cuando comenzamos a gritar que se trataba de una joven, ¡qué está haciendo!, él dijo: “Oh, disculpe”. Se rió y dijo: “¿Eso es una joven?” y se fue a patear a un muchacho.

Lena: Me pegaron con una porra de la OMON en una marcha. Había acabado de descender del ómnibus, quería encontrarme con amigos, pero ellos me agarraron por los brazos y me llevaron para el carro de asalto.

RLI: ¿Y qué alegaron?

Lena: Había solo una concentración de personas. Ellos simplemente llegaron y el ómnibus paró atrás. Agarraron a todo el mundo, y ahí fui en el montón. Yo tenía un botón blanco-rojo-blanco [colores nacionales bielorrusos y símbolo de la revolución] en mi cartera. Como resultado, ellos me llevaron para el carro. Esta fue la segunda vez. Creí que la segunda vez sería definitivamente expulsada de la universidad.

Katya: Nos avisaron que si nos agarraban una segunda vez, sería un adiós.

Lena: Bien, ahora ya me conformé en cuanto a la posibilidad de expulsión. Pero entonces me pusieron en el carro, ya había un montón de gente, y tuve un ataque de pánico, comencé a quedarme sin aire, no tenía aire suficiente, comencé a llorar. Los OMON me gritaron para que me callara la boca. Como resultado, en el camino ellos simplemente me tiraron fuera del carro y siguieron adelante.

Katya: ¿Dices que te pegaron?

Lena: Sí, me pegaron, me pegaron un poco en las piernas, pero eso ya es un detalle.

Katya: ¿Cómo que detalle? Eso no es detalle.

RLI: ¿Qué es lo que más les indigna a ti y al personal de tu universidad?

Katya: Primero, que nuestros votos fueron robados. Y después, la violencia de las autoridades: tiraron granadas, nos pegaron, dispararon contra las personas. El 9 de agosto fueron a las calles personas que querían defender su voto. Y el 10 fueron a las calles las personas que vieron lo que había ocurrido el 9, que se indignaron con la violencia.

Ana: Violencia en la calles. Eso es absurdo; cuando la ley actúa con rigidez solo para un lado y no para el otro. Las personas son juzgadas por artículos incomprensibles, sin ningún motivo.

Vassiliy: Indigna ver cómo las personas son tratadas como ganado. He estado en centros de detención, puedo afirmar eso con certeza. El abordaje con relación a usted de las personas que están del lado de afuera de las rejas y de las que están presas junto con usted, es muy diferente. Se percibe, sentado atrás de las rejas, que las personas que están del otro lado de las rejas te tratan con desprecio, como traidor. Y nosotros, que estábamos atrás de las rejas (éramos unos veinte), nos sentíamos muy unidos. Indigna la actitud en relación con las personas, [tratadas] como ganado, la violencia en las calles. Y eso no para. Del 9 al 11 de agosto fueron días absolutamente terribles, pero hasta ahora vemos como usted puede simplemente salir para sacar la basura e ir a parar a un carro de asalto, ir preso y sus parientes no lo encontrarán en los próximos 30 días. Tampoco me gusta la posición de la dirección de la universidad. Pero es claro que los rectores y los decanos están bajo la presión de arriba.

Lena: Creo que, en primer lugar, las personas quedaron indignadas con la actitud tosca[1] en relación con el Covid, que ahora se repite doblemente. Enseguida, robaron los votos. Y la mayoría de las personas se manifestó contra la violencia.

Katya: El Covid, en mi opinión, fue la razón por la cual no se votó a Lukashenko.

(Continúa)

[1] Lukashenko negó desde el inicio la pandemia, dijo que el virus no existía. Se negó a tomar medidas de restricción y aislamiento, afirmó que vodka y sauna eran suficientes contra el coronavirus.

Traducción: Natalia Estrada.