La colaboración entre Engels y Marx tuvo como punto de partida la elaboración de la concepción materialista de la historia: esta fue resultado de una convergencia de ideas y, a partir de ahí, de una sociedad en la elaboración teórica, en la militancia política por toda la vida de ambos.

Por José Welmowicki

En su Prefacio a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx escribió:

“Friedrich Engels, con quien mantuve por escrito un constante intercambio de ideas desde la aparición de su genial esbozo para la crítica de las categorías económicas (en los Anales franco-alemanes), había llegado conmigo, por otra vía (compárese su Situación de la Clase Obrera en Inglaterra), al mismo resultado, y cuando, en la primavera de 1845, él se radicó igualmente en Bruselas, decidimos aclarar en conjunto la oposición de nuestra manera de ver contra la [manera de ver] ideológica de la filosofía alemana, de hecho ajustar cuentas con nuestra conciencia filosófica anterior. Este propósito fue ejecutado en la forma de una crítica a la filosofía poshegeliana. El manuscrito[1], dos gruesos volúmenes en octavo, había llegado hacía mucho a su lugar de publicación en Westefalia cuando recibimos la noticia de que la alteración de la circunstancias no permitía la impresión del libro. Abandonamos el manuscrito a la crítica roedora de las ratas con tanta mejor voluntad cuanto habíamos alcanzado nuestro objetivo principal: autocomprensión. De los trabajos dispersos en que presentamos entonces al público nuestras opiniones, enfocando ora un aspecto, ora otro, menciono solo el Manifiesto del Partido Comunista, redactado conjuntamente por Engels y por mí”.

Esa convergencia teórica llevó a los dos amigos a sistematizar las ideas que ya habían escrito, y que los llevaron a romper con los jóvenes hegelianos como los hermanos Bauer, Stirner, y otros. Ese grupo estaba dedicado a la crítica del sistema político y jurídico de Alemania, pero su crítica permanecía en el terreno ideológico, sin relacionar la crítica de la realidad en la sociedad alemana a la de su base material. Se limitaban al terreno de las ideas. Para criticar esa corriente que no salía de los límites del idealismo de Hegel, Engels y Marx escribieron juntos en 1845 la Sagrada Familia (o Crítica de la Crítica crítica). En ese momento, se aproximaron a Feuerbarch, que hacía la crítica a Hegel desde un punto de vista materialista. Pero enseguida después llegaron a la conclusión de que Feuerbach era una superación parcial y unilateral de Hegel, pues él no pasaba de un materialismo contemplativo, o sea, que la relación hombre/naturaleza era vista como pasiva, no valoraba la acción del ser humano sobre el medio ambiente y sobre la sociedad. La expresión de esa ruptura con Feuerbach se expresará en La ideología alemana, que los dos elaboraron conjuntamente en 1845 y al que se refiere el texto citado arriba.

Fue en ese texto –que no llegó a ser impreso por varias dificultades al que Marx se refiere en el Prefacio arriba (y cuyo manuscrito fue más tarde recuperado y publicado por Riazanov en el Instituto Marx-Engels de la URSS en los años 1920)– que ellos desarrollaron la nueva concepción materialista de la historia. Marx y Engels incorporaron la defensa del lado activo del ser humano, que la acción humana sobre la naturaleza y la sociedad podía transformarla, podía ser revolucionaria como Marx sintetizó en sus Tesis sobre Feuerbach, escritas en el mismo periodo:

“[…] La principal insuficiencia de todo el materialismo hasta nuestros días –el de Feuerbah incluido– es que las cosas, la realidad, el mundo sensible son tomados apenas sobre la forma de objeto o de contemplación; pero no como actividad sensible humana, praxis, no subjetivamente. Por eso ocurrió que el lado activo fue desarrollado, en oposición al materialismo, por el idealismo, pero solo abstractamente, puesto que el idealismo naturalmente no conoce la actividad sensible, real, como tal”.

Esas tesis fueron publicadas por Engels en 1886 junto con su libro Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Como dice Marx en el Prefacio, el Manifiesto Comunista se basó en esta concepción.

Entre los textos sobre procesos revolucionarios que ambos escribieron en aquella época, se destacan El 18 Brumario de Luis Bonaparte, que Marx escribió sobre la revolución y la contrarrevolución en Francia de 1848 a 1851. Engels escribió en 1850 La Guerra de los Campesinos de Alemania aplicando la concepción materialista de la historia para estudiar cómo su desenlace había sido decisivo en la formación de Alemania, comparada con otros países como Inglaterra y Francia. En este texto, Engels hace un análisis de la economía y de la composición de clase de la Alemania de entonces. Enseguida, analiza el surgimiento y los programas de las distintas oposiciones. En especial, explica profundamente las diferencias entre Lutero (el teólogo de la Reforma Protestante) y Münzer (el líder radical de la guerra campesina) y cómo ellas influirían en las insurrecciones campesinas del final del siglo XV y comienzo del XVI, cuando estaba comenzando la Reforma Protestante. También explica las características de las revueltas de los nobles y de los líderes de la nobleza, como Sickingen. A partir de ahí, relata los episodios de la guerra campesina y las causas de su derrota final. Por fin, analiza las consecuencias de esa derrota en la historia de Alemania.

Todo el trabajo de Engels se concentra en la necesidad de una lucha de clases implacable contra los señores feudales para abrir condiciones más favorables para una revolución proletaria. También analiza cómo las corrientes burguesas que surgieron son incapaces de llevarla adelante. Lecciones de la historia que los llevan a una formulación semejante en el célebre Mensaje de 1850 al CC de la Liga de los Comunistas, que él y Marx escribieron sobre la revolución alemana de 1848-1850.

Este texto sobre la guerra campesina de Alemania, en que Engels analiza el proceso de lucha contra la nobleza en los siglos XV y XVI, es un ejemplo de cómo la concepción materialista de la historia permite analizar las sociedades, incluso las no capitalistas y sacar conclusiones políticas, opuestas a los ideólogos y los representantes de las clases dominantes.

Engels siguió aplicando esa concepción que ambos sistematizaron en La ideología alemana, a lo largo de toda su trayectoria, en los combates ideológicos que tuvo que dar contra los distintos teóricos que volvían al idealismo o al materialismo mecanicista y negaban la concepción materialista de la historia así como los políticos reformistas.

Es curioso que haya críticos de Engels que lo atacan justamente por los textos que escribió para combatir este tipo de visión mecánica, como su clásico conocido por el nombre de Anti-Dühring. Hoy ya no se menciona a Dühring, pero en la época él tuvo éxito y ganó una influencia amplia dentro de las filas del partido obrero alemán e incluso en su dirección. Lo que Dühring defendía en sus libros era un “sistema” cerrado con leyes rígidas y trataba de atacar los textos centrales de Marx y Engels. En su libro, Dühring embestía contra la dialéctica, y para poder atacar a Marx e impactar a sus lectores, hacía tergiversaciones de varias partes de El Capital, entre otros textos, para contraponerle “una teoría general de la ciencia, pretendiendo encontrar en ella una conexión interna, de la naturaleza, de la historia, de la sociedad, el Estado, el Derecho”[2]. Para poder contraponerse “a la filosofía de la naturaleza del señor Dühring”[3], Engels tuvo que desarrollar polémicas en todos los terrenos que Dühring incursionó, como economía política, ciencias naturales, filosofía, etc.

Así, lo que Engels hace en su texto polémico es defender la concepción materialista de la historia. Para realizar este objetivo, Engels tuvo que atacar de manera frontal el determinismo y el mecanicismo de Dühring. No obstante, cada vez más existen autores, incluso algunos que se reivindican marxistas, que critican ese texto así como los manuscritos publicados póstumamente como Dialéctica de la Naturaleza, por un supuesto determinismo o mecanicismo.

En esa polémica existen los que opinan que el marxismo es una visión determinista de la historia. Otros, en mayor cantidad, dicen que Engels sería la fuente de esa visión determinista, en oposición al propio Marx.

Como revela Engels en el Prefacio a la Segunda Edición del Anti-Dühring, él escribió el libro en contacto permanente con Marx, que lo leyó e incluso redactó la parte sobre la historia crítica de las teorías económicas: “como el punto de vista aquí desarrollado ha sido en su máxima parte fundado y desarrollado por Marx, y en su mínima parte por mí, era obvio entre nosotros que esta exposición mía no podía realizarse sin ponerse en su conocimiento. Le leí el manuscrito entero antes de llevarlo a la imprenta, y el décimo capítulo de la sección sobre economía («De la Historia Crítica») ha sido escrito por Marx”. Para que no resten dudas, reproducimos una carta de Marx en la que él recomienda a un corresponsal, Moritz Kaufmann, que lea el Anti-Dühring de Engels. En ella se puede comprobar que Marx no solo participó de la elaboración del Anti-Dühring, sino que lo consideraba una óptima exposición del socialismo científico:

“Londres, 3 de octubre de 1878

Mi estimado Señor, el Señor Petzler me informó que el Sr. habría redactado un artículo sobre mi libro “El Capital” y sobre mi vida, artículo este que deberá ser impreso, juntamente con otros de su autoría, así como que el Sr. apreciaría que yo o Engels corrigiésemos algunos errores suyos. […]

Por correo, le enviaré igualmente –caso el Sr. ya no disponga de él– un nuevo escrito de mi amigo Engels, titulado “La Subversión de la Ciencia del Sr. Eugen Dühring”, escrito este muy importante para una correcta apreciación del socialismo alemán.

Respetuosamente,

Karl Marx”.[4]

¿Se habría vuelto Engels un determinista en el final de su vida?

Algunos autores afirman que Engels en su último período de vida habría adoptado una concepción determinista. Que Engels habría retrocedido al materialismo mecanicista. La acusación, como anticipamos, intenta apoyarse en textos como el Anti-Dühring y la Dialéctica de la Naturaleza.

En realidad, Engels analiza en esos textos cómo la evolución de las ciencias naturales y de la tecnología fueron fruto del ascenso de la burguesía y de la necesidad del capitalismo de intervenir en los procesos productivos, en la industria (como la máquina a vapor, más tarde la electricidad, etc.) y en la agricultura, de acelerar la circulación de mercaderías y, por lo tanto, del transporte (trenes, navegación más rápida, etc.), etc. Por lo tanto, era necesario conocer mejor la naturaleza, de ahí el estímulo a las ciencias naturales de ese periodo en adelante. Hubo en ese periodo una tendencia de las ciencias naturales de encontrar una explicación lineal de causa y efecto y ver a la propia naturaleza como una evolución continua. Se contraponían en ese sentido a las explicaciones religiosas anteriores del clero cristiano y a las restricciones típicas del periodo feudal.

El Iluminismo era la ideología típica de la burguesía en ascenso, colocarse como representante de las ‘luces’: así como en la política hablaba en nombre de la igualdad entre los hombres, de los derechos humanos en contrapunto con la de los viejos privilegios típicos de los sistemas feudales con toda su jerarquía y sus ideas y su resistencia a la ciencia. Una vez consolidado el poder de la burguesía, esta posición se altera. La versión para ese periodo ya será conservadora; el orden social deberá ser conservado y la ciencia social deberá explicar cómo ese orden es natural, tan natural como la geología, la física o la química. Surge de ahí un ambiente ideológico de fe en el progreso, surgida del desarrollo económico y de la conservación social.

La filosofía resultante de esa aplicación de las ciencias naturales a la sociedad está muy ligada a la figura de August Comte, el fundador del positivismo: una concepción que extendía esa comprensión de manera lineal a las sociedades, con pretensiones científicas, inclusive creando una disciplina para estudiar científicamente la sociedad: la Sociología o como la llamaba Comte, la física social. Comte consideraba que la sociedad tenía leyes causales de la misma naturaleza que las leyes de la física y que en ella había una evolución permanente, un progreso que era un proceso como el de la naturaleza[5]. Él y otros teóricos construyeron una visión determinista a partir de ahí, en que los eventos históricos están previamente definidos por esas leyes de física social.

Los críticos de Engels lo acusan de haber sido influenciado por este tipo de visión. No obstante, los propios textos de Engels atacan exactamente este tipo de determinismo y la visión mecánica de la aplicación de leyes físicas o biológicas a la sociedad, e incluso muestran que en la naturaleza tampoco se aplica la visión determinista como piensan los materialistas vulgares.

En el Anti-Dühring, Engels escribe: “el sistema de Hegel fue un aborto gigantesco, sin embargo el último de su especie. Con efecto, su filosofía padecía aún de una contradicción interna incurable, pues, si, por un lado, consideraba como supuesto esencial de la concepción histórica, según la cual la historia humana es un proceso de desarrollo que no puede, por su propia naturaleza, encontrar solución intelectual en el descubrimiento de eso que se llama verdades absolutas, por otro, se nos presenta precisamente como resumen y compendio de una de esas verdades absolutas. Un sistema universal y compacto, definitivamente plasmado, en el cual se pretende encuadrar a las ciencias de la naturaleza y de la historia, es incompatible con las leyes de la dialéctica. […] Verificamos, así, que el socialismo tradicional era incompatible con la nueva concepción materialista de la historia, así como la concepción de los materialistas franceses sobre la naturaleza, no podía coexistir con la dialéctica moderna y con las nuevas ciencias naturales”[6].

En su carta a Mehring de 1893, Engels, después de elogiar su libro La leyenda de Lessing y el apéndice escrito por Mehring sobre el Materialismo Histórico, no tiene rodeos en atacar la interpretación que trata de hacerlos aparecer como materialistas vulgares mecanicistas y contraponerse a ese supuesto materialismo de Marx y Engels para justificar su idealismo.

Londres, 14 de julio de 1893

Querido Sr. Mehring,

Comienzo por el fin – i.e. con aquí el anexo, titulado “Acerca del Materialismo Histórico”, donde el Sr. presenta las cosas principales magnífica y convincentemente para toda persona imparcial… Dicho esto, falta aún apenas un punto más que, sin embargo, en los escritos de Marx y en los míos, no surge, en regla, suficientemente destacado y en relación con el cual somos culpados ambos, en igual medida.

Con efecto, ambos colocamos el peso principal, en primer lugar, en la deducción de las representaciones políticas, jurídicas y todas las otras nociones ideológicas y, así también de los actos intermediados por esas representaciones, a partir de los hechos económicos fundamentales, siendo que así tuvimos que hacerlo.

En eso, desatendimos, entonces, el lado formal, i.e.: el modo y la manera según los cuales emergen esas representaciones, etc., a favor del lado del contenido…

El ideólogo de la historia (o histórico debe significar aquí, de modo simplemente resumido, el político, el jurídico, el filosófico, el teológico, en suma: todos los dominios que pertenecen a la sociedad, y no meramente a la naturaleza) –el ideólogo de la historia posee, por lo tanto, en cada dominio científico, un material que se formó autónomamente a partir del pensamiento de generaciones precedentes y recorrió una serie propia y autónoma de desarrollo en el cerebro de esas generaciones que se siguieron unas a las otras.

Ciertamente, hechos externos que pertenecen a un dominio peculiar o a otros dominios pueden haber actuado, de manera codeterminante, sobre ese desarrollo.

Sin embargo, esos hechos mismos constituyen, precisamente, según el presupuesto tácito, nuevamente, apenas frutos de un proceso del pensamiento y, así, permanecemos aún en el campo del mero pensamiento que, por sí mismo, digirió los hechos más duros, con aparente satisfacción.

Es sobre todo esa apariencia de una historia autónoma de las Constituciones del Estado, de los sistemas jurídicos, de las representaciones ideológicas, en cada dominio especial, que ciega a la mayoría de las personas.

En ese contexto se sitúa también la siguiente estúpida noción de los ideólogos: precisamente porque sustraemos las diferentes esferas ideológicas, que desempeñan un papel en la historia, un desarrollo histórico autónomo, estaríamos sustrayéndoles también todo y cualquier efecto histórico.

Ese razonamiento está aquí basado en la noción ordinaria, no dialéctica, de causa y efecto, concebidos como polos rígidamente opuestos uno al otro, lo que significa el total olvido de la interacción.

Frecuentemente, estos señores olvidan, casi a propósito, que un momento histórico, tan luego es colocado en el mundo, en dada ocasión, a través de otras causas, en última instancia, causas económicas, acaba reaccionando también sobre su entorno, pudiendo reaccionar incluso hasta sobre sus propias causas”[7].

Y en el texto Dialéctica de la Naturaleza[8], Engels escribió en el cap. XII: Apuntes Dialéctica y Ciencia…

“Historia

… En posición contraria a esa opinión, está el determinismo, que se transfirió del materialismo francés para la ciencia y que procura liquidar la casualidad, desconociéndola. Según esa concepción, en la Naturaleza impera solo la necesidad simple y directa…

Que esta semilla de diente de león haya germinado y la otra no; el hecho de que, esta noche, a las cuatro de la madrugada, una pulga me haya mordido y no a las tres o a las cinco; y justamente del lado derecho del hombro y no de la barriga de la pierna izquierda: todos esos son hechos producidos por una irrevocable concatenación de causa y efecto, por una irreductible necesidad y, ciertamente, de una tal manera que la esfera gaseosa de la cual se originó el sistema solar estaba ya constituida de forma que esos hechos tendrían que verificarse así y no de otro modo. La verdad es que, con esa especie de necesidad, no nos liberamos de la concepción teológica de la Naturaleza […]

Las leyes eternas de la Naturaleza se transforman, cada vez más, en leyes históricas. El hecho de que el agua se presente en el estado líquido entre 0° y 100° C es una ley natural eterna, pero para que sea válida es necesario que haya: 1) agua; 2) determinada temperatura; 3) presión normal. En la Luna no hay agua, en el Sol existen apenas sus elementos; para esos cuerpos celestes la ley, por lo tanto, no existe”.

En ese mismo texto, en su Introducción, Engels deja bien claro la relación dialéctica entre hombres y sociedad, naturaleza e historia[9]:

“Como los hombres, entramos en la historia. […] Los hombres, por el contrario, cuanto más se alejan del animal, en sentido restricto, tanto más hacen ellos su propia historia con conciencia, tanto más diminuta se torna la influencia de efectos imprevistos, de fuerzas incontroladas, sobre esta historia, tanto más exactamente corresponde el resultado histórico al objetivo previamente fijado. Si aplicamos, sin embargo, esta escala a la historia humana, incluso de los pueblos más desarrollados del presente, verificamos que aquí continúa existiendo una desproporción colosal entre los objetivos previamente planteados y los resultados alcanzados, que los efectos imprevistos predominan, que las fuerzas incontroladas son, de lejos, más poderosas que las personas planificadamente en movimiento. Y esto no puede ser de otra manera en tanto la actividad histórica más esencial de los hombres –aquella que los elevó de la animalidad a la humanidad, que forma la base material de todas sus restantes actividades: la producción de aquello de que necesitan para vivir, esto es, hoy en día, la producción social– está por mayoría de razón, sometida al juego recíproco de efectos no intencionales de fuerzas incontroladas y solo realizan el objetivo querido de manera excepcional, y de lejos más frecuentemente su preciso contrario. En los países industriales más avanzados, domamos las fuerzas de la Naturaleza y las compelemos al servicio de los hombres; con eso, multiplicamos la producción al infinito de tal modo que, ahora, un niño produce más que lo que anteriormente cien adultos. ¿Y cuál es la consecuencia? Trabajo excesivo creciente y miseria creciente de las masas y, cada diez años, una gran crisis”.

La confusión entre el pensamiento de Engels y el de la socialdemocracia posterior y el estalinismo

La mayoría de los críticos de Engels olvida un hecho: durante toda la vida de Marx y Engels, hubo una batalla de ambos contra las presiones que sufría el Partido Socialdemócrata alemán y las reacciones de su dirección, en las cuales ambos identificaban tendencias a retroceder en el programa y en la teoría.

El Anti-Dühring solo fue escrito porque las ideas de Dühring habían causado impacto en la propia dirección del partido. Luego de su muerte, y combinado con un proceso objetivo de aristocratización de sectores de la clase obrera alemana (y de otros países imperialistas) y burocratización de las direcciones sindicales vinculadas al partido, terminó por llevarlos al abandono del programa comunista, a la traición en la Primera Guerra en 1914, a la sustitución de la teoría marxista por un evolucionismo, o sea, la idea de que naturalmente la sociedad capitalista evolucionaría hacia el socialismo sin necesidad de rupturas revolucionarias. Kautsky, el más importante teórico de la socialdemocracia fue el elaborador decisivo de esa nueva teoría justificativa evolucionista que daba base al reformismo. Bernstein lo había antecedido en 1899 y, combatido por Rosa Luxemburgo (y en ese momento por Kautsky), es derrotado dentro del partido. Pero, en 1914 él y Kautsky se juntaron en esa visión que era la opuesta de Marx y Engels. Lo opuesto en el programa y en la teoría. Era la sustitución de la concepción materialista de la historia por un materialismo vulgar y evolucionista, que más tarde fue adoptado por Stalin y la burocracia rusa cuando asumieron el poder en la URSS.

Uno de los textos que dio sostén a esa concepción mecanicista es el Tratado del Materialismo Histórico de Bujarin, que ha sustituido de Ensayo de Sociología Comparada.

Pero como defendieron siempre Lenin contra Kautsky y después Trotsky en su combate contra la burocracia, esas concepciones eran lo opuesto de Marx y Engels.

En los 200 años de Engels es fundamental el rescate de su contribución al marxismo y la importancia de su elaboración, en conjunto con Marx, de la concepción materialista de la historia para el armazón programático de la militancia revolucionaria en este momento histórico en que las presiones del reformismo y del posmodernismo, que pregona que nada está determinado y nada puede ser comprobado, son utilizados a cada momento.

En las palabras de Trotsky, en su texto A 90 años del Manifiesto Comunista, de 1937:

“[…] La concepción materialista de la historia, formulada por Marx poco tiempo antes de la aparición del texto y que en él se encuentra aplicada con perfecta maestría, resistió completamente la prueba de los acontecimientos y los golpes de la crítica hostil. Se constituye, actualmente, en uno de los más preciosos instrumentos del pensamiento humano. Todas las otras interpretaciones del proceso histórico perdieron todo significado científico. Podemos afirmar, con seguridad, que actualmente es imposible no solo ser un militante revolucionario sino simplemente un observador políticamente instruido sin asimilar la concepción materialista de la Historia”.

Traducción: Natalia Estrada.