Vie Jul 19, 2024
19 julio, 2024

En el 50 aniversario de Abril, la democracia de los ricos muestra sus límites

Por: Em Luta, Portugal

El resultado de las elecciones de este domingo deja al país en una encrucijada. La corta victoria de la AD, heredero de Passos-Coelho, sobre el PS tras la caída de la mayoría absoluta de António Costa pone en una nebulosa los escenarios para un nuevo gobierno. Una mayoría parlamentaria sólo puede surgir con la entrada del Chega en el gobierno, o al menos con el acuerdo de gobernabilidad, o con el PS haciendo viable el gobierno de la AD, inflando aún más al Chega.

Combinado con el crecimiento de Chega está la continua degradación de la izquierda parlamentaria, que quedó confinada, en términos de resultados electorales, a una corta expresión en las dos grandes áreas metropolitanas del país, con la pérdida de representación del PCP en Beja.

Es vital, en un momento en que parte de la clase trabajadora y de sus sectores activistas reflexionan sobre la inseguridad asociada con el crecimiento explosivo del Chega, sobre la crisis del régimen democrático en el país y sobre la perspectiva de una renovada ola de ataques, debatir la situación actual.

La crisis no superada de 2008, la Geringonça y el agotamiento de la democracia de los ricos

La crisis económica de 2008, la necesidad de la burguesía imperialista de destruir las conquistas de la clase trabajadora para imponer un nuevo nivel de explotación, y la respuesta de los actores políticos involucrados en este proceso son parte fundamental de la explicación de la crisis del régimen que vivimos.

Portugal atraviesa un proceso de decadencia desde los años 1980/1990 con su integración en la Unión Europea (1986) y las grandes privatizaciones de sectores estratégicos de la economía en los años 1990. Este proceso de dependencia y semicolonización dio un salto de calidad con la intervención de la Troika en Portugal, porque se completó la privatización de sectores estratégicos de la economía, que pasaron al capital extranjero (CTT, TAP, Aeropuertos, PT/MEO/Altice, etc.), acabó el último gran banco de capital portugués –el Banco Espírito Santo– y la intervención directa de la UE en los diseños de la economía portuguesa se convirtió en la regla. Dentro de la UE, Portugal es sobre todo un proveedor de mano de obra barata y precaria, de ahí el importante peso de la inversión extranjera/multinacionales en la economía portuguesa. Por eso la crisis de 2008 y la intervención de la troika significaron una enorme reducción de los derechos y condiciones de la clase trabajadora, que nunca fueron recuperados por la Geringonça (ni por el gobierno de mayoría PS que lo sucedió). Hoy la economía portuguesa se basa en el turismo y los servicios, lo que acentúa aún más la dependencia externa del país y el carácter periférico de su economía. La ubicación subordinada dentro de la UE hace que todas las decisiones gubernamentales en Portugal sean determinadas por las reglas europeas, a las que Portugal se subordina. De ahí la contención de la austeridad durante Geringonça y los gobiernos de las cuentas ciertas del PS. La tan anunciada caída de la deuda portuguesa por debajo de 100% del PIB es resultado del gobierno de cuentas ciertas del PS, que asfixia la financiación de los servicios públicos para mostrarse como un buen cumplidor de los desmanes de la UE. 

Después de fuertes protestas sociales contra las  medidas de la troika , el país experimentó un giro político hacia la izquierda, que llevó al BE [Bloco de Esquerda] a elegir 19 diputados. Sin embargo, la respuesta de la izquierda parlamentaria fue hacer viable el gobierno del PS con la Geringonça, respuesta que impidió, en ese momento, una crisis existencial para el PS motivada por la falta de una alternativa política a la derecha tradicional. Sin embargo, la Geringonça no revirtió el camino de destrucción del país ni lo recuperó del sacrificio que impuso el gobierno de Passos Coelho/PSD.

En este contexto, la izquierda portuguesa (BE y PCP), jugando en defensa del PS, arrastrando el descontento de las luchas a las urnas, y luego a la parálisis de la base gubernamental, le hizo el juego a los dueños del país, tratando la democracia de los ricos como un fin en sí mismo, luchando sólo dentro del sistema, concentrando sus fuerzas para defenderlo y no para construir una alternativa para la clase trabajadora.

En el contexto de esta crisis, la extrema derecha surgió como último bastión de sectores importantes de las clases dominantes, desesperadas por un nuevo nivel de explotación y ganancias. En todo el mundo, el dinero y la cobertura mediática llovieron para esta extrema derecha conservadora, patriota, identitaria, abierta y socialmente regresiva. Sin negar la profunda crisis, y su incapacidad para superarla, la clase dominante juega en dos tableros, ilusionándonos con la defensa de una democracia que no es nuestra y al mismo tiempo ofreciendo un regreso a los tiempos de la dictadura, un regreso a un supuesto pasado glorioso, donde todo estaba en su lugar (para ellos).

La quiebra de la democracia de los ricos 

Dentro de los límites de la democracia de los ricos, en el mejor de los casos, lo que estea planteado es luchar para perder por poco. Esta no es nuestra democracia. Defendemos nuestros derechos dentro de ella, pero no la sacralizamos: al contrario, queremos superarla para el bien de nuestra supervivencia como especie y la supervivencia de nuestro planeta. No deja de ser irónico que, en el 50º aniversario de Abril, tengamos cerca de 50 diputados de extrema derecha en el poder. Pero esa no es la única razón por la que decimos que esta no es nuestra democracia. Esta democracia y estas instituciones no son fruto de la victoria de la Revolución, sino del fin del proceso revolucionario. Son el resultado del acuerdo posible que la clase dominante portuguesa consiguió cocinar con el PS, el PCP y el MFA, por entonces dirigentes mayoritarios de la clase obrera portuguesa, para derrotar las ocupaciones, las expropiaciones, las huelgas espontáneas, el poder y la democracia obrera y popular en las calles, y evitar también el internacionalismo anticolonial y antirracista que amenazaba el ideario racista de un país colonizador. Tan pronto como fue posible, la democracia de los ricos intentó eliminar los restos de esa revolución, tomando para sí–es decir, para la clase dominante– las instituciones del Estado y haciéndolas trabajar en su favor.

Hoy vivimos en una democracia en la que estamos simbólicamente autorizados a validar, dentro de las elecciones altamente financiadas por el poder, quién será el capataz de los trabajadores y de lajuventud. No es nuestra, y por esta razón, actualmente a buena parte de los trabajadores les resulta imposible tener su propia casa para ellos y sus seres queridos, gran parte de nosotros estamos obligados a prolongar nuestras horas de trabajo con viajes cada vez más largos, los servicios públicos se degradan y nuestras condiciones de vida están en franco deterioro.

Este balance es fundamental, porque, durante estos 50 años, Abril fue siendo vaciado por el pacto de concertación social entre PS y PCP y la clase dominante representada directamente por la derecha democrática y conservadora. Al mismo tiempo que el 25 de Abril se convertía en un día de democracia, claveles y libertad, las verdaderas disputas con la burguesía portuguesa quedaron atrás. También se ignoró, en nombre de una mitología democrática, el heroico sacrificio de los pueblos africanos en los 13 años de la lucha de liberación y su papel en el estallido de Abril. Por lo tanto, los sentimientos xenófobos y racistas de los que hoy se aprovecha el Chega se mantuvieron en el ideario nacionalista portugués.

El regreso de los que nunca fueron

Es un hecho que el proyecto del Chega no es sólo nacional, sino que también forma parte de una red internacional de extrema derecha, que comparte estrategias e ideologías con figuras como Steve Bannon, Trump y Bolsonaro, cabalgando así a una ola internacional que es expresión de una fuerte crisis del orden mundial. Sin embargo, el proceso nacional que se desarrolla hoy en Portugal tiene sus especificidades. Destacamos dos muy importantes. 

La primera es que la revolución portuguesa no saldó cuentas con el legado colonial y esclavista portugués. El lugar subordinado de la revolución anticolonial en el resultado oficial de la Revolución Portuguesa explica por qué, en el campo concreto de las relaciones sociales y laborales, el racismo nunca ha sido cuestionado en Portugal. Todo el arco del poder y las gobernaciones autárquicas brindaron a las poblaciones africanas e inmigrantes que llegaron al Portugal democrático después del 25 de Abril, en busca de una vida mejor, una profunda segregación social y territorial, construyendo una división también racial del trabajo. En esto, las poblaciones negras son las abanderadas de la precariedad y la sobreexplotación, y las escuelas, instituciones y policía pretenden perpetuar esta relación. En este país crónicamente racista, asentado en un profundo orgullo por el proceso que permitió la esclavitud transatlántica, la elección de 49 diputados consecuentes con el pegamento que une la identidad portuguesa es también expresión de eso. Decir lo contrario es ignorar, entre muchas otras cosas, el total desprecio por los complejos de ex colonos de la población retornada y la rabia y el trauma de los ex combatientes ultramarinos. A esto se suma el olvido de la masacre del pueblo timorense a manos del régimen pro estadounidense de la Indonesia de Suarto hasta que el silencio cómplice se volvió ensordecedor en los años ’90. En estos 49 años completos, de la derecha a la izquierda, siempre se ha celebrado un Portugal atlántico vijante y no racista, pero nunca se explicó cómo se superó el racismo y el chovinismo de un país con cinco siglos de imperio colonial. ¡Es obra!

La segunda razón del crecimiento del Chega es parte del contexto internacional, pero en Portugal se materializó en la falta de una salida radical a la crisis social y política. La base electoral del Chega, lejos de ser meramente ideológica, está compuesta también por aquellos descontentos que exigen cambios radicales. Con su discurso populista, el Chega acaba ocupando el espacio del descontento generado por la crisis social que asola el país. La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué el Chega ocupa el espacio de los descontentos? Se trata, en nuestra opinión, de la falta de una respuesta radical e independiente a los problemas reales de la crisis social y política que vive el país, en un contexto en el que la izquierda parlamentaria volcó sus fuerzas para gobernar junto al PS.

Por último, es importante decir que, al alimentarse del descontento de los sectores medios de la sociedad y fortalecer el discurso de odio, el Chega puede de hecho ser un fermento para el crecimiento del fascismo, pero también es esencial rechazar las generalizaciones simplistas que ponen desde ya es un signo igual entre el fascismo y la extrema derecha. Dicho esto, no hay dudas de que una tarea esencial del próximo período es desenmascararlo y combatirlo de todas las formas: ideológicamente, en las calles, y con la construcción una verdadera alternativa.

¡Combatir la extrema derecha con una alternativa de la clase trabajadora independiente del PS!

Afirmamos que mientras la solución presentada sea salvar la democracia de los ricos, vamos camino a la barbarie. No será posible combatir contra la extrema derecha de la mano con el PS y poniendo fuerzas en el parlamento burgués. La izquierda parlamentaria, BE y PCP, debe resistir a la AD y el Chega en el parlamento. Sin embargo, si pretenden una alternativa política al Chega, no pueden volver a echar agua en el molino del PS. Es necesario organizar la movilización de las calles, los barrios y los lugares de trabajo y construir una alternativa para que la clase trabajadora sea la referencia que arrastre trás de sí a los sectores de pequeños propietarios y clases medias descontentos con la actual situación de crisis. Se necesita un programa que dé una batalla de vida o muerte por la unidad de la clase trabajadora, contra la destrucción moral e ideológica que representan el racismo, la xenofobia, la misoginia y la LGBTifobia. Es urgente construir una alternativa de la clase trabajadora y del pueblo pobre, que presente un programa de independencia de clase, que se ponga contra la explotación y la opresión, por una sociedad verdaderamente sostenible, ambiental y socialmente, y que apunte la necesidad de una salida revolucionaria y socialista.

Artículo publicado en Em Luta, 13/3/2024.-

Traducción: Natalia Estrada.

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