Para que haya verdadera soberanía, trabajadores y jubilados deben tener mejores salarios y pensiones y recuperar los derechos eliminados por el gobierno.


La perspectiva de que Portugal regrese a los mercados financieros de largo plazo deja a nuestros políticos y comentadores babeándose de felicidad. Dicen que, finalmente, no vamos a precisar más de la troika, no tendremos que hacer más sacrificios porque –¡aleluya!– vamos a readquirir nuestra “soberanía financiera”.

Comencemos por aquí: ¿de qué soberanía estamos hablando, cuando se sabe que pertenecer al “club del euro” nos quita cualquier posibilidad de emitir nuestra propia moneda y de usufructuar de la más mínima autonomía financiera?

Mercados y capitalismo
 
Cuando se usa la expresión “regreso a los mercados” hay que decodificar: nunca salimos de los mercados, ¿por qué hablar de regreso? ¡Portugal nunca dejó de ser una economía capitalista que funciona de acuerdo con las leyes del mercado!

En esta [economía capitalista] existe el mercado donde se compran/venden mercaderías, pero también el mercado de capitales, el mercado de las acciones y, last but not least [por último pero no menos importante], el mercado de la deuda. Este último es, actualmente, uno de los mercados más lucrativos y donde se juegan más millones, a través de la especulación con las deudas de los países, las empresas y los trabajadores.

Los capitalistas incesantemente buscan hacer ganancias con todo, y la deuda no es excepción: recurren a la usura prestando dinero, creando así deuda y cobrando elevados intereses por eso, pero también hacen juego especulativo con los propios títulos de deuda. Y hoy en día, las llamadas deudas soberanas –las deudas de los Estados– son una de las más poderosas fuentes de especulación y ganancia.

Es necesario que la deuda crezca
 
Habitualmente, un Estado tiene varios modos de financiarse: a través de impuestos, de ingresos propios por servicios de su responsabilidad, y/o recurriendo a préstamos bancarios. En este último caso, son emitidos billetes u obligaciones del Tesoro y puestos a la venta en el “mercado primario” a un determinado interés, que se llama “nominal”, por ser fijo y estar inscripto en el propio título.

Estas emisiones de deuda tienen un cierto plazo, que puede ser corto (algunos meses, 1, 2 o 3 años) o largo (5, 10, 15 o más años), durante el cual el Estado paga los intereses periódicos acordados, que son el rendimiento del acreedor, y al fin del cual es obligado a reembolsar la totalidad del monto de la deuda (todo el dinero que inicialmente el acreedor “prestó”).

En Portugal, las emisiones de deuda son realizadas por el IGCP [Agencia de Gestión de la Tesorería y de la Deuda Pública] y ocurren habitualmente. Por lo tanto, hay que desmitificar también que no sólo no estamos resolviendo el problema de la deuda del país, como que ella no para de crecer.

El infernal negocio del endeudamiento
 
La emisión de deuda soberana ha sido garantía suficiente de que ella será pagada, sea cual fuere el interés, porque los Estados son considerados “personas de bien” y pagadores fiables… No obstante, los casos crecientes de casi-falencia de algunos Estados y las sucesivas crisis del sistema llevan a los capitalistas a no quedarse a esperar rentabilidades futuras e inciertas y a arriesgar todo en el lucro rápido e inmediato.

Es por eso que una de las fuentes predominantes de lucro especulativo es el “mercado secundario” de la deuda. Este es el lugar ficticio –más virtual que real– donde los poseedores de títulos de deuda (hoy raramente son capitalistas individuales y sí bancos, fondos de inversiones, etc.) compran/venden deuda pública, especulando con su valor y fiabilidad para obtener así nuevas rentabilidades.

Si están seguros de que el Estado deudor irá a llevar adelante medidas de agravamiento de la explotación de los trabajadores sin grandes contestaciones, entonces los títulos de la deuda de ese país tendrán gran demanda. El país es “de confianza” porque las mejores condiciones de explotación de la clase productora están garantizadas, luego, los lucros están garantizados.

Quien pierde siempre es el Estado deudor (y sus contribuyentes, que son quienes pagan todo al Estado), pues la obligación de reembolsar al acreedor y pagar el interés nominal en nada se altera, por más exitosas que sean las operaciones de compra y venta en el mercado secundario.

Si, por el contrario, existe alguna señal de que el Estado no consigue mantener las mejores condiciones de explotación de su clase trabajadora, entonces la tendencia será a que los titulares de la deuda se deshagan de ella, si es necesario con un valor por debajo del cual compraron. En caso extremo, esa deuda puede tornarse “basura”, o sea, sin valor de mercado.

En otras palabras, el éxito de una operación de colocación de deuda depende de condiciones favorables de superexplotación del pueblo y de atenuación de la lucha de clases.

La verdadera soberanía
 
Continuar la entrega del país a los traficantes de la deuda no lleva a soberanía ninguna, sino lo contrario. Si regresar al endeudamiento de largo plazo fue el gran objetivo de la intervención de la troika y está en vías de ser conseguido, entonces el país va a continuar fundiéndose, el pueblo empobreciéndose y los capitalistas enriqueciéndose.

Soberanía es que el país retome las capacidades productivas en la industria, en la pesca, en la agricultura. Soberanía es tener una política de relanzamiento del empleo, de creación de puestos de trabajo a partir de un plan de obras públicas con inversión estatal. Soberanía es tener moneda propia, y bancos nacionalizados para asegurar que estos financien la actividad productiva.

Soberanía es cortar los lazos con esta Unión Europea, que impone una política económica basada en la destrucción de nuestra producción y en las privatizaciones. ¡La soberanía tiene que ser tomada y ejercida por el pueblo portugués, con un gobierno suyo y no de los capitalistas!

Artículo publicado en el Boletín del Movimento Alternativa Socialista (MAS) – Portugal, 9 de febrero de 2014.
 
Traducción: Natalia Estrada