COB mantiene las protestas y reafirma la lucha por el Fuera Paz
El proceso revolucionario en Bolivia sigue. Después de más de un mes de movilizaciones, bloqueos y enfrentamientos con el gobierno, el ampliado nacional de la Central Obrera Boliviana (COB), en una reunión ampliada, con organizaciones filiadas y no filiadas, resolvió mantener las medidas de presión y ratificar la exigencia central del movimiento: la salida inmediata del presidente Rodrigo Paz.
La decisión constituye una derrota política para la estrategia gubernamental de desmovilizar las protestas mediante llamados al diálogo, promesas de negociación y la suspensión temporal de las órdenes de aprehensión contra dirigentes sindicales y campesinos. A pesar de haber presiones en sectores burocráticos de la dirección del movimiento para aceptar la “negociación” con el gobierno (en la verdad la desmovilización), la presión de las bases y la falta real de propuestas concretas del gobierno, la definición fue por la continuidad de la movilización.
Lejos de retroceder, los sectores movilizados reafirmaron que la crisis no tiene solución mientras permanezca en el gobierno quien consideran responsable de la situación económica, social y política que vive el país.
Mantener y ampliar la lucha
La resolución expresa el estado de ánimo de miles de trabajadores, campesinos, indígenas, maestros, mineros y sectores populares que consideran agotada cualquier posibilidad de negociación con un gobierno que ha respondido a las demandas populares con represión, amenazas de militarización y maniobras institucionales.
El gobierno esperaba que la anulación de las órdenes de captura contra algunos dirigentes abriera el camino a una negociación. Sin embargo, las bases sindicales y campesinas concluyeron que las causas profundas del conflicto permanecen intactas y que la única salida favorable para el pueblo trabajador es profundizar la movilización.
Uno de los aspectos más importantes del ampliado fue el amplio consenso alcanzado desde las bases entre las organizaciones movilizadas. Las intervenciones de los distintos sectores coincidieron en rechazar cualquier negociación que implique abandonar la exigencia de la caída del gobierno.
La decisión refleja un proceso de radicalización que se fue desarrollando durante semanas de lucha. Las bases obreras y campesinas concluyeron que el gobierno perdió toda legitimidad frente a los trabajadores y el pueblo pobre, especialmente después de intentar utilizar mecanismos represivos para contener las protestas y promover la intervención de las Fuerzas Armadas en el conflicto social, generando al menos 6 muertes de trabajadores.
Pero la resolución de la COB no surgió de manera aislada. En los mismos días, distintas organizaciones sociales realizaron reuniones, ampliados y encuentros para evaluar la situación nacional. La Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz Túpac Katari, federaciones provinciales, comunidades campesinas, juntas vecinales organizadas en la FEJUVE y diversas organizaciones indígenas y populares llegaron a conclusiones similares: mantener la movilización, continuar con los bloqueos y rechazar cualquier salida que permita la continuidad de Rodrigo Paz en el gobierno.
En varias regiones del país, las bases expresaron su desconfianza hacia las propuestas de diálogo impulsadas por el Ejecutivo y señalaron que las negociaciones sólo servirían para ganar tiempo y desgastar el movimiento. Por ello, ratificaron que la lucha debe continuar hasta conquistar una solución favorable a las demandas populares.
Este hecho tiene una enorme importancia política. No se trata únicamente de la posición de una dirección sindical o de una organización particular, sino de una orientación que atraviesa a amplios sectores de trabajadores, campesinos, indígenas, vecinos y sectores populares movilizados. La coincidencia de resoluciones entre las principales organizaciones en lucha demuestra que existe una unidad de acción alrededor de la consigna de la salida del gobierno que presiona desde las bases a las direcciones.
La unidad entre trabajadores urbanos, campesinos, indígenas y sectores populares se transformó en el principal factor político de la coyuntura y constituye hoy la mayor fortaleza del movimiento. Cuanto más se fortalezca esa coordinación entre la COB, las organizaciones campesinas, las juntas vecinales y las comunidades movilizadas, mayores serán las posibilidades de imponer una salida favorable para las mayorías trabajadoras del país. Por eso es muy importante que la COB avance para buscar la incorporación a la lucha de sectores que aun no se han plegado, o tengan salido por negociaciones sectoriales.
La postura lamentable de Lula
En el medio de ese proceso revolucionario Lula, presidente de Brasil, se ha puesto al lado del gobierno Paz, en contra la movilización de los trabajadores, en una comunicación telefónica con el gobierno boliviano. Ha defendido el “respeto a las instituciones democráticas y al estado de derecho”, y que “el gobierno y los movimientos sociales eviten recurrir a la violencia y prioricen el diálogo como vía para superar las diferencias y preservar la paz social”.
Es lamentable que Lula haga coro con la burguesía latinoamericana y mundial que esta caracterizando el proceso boliviano como “un golpe”. No se trata de ningún golpe, tan común desde la derecha en países como Bolivia, y si el legítimo derecho de insurrección del pueblo boliviano contra un gobierno que fue elegido prometiendo atender a las reivindicaciones de los trabajadores y logo después de asumir ha implementado un plan de ultraderecha alineado con Trump. Es el gobierno quien esta dando un golpe en el pueblo, haciendo exactamente el opuesto de sus promesas electorales. Y los trabajadores tienen el derecho de sacar lo del poder.
El doble poder en Bolivia
Hay un proceso revolucionario em Bolivia, con la clase obrera a su frente, acaudillando los campesinos y el pueblo. La huelga general indefinida y los cortes de estradas (ja son 104 en ese momento) en el país acorralan el gobierno, imponen una situación revolucionaria y el doble poder, mostrando quién debe tener el control del país
La unidad entre trabajadores urbanos, campesinos, indígenas y sectores populares se transformó en el principal factor político de la coyuntura y constituye hoy la mayor fortaleza del movimiento. Pero la importancia de este proceso va más allá de la simple coordinación de las protestas. La amplitud de los bloqueos, la capacidad de movilización demostrada por las organizaciones y el grado de acatamiento de las resoluciones adoptadas por la COB y otras organizaciones sociales configuran una situación de doble poder en el país.
En extensas regiones de Bolivia, son las organizaciones movilizadas las que determinan en los hechos la circulación de mercancías, el tránsito entre departamentos y el abastecimiento de las principales ciudades. El ingreso de productos de primera necesidad, combustibles, alimentos y mercancías depende cada vez más de las decisiones tomadas por las organizaciones que controlan los puntos de bloqueo. El desabastecimiento de productos como pollo, carne, gasolina y diésel en distintas ciudades es una demostración concreta de la enorme capacidad de presión alcanzada por el movimiento.
Esta situación ha provocado importantes pérdidas económicas para los grandes empresarios y sectores vinculados al agronegocio y al comercio, que exigen al gobierno una solución inmediata a la crisis. Sin embargo, pese a las presiones del empresariado y de los sectores más reaccionarios, el gobierno no ha logrado restablecer plenamente el control de la situación ni garantizar la normalidad económica en el territorio nacional.
Trata-se de una situación de extremada inestabilidad, que puede mantener-se por poco tiempo. Hay cansancio en sectores de la vanguardia después de un mes de movilizaciones. Hay presiones de los sectores burocráticos por una vía de conciliación.
No existe hasta ese momento, una fractura de las fuerzas armadas en Bolivia, como ha ocurrido en los procesos revolucionarios anteriores, como los de 1952, 1983-85 y 2003-04, que posibilitaron la caída de los gobiernos. Hasta ahora el gobierno mantiene el control de las fuerzas armadas y puede pasar al estado de sitio.
La burguesía de Santa Cruz, de la extrema derecha reclama que el gobierno decrete el estado de sitio. Ja ha reivindicado también la intervención militar de Trump. Hay una división en las clases medias, con un sector apoyando el estado de sitio y la represión contra las movilizaciones. Ha vuelto en Bolivia con fuerza las ideologías de ultraderecha supremacistas blancas contra los indígenas.
Pero hasta ahora si ha imposto la continuidad de la movilización apuntando un ejemplo para los trabajadores de Latinoamérica y todo el mundo.
El gobierno indeciso sobre que hacer
El gobierno ahora esta se guiando por el llamado al diálogo, junto con la iglesia. Pero puede cambiar de política a cualquier momento.
El propio debate en torno a la eventual declaración de un estado de sitio revela las limitaciones del gobierno. Aunque el Ejecutivo y sus aliados evaluaron la posibilidad de recurrir a medidas de excepción para intentar derrotar el movimiento, hasta ahora no han dado ese paso. No se trata de una muestra de fortaleza democrática ni de voluntad de diálogo, sino del reconocimiento de que una medida de esa magnitud podría desencadenar una reacción aún más profunda de las masas movilizadas y abrir una crisis política de consecuencias imprevisibles.
En este escenario, mientras el gobierno conserva el aparato estatal y el control de las fuerzas armadas, las organizaciones obreras, campesinas, indígenas y populares ejercen crecientemente una autoridad real sobre amplios sectores de la población y del territorio. Esta contradicción expresa una situación en la que dos legitimidades y dos poderes tienden a enfrentarse: por un lado, el gobierno y las instituciones del régimen; por otro, las organizaciones de masas que, mediante la movilización y la acción directa, disputan en los hechos la conducción de la sociedad. La evolución de esta situación dependerá de la capacidad del movimiento para profundizar su coordinación nacional, centralizar sus decisiones y avanzar hacia organismos capaces de expresar políticamente el poder construido en las calles y en los bloqueos.
¿Cuál es la salida? ¿Nuevas elecciones?
La profundización de la crisis abrió un debate sobre las posibles salidas políticas. Entre las propuestas que circulan en distintos sectores se encuentra la propuesta de Evo Morales, de convocatoria a nuevas elecciones como mecanismo para resolver el conflicto y renovar la legitimidad de las instituciones.
Sin embargo, esta alternativa presenta los límites de la democracia burguesa. La democracia burguesa es un régimen de dominación de la burguesía, que con su poder económico y control de los medios de comunicación puede conseguir elegir sus representantes.
La experiencia demuestra que las elecciones, por sí solas, no resuelven los problemas estructurales que dieron origen a la rebelión popular. La crisis económica, el desabastecimiento, la dependencia del país respecto a los grandes grupos empresariales y la exclusión de las mayorías trabajadoras de las decisiones fundamentales no desaparecerán simplemente con un nuevo proceso electoral.
Bolivia ya vivió durante años la experiencia de gobiernos que se presentaron como representantes de los trabajadores, campesinos e indígenas. Sin embargo, lejos de romper con el poder económico de las clases dominantes, terminaron gobernando en acuerdo con importantes sectores empresariales, fortaleciendo a nuevas fracciones burguesas y preservando las bases fundamentales del sistema. Eso fue exactamente lo que se pasó con el actual gobierno de Paz. Las disputas entre distintos sectores de las élites que hoy se expresan en la crisis política y en las propias elecciones son, en gran medida, resultado de ese proceso.
La sustitución de Paz por el vicepresidente, Edmand Lara tampoco va a cambiar de verdad la situación. Lara tiene se diferenciado y criticado a Paz, solamente para ganar prestigio y se colocar como una alternativa para el pueblo. Pero, en la verdad, se trata de más una maniobra de la burguesía de derecha para seguir en el poder.
Tampoco la vuelta de Evo Morales al gobierno de Bolivia va a resolver ningún de los problemas del pueblo. Fueron las décadas de poder de Evo y del MAS que abrieron las puertas para la vuelta de la derecha al poder en Bolivia. Evo ha gobernado junto con las multinacionales extranjeras, tanto de Estados Unidos como las chinas, para quien ha entregado el litio del país.
Por eso, la discusión central no debe limitarse a quién ocupará el Palacio Quemado ni a cuándo se realizarán nuevas elecciones. La cuestión decisiva es quién ejercerá efectivamente el poder y en beneficio de qué intereses. Mientras las principales decisiones económicas y políticas continúen en manos de los grandes empresarios y de las instituciones que defienden sus privilegios, los problemas que afectan a los trabajadores, campesinos e indígenas seguirán sin solución.
La fuerza demostrada por la movilización coloca sobre la mesa una perspectiva diferente: que sean las propias organizaciones obreras, campesinas, indígenas y populares las que decidan el rumbo del país y construyan una salida independiente de todos los sectores patronales.
Los y las trabajadoras deben asumir el poder a través de sus organizaciones: Todo el poder a la COB, con un programa anticapitalista
La enorme fuerza demostrada por la movilización nacional plantea una cuestión estratégica: si son los trabajadores, campesinos e indígenas quienes sostienen la lucha, también deben ser ellos quienes decidan el rumbo del país.
Las organizaciones que hoy dirigen los bloqueos, las marchas y las medidas de presión poseen una legitimidad infinitamente superior a la de un gobierno cuestionado por amplios sectores de la población. La COB, junto con las organizaciones campesinas, indígenas y populares, debe avanzar en la coordinación nacional de la lucha y en la construcción de organismos democráticos de decisión desde las bases.
La salida favorable para el pueblo trabajador pasa por fortalecer y centralizar la organización de quienes hoy sostienen la lucha. Por su peso histórico, su capacidad de convocatoria y su presencia nacional, la COB debe colocarse al frente de este proceso, actuando en estrecha unidad con las organizaciones campesinas, indígenas, vecinales y populares que protagonizan las movilizaciones y los bloqueos.
La perspectiva debe ser la construcción de una dirección unificada de todos los sectores en lucha, capaz de coordinar las acciones, definir democráticamente los pasos a seguir y presentar una alternativa de poder frente al régimen en crisis. Por eso, la consigna debe ser: Todo el poder a la COB, junto a las organizaciones campesinas, indígenas y populares. Sólo un gobierno sustentado en estas organizaciones, basado en la movilización y en la democracia de las bases, podrá responder a las necesidades de las mayorías y abrir una salida estratégica para cambiar de manos el poder en Bolivia.
La COB debe asumir el poder, con un programa anticapitalista que revierta todas las privatizaciones, estatice las grandes empresas imperialistas, disuelva las fuerzas armadas y entregue armas para las milicias obreras y campesinas.
Solo así se abrirá el camino para un nuevo estado, un estado obrero en Bolivia, con una nueva democracia, la democracia de los trabajadores, con delegados elegidos por las bases y sustituibles a cualquier momento, que reciban el mismo sueldo de los obreros.
¡Por una amplia campaña de unidad de acción en toda latino América de apoyo a las movilizaciones en Bolivia, con actos frente a las embajadas!
¡Todo apoyo a la lucha de los trabajadores bolivianos!
¡Fuera Paz!
¡Todo poder a la COB!




