Lun Ene 30, 2023
30 enero, 2023

Capitolio verde y amarillo: el gobierno Lula-Alckmin y la clase trabajadora

Ya no es solo una posibilidad, sino una realidad: la ultraderecha bolsonarista hizo este domingo su Capitolio tupiniquim. Alertamos incansablemente que esto podía pasar. La propia ultraderecha dio amplias demostraciones de que esta intentona sería cuestión de tiempo.

Por: Hertz Dias*

En la víspera del 7 de setiembre de 2022, Bolsonaro avisó que sería la última vez que el Ejército saldría a las calles. El día de la segunda vuelta electoral, el director general de la Policía Federal de Carreteras organizó numerosos bloqueos para impedir que los votantes de Lula llegaran a los lugares de votación. Derrotado en las urnas, Bolsonaro desapareció momentáneamente de las redes sociales, mientras quienes financiaban su campaña, el agronegocio bonapartista, bloqueaban rutas por todo el país.

No satisfechos, decidieron acampar frente a los cuarteles para exigir la intervención militar, sin que nadie los molestara. El día de la asunción de Lula se concentraron frente al Palacio de la Alvorada e incendiaron 5 autobuses y varios autos particulares.

En vísperas de Navidad, un empresario bolsonarista intentó hacer estallar una bomba en el Aeropuerto Internacional de Brasilia. Todo, pero absolutamente todo, en nombre de la permanencia de Bolsonaro en la Presidencia.

¿Necesitaba de más ejemplos? ¡Sí, el domingo pasado!

Una acción golpista abiertamente organizada por las redes sociales, con oferta autobuses, alimentos, tiendas de campaña, baños químicos, para miles de bolsonaristas que viajaron desde varios Estados y llegaron al Palácio de los Tres Poderes con derecho a ser escoltados por la Policía Militar y, sin duda, con el apoyo de la cúpula de las Fuerzas Armadas.

A pesar de todos estos contundentes ejemplos, la izquierda que conforma el gobierno de Lula-Alckmim prefirió apostar todas sus fichas en el diálogo conciliador con los grupos bolsonaristas que buscan reubicarse en las entrañas políticas del nuevo gobierno. Si fuera con la juventud negra de la periferia, ciertamente no sería así. Además de ser financiados por grandes grupos económicos, ¡los estafadores en pantalla son casi todos blancos! ¡Conciliación y trato VIP para ellos!

En la dirección de la conciliación, Lula designó como ministro de Defensa a José Múcio, defensor de los actos bolsonaristas. Daniela Carneiro (União Brasil), diputada federal involucrada con grupos de milicianos en Río de Janeiro, también fue nominada para el cargo de ministra de Turismo del gobierno de Lula. Flávio Dino, ministro de Justicia y Seguridad Pública, anunció a Nivaldo Cesar Restivo, coronel de la Policía Militar de São Paulo, involucrado en la masacre de Carandiru, como Secretario Nacional de Políticas Penales. Al menos, este cayó antes de tomar posesión.

Depositaron toda su confianza en el gobernador bolsonarista del Distrito Federal, Ibaneis Rocha (MDB), quien designó a Anderson Torres (União Brasil), exministro de Justicia y Seguridad Pública del gobierno de Bolsonaro, como secretario de Seguridad Pública del DF. Tras ser nombrado, Anderson viajó a Florida, la ciudad estadounidense donde Bolsonaro actualmente hace de todo menos yacer en una espléndida cuna. Las serpientes, incluso cuando duermen, mantienen los ojos abiertos. Es muy probable que el “Capitolio Verde y Amarillo” fuera coordinado desde Florida.

Hay tantos ejemplos que podríamos concluir que en términos de seguridad, el nuevo gobierno es un Increíble Ejército de Brancaleone . ¡Pero no, no lo es! Y ni siquiera creemos que será así con la clase trabajadora y lel pueblo negro. Aquí abajo el látigo seguirá restallando sobre nuestras espaldas.

De hecho, lo que desestiman las organizaciones que integran o apoyan el gobierno de Lula-Alckmin es la fuerza de la clase trabajadora, que es la única clase capaz de derrotar el golpe de ultraderecha y la más perjudicada, si se diera un golpe exitoso en nuestro país. El proyecto de imponer una dictadura militar en el Brasil está estrictamente ligado al proyecto de profundizar nuestra recolonización, de entregar nuestras riquezas, de destruir la naturaleza y lo que queda de derechos laborales. Ese es el proyecto que la burguesía y el imperialismo tienen para el Brasil. Un proyecto que no empezó a implementarse en el gobierno de Bolsonaro, sino que se profundizó en él. De hecho, la ultraderecha bolsonarista es producto de la decadencia de nuestro país, que a pasos agigantados vuelve a ser una colonia.

Sin revertir radicalmente este proceso, no será posible derrotar a la ultraderecha. Los políticos y los partidos no se representan a sí mismos, representan los intereses de las clases sociales y de sus fracciones internas. El gobierno de Lula-Alckmin no romperá con estos grupos económicos que están por detrás de la ultraderecha, sobre todo porque parte de ellos está adentro del propio gobierno.

Por eso mismo, la clase trabajadora no puede transferir al gobierno Lula-Alckmin y a las instituciones del régimen (Congreso, STF, Fuerzas Armadas, etc.), una tarea que solo ella puede realizar, que es derrotar a la ultraderecha, encarcelar a la familia Bolsonaro y a los golpistas bolsonaristas, y detener el proceso de recolonización de nuestro país. Para ello es necesario retomar las movilizaciones y organizar, con la urgencia que exige la realidad, comités de autodefensa en los barrios, territorios y fábricas.

¡Eso, porque, además de no ser parte de los trabajadores, el gobierno Lula-Alckmin convierte la política de conciliación de clases en una enorme incubadora de huevos de serpientes golpistas!

¡Ocupar las calles y organizar la autodefensa!

¡Ejemplar investigación y punición a todos los implicados en las acciones golpistas!

*Hertz Dias es miembro del Secretariado de Negros del PSTU Brasil y vocalista del grupo de rap Gíria Vermelha.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 13/1/2023.-

Lea también, en este mismo sitio: Hubo un intento de golpe: ¡Debemos responder en consecuencia!

Traducción: Natalia Estrada.

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