¡Bella, trabajadora y de lucha! Fuera todos ellos, que reproducen el machismo y la explotación
El 18 de abril, luego que sectores oprimidos fueran blanco de ataques de los diputados en las declaraciones de voto al impeachment de Dilma, la revista Veja publicó un artículo sobre el perfil de Marcela Temer, esposa del vicepresidente Michel Temer, presentándola como posible “primera dama”.
Por: Marcela Azevedo y Veruska Tenório*
Fue una demostración más de machismo institucional, reproducido naturalmente en nuestra sociedad, que atraviesa el contexto de la crisis política y económica que vive el país. El artículo provocó una fuerte reacción en las redes sociales, demostrando un positivo sentimiento contra el machismo, pero que solo podrá triunfar si se combina con la lucha de las mujeres trabajadoras contra la explotación.
¿Bella, recatada y del hogar?
El artículo, dispensable desde el punto de vista periodístico, presenta el perfil de una mujer sumisa, que dice tener suerte por tener un marido que le hace demostraciones de amor, que tiene como mayor deseo ser nuevamente madre y que abrió mano de la carrera para dedicarse al cuidado de la familia.
La exaltación de este perfil significa muchas cosas. Primero, la idea de que las mujeres deben estar a la sombra del marido, que deben ser obedientes y comprensivas, que su papel es satisfacerlo en todo momento. Después, refuerza la falsa idea bastante difundida en la sociedad de que las mujeres son “interesadas” y, por lo tanto, comprables con bienes materiales. No es en vano que de los varios memes posteados en las redes sociales, muchos asocian a Marcela con una mujer “dólar”.
Marcela Temer: bella, recatada y “del hogar”
Todo el mundo sabe que los casamientos entre la burguesía son hechos por intereses financieros. Sin embargo, el cuestionamiento pasa lejos del comportamiento de Temer, un hombre de 63 años que comenzó a salir con una joven de 20. Ese es un comportamiento machista muy naturalizado, que juzga a la mujer y justifica al hombre.
El otro significado es una contraposición implícita entre el padrón de mujer Marcela –bella, recatada y del hogar– y el padrón Dilma –fea, inmoral, independiente, divorciada y política–. O sea, la utilización del machismo como arma política. Nosotras ya dijimos muchas veces: estamos contra Dilma y su gobierno no porque ella es mujer, sino porque como mujer representante de la burguesía defiende muy bien los intereses de los ricos y hasta aquí aplicó con mucha competencia todos los planes de la burguesía para atacar a los trabajadores, mujeres y hombres. Aunque gobierne contra las trabajadoras, es inaceptable el uso de la misoginia –odio a las mujeres– como arma política contra Dilma.
No basta ser mujer para representarnos
El artículo también tiene por objetivo crear algún tipo de identificación con la posible “primera dama” y, por extensión, con su nada popular marido. Hace eso en la tentativa de atraer a un sector que viene siendo protagonista de muchas luchas y movilizaciones en el último período y que ha contribuido para dificultar que la burguesía encuentre una salida para cerrar la crisis política en el país; ese sector son las mujeres trabajadoras y jóvenes.
Sin embargo, la realidad retratada en la nota no tiene como ser maquillada. La mujer que está allí es una mujer blanca y rica que anda con varios custodios; que puede cerrar y usufructuar una parte del restaurante más renombrado de la mayor ciudad del país; que se dedica al hogar mucho más en el papel de “jefe”, “fiscal”, que como ejecutora de las tareas domésticas. Esa realidad no es la misma que vivimos nosotras, las mujeres trabajadoras.
Nosotras somos aquellas que salimos de casa aún con el cielo oscuro y solo retornamos de noche, tarde. En ese camino estamos expuestas a todo tipo de violencia, siendo en ese horario que ocurren muchas de las cerca de 40.000 violaciones notificadas. Somos aquellas que acumulamos la doble jornada de trabajo, lo que significa hasta 8 horas semanales más de actividades. No tenemos guarderías públicas para dejar a nuestros hijos y eso hace que muchas veces ni siquiera consigamos entrar en el mercado de trabajo. Las mujeres que enfrentan esta realidad tienen clase y tienen color, son mujeres negras en su mayoría. Trabajamos “fuera” y en el “hogar”.
Para nosotras no hay elección. Nuestro lugar ya está determinado por la sociedad de clase, que se aprovecha de nuestra opresión para intensificar la explotación sobre nuestra mano de obra. Somos las que garantizamos esa vida de perfección pintada por Marcela Temer, a ella y a todas las mujeres burguesas. Desgraciadamente, el primer gobierno de una mujer sirvió para reforzar esa relación, pues es por las manos de Dilma (PT) –con apoyo del PMDB y de la oposición burguesa– que se intensifican ataques nefastos a nuestros derechos.
Fueron más de 200.000 mujeres despedidas solamente en 2015; las Medidas Provisorias (MP’s) 664 y 665, que dificultaron nuestro acceso a los beneficios como el seguro de desempleo, el Programa de Integración Social (PIS) y la licencia por salud afectan directamente a las mujeres. Y la nueva propuesta de reforma de la previsión, encaminada por Dilma al Congreso, prevé un aumento de más de cinco años en el tiempo de trabajo de las mujeres para que puedan jubilarse.
Además, están también los cortes de presupuesto de las principales áreas sociales como la salud, la educación, la vivienda, las políticas para mujeres que nos exponen a una vulnerabilidad aún mayor. La epidemia de Zika virus y microcefalia son un ejemplo, pero también las millares de muertes causadas por abortos clandestinos practicados en condiciones insalubres; el aumento del feminicidio sin que la Ley Maria da Penha dé cuenta de cómo responder y garantizar la seguridad de las mujeres.
Lo que se evidencia es que en la disputa burguesa para decidir quién va a asegurar el chicote para azotar nuestras espaldas, aun cuando el machismo sea usado como arma política y nosotras repudiemos eso, Marcela y Dilma tienen una cosa que las unifica: ambas son ricas y defienden sus intereses de clase. Por eso, ninguna de ellas nos representa.
La lucha contra el machismo no puede ser usada para aumentar la sumisión de clase
En la misma semana en que la Veja publica tal artículo, la Marcha Mundial de Mujeres (MMM) organizó una marcha a Brasilia para decir que “las mujeres estaban con Dilma” y destapó una campaña a favor de la presidente, contra un supuesto golpe machista. Haciendo coro con la ONU (Organización de las Naciones Unidas), que representa los intereses del capital, defienden la tesis de que Dilma corre el riesgo de sufrir un impeachment por ser mujer. Nada más falaz.
Lo que hizo que Dilma perdiese el apoyo de la clase trabajadora no fue la “conciencia atrasada” y machista de los trabajadores, fue su compromiso cada vez mayor con el capital y con la burguesía. La tentativa de aplicar las políticas de ajuste para arrojar la cuenta de la crisis en las espaldas de los trabajadores le está costando caro al PT.
Para defender a las trabajadoras y luchar consecuentemente contra el machismo, es necesario que la MMM y sectores del PSOL rompan con este gobierno y organicen las luchas en el campo de la clase trabajadora, contra el gobierno y la oposición de derecha.
¡Fuera todos ellos! El lugar de la trabajadora es en el 1° de Mayo clasista
La sumisión feminista es muy útil al capitalismo, pues permite mantener a las mujeres dóciles y obedientes en las fábricas, la oficinas, las escuelas, y en la sociedad de modo general. El recato también es útil para juzgar y responsabilizar a las mujeres por la opresión y la violencia que sufren. Más que eso, sirve para seguir diferenciando a las mujeres entre aquellas que deben ser respetadas y aquellas con las cuales los hombres pueden satisfacer sus deseos sin ningún compromiso.
Las mujeres negras saben bien lo que es esa distinción, pues desde el período de la esclavitud, cuando eran violadas por sus señores, tal violencia ya se justificaba con el argumento de que ellas tenían vida sexual promiscua y eran mucho más desenvueltas en la cama. En los días de hoy esa ideología aún persiste, exponiendo a las mujeres negras a todo tipo de violencia y colocándolas como la carne más barata del mercado.
Ser del hogar, en el capitalismo, significa para las mujeres trabajadoras realizar una larga y pesada jornada de trabajo antes y después de aquella cumplida formalmente, sin recibir nada por esto. Significa planchar, limpiar, cocinar, cuidar de los hijos, de los ancianos, de los enfermos, sin recibir nada y aún sentirse culpable si no desea hacerlo. Significa garantizar ganancias al Estado y a las empresas que se benefician con el trabajo doméstico que realizamos. Para aquellas que cuidan del hogar de las mujeres como Marcela Temer, siquiera les son garantizados los derechos de la Consolidación de las Leyes de Trabajo, la CLT.
Por eso, no tenemos duda de que nuestra identificación es con las mujeres indígenas y quilombolas que luchan bravamente en defensa de sus territorios; con las trabajadoras en huelga que luchan contra los despidos y el retiro de derechos; con las obreras, gran parte de ellas tercerizadas; con las jóvenes secundarias que ocupan escuelas en defensa de la educación pública y de calidad; con las mujeres negras de la periferia que enfrentan todos los días la violencia policial y luchan contra el exterminio de sus hijos; con las mujeres sin techo que se enfrentan con poderosos especuladores para garantizar una vivienda.
En todas estas luchas están levantadas bien alto las banderas de combate al machismo, de cualquier limitación de la mujer, de cualquier tentativa de someternos. Queremos la libertad para decidir sobre nuestro cuerpo, nuestro destino, y también sobre los rumbos del país.
La tan enaltecida “democracia burguesa”, utilizada como argumento para defender el gobierno Dilma, ya nos es ausente hace mucho tiempo. Por eso, no tenemos ilusión de que Dilma, Temer, Cunha, Aécio y este Congreso representen cualquier avance para nosotras, mujeres trabajadoras. Es necesario sacar a todos ellos, exigir elecciones generales con nuevas reglas y dedicarse a la construcción de consejos populares en las escuelas, en los lugares de trabajo y en los barrios, para organizar nuestras pautas y nuestras acciones.
Nuestra lucha se fortalece con nuestra clase, en las calles y en las movilizaciones Para nosotras, la construcción de nuestra emancipación como mujer se da junto con la lucha por construir una sociedad socialista y un gobierno verdaderamente de las trabajadoras y de los trabajadores. Por eso, no vamos a la movilizaciones en favor del impeachment o en defensa de la permanencia de Dilma. Vamos a las calles con nuestros compañeros trabajadores, a construir un Primero de Mayo nacional contra todos ellos, por una alternativa de la clase, contra el machismo y la explotación.
[1] En portugués, el eslogan que “viralizó” en Brasil es: “Bela, recatada e ‘do lar’”. La expresión ‘do lar’ significa “del hogar” en español, pero en portugués dio lugar a ese juego de palabras con el “dólar”.
Traducción: Laura Sánchez.
Las autoras son miembros integrantes de la Secretaría Nacional de Mujeres del PSTU (B).
Artículo publicado originalmente en: www.pstu.org.br



