Texto del SWP de los Estados Unidos, de 1960, que expresaba también la posición de Nahuel Moreno sobre Cuba en esa época.
 
Aparecido en The Militant, periódico del SWP (Partido Socialista Obrero) de los Estados Unidos, el trabajo tiene un doble mérito: por ser obra de la única organización revolucionaria de ese país que apoya a la revolución como resultado de un balance de­sapasionado de sus realizaciones y, además, por haberse publicado en el centro mundial de la reacción, los Estados Unidos, capital del imperialismo.


Aclaración:
 
Al traducir el documento de los compañeros yanquis, sólo hemos querido reproducir sus posiciones respecto de la Revolución Cubana. Esto no significa que estemos de acuerdo con todas las apreciaciones vertidas, aunque en general coincidamos. Este Balance cubano está impreso especialmente para los compañeros militantes y simpatizantes allegados, para su mayor documentación. Así hay que tomar esta impresión y las que sigan saliendo (si no hacemos una aclaración previa).

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Un millón de cubanos –más de un séptimo de la población entera de la Isla– se reunieron en La Habana el 26 de julio para celebrar el octavo aniversario del intento de asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba. El fervor de la enorme multitud que escuchó el discurso de Fidel Castro fue el mayor desde la caída de Batista, cuando comenzaron los profundos cambios que han llevado a Cuba al camino del socialismo.

Las razones de este entusiasmo merecen cuidadoso estudio, especialmente por parte de los yanquis, quienes, les guste o no, están íntimamente relacionados con lo que ocurre en la pequeña República, situada a sólo noventa millas de sus costas. La celebración del 26 de julio ofrece una ocasión apropiada para trazar un balance sobre los éxitos y los defectos de dos años y medio de la Revolución Cubana, y estimar las perspectivas sobre los peligros que afronta.

Ventajas inmediatas

Los cubanos fueron capaces de lograr un significativo e importante aumento en su nivel de vida después de su victoria política. Los alquileres se rebajaron a la mitad, las tarifas eléctricas fueron reducidas, el costo de muchos alimentos de primera necesidad fue rebajado, también. Los campesinos comenzaron a recibir el título de propiedad de la tierra que ocupaban.

Se organizaron cooperativas en las grandes plantaciones; éstas, por medio de la diversificación de los cultivos, trajeron una ocupación total durante el año entero. La profunda reforma agraria en las altamente favorables condiciones climáticas agrícolas que Cuba disfruta, aumentó rápidamente la cantidad de alimentos disponibles. El país estuvo rápidamente en condiciones de cultivar sus propias plantaciones de alimentos básicos, mientras que retuvo todavía el primer lugar en la producción mundial de azúcar. La reforma agraria ha sido igualada el año pasado por la “Reforma Urbana”. Bajo esta ley revolucionaria, el alquiler es tomado como pago; así, cada inquilino, simplemente por continuar pagando el bajo alquiler ya establecido, llega a ser automáticamente dueño de su casa dentro de cinco a veinte años, de acuerdo con la antigüedad del edificio.

Los dueños de las casas son compensados por una pensión vitalicia del gobierno, que llega hasta 600 pesos cubanos por mes (1 peso cubano = 1 dólar).

Los proyectos de vivienda se concretaron inmediatamente después de la victoria revolucionaria para reemplazar a los barrios miserables de las ciudades y los insalubres bohíos de la campaña, con modernas y cómodas casas.

El notable progreso de este programa se ve a través de toda Cuba. En la Cuba prerrevolucionaria más de un tercio de la población adulta no podía leer ni escribir. Una campaña a lo largo de toda la nación para erradicar el analfabetismo está ahora cercana a ser exitosamente concluida. En dos años y medio, con un estrepitoso programa de construcción de escuelas, el gobierno revolucionario ha hecho más en instrucción pública que todos los anteriores regímenes en los 60 años de dominación yanqui. Cuba será el primer país latinoamericano que liquide el analfabetismo; el primero que establezca la educación común como derecho natural de cualquier niño. Éste es un acontecimiento de importancia histórica.
 
Aumento de la ocupación

Uno de los peores males sociales de Cuba, el desempleo permanente de aproximadamente un tercio de la fuerza de trabajo (un promedio comparable a aquel de la crisis del año ’30 en los Estados Unidos) ha sido grandemente mejorado. En realidad, en algunas áreas, signos de esa disminución han hecho ya su aparición. Este gran cambio se hizo posible al terminar el control capitalista sobre los empleos y por la iniciación de un gran programa de obras públicas, incluyendo ambiciosos proyectos para industrializar Cuba y mecanizar su agricultura, y por el establecimiento, sobre todo, de una economía planificada que permite la utilización racional del más precioso bien de la nación, su fuerza de trabajo.

Junto con esta mejora de la sociedad cubana, la revolución terminó con la discriminación debida a los prejuicios raciales, sexuales o de edad, estableciendo la entera igualdad, de inmediato, sin ninguna cláusula. Hoy todas las razas en Cuba tienen los mismos derechos; la igualdad de las mujeres es reconocida en todos los campos de la vida pública; la juventud ocupa posiciones de gran responsabilidad. Ahora los escolares pueden aspirar a una educación superior gratuita y a un futuro de oportunidades crecientes, en cualquier carrera que elijan. Estos pasos verdaderamente gigantes para construir una Cuba mejor fueron dados mientras se defendía al pequeño país de la salvaje presión de la más poderosa potencia industrial, financiera y militar del mundo. La presión incluyó el aislamiento diplomático; el cierre del mayor mercado de colocación de los productos cubanos (EE.UU.); la negativa a venderles mercaderías esenciales proveídas a la Isla durante décadas con “bonitas” ganancias; la financiación y la provisión de terroristas y saboteadores que se dieron a los atentados indiscriminados, a los tiroteos y a los incendios intencionados; una campaña que envolvió a toda la clase media con la diseminación de propaganda anticubana; la bajada de una “cortina de hierro” para evitar que los ciudadanos yanquis visitaran Cuba para ver por sí mismos cuál era la verdad; despliegues provocativos de la Marina yanqui y amenazas de bloqueo naval; finalmente, aún a riesgo de precipitar una guerra mundial, el lanzamiento de una invasión contrarrevolucionaria.

Las intenciones hostiles de los Estados Unidos contra Cuba, desde la caída de la dictadura de Batista, sostenidas y organizadas por los demócratas y republicanos en combinación con sus amos de Wall Street, constituyen una de las más vergonzosas manchas en las páginas de la historia yanqui; la resistencia cubana contra tales formidables desventajas, queda como uno de los más inspirados ejemplos de coraje y heroísmo humanos.
 
La jefatura castrista

El elemento decisivo que hizo posible que el cubano saliera adelante a pesar de tales presiones y peligros, ha sido la jefatura del equipo reunido alrededor de Fidel Castro. Comenzando con un grupo pequeño-burgués, desarrollaron su capacidad de aprendizaje y de crecimiento desde sus posiciones originales; no importa cuánto se hayan anticipado a la lógica de la revolución que los llevó al poder. Esto fue concluyentemente demostrado por la forma en que ellos respondieron a la necesidad objetiva de hacer progresar la revolución del estado de democracia burguesa en los comienzos del socialismo.

Al voltear la dictadura de Batista, los líderes del Movimiento 26 de Julio participaron en un gobierno de coalición con figuras burguesas. Pero, a través de tres medidas altamente democráticas, ellos aseguraron el bloqueo de una fácil victoria de la contrarrevolución.

Ellos destruyeron el antiguo ejército de generales corruptos que eran leales en primer término a los embajadores y a las misiones militares yanquis; 2) Ellos disolvieron la policía de Batista; 3) Ellos aumentaron la base de las fuerzas armadas rebeldes, organizando milicias y distribuyendo armas al pueblo. Esto le dio poder a toda la población para expresar lo que quería del gobierno, en la forma más directa posible.

Los jefes del Movimiento 26 de Julio habían prometido elecciones burguesas, pero ellos estaban dedicados a una medida democrática de carácter mucho más fundamental: la profunda reforma agraria, esto es, liberar a los campesinos de los grandes terratenientes, cubanos o extranjeros, que ejercían virtualmente privilegios feudales en Cuba. Los terratenientes cubanos se opusieron a la reforma agraria; los yanquis, también. En solidaridad con estos reaccionarios estaban poderosos intereses capitalistas de los Estados Unidos, con grandes explotaciones en Cuba, además de la tierra. Estas fuerzas pedían elecciones democráticas de tipo burgués. Lo que ellos realmente querían, sin embargo, era la continuación de las relaciones de propiedad burguesa. Por haber conservado este anticuado sistema de propiedad, ellos habían abierto el camino para la restauración de la dictadura de tipo batistiana. La dirección castrista no vaciló en elegir la alternativa democrática por la cual los campesinos y Cuba entera iban a ganar más. Ellos realizaron la más profunda reforma agraria que cualquier país americano haya experimentado, y rompieron el gobierno de coalición.

Wall Street se moviliza

Como respuesta, Wall Street comenzó a movilizar la contrarrevolución en gran escala, mientras el Departamento de Estado, la Casa Blanca y el Congreso tomaron represalias que no le dejaron otra alternativa al gobierno castrista que retroceder, o avanzar con medidas todavía más drásticas.

Otra vez la jefatura no vaciló. A cada golpe contra los cubanos, el gobierno de Castro respondió con un contragolpe a los intereses de la propiedad capitalista. El proceso que comenzó con “intervenciones”, luego nacionalizaciones de las propiedades de los más notorios sostenedores de Batista, culminó en octubre de 1960 con la nacionalización de los sectores claves de la economía del país. El control sobre el comercio exterior llevó a que el gobierno lo monopolizara. La supervisión gubernamental de la reforma agraria condujo a la economía planificada, dejando a la “iniciativa privada” solamente las empresas y negocios pequeños.

A través de esta medida, la jefatura castrista estableció un estado obrero, sacando a Cuba del capitalismo y abriendo la etapa de transición que posiblemente llevará al socialismo.

El último significado de esos cambios tan profundamente progresivos todavía no puede estar completamente claro para la mayoría del pueblo cubano. Lo que es claro para ellos, ya que lo experimentan todos los días, es el contraste favorable del gobierno de Castro con todas las cosas previamente conocidas en la historia cubana.

En lugar del gobierno de una rica minoría sirviente de los intereses imperialistas, ellos tienen ahora un gobierno que ellos sienten suyo. En lugar de un gobierno de corrupción, de costumbres tiránicas, de opresión férrea, ellos tienen ahora un gobierno que es honesto, que responde a sus deseos, dedicado al establecimiento de la democracia económica. En lugar de desempleo, miedo, desesperación, futuro indeciso, ellos tienen ahora trabajo, un mejor nivel de vida, un sentimiento de libertad genuina, esperanza en el futuro, e inmenso orgullo por el lugar importante que Cuba ha ganado en la política mundial.

Tendencia democrática

La principal tendencia de la dirección castrista es democrática. Esto surge del hecho de que su acción principal ha sido desplazar la opresión tiránica de los terratenientes, capitalistas, imperialistas, armar al pueblo y establecer las condiciones económicas y culturales para el florecimiento de la democracia proletaria.

Medidas centralizadas y aun dictatoriales se hicieron necesarias para seguir este curso, primero, a consecuencia de la tiranía batistiana y luego por la necesidad de poner al país en pie de guerra para hacer frente a los violentos esfuerzos del imperialismo yanqui para destruir la revolución. El uso de tales medidas se ha hecho necesario en todas las revoluciones y guerras de independencia, incluyendo la propia Revolución estadounidense. Un precedente bien conocido que se puede citar es la Proclamación de la Emancipación, por Lincoln, en 1863, y el uso de la fuerza armada para llevarla a cabo.

La principal tendencia democrática no es contradicha por los errores y excesos tales como los admitidos francamente por Fidel Castro y que incluyen el arresto de gente inocente y partidarios de la revolución durante las operaciones de limpieza de sospechosos contrarrevolucionarios en el período tremendamente peligroso en que el Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia organizó la invasión del 17 de abril. La culpa de tales hechos cae enteramente en las fuerzas imperialistas que buscaban la destrucción del gobierno castrista.

Así como la tendencia principal del castrismo es en dirección a la democracia y al socialismo, así el principal peligro de la Revolución Cubana es el imperialismo yanqui. Al haber fracasado en la invasión del 17 de abril, los burócratas yanquis puede que intenten un golpe mejor organizado y equipado, y más masivo, cuando las condiciones de la situación internacional sean favorables a tal guerra.

Mientras esperan una ocasión favorable a un nuevo intento contrarrevolucionario, los imperialistas yanquis no aflojarán su presión en Cuba ni un solo momento. Ellos seguirán su campaña para aislar la Revolución Cubana, para aislarla especialmente de América Latina, para bloquearla económicamente, para contenerla políticamente, para minarla, dividirla y debilitarla. Cuba, que está sólo a noventa millas de Florida y ya bajo la penetración militar a través de la Base Naval de Guantánamo, está expuesta, más que cualquier otro estado obrero existente, a peligros enormes originados en el principal centro de poder del capitalismo mundial.

La defensa de Cuba, por esa razón, coloca a la vanguardia de la clase obrera norteamericana ante una responsabilidad excepcional, así como ante un reto.

En la misma Cuba, la defensa de la Revolución coincide con la lucha para superar al capitalismo y desarrollar las nuevas instituciones de tipo socialista, dando un óptimo paso. Respecto de esto, la dirección castrista ha tenido mucho éxito. No ha querido sacrificar el bienestar inmediato de los trabajadores y de los campesinos para construir la industria pesada a un ritmo irracional; tampoco ha promovido el crecimiento anormal de un burocracia parasitaria. El aumento en el consumo per cápita de un artículo básico como el arroz habla mucho del balance que el gobierno está buscando en el crecimiento de la productividad nacional y en el aumento del nivel de vida de los trabajadores y campesinos.

La dirección castrista ha tenido un notable éxito en el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas. Los principales medios para esto han sido la televisión y la radio, la campaña contra el analfabetismo y los cursos de adoctrinamiento que acompañaron la organización de las instituciones revolucionarias, los gremios, las cooperativas, las organizaciones agrarias, los consejos de defensa revolucionarios, las asociaciones culturales y las organizaciones especiales para mujeres, para la juventud, para la niñez, están jugando un papel creciente y vital en la vida de la nación.

Si alguna debilidad se nota en este campo es en la organización de un partido socialista revolucionario de masas directamente conducido por la dirección castrista. No se ha dado ningún paso, aparentemente, para remediar esto. La proyectada formación, a su debido tiempo, de un Partido Único de la Revolución Socialista Cubana, ha sido anunciada por Fidel Castro. Tal partido, si abre sus filas a todas las tendencias obreras y garantiza una vida democrática interna, fortalecerá enormemente la defensa de la Revolución Cubana.
 
Consejos de obreros

El establecimiento de formas de control proletario democrático, es decir, consejos de obreros como base del poder estatal, sería otro paso muy favorable en la misma dirección. En esto también se ha empezado a hacer algo. Experimentos realizados en varios lugares con la Junta de Coordinación, Ejecución e Inspección (JUCEI) llevaron a la extensión de los “Consejos Unidos” creados hacia un organismo nacional llamado 26 de Julio.

Las juntas, en las cuales hay representantes de todas las otras organizaciones, surgieron de la necesidad práctica de coordinar actividades. Ellas están organizadas ahora como órganos locales del gobierno estatal. Raúl Castro, que tiene a su cargo la JUCEI, ha expresado que los consejos están en transición y que en el futuro ellos tendrán que colocarse naturalmente sobre una base electoral, con representantes sujetos a reelección.

Para combatir los esfuerzos del imperialismo yanqui por aislar la Revolución Cubana, el gobierno castrista ha buscado establecer relaciones diplomáticas y comerciales con otros gobiernos, cualquiera sea su base económica y social. Él ha mostrado correctamente la nación cubana a otros pueblos, sobre todo a los latinoamericanos, como modelo que enseña cómo cumplir una reforma agraria, que hace frente al imperialismo yanqui, y que se dirige hacia el socialismo. El ejemplo que Cuba da, al inspirar a otros países a seguir el mismo camino, puede redundar en defensa de su revolución.

Cuando los organismos de los republicanos y de los demócratas utilizaron el poder gubernamental para cortar las relaciones comerciales yanquis con Cuba, como parte del esfuerzo para estrangular la Revolución Cubana, el gobierno castrista no tuvo otra alternativa que buscar entablar relaciones comerciales con cualquier país.

La Unión Soviética y la República Popular China respondieron suministrando créditos a Cuba para las mercaderías esenciales y se comprometieron a comprar el azúcar que el gobierno de los Estados Unidos retiró del mercado yanqui.

Esta ayuda reforzó enormemente la Revolución Cubana mientras, al mismo tiempo, sirvió a los verdaderos intereses del Pueblo de la Unión Soviética y de China.

El ejemplo nuevo y brillante de la Revolución Cubana mostró cómo la defensa real de esos países (China y Rusia) en su batalla contra el imperialismo es dada por la extensión de la revolución socialista.

La inmensa gratitud del pueblo cubano a la Unión Soviética y sus aliados por esta asistencia “a tiempo” es tan natural y comprensible como la gratitud del pueblo norteamericano por la ayuda que le dio Francia contra los ingleses en la lucha por la independencia. Acusar al gobierno castrista de “venderse a Rusia” porque aceptó la ayuda soviética es tan ilógico como acusar a los primeros revolucionarios estadounidenses de “venderse a Francia” porque aceptaron su ayuda económica y militar. La hipocresía de la acusación puede ser medida por el hecho de que los propagandistas yanquis no lanzan similares acusaciones contra Gran Bretaña u otros aliados de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) por comerciar con los países soviéticos.

La gran popularidad de la Unión Soviética en Cuba ha llevado, sin embargo, a un problema especial. Éste es el fraccionalismo practicado por el Partido Comunista Cubano (el Partido Socialista Popular), un sectarismo que hace peligrar la unidad de las fuerzas revolucionarias y amenaza el desarrollo normal de la democracia proletaria, y por este motivo debilita la Revolución delante de sus enemigos imperialistas.

Contra “la caza de brujas”

Cuando los propagandistas de Wall Street buscaron confundir y dividir las diversas tendencias revolucionarias levantando la bandera de “anticomunismo”, el gobierno castrista respondió vigorosamente denunciando cualquier “caza de brujas” política como contrarrevolucionaria.

Esta correcta base de principios, otra evidencia del panorama esencialmente democrático de la dirección castrista, se enfrenta en bienvenido contraste con el macarthismo, que ha lanzado una maldición sobre la vida política de los Estados Unidos desde 1947. Un ataque a los derechos democráticos de todos los partidos políticos. Sin importarle las diferencias que se puedan tener con las posiciones o las políticas del Partido Comunista, cualquiera que crea genuinamente en las libertades civiles lo defenderá contra los cazadores de brujas.

En Cuba, esta base de principios tenía una especial importancia porque despejaba el camino para la defensa unida de todos los sostenedores de la revolución, sin tener en cuenta sus diferencias programáticas o doctrinales.

Algunos dirigentes del Partido Comunista, sin embargo, educados durante décadas en la escuela del stalinismo, defienden este principio sólo cuando afecta sus derechos. Cuando afecta los derechos democráticos de otras tendencias políticas de la clase obrera, no han vacilado en unirse a los cazadores de brujas, o en improvisar una “caza de brujas” propia. A través de tales tácticas ellos buscan ventaja propia a pesar de la herida a la causa del socialismo y de todo el movimiento obrero.

El eslogan general bajo el cual los dirigentes del Partido Comunista Cubano conducen su disgregador y antidemocrático sectarismo es “antitrotskismo”.

El secretario general, Blas Roca, hizo esto absolutamente inequívoco en su discurso al Octavo Congreso Nacional del Partido Socialista Popular, en agosto de 1960.

“El verdadero papel de los trotskistas en el mundo entero es bien conocido”, declaró. “En su impaciencia para combatir a la Unión Soviética ellos fueron a las filas del aparato de espionaje y provocación hitleriano, y a las de los imperialistas yanquis. Hoy ellos son los aliados de los revisionistas titistas en todas las cosas que van contra el socialismo. Donde quiera que los grupos trotskistas estén trabajando, su sola y verdadera misión es confundir a los movimientos populares, promover la división, dar argumentos para la campaña antisoviética y anticomunista de los imperialistas yanquis, y alentar el palabrerío estéril que aísla los movimientos revolucionarios de las masas”.

Este conjunto de difamaciones contradictorias, que repiten algunos de los hace tiempo explotados cargos preparados de antemano de los famosos juicios de Moscú y las calumnias de Stalin contra los líderes de Yugoslavia, con los cuales Cuba tiene relaciones amistosas, parecerían indicar que Blas Roca no está enterado todavía de las revelaciones sobre los crímenes de Stalin, hechas por Kruschev en el Vigésimo Congreso. Pero Blas Roca no tiene nada de ignorante. Él está utilizando simplemente una vieja fórmula stalinista, al tachar a oponentes políticos obreros como contrarrevolucionarios para crear prejuicios contra sus ideas y, si es posible, destruirlos. En otras palabras, los líderes del Partido Comunista Cubano tienen su propia versión de una “caza de brujas anticomunista”.

El epíteto de “trotskistas” en esta “caza de brujas” incluye cientos de revolucionarios que murieron en campos de concentración y en las cámaras de gas nazis, y a los líderes del Partido Socialista de los Obreros, que fueron las primeras víctimas a quienes se sentenció a prisión bajo la infame ley Smith.

Los trotskistas atacados

Esta no es solamente una campaña propagandística de la prensa del Partido Comunista. Informaciones recibidas de Cuba dicen que el 26 de mayo pasado un funcionario de la Oficina Impresora Nacional ordenó el secuestro de un número de Voz Proletaria, un periódico trotskista de La Habana, y la destrucción de los tipos que habían sido instalados para la publicación del libro de León Trotsky, “La revolución permanente” (crónicas del incidente en la Argentina y en Inglaterra catalogaron erróneamente el libro como La revolución traicionada).

El cabecilla de la patrulla que llevó a cabo el secuestro dijo que estaba actuando de acuerdo con las órdenes de su superior, Octavio Cabrera, órdenes que decían que el diario y el libro eran contrarrevolucionarios. Más tarde, la misma noche, debido a órdenes del Ministro de Trabajo, la pequeña imprenta fue intervenida bajo la acusación de “publicar propaganda contrarrevolucionaria”.

Voz proletaria es un leal defensor de la Revolución Cubana. Para la edición que fue secuestrada, los editores estaban preparando un conjunto de pruebas para ilustrar cómo los trotskistas del mundo entero habían estado defendiendo la Revolución Cubana en su prensa, en la radio y en la televisión, en las campañas electorales, en los piquetes de huelga y en las demostraciones.

El libro de Trotsky, escrito en 1928, doce años antes de su muerte, es una exposición de la teoría que predijo exitosamente el curso de la Revolución Rusa. La comprensión que ofrece sobre todas las revoluciones proletarias modernas en los países subdesarrollados, lo ha hecho un libro clásico del pensamiento marxista. La luz que arroja sobre el desarrollo de la Revolución Cubana le da una actualidad excepcional.

Al suprimir un diario como Voz proletaria y destruir los tipos de un libro como La revolución permanente, los líderes del Partido Comunista dieron un duro golpe a la Revolución Cubana.

Esto nos hace recordar los incendios de libros en la época de Hitler y la supresión de la oposición proletaria y del pensamiento independiente, por Stalin.

Tales actos, al hacer dudar sobre el carácter democrático de la Revolución Cubana, pueden fácilmente conducir a una declinación grave y a una disminución del apoyo activo entre los independientes. Así, el destructor sectarismo de los líderes del Partido Comunista Cubano, echa a andar un proceso que facilita la política del Departamento de Estado, de tratar de aislar la Revolución Cubana. También sirve a la contrarrevolución al darle base a la argumentación de que el pueblo cubano no tienen otra cosa que elegir que el stalinismo o la dominación del imperialismo yanqui.

Sentido común

Nosotros creemos que los defensores de la Revolución Cubana no podían cometer peor error que perder su sentido común y dar la revolución por perdida, porque los dirigentes del Partido Comunista, por su propensión a abusarse de las posiciones de confianza, han llegado a un extremo indebido.

Nuestra oposición es que no es posible que ellos puedan adueñarse de la Revolución Cubana y hacerla descarrilar. Hay valederas razones que apoyan esta opinión.

Primeramente, la Revolución Cubana superó en su origen al Partido Comunista y creó una dirección enteramente nueva. Esta dirección, con su inherente honestidad, radicalismo, confianza en la acción revolucionaria, resolución política y capacidad de aprendizaje, se ubica en la principal corriente histórica de la revolución, no en la retaguardia del stalinismo. Representa el resurgimiento de la revolución mundial, no su declinación.

En segundo término, la Revolución Cubana es profunda. Ha conmovido enormemente a las masas. Esta poderosa fuerza no puede ser contenida por un viejo grupo stalinista cuyas referencias incluyen el apoyo a Batista; no será mientras la dirección castrista permanezca en el comando. En tercer término, el curso natural de la Revolución Cubana es cruzar las fronteras nacionales y hacer estallar revoluciones en toda Latinoamérica.

Realmente, constituye la iniciación de la Revolución Latinoamericana y puede ser debidamente apreciada sólo en este contexto más amplio. Algunos de los países latinoamericanos están tan maduros para la revolución, que ellos tomarán seguramente la senda socialista mucho antes que la Revolución Cubana comience a perder su dinamismo. Otra revolución en cualquier parte de Latinoamérica reforzaría enormemente la defensa de la Revolución Cubana y haría todavía más improbable la usurpación del poder por los Blas Roca.

También se nota que la posición de Cuba es tal, que la cristalización de una robusta burocracia parasitaria de molde stalinista debilitaría tanto la defensa de la Revolución, cuando aún está en el principio del proceso, como para hacerla presa fácil para la reconquista por el imperialismo yanqui. La Revolución Cubana no tiene otra alternativa más que continuar por la senda del socialismo y la democracia en su casa, y extenderse a los otros países de América Latina o ser masacrada por el coloso del Norte.

Ahora reaparece

Finalmente, el Partido Comunista Cubano no está herméticamente cerrado. El extremo fraccionalismo de los viejos dirigentes stalinistas es debido en parte a su angustia por la penetración de modelos revolucionarios de pensamiento entre la base.

“Nada se había oído de los trotskistas en Cuba desde el fin de la década del ’30… Ahora reaparece” –así se queja Blas Roca.

“¿Por qué?” El secretario general responde imputándolo a la “necesidad” de “agentes” de los “imperialistas yanquis”.

Pero en la década de 1930 y en los años que siguieron, ayudar a preparar o propiciar una revolución como la ocurrida en Cuba era, en el diccionario stalinista: “trotskismo”. La propia revolución, al crear su conciencia, engendra, inevitablemente, la ideología que Blas Roca ha estado combatiendo desde la década de 1930.

La Revolución engendra esta ideología aun en las filas del Partido Comunista Cubano, como lo ha hecho en las filas de los partidos comunistas de otras áreas del mundo, donde la presiones revolucionarias están en alza. Los de la base quieren que la revolución avance para que sea tomada como ejemplo en otros países. Ellos no quieren más frustraciones como la de Guatemala; ellos quieren victorias como la de Cuba.

Los burócratas más altos del Partido Comunista, que representan un tendencia conservadora, tienen puestos sus ojos, entras otras cosas, en su base. A ellos les gustaría que la Revolución se frenara y eliminara las “posiciones extremistas”, como lo dice Blas Roca. Lo que entiende por “posiciones extremistas” fue indicado en el Congreso de la Juventud, en La Habana, en julio del año pasado. Un grupo de delegados juveniles latinoamericanos se adhirió con los puntos de vista trotskistas; distribuyeron un planfleto propiciando la extensión de las nacionalizaciones, la devolución de Guantánamo al pueblo cubano, y el combate contra el capitalismo nativo. Los stalinistas tacharon estas propuestas de “frases izquierdistas” destinadas “a provocar la agresión del imperialismo yanqui, dividir la unidad de la juventud latinoamericana y confundir al Congreso”.

Dos días después, en un discurso al Congreso de la Juventud, Fidel Castro anunció la nacionalización de propiedades yanquis por valor de 800 millones de pesos cubanos; una “posición extremista” a la cual la base del Partido Comunista respondió con el mejor entusiasmo, cualquiera hayan sido las reservas de Blas Roca.

Sumada al impacto de la Revolución Cubana en la filas del PC, otra fuerza que puede tener creciente peso en Cuba está operando. La destrucción del culto de Stalin es irreversible. El viejo monolitismo staliniano ha sido destruido. Hoy han surgido repetidamente importantes diferencias sobre sus políticas entre Pekín y Moscú.

A largo plazo, las diferencias no pueden ser resueltas o aun discutidas sin tomar en cuenta Belgrado, Varsovia, quienes tienen sus opiniones, también, como Budapest y Tirana. La Habana puede ser considerada como participante. De una u otra manera, estas diferencias tienen que ser consideradas por sus méritos.

Pero esto no puede ser hecho sin considerar los puntos de vista revolucionarios como “comunistas”, “extremistas”, “trotskistas” o “castristas”.

Redoblemos la defensa

Al pasar revista al curso principal de la Revolución Cubana y a las principales fuerzas que la atañen, se hace evidente su vigor. Los que sirven de corazón a los intereses del socialismo o del pueblo cubano no podrían cometer error más grave que abandonar la defensa de la revolución porque el PC cubano ha invadido muchas ramas del aparato de la revolución y está utilizando sus posiciones para disgregadores propósitos fraccionales.

Contra la política promotora de división, contra la política de “antitrotskismo”, promotora de división, es necesario presionar lo más que se pueda para lograr un movimiento unido que dé lugar a la participación de todas las tendencias de la clase obrera y radicales independientes que apoyan la Revolución.

La verdad exige que los excesos, errores y tácticas injuriosas se hagan públicas y sean libremente criticadas. Pero los intereses de la propia Revolución Cubana exigen que los pongamos en claro. La misma necesidad hace que sea nuestro deber redoblar nuestra defensa de la Revolución. No hay otro camino para ayudar a asegurar las brillantes perspectivas que ahora se abren para el avance de la Revolución Cubana.

Publicado en la revista Marxismo Vivo Nueva Época nº 1, 2010